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Lista recomendada: Nostalgia de la luz


Advertencia. Las siguientes imágenes son lugares comunes. Clichés cuya función adaptativa es aferrarnos a algo lo suficientemente estable como para sobrevivir a un presente insípido. A veces, solo hay consuelo en volver atrás sobre recuerdos inventados.


1.- Te observas a ti mismo años después de esa foto que encontraste en alguna carpeta de tu computador. Es probable que con algunos kilos menos, antes de que se propagara parcialmente tu calvicie y que las arrugas de tu cara comenzarán a hundirse en tu piel como un ancla milimétrica. Entre los registros fotográficos digitales encuentras una fotografía donde apareces con un fantasma. Recuerdas tu obsesión con la versión en vivo de Cómo eran las cosas de los Babasónicos durante esa época.


2.- Escuchas una canción mucho más vieja que tú y que no te trae ningún recuerdo en particular. Pienso, por ejemplo, en Ne Me Quitte Pas de Nina Simone lanzada en 1965. No viviste esa época ni te imaginas a nadie en particular, pero sientes que has perdido algo. Sientes la textura del tiempo agujereado en la garganta. Esa canción te permite acceder a una tristeza impropia.


3.- La aceleración del tiempo tiene impacto en la materia. Todo cuerpo, gigante o corpuscular, se deforma al alcanzar ciertas velocidades. La luz también se deforma al pasar cerca de cuerpos masivos. Tú, que estás con tus auriculares detenido en un paso peatonal en plena Avenida Providencia sientes el calor del sol en tu rostro. Temes que el diminuto agujero negro que has logrado simular durante tantos años tenga la capacidad de absorber toda la luz que te rodea. Escuchas Nothing Compares 2 U de Sinéad O`Connor. Los primeros 10 segundos de la canción te imaginas viajando en el espacio sideral. Puedes ver la Tierra desde la distancia. Eres tú.


4.- Un encuentro sexual desfragmentado en la memoria. Hentai de Rosalía. Cuatro tiempos. Primero, intervalos pequeños sin saltos de acordes. Segundo, intervalos grandes y altos, muchas extensiones. Tercero, una sucesión rápida de tonos ascendentes. Cuarto, la misma sílaba con diferentes acordes. Luego, la dulzura de su voz como lengua en la oreja. Finalmente, los drums de metralletas, secos y duros. Los violentos movimientos entre los cuerpos. La nostalgia por la solitaria libertad postcoital que tenías antes de ser feliz junto a tu nueva familia.



Esta es una playlist que induce a la experiencia sensitiva de volver atrás e iluminar los rostros, escenas y objetos que ahora están apagados.




















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