top of page

Una réplica de la primavera

Actualizado: 11 jun

[sobre Año interior, de Jaime Sepúlveda Llevaneras]


Hace un par de meses, en China, en una de las mesas giratorias donde se suele servir la comida, la camarera colocó un platito con unas misteriosas nueces amarillas. Mientras giraban una y otra vez, nuestro grupo intentó descifrar qué eran, sin mucho éxito. Finalmente, la camarera nos dijo: son semillas de ginkgo cubiertas de miel. El sabor era ligeramente amargo y medicinal, que la miel dulce solo disimulaba parcialmente. Efectivamente, resulta que esta semilla se usa con frecuencia en la cocina china, pero también en la medicina tradicional china, debido a sus múltiples propiedades beneficiosas para la salud. Con más frecuencia que las semillas, son las hojas las que se utilizan como suplemento.


El ginkgo está disponible en forma de pastillas, y sus hojas también se pueden infusionar en agua y beber como té. Aunque la ciencia médica aún no ha comprobado estas afirmaciones, algunos profesionales de la salud hacen afirmaciones asombrosas sobre el ginkgo biloba, basadas principalmente en su capacidad para aumentar la circulación sanguínea, lo que, entre otros efectos, supuestamente puede ayudar a mejorar la capacidad cognitiva, revirtiendo los efectos del Alzheimer, por ejemplo. En China, el ginkgo biloba también goza de fama por su resistencia y longevidad. Este árbol, con sus grandes hojas en forma de abanico, es monstruoso en el sentido de ser extraño, extraordinario e intimidantemente grande, evocando lo lento y lo antiguo en una época de progreso y velocidad. Técnicamente, es un fósil viviente, que ha sobrevivido desde la era de los dinosaurios; es capaz de sobrevivir en diversos climas y en ciudades con altos niveles de contaminación, desplegando sus frondas verdes y flores amarillas, y produciendo sus semillas, tanto en los mejores como en los peores momentos. Por ello, se le ha considerado un símbolo de supervivencia ante la adversidad.


Incluso sobrevivió al bombardeo atómico de Hiroshima; los árboles cercanos a la zona de la explosión volvieron a brotar al cabo de pocos meses. Hablo tanto de la gingko biloba porque está en el corazón del poemario tranquilo y sutil de Jaime Sepúlveda Llevaneras, Año interior, centrado en un período de introspección y meditación del poeta. La flora, con sus ciclos de muerte, vida y renovación, se convierte en metáfora. La hoja del gingko aparece en la portada del libro con su doble fronda, y el gingko también aparece dentro de los poemas. Déjame leer el primer poema completo: El Gingko que observa con sus hojas pie de pato es sagrado en este monasterio cuando las hojas se tornan amarillas solemos asignarles nombres de mujeres nombres que nunca había escuchado el árbol de los cuarenta escudos ha sobrevivido, la corteza parda por más de ciento cincuenta años Yah-Chio no pierde la memoria el impulso de la sangre. Después de la oración tomo distancia observo desde lejos el Gingko sus hojas pie de pato se transforman ahora son abanicos de un sueño templado y húmedo.Yah-Chio es el término chino para ginkgo biloba, y un interés abstracto por China y una suerte de filosofía budista también están muy presentes en este libro, al igual que un interés por lo terrenal y lo material. Esto no tiene por qué ser una paradoja; para Sepúlveda la filosofía no es algo abstracto, sino algo muy práctico, una herramienta para la vida. Lo material y el mundo natural se convierten en un contrapeso a la fantasía, a los delirios que a veces crean mundos mentales ajenos a la realidad. (No recuerdo qué escritor argentino una vez elaboró una lista de consejos para la felicidad, que incluía escribir literatura realista y evitar a toda costa la ficción especulativa . . .)


