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Hugo Cárdenas: El cronista de la vida moderna




Quizás porque cuando conocí a Hugo Cárdenas en 1992 él era un gran lector o porque su obra tiene un carácter moderno y a la vez anacrónico, es que me permito vincularlo a dos autores franceses del siglo XIX: Balzac y Baudelaire. Balzac, en el relato La obra maestra desconocida, aborda los tres estadios de un artista: genio, consagrado, aprendiz. La acción, que está ambientada a comienzos del siglo XVII, arranca con el maestro Frenhofer yendo a visitar a su exdiscípulo Pourbus. En el taller, el maestro, que lleva años tratando de pintar una obra maestra, se detiene a observar una pintura y hace una crítica: “Has flotado indeciso entre los dos sistemas, entre el dibujo y el color, entre la flema minuciosa, la rigidez precisa de los viejos maestros alemanes y el ardor deslumbrante, la feliz abundancia de los pintores italianos”. Y dice esto ante la atenta mirada de un aprendiz, que ni siquiera tiene dinero para comprar materiales para su arte. El relato continúa, y Balzac establece que, como una obra maestra crea sus propios cánones de belleza, es difícil que se imponga en su tiempo.


Cárdenas no es un aprendiz ni un pintor consagrado, pero me lo imagino como el maestro Frenhofer, encerrado en su taller, tratando de crear algo nuevo, algo que cambiará los paradigmas del arte ¿figurativo? Por muchos años, retrató las calles de Santiago, los personajes que por ellas circulaban (artistas, políticos, amigos y anónimos). El método era sencillo: se basaba en una fotografía, y de ahí trataba de ser lo más fiel posible. En general sus pinturas estaban llenas de color, pero hace veinte años incursionó en una serie de pinturas que eran monocromas del gris. Allí destacaban la Junta Militar y un hermoso autorretrato donde nuestro artista se está drogando con ketamina. Recuerdo que hace cinco años la ketamina volvió a ponerse de moda, al menos en Buenos Aires que es donde vivo, y una chica (chilena tenía que ser) trató de impresionarme con eso; pero por suerte yo había escrito un cuento basado en ese cuadro de Cárdenas. Creo que ese cuento debe ser el único que no me pertenece, lo escribió él sin saberlo. Bueno, ahora lo sabe.


Baudelaire y Cárdenas hacen un gran maridaje. El primero fue un tipo solitario, con la figura severa de su madre y la de su sirvienta como imágenes femeninas y tuvo mucha calle; el segundo también es un tipo solitario, con la figura de su Nana (como le dice a María) como segunda madre y tiene mucha calle. Alan Pauls, en el prólogo de Mi corazón al desnudo, de Baudelaire, describió así al vate galo: “Baudelaire es revolucionario y reaccionario, emancipador y racista, partidario del arte por el arte y poeta social, tolerante y antisemita, místico y materialista, devoto de las mujeres y misógino bestial”. Pauls agrega que eso no lo hace un escritor contradictorio, sino un escritor performativo, donde “cada posición es un todo, del mismo modo en que, para un actor, cada personaje que interpreta es un todo”.


Creo que Cárdenas tiene muchas cosas de Baudelaire, en especial eso de que cada faceta es un todo, y no una parte. Y es que Hugo Cárdenas así como tiene pinturas sobre la Junta Militar y Pinochet, también tiene pinturas de protestas y del entierro de un integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Porque entiende que Chile es el fascismo y los intentos de transformar la sociedad, no juntos, por separado.


Baudelaire escribió un ensayo titulado El pintor de la vida moderna, en donde además de definir en qué consiste la modernidad en el arte, cuenta cómo los conceptos de belleza estaban cambiando. Baudelaire observa que “de tanto apreciar la belleza general, la que expresan los poetas y los artistas clásicos, se comete el error de soslayar la belleza particular, la belleza circunstancial y el rasgo costumbrista”. Lo bello, para Baudelaire, está hecho de un elemento invariable o eterno, pero también de un elemento circunstancial, que es “la época, la moda, la moral, la pasión”. Si bien Cárdenas es un pintor formado por los elementos clásicos que le enseñó Adolfo Couve (cuyo maestro a su vez era Velázquez), con los años empezó a abordar esta belleza epocal. Y desde ese momento Hugo Cárdenas ha mirado la época actual con las técnicas del pasado, pero la época también ha producido cambios en esas técnicas. De este modo en su obra podemos encontrar desde collage e historieta, que son técnicas pop, hasta un regreso al impresionismo, o sea al arte decimonónico.


