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"No se trata solo de lo que Foucault efectivamente dijo, sino de lo que puede todavía decirnos"


Entrevista a Edgardo Castro

Por Valeria Groisman y Luis Henríquez Riutor


Edgardo Castro nació en 1962. Es doctor en Filosofía por la Universidad de Friburgo (Suiza), investigador del Conicet, miembro del Centro de Investigaciones Filosóficas (Buenos Aires) y profesor universitario. Sus publicaciones se ocupan de la filosofía contemporánea, particularmente francesa e italiana. Es uno de los principales traductores de la obra de Giorgio Agamben al español.


Entre sus libros, cabe destacar Pensar a Foucault (1995), Giorgio Agamben. Una arqueología de la potencia (2008), Lecturas foucaulteanas. Una historia conceptual de la biopolítica (2011) y, publicado por Siglo Veintiuno Editores, Introducción a Foucault (2014). Este último ha sido recientemente actualizado y reeditado a la luz de nuevo material de Foucault que ha sido publicado y traducido al español en los últimos años.


A continuación, una entrevista con uno de los mayores expertos mundiales en el filósofo francés que alguna vez dijo: “El saber es el único espacio de libertad del ser”.

Barbarie: Has publicado diversos trabajos sobre MF, un diccionario, un vocabulario y una introducción, entre muchos otros, ¿Qué es lo nuevo de tu libro Introducción a Michel Foucault?

EC: Para dar una idea simplemente cuantitativa, en 1984, cuando Foucault muere, disponíamos de unas 6000 páginas suyas publicadas. En el momento de la primera edición de mi Introducción a Foucault, en el 2014, se habían agregado unas 3000 páginas más, que corresponden mayormente a sus cursos en el Colegio de Francia (dictados entre 1970 y 1984). Actualmente hay que sumar otras 3000 más, en especial los escritos anteriores a 1970. Foucault es un autor en continuo crecimiento.

En esta nueva edición había que incorporar todo ese material aparecido entre 2014 y la actualidad. El primer capítulo es completamente nuevo, se ocupa del joven Foucault, de la década de 1950. Los capítulos segundo, que se ocupa de las relaciones entre filosofía y psicología en los trabajos de Foucault, y, en particular, el quinto, donde se esboza una genealogía del sujeto en relación con los trabajos de Foucault acerca de la filosofía antigua y los primeros siglos del cristianismo, han sido completamente reelaborados y ampliados a la luz de este nuevo material. Y los capítulos tercero y cuarto, ampliados. En 2014, por ejemplo, el tomo cuarto de la Historia de la sexualidad, Las confesiones de la carne, estaba todavía inédito.

Por ello, si bien es una reedición, no lo es tanto. En muchos aspectos es otro libro. Empieza antes y, de algún modo, termina después. Además, el orden de exposición de los temas sigue la cronología de su composición, la que recorrió Foucault. No la de la recepción, que es la nuestra, la de sus lectores. Esto produce no pocos desplazamientos conceptuales y de matices relevantes respecto del pensamiento foucaultiano.


Barbarie: Como decías, se están publicando (y traduciendo) trabajos inéditos de Foucault, que corresponden a los años 50, es decir, anteriores a su ingreso al colegio de Francia. ¿Cómo debemos leer esos trabajos, en el marco de su obra general? ¿Qué continuidades o discontinuidades habría en su obra con relación a este “primer Foucault” o “joven Foucault”?

EC: Por el momento, han aparecido cinco volúmenes en la serie que los editores franceses han denominado “Cursos y trabajos anteriores al Colegio de Francia”. Tres de ellos (Ludwig Binswanger y el análisis existencial, ya traducido al español, Fenomenología psicología y La cuestión antropológica) pertenecen a la década de 1950. Los otros dos son más tardíos. La sexualidad y El discurso de la sexualidad, también disponibles en lengua castellana, reúnen dos cursos, uno de 1964 y otro de 1969. El discurso filosófico es el más reciente de los volúmenes que componen esta nueva serie. Se publicó en Francia a inicios de mayo de este año. Foucault lo compuso entre junio y noviembre de 1966.

Tres de estos volúmenes, como señalás, nos remiten a la década de 1950, a ese que podemos llamar “el joven Foucault” o “el primer Foucault”. Los temas dominantes de estos trabajos son fundamentalmente tres: en el cruce entre filosofía y psicología a propósito de la enfermedad mental, la recepción de los autores de la filosofía clásica alemana (Kant, Hegel, Feuerbach, para mencionar algunos) y los desarrollos de la fenomenología (Husserl, por supuesto, pero también la fenomenología francesa: Sartre y Merleau-Ponty, sobre todo).