El libro de Sepúlveda se divide en cuatro secciones: «Estaciones», «Días», «Meses» y «Lunas». Hay algo no del todo lineal, no del todo cronológico, algo que escapa al análisis crítico, y que me resulta atractivo. ¿Cuál es la relación entre Estaciones y Lunas, por ejemplo? ¿Se trata de una lógica circular, o acaso el paso de las estaciones a las lunas sugiere un calendario distinto? Cada sección está precedida por un epigrama, de Charles Wright, Albert Camus, Louise Glück y Li Po, respectivamente, quienes representan tradiciones poéticas y culturas diferentes a las que se suelen asociar con la poesía chilena o latinoamericana, pero que comparten el interés por una poesía centrada en el preciso instante de la introspección existencial, donde las simples observaciones de lo cotidiano dan paso a transformaciones. Sepúlveda cita el famoso poema de Li Po sobre un hombre en la naturaleza con una jarra de vino, solo y a la vez acompañado, pues bebe con la luna. Sin duda, hay peores maneras de afrontar ciertos momentos que esta. Aquí me gustaría citar otro breve poema de Du Fu, otro poeta de la dinastía Tang, que leí hace poco. Es uno de sus primeros poemas, que escribió durante un período de decepción tras fracasar en el examen del servicio civil imperial, importante para conseguir un trabajo.


Después de esto, emprendió un viaje que lo llevó a una montaña sagrada y dejó estos versos. Monte Tai—¿Cómo es? Su azul infinito se extiende por las provincias de Qi y Lu; Aquí el Creador reúne maravillas divinas, Sus escaleras norte y sur, yin y yang, separan el crepúsculo del amanecer. Pechos que se alzan—nubes estratificadas en crecimiento, Ojos desbordados—aves que regresan; Un día yo también ascenderé a la cima más alta, Donde, en una sola mirada, todas las demás montañas se desvanecen.

—traducción al español combinando dos versiones en inglés, de Daniel Hsieh y Frank Watson.


Los distintos aspectos de la geografía se corresponden con diferentes atributos éticos y con periodos de oscuridad y luz. La naturaleza, ya sean montañas, árboles, piedras o animales, a menudo nos atrae, quizá por su capacidad de subsistir con instinto y perseverancia, más allá de las decepciones de la razón. Hablo de instinto y perseverancia porque, en una primera lectura, el estilo de los poemas de Sepúlveda es deliberadamente sobrio, de tono uniforme y elusivo. El motivo exacto de su introspección queda ambiguo, aunque, como en la mayoría de las búsquedas espirituales, probablemente se encuentre arraigado en un momento de profundo sufrimiento. En este libro percibo un anhelo de tranquilidad alimentado por diversas corrientes espirituales y tradiciones culturales, que buscan reconciliarse con el cambio y la transitoriedad de la vida. Hay referencias reiteradas a un monasterio, un espacio de contemplación, silencio y cercanía a la naturaleza, que bien podrían aludir al jardín del propio poeta. Y como ya comentamos, aunque originalmente no sea un símbolo budista canónico como el loto o el árbol bodhi, el ginkgo puede considerarse un emblema del pensamiento budista, que simboliza la resistencia, la compasión y el desapego de los deseos mundanos. Dicho esto, hay momentos en que Sepúlveda rompe con su tono meditativo y parece rebelarse contra su condición y la falta de deseo que ha cultivado, revelando otras emociones de frustración o ira. En lugar de intentar negarlas, se permite sentirlas como parte del proceso cíclico del libro. Ciertos símbolos, como la lluvia, fuerza a la vez destructiva y transformadora, acompañan estas emociones.


Hay muchas otras metáforas poderosas en este libro, muchas de las cuales tienen que ver con atreverse a mostrarse, a revelar aspectos o talentos hasta entonces desconocidos, a florecer o dejarse mostrar como los frutos del caqui, y luego, finalmente, también a permitirse hundirse de nuevo en la tierra, en un tiempo que termina como el cuerpo, volviendo a las raíces, a una humedad fundamental.


