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Sobre la quema de libros



En la famosa escena donde los milicos queman libros en las torres de San Borja tras el golpe militar, se pueden apreciar muchos detalles. Los soldados ignorantes que obedecen sonrientes cualquier orden del superior (señalan que hay discos de Fidel Castro). El periodista francés que irónicamente les hace una pregunta sobre el autor de uno de sus libros ¿Conoce usted a Quevedo? El joven sargento que no se intimida frente a la interpelación cultural del periodista y le responde desafiante en inglés y francés.


Desde Heine a Ray Bradbury, la imagen de quema de libros se asocia a la muerte de cierta libertad humanista. Queman libros los bárbaros para hundir al mundo en su propio baile de ignorancia, sangre y obediencia. Efectivamente un perfecto socialista podría haber tenido libros de Lenin y Mao Tse-Tung en su departamento (best sellers de la izquierda setentera), como señalan los soldados, y lo irónico de esto era que las mismas ideas que contenían estos libros, también quemaron libros cuando tuvieron el poder ("Disposiciones generales para la censura de prensa adoptadas por el gobierno del Kuomintang en agosto de 1934" se puede leer en uno de los tomos de Mao Tse-Tung). Hagamos una precisión que bien notó Joseph Roth cuando se le encomendó un reportaje a la URSS:

“Constituye la esencia de una dictadura reaccionaria (por ejemplo, la de Mussolini) que prohíba. Pertenece a la esencia de la dictadura proletaria de Rusia el que (en la actualidad) dicte más que prohíba”. Sin embargo, Nabokov fue prohibido en la URSS y Cabrera Infante en Cuba. Quizás los escritores más afortunados sólo se dejaron dictar algunos consejos prudentes en la oreja.


Juego de espejos. En la URSS existía el Spetsjrán, sección de almacenamiento especial a los cuales no tenían acceso los ciudadanos comunes por considerarse peligrosas. También el Samizdat, una especie de literatura autopublicada para evitar la extrema y peligrosa censura del régimen.

Quemar un libro que contiene los gérmenes de como quemar (o dictar) otros libros, he ahí la chistosa paradoja.


El otro tópico, el humanista, que nos dice que los libros, y en general la cultura que accedemos gracias a ellos nos libera y nos hace mejores personas, ya está suficientemente desacreditado. Lo recalcó Georges Steiner, un torturador es absolutamente compatible con una rica biblioteca y una colección de discos de Bach en su hogar.




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