Cristóbal Riesco: la niebla simplifica el paisaje
- Barbarie

- 9 jun
- 6 min de lectura
Actualizado: 11 jun
En la obra fotográfica de Cristóbal Riesco, el Pacífico se aleja de la geografía para convertirse en latencia. La lente opera mediante un gesto de borradura despojando al paisaje costero de toda anécdota para reducirlo a tensiones, texturas y vacíos. Riesco no fotografía el océano, sino su espectro, una abstracción inmersiva que nos coloca, en esa suerte de silencio visual, ante el vértigo y la nostalgia de los recuerdos y la memoria.
En la búsqueda de nuevos formatos de expresión gráfica, Riesco viene experimentando imaginarios y narrativas cinematográficas a partir de imágenes creadas con inteligencia artificial generativa.
En esta conversación, abordamos su tránsito por el registro fotográfico tradicional y la experimentación con IA. Sus series surgidas a partir de ideas y prompts, conservan una atmósfera de extrañeza, una quietud donde la textura cinematográfica, composición y personajes, se entrelaza con la misma suspensión y silencio visual que encontramos en sus paisajes fotográficos.
Para compartir esos nuevos imaginarios, las notas y artículos de la edición número 36 de barbarie.lat han sido ilustradas con imágenes de varias de las series creadas por Cristóbal Riesco con IAG.
La frialdad de la costa: el mar de tus fotografías se percibe imponente, brumoso, casi siempre nostálgico. ¿Qué te atrae de explorar la costa del Pacífico?
El mar siempre me ha fascinado. Algunos de mis mejores recuerdos están ligados a él. Para mí no hay nada mejor que escapar de Santiago hacia la costa: sentir el olor del mar, contemplar su inmensidad y observar cómo cambia constantemente. Nunca es igual. Cuando tomé una cámara por primera vez, lo primero que quise fotografiar fue precisamente aquello que más aprecio: el mar y la playa.
Me gusta especialmente fotografiar la costa en días de neblina. La neblina simplifica el paisaje y hace que las formas, los contrastes y las texturas del mar cobren mayor protagonismo. De alguna manera, el océano se transforma en una naturaleza más abstracta, dibujada sobre un lienzo blanco. Además, el blanco y negro junto a la neblina generan una atmósfera nostálgica y misteriosa que siempre me ha atraído.
Fotografío la costa del Pacífico porque es el océano que conocí desde niño, donde tengo un hogar y con el que me siento profundamente identificado. Creo que el Pacífico tiene algo mágico: puede ser salvaje e imponente, pero también profundamente bello y contemplativo.
La mayor parte de tu trabajo fotográfico registra una naturaleza ‘saludable’, qué piensas de las zonas de sacrificio del litoral, ¿tienes algún registro o eludes por alguna razón esas capturas?
No es que las eluda deliberadamente. La mayor parte de las fotografías que he realizado han surgido en lugares que frecuento habitualmente y que no corresponden a zonas de sacrificio. Sin embargo, eso no significa que sean paisajes completamente intactos. También existe contaminación, basura en los roqueríos, construcciones invasivas y distintas huellas de la intervención humana sobre el territorio.
La razón por la que esos elementos no aparecen en mis imágenes tiene más relación con mi búsqueda fotográfica que con una decisión de ignorarlos. Mi interés siempre ha estado ligado a la relación personal que tengo con el mar y a la necesidad de contemplarlo en su estado más natural posible, más que a una intención documental o de denuncia. A través de la fotografía busco transmitir ciertas sensaciones asociadas al paisaje costero: su inmensidad, su misterio y su capacidad de evocar recuerdos y estados de ánimo.
Dicho eso, considero que las zonas de sacrificio y las problemáticas ambientales del litoral son una realidad importante y necesaria de visibilizar. No me cierro a fotografiar esos espacios en el futuro. Si llegara a encontrar una imagen o una historia que conecte con mi manera de mirar el paisaje, no tendría problema en incorporarla a mi trabajo.