Cuando señalé que tanto Baudelaire como Cárdenas tenían calle, me refería a la estética del flâneur, o del caminante por la ciudad. Para el flâneur, a diferencia del dandi, es mucho más importante observar que ser observado, o para decirlo con las palabras del francés: “El observador es un príncipe que goza de su incógnito en todas partes”. Desde que conocí a Cárdenas, le gustaban las caminatas y observar todo lo que pasaba en la ciudad. Luego, cuando tuvo el Taller Domeyko, que quedaba a pasos de su casa de Gorbea, lentamente se fue recluyendo y quizá a eso se debió una pintura más mediatizada por la fotografía. Hoy que su taller está cerca de Mapocho sus caminatas han vuelto y la experiencia directa y cotidiana de la ciudad también.




Pero más allá de las técnicas que ocupe, Hugo –recién me permito tutearlo– es un gran cronista de la vida moderna. Baudelaire definió modernidad como “lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable”. Por esto mismo él no podría ser un pintor consagrado, porque este tipo de pintor asume (para vender) la impostura de lo eterno y lo inmutable. Cárdenas, al contrario, indaga estéticamente en lo que está pasando en el presente, luego reflexiona a su modo y pinta. En ese sentido su obra puede ser comparada con la de grandes cronistas literarios chilenos, como Pedro Lemebel y Roberto Merino. Hay mucho del Santiago moderno que no nos perderíamos si leyéramos y viéramos estas crónicas.


En noviembre de 2019 una editorial argentina me encargó un libro sobre el estallido social y, para ese libro, me junté con Hugo en su taller de San Martín. Me interesaba su evaluación de lo que estaba pasando y para mi sorpresa, ésta fue similar a la que había hecho la historiadora Cristina Moyano Barahona, que era directora de la facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago. Como lo grabé tengo su testimonio, que en una parte dice lo siguiente: “A mí me da la impresión de que la clase empresarial abandonó a Piñera, porque como él es tan esclavo de las encuestas trata de satisfacer a la masa con medidas que no le gustan al empresariado y, por otro lado, también fue abandonado por la milicia, las Fuerzas Armadas y Carabineros, que ellos se mandan solos en Chile. Ni los milicos ni los empresarios quieren políticos, porque se criaron con Pinochet, y Pinochet era el poder militar y la gente que tenía el dinero, y eso quedó establecido en la Constitución. Y esa es la madre del cordero, de ahí parte todo. Ese sistema que han perpetuado todos los políticos, del color que sea, eso fue lo que reventó, por eso el odio de la gente no sólo se dirige hacia el gobierno, sino hacia todos los que están en el poder político”.




The Cárdenas Show es la muestra que exhibe una parte de su obra. Me hubiera gustado hacer un pequeño aporte, pero no tuve la oportunidad. Aunque cuando estuve en Chile en marzo se lo comenté a Hugo en su taller, pero no se acordaba mucho. Se trataba de una de las primeras muestras virtuales que tenga memoria y que era un simple flyer, pero con punto de fuga y perspectiva que permitía acercarse a cada una de las más de diez pinturas. Sucedió en el invierno de 2007 y casi todas eran obras de protestas. Además Hugo se las había ingeniado para incluir público: dos chicas con aspecto de modelo observaban distraídamente la muestra; de hecho, parecían más interesadas en mostrarse que en actuar como público. Que un flyer haya condensado toda esa muestra me pareció genial y adelantado a la época, porque volvía obsoletas las galerías. Aunque virtualmente la galería existía y tenía nombre: Solo.


The Cárdenas Show (Galería Posada del Corregidor, Santiago, hasta el 28 de mayo)






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