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Otoboke Beaver: la explosión de cuatro galletas punk de la suerte


Existen esos periodos en los que uno se encuentra con propuestas musicales que terminan por adornar algunos momentos de tu vida, como amuletos de buena suerte. Por supuesto, que cuando los llamamos descubrimientos no los relacionamos con el encuentro de algo que todo el resto del mundo ignora, sino que apunta a esa significancia que resultan para nosotros el toparnos con estos en ciertos espacios, ciertos tiempos y realidades. El amuleto de estas últimas semanas es la banda japonesa Otoboke Beaver.


Su historia comienza en 2009: entre los pasajes y templos cubiertos por los icónicos árboles de cerezo de la comunidad de Kioto, Japón, un cuarteto de chicas conformado por Acocorinrin, Yoyoyoshie, Hirochan y Kahokiss conjugan sus fuerzas amparándose en la comunión tradicional de voz, guitarra, bajo y batería que bautizarán con el nombre Otoboke Beaver. Banda que en el momento que se escribe esta reseña recorre distintos puntos de la ecléctica escena mundial contemporánea .


En este vendaval de punk y vanguardia existe la tradición pero también la renovación. Una combustión escénica que recuerda al Riot Grrrl, el movimiento feminista y alternativo estadounidense de los 90. Con agresividad, la banda se mueve por el escenario con cierta ironía lejos de las mohicanas y los pantalones de Tartán que uno podría codificar al escuchar su música, el cuarteto se encarga de desarticular el cliché uniformandose con vestidos floreados y un histrionismo que revientan cualquier expectativa. El espacio humeante de esta explosión es ocupado por su música que se codifica y corresponde a esta estética de lo impredecible.


En la propuesta de la agrupación uno puede pasarse un buen momento intentando dar con todos los detalles de cada uno de los temas de su corta pero intensa discografía. Canciones como Don´t light my fire, o PARDON abundan en contrastes rítmicos y mutan radicalmente de tiempo. En otra esquina encontramos Im not maternal o Dirty old fart is waiting for my reaction, que cultivan melodías de corte más infantil en medio de la rabia punketa que también se aprecia en You´re no hero shut up f*ck you man-whore, por ejemplo. Piezas que se cocinan en unos cuantos segundos. Así incuban una bomba que alberga elementos como el hardcore, el garage, pero que no discuten con su lado más pop rock. El sonido del cuarteto es coronado con una poética directa a temas como el acoso, la infidelidad y los roles de género.


Lo que no se espera, si es bueno, se toma como una señal de buena fortuna. Desde que nos ponemos en contacto con la música de este cuarteto hasta cuando asentimos el final de su breve discografía nos damos cuenta de que estamos frente a un conjunto de valor, digno de nuestra admiración y fanatismo. Banda sonora para la urbe, la modorra y los secuencial, Otoboke Beaver se escucha sin mayores pretensiones, bendiciéndonos.


Darío Ossandón




Otoboke Beaver

Super Champon - 2022


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