El poeta escribe: Vuelvo a mirar el jardin el fluir del mundo del verde al rojo del rojo al castaño. Vuelvo a las cosas reales para limpiar mis delirios repito la plegaria ya somos miembros. El cambio de colores y el proceso de la vitalidad a la decadencia y de regreso a la vitalidad es algo que vivimos y presenciamos de forma acelerada en la naturaleza, como una especie de anticipo de lo que está por venir. Y todas las emociones forman parte de este proceso, aunque podemos gestionarlas peor o mejor. En este poema, también me llama la atención la oración «somos miembros». ¿Se refiere «miembros» a la pertenencia a algún tipo de comunidad o grupo, o a partes del cuerpo, las extremidades? Espero que no esté fuera de lugar mencionar el álbum King of Limbs de Radiohead, es decir, El Rey de las Extremidades, cuyo título, según una entrevista, está inspirado en el ritmo. El ritmo es el rey de las extremidades, y la falta de ritmo es la muerte. Esta idea tan simple está presente en toda la naturaleza y sus pulsiones, por supuesto. Pero también inserto esta mención al rock por otra razón. Cuando Javier Llaxacóndor me invitó a presentar este libro, pensé que se refería a otro Jaime Sepúlveda, el líder de una conocida banda de rock chilena. Me alegró descubrir que en realidad era un nuevo poeta que no había conocido antes.


Quizás todos tenemos vidas alternativas, posibilidades que pueden florecer. En efecto, en diversas tradiciones místicas —y este libro del poeta Sepúlveda está profundamente comprometido con lo místico— la idea del doble o la réplica posee un poder especial. Cito otro poema: Durante el otoño existe un momento una réplica de la primavera aromas que se asoman por última vez a la ventana como un místico que lo entendió todo y guardó silencio.En este poema, el aroma que llega en otoño es una réplica del de primavera. Pero Sepúlveda no trata estas réplicas como ilusiones, como engañosos veranitos de San Juan que vienen y van dejando un invierno más profundo, sino como momentos de una verdad aún más profunda. ¿Cómo funciona eso? Interpreto la palabra «réplica» en «una réplica de la primavera» no como copia, sino como respuesta. El aroma forma parte de un diálogo secreto entre las estaciones, que hablan y contestan, una conversación que no se da con palabras, sino con otras formas de comprensión.


Sepúlveda menciona la palabra dignidad, que en el uso común suele significar la actitud que se mantiene, por lo general por la gente sin recursos o poder, al sufrir injusticias sin quejarse. La verdadera dignidad quizá no implique el intento de reprimir las emociones, lo cual tiende a generar reacciones explosivas, tanto a nivel individual como social, sino más bien crear las condiciones para una vida plena. Sobrevivir no basta; para prosperar se necesita, como el árbol, raíces, humedad, un lugar donde crecer hacia un cielo expectante: un desarrollo significativo. Para ello, son necesarios el deseo y el cambio, no solo la inmovilidad. El deseo de acabar con el deseo, la urgencia de vivir con la mayor intensidad posible pero también de encontrar la calma, tienen en su interior una paradoja amarga como la semilla de ginkgo; una filosofía vital se abre a estos cambios de energía, a estos flujos estacionales. Sepúlveda busca un libro de consejos, más que de meras instrucciones; este libro se lee como un intento de dar forma al tiempo, de tender la ropa en el tendedero en lugar de acumular la experiencia, para ocupar una de sus metáforas. Un ejemplo para todos nosotros podría ser el ginkgo de Xi’an, la antigua capital de China, ubicado en el antiguo templo de Guanyin. Cada otoño, sus hojas se tornan de un amarillo brillante, como si vistiera un «abrigo dorado».


Se dice que el emperador Taizong de la dinastía Tang lo plantó personalmente, y que después de 1400 años se mantiene frondoso y lleno de vitalidad. El secreto parece residir en que crece justo encima de un manantial con el que conserva una relación simbiótica. El árbol y el manantial se nutren mutuamente, de una forma saludable. En lugar de sucumbir a las emociones y su potencial destructivo, o intentar reprimirlas, las amistades y relaciones sanas —y quizás la poesía— pueden ayudar a que estas emociones fluyan de una manera más rica y simbiótica, para que podamos perdurar con buena salud, en un estado simultáneo de cambio y constancia; si no durante miles de años, al menos en esta luminosa existencia.


-

Año Interior
Jaime Sepúlveda

























Imagen de cabecera que ilustra el texto en homepage: generada con IAG por Cristóbal Riesco > @cristobalrie
bottom of page