¿Qué aporta este material? Diría que nos permite entrar en el laboratorio conceptual de Foucault. Estos trabajos remiten, en efecto, a un material de carácter más bien heterogéneo: desarrollos que Foucault escribía para sus cursos, proyectos de libros e incluso el borrador, muy avanzado, de una tesis de doctorado sobre Husserl (en el caso de Fenomenología y psicología). Se trata, como digo, de un laboratorio en el que Foucault aborda los temas y autores de referencia acerca de los temas que le interesan y explicita su lectura, muchas veces crítica respecto de esos autores o de las interpretaciones dominantes. Estos trabajos nos muestran, en definitiva, cómo Foucault se apropia de temas y autores para formular sus propias preguntas y las posibles respuestas.

Sin duda, hay líneas de continuidad. La de los temas sobre todo: la enfermedad mental, la fenomenología y la filosofía de Kant serán retomadas de manera recurrente en sus trabajos posteriores. Foucault no ha dejado de remitirse a estos temas. Pero también hay líneas de discontinuidad. Para citar algunos ejemplos. Foucault ha cambiado respecto de su valoración de la filosofía de Husserl o de su interpretación de la filosofía de Kant. Lo mismo puede decirse acerca de la cuestión de la enfermedad mental. Pero este es el punto que, a mi modo de ver, vale la pena subrayar: esas líneas de discontinuidad solo se aprecian en relación con estos trabajos del primer Foucault, a partir de los cuales esta ha sido conceptualmente posible.


Barbarie: ¿Cómo entender u organizar una obra en permanente construcción, especialmente por la publicación de trabajos inéditos? Esto, con relación a su tesis sobre ¿qué es un autor? (texto publicado por MF).

EC: En “¿Qué es un autor?”, originariamente una conferencia de 1969, Foucault sostiene, precisamente, que el autor es el resultado de una operación compleja en la que se seleccionan textos y se los ordena. Foucault se opone, de este modo, a la idea, en gran parte heredada del siglo XIX, del autor como una especie de unidad psicológica de la que emana el sentido de sus textos. La psicología del genio, diría.

Quienes nos dedicamos a la historia de la filosofía contemporánea, sabemos que no es así. Detrás del autor Hegel, Husserl o Nietzsche o, mejor, de nuestro Hegel, nuestro Husserl o nuestro Nietzsche, hay complejas operaciones de conservación, edición y circulación de textos. Más que autores, retomando otra categoría a la que Foucault ha prestado también mucha atención, se trata de archivos. Entendiendo por archivo, precisamente, el espacio en el que se llevan a cabo todas esas operaciones, no solo la de conservar manuscritos.

En este sentido, el “autor” Husserl fue salvado del nazismo cuando se constituyó su “archivo” en Lovaina, precisamente para resguardar sus manuscritos. Y el ejemplo quizás más escandaloso y también inverso es el Archivo Nietzsche en Weimar. Fue el lugar de su nazificación, y posterior desnazificación. Cuando hablamos de Husserl o Nietzsche hablamos finalmente de archivos. Lo que está sucediendo con Foucault es precisamente esto. Foucault ha ingresado en la dimensión del archivo. Una dimensión en la que se llevan a cabo no solo operaciones de edición, sino también de interpretación.

¿Cómo afrontar este ingreso de Foucault en la dimensión del archivo? Me limitaré a dos indicaciones. Una metodológica, fundamental. Respetar la cronología de los textos. Parece simple, pero no lo es. Una de las dificultades de las compilaciones en lengua castellana de los escritos de Foucault concierne, precisamente, esta regla metodológica. La otra indicación no es solo metodológica, sino especulativa. El archivo no es solo una dimensión pasiva de conservación. Haber ingresado en la dimensión del archivo no quiere decir que se trata de un autor archivado. El archivo es también un espacio de actualización, de apropiación. En otras palabras, no se trata solo de lo que Foucault efectivamente dijo, sino de lo que puede todavía decirnos. Estas dos dimensiones del archivo, la del pasado y la del presente, lo que dijo y lo que nos dice en relación con la actualidad, conservar y apropiarse, no deben separarse. Un Foucault de archivo no es necesariamente un Foucault archivado.


Barbarie: En el sentido de la pregunta anterior, ¿qué aportan estas nuevas publicaciones al objetivo de MF de aportar a una comprensión de nuestro presente?, es decir, ¿cómo se realiza la “actualidad de MF”, la vigencia de sus preguntas, de su diagnóstico del presente, de sus investigaciones?

