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Guillermo Núñez, artista: “Si me roban un cuadro hago otro"

Guillermo Nuñez sigue produciendo sin parar y una de sus metas es lograr dibujar como los niños preescolares, antes de que la educación les arruine la creatividad.

Por Catalina Mena

[Esta entrevista fue publicada en 2019 en el diario La Segunda]


Dice que cuando obtuvo el Premio Nacional de Arte, en 2007, fue como si se lo hubiesen dado a otra persona. “Ese no era yo. Yo era un gallo que estaba trabajando, nomás”.

Y así sigue: trabajando. Ahora mismo, tiene cuatro exhibiciones simultáneas y está pronto a inaugurar otra. También medita (pero no siempre, porque a veces se le olvida), lee de política y de filosofía oriental, recoge piedras y ramas, y camina por entre los árboles de la parcela donde tiene casa y varios talleres, en el sector de Quebrada de Macul. Allí vive junto a su pareja, la teórica literaria Soledad Bianchi, 18 años menor que él y con quien lleva 40 de matrimonio.


Guillermo Núñez es una figura icónica en la historia del arte chileno. Representante ejemplar del artista comprometido con el sueño socialista, participó activamente en el gobierno de la Unidad Popular, siendo director del Museo de Arte Contemporáneo entre 1971 y 1972. “Pienso que he sido el peor director del MAC”, ha dicho. “Lo que a mí me interesaba era apoyar al gobierno de Allende y mostrar el arte callejero, lo que se aleja mucho del concepto de museo. De hecho las muestras que yo organicé fueron muy criticadas por esa razón. Yo quería divulgar contenidos políticosy mi primera medida fue dejar de cobrar entrada. Recuerdo que Allende iba a todas las inauguraciones. Me decía: ‘Éste es mi museo favorito’”


Tras el golpe militar estuvo varios meses preso: primero en la Academia de Guerra, luego en Villa Grimaldi, Cuatro Álamos, Puchuncaví. Allí supo del horror y del dolor, del propio y del ajeno, y también pasó meses con los ojos vendados lo que, hoy reconoce, activó mucho más su pensamiento y su imaginación. Tras la experiencia volvió a exhibir una obra muy controvertida que hablaba precisamente de lo vivido, en 1975, la que no alcanzó a estar dos días expuesta. Nuevamente fue detenido y, al poco tiempo, se exilió en París, donde vivió 12 años, vinculándose con otros artistas e intelectuales, como Roberto Matta, con quien tuvo una estrecha amistad. De vuelta a Chile, a finales de los 80, ha continuado trabajando y exhibiendo sin parar. Sus obras son políticas y emocionales a la vez, patean la perra sobre la violencia y las injusticias, interpelando al espectador, planteando preguntas y pidiendo su participación. En ellas se juega la manualidad y el gesto, a través de textos, grafías y pinturas. Muchas se presentan como libros, cajas o afiches que regala en los espacios de exhibición, pero también en la calle.



“He hecho muchas cosas con rabia”


-El sueño socialista se despedazó, pero has dicho que igual volverías a creer.


-Exacto. Cuando ya no hay nada qué cambiar, no vale la pena vivir. Hay que morirse no más. Además uno siempre pude seguir haciendo cosas que tengan un sentido colectivo.


-¿Sirve la rabia para crear?


-Claro. Yo he hecho muchas cosas con rabia, y todavía es un motor, pero se me ha ido pasando un poco. Las filosofías orientales hablan mucho del serenarse, algo que al ser humano le cuesta. Siempre estamos juzgando, es muy difícil no juzgar. Y la otra cosa, es que hay que vivir en el presente. A mí me cuesta, porque siempre estoy en el futuro, vivo imaginando cosas, inventando tonteras.


-Será por eso que te ves tan joven. ¿O el secreto es haber tenido muchos amores?


-Sí. Picado de la araña.


-Pero ¿cuántas mujeres has tenido?


-Varias. Pero las importantes han sido como dos o tres no más. Y la más importante es mi mujer actual, porque, imagínate, llevamos más de 40 años.


