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Las elecciones municipales y autonómicas españolas y sus imprevistas consecuencias

En España se realizaron el pasado domingo 28 de mayo elecciones municipales en algunas comunidades autónomas. El problema es que no se puede decir " España" delante de los nacionalismos periféricos y la izquierda institucional. Hay que decir "Estado español". El primer error de la izquierda es éste, el de hablar de España plurinacional, rechazar la lengua común y hacer el juego a los nacionalistas catalanes y vascos interiorizando parte de su discurso. Veamos primero sus consecuencias previsibles.


La primera es analizar los resultados en la Comunidad Autónoma de Madrid. Esta comunidad es un feudo de la baza más carismática de la derecha, su actual Presidenta, Isabel Díaz Ayuso. Un fenómeno que juega con una mezcla de neoliberalismo y populismo que se basa en el orgullo de ser madrileño y en la libertad entendida como que te dejen hacer tu vida y pasarlo bien. Mientras, su política desmonta servicios públicos y no toma ninguna medida contra la contaminación y el dominio del coche en la ciudad. Ayuso desbordó todas las expectativas, ganando por una cómoda mayoría absoluta. Al igual que ella, un miembro de su equipo gana ampliamente en el ayuntamiento de Madrid.


La segunda consecuencia tiene que ver con los resultados en Barcelona. El proyecto de la actual alcaldesa, Ada Colau y de su grupo político, Barcelona en Común, se presentaba como totalmente innovador, con una idea de ciudad sostenible basada en el transporte público, la bicicleta y el caminar. Al mismo tiempo con una política que apunta a una cierta limitación del turismo que tuviera como prioridad mejorar la vida de los vecinos en los barrios. Una ciudad ecologista, feminista (si esto quiere decir algo más allá de la retórica) y antirracista. Así presentaba Ada Colau su proyecto, contra “las élites” que quieren dominar la ciudad.


La candidatura de Ada Colau representa un símbolo cuya candidatura es apoyada por los VIPS no solo de la izquierda catalana sino del mundo mundial -desde los inevitables Mujica y Chomsky hasta filósofas del feminismo radical como Judith Butler pasando por la chilena Elisa Loncón. La candidatura de Colau fracasó, quedando detrás de la del nacionalista conservador Xavier Trías y empatada con la del socialista Jaume Collboni.


Pero lo más importante era saber las tendencias del electorado de cara a las elecciones generales de diciembre. Indirectamente estas elecciones se leían en términos del apoyo o del rechazo al gobierno del PSOE y Unidas Podemos y, más específicamente, del Presidente del Gobierno Pedro Sánchez. Los resultados fueron muy claros. Avance espectacular del PP, exceptuando Cataluña y País Vasco. Los gobiernos de izquierda presididos por los socialistas que gobernaban en Aragón, Valencia, Extremadura y Baleares van a caer todos. Aumento también muy importante de los resultados de la extrema derecha populista de Vox. Desaparición de Ciudadanos, que pretendía ser un partido bisagra entre el PSOE y el PP. Bajada de los grupos situados en la izquierda del PSOE, empezando por Podemos. Únicamente en Cataluña aumentan sus votos los socialistas sobre los independentistas, cuyo proceso puede darse por acabado. En el País Vasco, en cambio, arrasan los nacionalistas. La segunda fuerza política es Bildu, que, no lo olvidemos, es la continuación de Herri Batasuna, brazo político de ETA. Por mucho que pidan perdón a las víctimas y digan que hay que renunciar a la lucha armada, su relato legitima ética y políticamente a ETA.


Esta sería la primera lectura, la de un toque de atención de cara a las próximas elecciones generales de diciembre. Pero el lunes 29 aparece Pedro Sánchez disolviendo el parlamente y anticipando la convocatoria de elecciones para el 23 de julio. La noticia toma por sorpresa a todos, no solo a la oposición sino a sus aliados e incluso a los dirigentes y militantes de su partido. La jugada de Sánchez es tan arriesgada como astuta. Con esta apuesta a una sola carta Pedro Sánchez quiere evitar ser cuestionado por los líderes de su propio partido, entrar en tensiones con sus aliados de Unidas Podemos y evitar un acoso de la oposición, que sale fuerte de estas elecciones.


Se abre un período de incertidumbre. Parece que vamos a dos opciones posibles: un gobierno PSOE-Sumar o un gobierno PP-Vox. Pedro Sánchez sabe que puede salir reforzado dentro del polo de la izquierda. El proyecto Sumar de Yolanda Díaz tendrá que acelerar su construcción y obliga a Podemos a entrar precipitadamente en él. Puede levantar el fantasma de una alianza de la derecha del PP con la extrema derecha de Vox.


Pedro Sánchez seguramente ha pagado electoralmente dos cosas. Su interiorización del discurso de las nacionalidades periféricas con su propuesta de Estado plurinacional. Y los excesos y arrogancia de Irene Montero con sus leyes de autodeterminación de género y de " solo si es si". Este malestar oculta los logros de este gobierno: legalización de la eutanasia, reforma laboral que ha favorecido los contratos indefinidos, subida del salario mínimo, mantenimiento del poder adquisitivo de las jubilaciones, límites a los precio de alquiler…


El peligro es que gane un gobierno PP-Vox que incorpore a España a la deriva autoritaria de bastantes países de Europa (Grecia, Polonia, Hungría, Italia) y al que apuntan otros (Francia). Esta precipitación no deja a la izquierda tiempo para la comprensión de sus errores y un replanteamiento estratégico de su dinámica. Una vez más, es la aceleración y el cortoplacismo los que marcan la agenda.


Luis Roca Jusmet

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