EC: Los trabajos de Foucault nos remiten siempre en dos direcciones. Por un lado, la erudición. Y, en su caso, una gran erudición, con amplias bibliotecas de referencias que, si bien en sus primeros trabajos se focalizan en la Modernidad; en sus últimos años se extiende hacia a cultura clásica y los primeros siglos del cristianismo. Por otro lado, las luchas o, si preferimos, el compromiso con el presente. La articulación entre estos dos registros define al archivo foucaultiano. Y esa articulación pasa por la cuestión del límite. Por ejemplo, entre razón y locura, entre normal y anormal, entre lo biológico y lo biográfico. Su aparato erudito despliega la historia de estos límites, cómo se constituyeron, cómo se reformaron, etc. Sus luchas también remiten al juego de estos límites en el presente, en la actualidad.

La política moderna, en la medida en que en esta política está en juego la vida biológica de la población, problemática a la que Foucault remite con la categoría de biopolítica, ha sido uno de sus aportes, cuya actualidad puso de manifiesto la reciente epidemia de Covid-19. Si queremos mantenernos en el registro de la política, los trabajos foucaultianos acerca de la racionalidad política neoliberal constituyen otros de sus aportes más fecundos en relación con el presente.

Es cierto que estos temas, que han sido retomados sobre todo a partir de la segunda mitad de la década de 1990, en dos líneas muy diferentes, la de matriz anglosajona y la de matriz italiana, pertenecen a los cursos de Michel Foucault en el Collège de France, publicados entre 1997 y 2015.

En los trabajos más recientes, nos encontramos, leyéndolos desde nuestro presente, con temas no menos actuales, aunque, por ser precisamente más recientes, no han sido todavía desarrollados. En El discurso filosófico, por ejemplo, Foucault introduce la idea de un archivo integral, es decir, un archivo en el que discurso y subjetividad se separan. No se trata de la vieja tesis estructuralista, de los años 1960, de la separación u oposición entre sujeto y lenguaje; sino entre sujeto y discurso. La de la inteligencia artificial nos pone ante una problemática, precisamente, de este tipo, de la producción de discursos sin subjetividad. De un archivo integral, en los términos que lo define Foucault.

Otro de los temas a los que aportan en gran medida estas nuevas publicaciones es a la visión misma de la Modernidad. No se trata solo de cómo pensamos la Modernidad, sino, sobre todo, de cómo nos situamos en ella.

En fin, para mencionar solo dos aspectos de trabajos que recién ven la luz y comienzan a ser estudiados. Dicho sea de paso, somos privilegiados en el acceso a estos trabajos, se están traduciendo rápidamente al español. Por el momento, son las primeras traducciones a nivel global.


Barbarie: Un tema que aparece en muchos -si no en todos- los trabajos de Foucault es el poder. El poder como marco desde donde se construye el concepto de normalidad, de enfermedad, de locura, del bien y del mal, de verdad, de deseo. ¿Qué pueden decirnos MF sobre el poder en el siglo XXI?

EC: Es cierto, sobre todo si uno fija la mirada en sus libros y cursos y mediados de la década de 1970. Vigilar y castigar, aparece en 1975 y es rápidamente traducido al español. Junto con Microfísica del poder, una compilación italiana que no existe en lengua original, han sido dos trabajos que tuvieron mucho peso en la recepción latinoamericana y específicamente argentina de Foucault. Sus textos anteriores, pensemos en Las palabras y las cosas, tuvieron una recepción académica. Pero Vigilar y castigar y Microfísica del poder tuvieron, además, una recepción militante.

Por esta época, mediados de la década de 1970, a Foucault le interesa elaborar una modalidad de abordaje del poder que no se apoye en las categorías clásicas de represión o de ley. Busca, en definitiva, tomar distancia tanto de la tradición política marxista como liberal. En este contexto, Foucault se sirve, para el pensar el poder, en un primer momento, del concepto de dispositivo. Con este concepto Foucault describe el funcionamiento del poder, sin poner el juego la ideología, la soberanía política o una supuesta naturaleza humana. Los dispositivos son juegos de relaciones heterogéneas entre elementos también heterogéneos. El caso de la cárcel, tema de Vigilar y castigar, es uno de los más conocidos. El funcionamiento de la cárcel, que es un caso de lo que Foucault denomina poder disciplinario, no se deduce ni de las ideología, ni del sistema legal, ni de una determinada teoría de la naturaleza humana. Son mecanismos que buscan producir, con ideologías diferentes (las cárceles del mundo libre y del exbloque soviético, finalmente, funcionaban igual), individuos políticamente dóciles y económicamente rentables. Quizás sea más apropiado decir, que se proponen eso. Pero no significa que lo logren.

