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Que no nos cuenten más cuentos (reflexiones sobre la “mayoría progresista” que va a gobernar España)



Pedro Sánchez ha sido investido Presidente de España y ha formado un nuevo gobierno de coalición entre su partido, el PSOE, y Sumar. Como ciudadano de izquierdas parece que tendría que estar satisfecho y esperanzado. Pero no lo estoy, para nada. Voy a explicar la paradoja (que cómo sabemos es una contradicción aparente).

El 23 de julio hay elecciones anticipadas, convocadas por Pedro Sánchez , Presidente del gobierno español, por el avance de la derecha (PP y Vox) en las elecciones municipales y autonómicas. En estas elecciones hay una formulación frentista: izquierda (PSOE-Sumar) contra derecha (PP y Vox). Hay además partidos regionalistas (Coalición canaria, Unión del Pueblo Navarro), nacionalistas gallegos (BNG), vascos ( PNV, Bildu) y catalanes ( ERC y JxC). Los resultados dan una victoria justa a la coalición de derechas (PP y Vox) que no les da la mayoría absoluta. Empiezan las negociaciones. La alianza necesaria del PP con el partido ultra españolista de extrema derecha Vox le imposibilita pactos con partidos nacionalistas de derechas como el PNV y JxC. Pedro Sánchez sabe que necesita los votos del partido independentista de derechas, JxC, cuyo líder es el prófugo de la justicia española, Carles Puigdemont, que reside en Waterloo. Pedro Sánchez quiere el poder al precio que sea y es muy hábil para conseguirlo. Si Maquiavelo escribiera hoy "El Príncipe" lo pondría como ejemplo. Lo cual es a la vez un elogio (su capacidad para conseguir y mantener el poder) y una crítica (la ambición por encima de los principios).

Pedro Sánchez se inventa, para empezar su recorrido y cumplir sus objetivos, el primer cuento que explica a sus votantes: que "una mayoría progresista" ha ganado las elecciones. Pero lo cierto es que el bloque progresista (PSOE y Sumar) ha sacado menos votos que la mayoría conservadora. Hay que contar, entonces, de otra manera para que le salgan las cuentas. La única manera es incluir a partidos nacionalistas de derechas, como el PNV, a un partido que procede del entorno políticos que apoyó a ETA (Bildu) y a los protagonistas del "procés" (ERC y JxC). El procés fue un acto de sedición que protagonizaron estos partidos para intentar imponer la independencia de Cataluña. Tuvieron, además, un juicio justo que condenó al líder de ERC Oriol Junqueras (junto a otros muchos dirigentes). Puigdemont huyó de la justicia y se instaló en Waterloo (Bélgica) como supuesto "exiliado".


Pedro Sánchez se inventa un segundo cuento para justificar dar una amnistía a los implicados en el intento sedicioso de imponer la secesión de Cataluña contra la legalidad democrática diciendo que servirá para "normalizar la convivencia en Cataluña”. Sánchez ya había indultado a los dirigentes del procés para conseguir el apoyo de ERC. Pero ahora lo que exige Puigdemont es una amnistía que implica aceptar el relato de los independentistas sediciosos descalificando al sistema judicial español. El precio pienso que era demasiado alto. Pero lo que no puedo aceptar es el cuento que se inventa Sánchez para hacer, como él mismo reconoce, "de la necesidad, virtud". Y no solo decir lo contrario de lo que él y sus ministros decían hasta ahora (“que la amnistía era ilegal y no encajaba en la Constitución") sino que lo quiere vender como "la mejor apuesta”. En realidad, lo que hace es legitimar a los independentistas, descalificar el poder judicial y dejar desamparados a los ciudadanos que, como yo, no somos nacionalistas y defendemos el Estado de Derecho. Lo que todavía acepto menos es que PSOE y Sumar descalifiquen a los ciudadanos que criticamos estos pactos y estos cuentos y nos pongan del lado de las derechas (PP y Vox) con quienes no tenemos nada que ver.

Lo que queda ahora es un gobierno que se constituye sobre la base de "nosotros o el caos" y sobre la mentira de todos estos cuentos; que se apoya en unos partidos nacionalistas que lo único que quieren es la independencia de su "nación" y, mientras tanto, privilegios para ella; que está formado por un partido, el PSOE, que gobierna con unos pactos que están en contra de lo que planteó al presentarse a las elecciones. Esto, en coalición con Sumar, que ya ha entrado en una guerra interna entre su líder, Yolanda Díaz, y el principal partido, Podemos. Tanto Sumar como Podemos apoyan totalmente estas negociaciones porque ellos mismos parecen creerse que el populismo nacionalista es progresista.

Este es el panorama y esta es la solución de mi paradoja. Como ciudadano de izquierdas hay tres cosas que se han dado que rechazo radicalmente. La primera son todos los cuentos que se han contado: mentiras que se quieren colar como verdades. Creo que una de las bases de la cultura democrática es que existan ciudadanos informados y con criterio.

La segunda es que se ha pactado con los que han atacado el Estado democrático de Derecho. No solo han pactado sino que han aceptado su relato que deslegitima las instituciones jurídicas, y los aceptan como interlocutores de una comunidad autónoma de la que tienen una representación mínima y que declaran enemigos de España.

La tercera es que a todos los ciudadanos que cuestionamos este pacto nos descalifican totalmente situándonos en el bando de la reacción (PP-Vox).

La cuarta es que su retórica frentista descalifica a la derecha conservadora (PP) considerándola la representación de las fuerzas reaccionarias con la que es imposible dialogar. Esta actitud me parece totalmente contraria a la aceptación del pluralismo porque entra en una concepción de la política entendida, en la línea de Carl Schmidt, del amigo/enemigo.


¿He de estar contento visto lo visto? En absoluto, porque el PSOE y Sumar han asumido el discurso de los nacionalismos periféricos y han dinamitado el proyecto de una izquierda democrática y liberal para España. Algunos dirán: mejor esto que un gobierno del PP con la extrema derecha de Vox. Mal razonamiento. Si no se puede formar un gobierno de izquierda (porque PSOE y Sumar han perdido) lo que hay que hacer es evitar la doble ofensiva de la extrema derecha de Vox y de los nacionalistas catalanes y vascos. Dos formas de populismo contra la idea que rige la Constitución española de un Estado democrático y social de Derecho. ¿Cómo hacerlo? Buscando algún acuerdo entre el PSOE y el PP. Pero ni los unos ni los otros están por la labor, porque ambos han perdido el sentido de Estado. Lo que se avecina es un reino de taifas donde los partidos nacionalistas exigirán privilegios y reconocimiento de sus soberanías y una sociedad cada vez más polarizada. Si este gobierno consigue medidas progresistas (difícil lo tendrá) es lo menos que podemos esperar, pero sigo pensando que el precio es demasiado alto y que nos tomen por idiotas con sus cuentos me parece más que lamentable.


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