En tus series recientes has empezado a experimentar con herramientas de IA digital generativa para crear imágenes. ¿Qué te motivó a indagar en estos formatos siendo un fotógrafo que viene del registro directo de la realidad, de la naturaleza?
Lo que me motivó fue principalmente la curiosidad. Me intrigaba la posibilidad de tomar una imagen que existía solamente en mi imaginación y darle forma a través de una herramienta completamente nueva. Con la inteligencia artificial siento que mi rol se acerca más al de un director que al de un fotógrafo. Tengo una idea, una atmósfera o una escena en la cabeza, y utilizo la herramienta para intentar construirla visualmente.
Para mí es una experiencia muy distinta a la fotografía. La fotografía suele ser más reactiva: uno se enfrenta al mundo, observa lo que ocurre frente a la cámara y responde a ese momento. La inteligencia artificial, en cambio, es un proceso mucho más mental. Parte desde una idea, un recuerdo o una imagen imaginada que luego intento crear.
Curiosamente, la IA también ha cambiado mi relación con la fotografía. Antes muchas veces salía con la necesidad de capturarlo todo. Ahora puedo salir sin cámara, simplemente observar el mundo, vivir la experiencia y dejar que ciertas imágenes o sensaciones se queden en mi memoria. Más tarde esas ideas pueden transformarse en fotografías o convertirse en el punto de partida para una serie creada con inteligencia artificial.
Aun así, no veo la IA como un reemplazo de la fotografía. Lo que más me gusta de la fotografía no es solamente la imagen final, sino la experiencia de recorrer lugares, observar, esperar y construir recuerdos. Eso es algo que ninguna tecnología puede reemplazar.
Además, la inteligencia artificial me ha permitido explorar una dimensión más cinematográfica de mi trabajo. El cine siempre me ha apasionado y estas herramientas me dan la posibilidad de construir escenas, personajes y atmósferas que se acercan mucho más a la sensación de dirigir una película que a la de registrar una escena real.
¿Cómo cambia tu rol como creador cuando pasas de capturar una imagen a generarla mediante comandos de texto en una pantalla?
Creo que el cambio principal es que paso de ser un observador a convertirme en un constructor de imágenes. Cuando fotografío, reacciono a lo que encuentro en el mundo real. Hay una luz, una atmósfera, una persona o un paisaje que llama mi atención y mi trabajo consiste en interpretarlo a través de la cámara.
Con la inteligencia artificial el proceso es diferente. La imagen no existe frente a mí, sino que nace a partir de una idea, una emoción o una escena que imagino. En ese sentido me siento más cercano al rol de un director de cine. Tengo que tomar decisiones sobre la atmósfera, los personajes, la composición, la iluminación y la narrativa antes de que la imagen exista.
Sin embargo, creo que ambos procesos comparten algo fundamental: la mirada. Tanto en fotografía como en inteligencia artificial, la herramienta cambia, pero la sensibilidad sigue siendo la misma. Lo que realmente define una imagen no es la cámara ni el software, sino la intención y las decisiones creativas de quien está detrás.
En tus series generadas con IA también se percibe un ambiente de nostalgia y vacío territorial, son imágenes que, en la mayoría de los casos, mantienen realismo y relación con la fotografía tradicional (luz, grano, composición). ¿Qué imaginarios y narrativas buscas crear a través de estas series?
Busco crear imágenes que generen una emoción o despierten la imaginación de quien las mira. Algunas de mis series son más cinematográficas y otras más surrealistas o abstractas, pero en todas me interesa que exista cierto misterio y que la imagen no lo explique todo de inmediato.
La nostalgia aparece con frecuencia porque me gustan las imágenes que parecen recuerdos, sueños o escenas de un lugar difícil de identificar. Me interesa que cada persona pueda interpretarlas a su manera y encontrar algo distinto en ellas.
Aunque muchas de estas imágenes son generadas con inteligencia artificial, sigo muy influenciado por la fotografía. Por eso me importa mucho la luz, la composición, el grano y la atmósfera. Son elementos que forman parte de mi lenguaje visual y que me ayudan a dar vida a las ideas que tengo en la cabeza.
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