En un segundo momento, el concepto de dispositivo será desplazado, al menos en parte, por el de gubernamentalidad. Con este concepto, Foucault se refiere a la racionalidad de las forma de gobernar a los otros y también de gobernarse a sí mismo.

Con ambos conceptos, de todos modos, a Foucault le interesa subrayar la dimensión productiva del poder, las formas de subjetividad y también las formas de vida que los mecanismo del poder modelan.

Personalmente, pienso que estos conceptos son todavía de gran actualidad. Por ambas razones, porque se focalizan en la dimensión productiva de poder, más allá de las calificaciones éticas o políticas, y porque permiten análisis detallados, minuciosos, atentos a lo real.

Como decía antes, a mediados de la década de 1970, Foucault piensa en la verdad del poder. Pero, en la década siguiente, Foucault se interesará también en el poder de la verdad. Ambos abordajes deben ser tenidos en cuenta.


Barbarie: En varios pasajes del libro mencionás el escepticismo -o lo das a entender- como un atributo característico de MF. ¿Puede entenderse ese dejo de desconfianza, de duda, como una distancia de extrañamiento auto impuesta?

EC: Hay, sin dudas, un escepticismo metodológico en Michel Foucault, que va de la mano de sus usos de la historia. Por ejemplo, pongamos en duda la existencia de algo así como la locura, la razón, la naturaleza humana o el Estado, y veamos qué tipo de historia se pude escribir. Se trata de poner en duda esos universales y situarse del lado de la historia, de los acontecimientos, para mostrar cómo aparecieron en la historia y bajo qué configuraciones esas entidades que frecuentemente abordamos como si no tuvieran historia. Este escepticismo metodológico domina los trabajos foucaultianos.


Barbarie: Decís que para Foucault ni el psicoanálisis, ni la filosofía ni las dos disciplinas juntas bastan para explicar la enfermedad mental. Falta, explicás, la “dialéctica de sus condiciones de existencia”, la mirada social. ¿En qué medida avanzó -o no- este intento de comprensión con otros autores, otros abordajes?

EC: Esa observación, en mi libro, remite a los primeros desarrollos de Foucault. Precisamente a la década de 1950, de la que hablamos antes. Por ese entonces, hablar de condiciones de existencia es un modo de referirse a la concepción dialéctica de la sociedad, de matriz marxista. La dialéctica social, podríamos decir. De hecho, su primer libro, Enfermedad mental y personalidad, está organizado en torno a la noción de alienación. Foucault señalará más tarde que, en este trabajo, había dos sentidos de la alineación que no estaban ni bien distinguidos ni bien articulados: la alienación mental, psicológica, y la alienación social.

Foucault no dejará de prestar atención a las condiciones de existencia cuando deje de lado el marco conceptual marxista de este primer libro; pero estas condiciones ya no serán pensadas en términos dialécticos. Los conceptos de dispositivo y de gubernamentalidad ocuparán, en gran medida, la función que ocupaba la noción de “dialéctica de las condiciones de existencia”. Foucault, en pocas palabras, focalizará sus análisis en las condiciones históricas, más que las dialécticas. Por ejemplo, en los trabajos sobre la psiquiatría del siglo XIX, en El poder psiquiátrico.


Barbarie: ¿Qué queda inédito de Foucault?

EC: Mucho. Doy solo un ejemplo. En los Fondos Foucault se conserva una treintena de cuadernos que constituyen una especie de diario intelectual, donde Foucault registró sus lecturas, proyectos e inquietudes desde la época de la Historia de la locura (1961) a sus últimos trabajos.


Barbarie: ¿Qué libro de MF recomendarías a alguien que nunca lo leyó y quiere acercarse al autor? Es decir, ¿por dónde se debería empezar a leer a Foucault?

EC: Me tienta decir que recomendaría empezar hojeando, al menos, una buena introducción. Buena, es decir, actualizada. Después, el mejor libro para acercarse a Foucault depende mucho de los propios intereses. El orden del discurso, su lección inaugural en el Colegio de Francia, si se dejan de lado los primeros párrafos y las últimas páginas, es un texto accesible, introductorio. La Historia de la locura puede ser una apasionante vía de acceso. Voluntad de saber, si uno viene del mundo psi, es un texto inevitable. De los publicados recientemente, El discurso filosófico también me parece inevitable.



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