-¿Y se nota la diferencia de edad entre ustedes?


-Antes se notaba, pero ahora no tanto. Ella tiene 70 años ya


-¿Tiene más pilas que tú?


-Muchas más. Por supuesto. Y además es muy sociable. Yo tengo muy pocos amigos, me van quedando muy pocos amigos. Los realmente amigos, son los que menos veo.


-¿Y con ellos hablas por gmail ponte tú?


-No. Yo no sé manejar el computador. La máquina de escribir es lo único que uso y tengo un celular sin internet.



“Sin el fracaso no puedes hacer nada”


-Oye, y estos dibujos que estás haciendo son como garabatos de cabro chico


-Ojalá pudiera dibujar como niño. No es nada de fácil. Tener la libertad, la emoción del dibujo de un niño antes de que vaya al colegio y le echen a perder su forma de dibujar. A Picasso le dijeron una vez: “Pero esto lo puede hacer cualquier niño”. “Sí”, dijo, “pero no cualquier grande”.


-¿Y por qué te interesa eso?


-Me interesa el fracaso, el error, la mancha. Que algo torpe sea hermoso.


-¿Cuál es la belleza del fracaso?


-Sin el fracaso no puedes hacer nada, porque es ahí donde saltas para arriba. Cuando una obra no me resulta, trabajo, trabajo y trabajo hasta que la doy vuelta y la transformo. Y esas son las que me quedan mejores. A mí me gusta la honestidad del error. Debe ser porque yo he crecido muy poco. Todavía pienso como si tuviera cinco años. Estoy medio ahuevonado. No entiendo muchas cosas.


-¿Como qué cosas?


-Cosas a las que la gente le da importancia. Hay cosas que andan buscando con tanto ahínco tener plata y todas esas cosas, no entiendo. Por ejemplo, el otro día estaba pensando en este señor Luksic, y que se acaba de comprar otro negocio. No entiendo para qué quiere más plata, si podría vivir tranquilo, ponte tú, en Zapallar, sin que nadie lo moleste. Tú ves que todos esos narcotraficantes que tienen tanto dinero andan con guardaespaldas. Al final es más libre el gallo que vive en la calle, que no tiene nada que perder.


-El afán de los artistas por vender para ti es raro, dices.


-Uno tiene que tener dinero para poder vivir y para hacer cosas. Si uno venden obras, es para poder hacer otras. Pero la plata, en sí misma, no vale nada. Yo me eduqué en otra cultura. Cuando estudiábamos pintura, nunca pensamos que el arte se vendía. Yo tengo otra mentalidad. Regalo muchas cosas y también me engañan mucho. Hay galeristas que venden obras y ni me cuentan. O me roban la obra, qué se yo. Chao pescado. Si me roban un cuadro hago otro. ¿Sabes tú? La diferencia ahora es muy enorme. Antes nadie tenía auto y nadie ambicionaba tener.

En el fondo, uno mientras más desea, más pobre es.

Eso es lo que está pasando ahora con la delincuencia. Todos esos chicos aspiran a tener una ropa de marca que al final es igual de mala que la que no tiene marca, porque son los mismos chinos los que la hacen. Estamos viviendo en un mundo y en un país muy absurdo.


-Pasamos de la violencia de Estado a la violencia del mercado.


-Y es más violento ahora. Es de una crueldad tremenda que la gente se muera en las listas de espera de los hospitales, porque no los pueden operar. Se habla de un país rico y es mentira. Cada vez tenemos menos. No sé, no entiendo.


-Hay entrevistados que tienen respuestas para todo.


-A mí me desesperan las entrevistas, porque nunca sé lo que quieren que conteste. ¿Qué puedo contestar? No tengo idea. ¡Pero si no sabemos nada! No sabemos por qué estamos vivos. Y es fantástico, ¿te fijas? Por ejemplo, tenía un árbol ahí, una higuera que no daba frutos. Le empecé a hacer cariño y dio frutos.


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