Retratos
A Rimbaud no lo conocemos por fotos. Resulta casi inconcebible que el mayor príncipe de la modernidad haya escapado siempre al tratamiento mecánico de la luz, símbolo de una era donde los poetas se volvieron concretos, feos, gordos y demasiado familiares. Sí, dirán ustedes, existen retratos. Está el de niño, con ese trozo de «lencería clerical» que su madre le encaja en el brazo. Y están, al final de su vida, los experimentos africanos junto a su humilde empleado griego, Soti






















![“Nadie sabe lo que va a pasar mañana” [Bad Bunny], a propósito de Vivir sin lengua de Pablo Aravena](https://static.wixstatic.com/media/66ef13_17876b87724d461b97442c7c5e2a32af~mv2.png/v1/fill/w_250,h_250,fp_0.50_0.50,q_35,blur_30,enc_avif,quality_auto/66ef13_17876b87724d461b97442c7c5e2a32af~mv2.webp)
![“Nadie sabe lo que va a pasar mañana” [Bad Bunny], a propósito de Vivir sin lengua de Pablo Aravena](https://static.wixstatic.com/media/66ef13_17876b87724d461b97442c7c5e2a32af~mv2.png/v1/fill/w_215,h_215,fp_0.50_0.50,q_95,enc_avif,quality_auto/66ef13_17876b87724d461b97442c7c5e2a32af~mv2.webp)














































.png)





