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Ventana al Báltico: Noticias en la niebla


Esta mañana el termómetro marca 6 grados bajo cero. Ha sido un invierno suave, en comparación con años anteriores. Mi viejo cacharro parte casi siempre, es fiel, no me deja botado, aunque debo calentar el motor por varios minutos antes de echarlo a andar, no sea que se rompa. Es un truco de precaución que me enseñó un mecánico ya desdentado en la Patagonia chilena.


Conduzco a baja velocidad no sólo por la niebla espesa de la mañana, o las curvas que se hacen más peligrosas por el hielo, sino también porque son altas las posibilidades de que se atraviese en el camino un alce con sus crías.


Mientras voy en camino a mi estudio, en la asociación de artistas de la isla, que ocupa una vieja escuela algo destartalada, escucho las noticias por la radio: hablan de la situación en Ucrania. Desde el comienzo de la guerra, el conflicto ha ocupado la primera plana de los periódicos. El enfoque se centra en el desequilibrio mental de Putin. La mayoría de los analistas piensan que la ofensiva rusa es un fracaso y que, pasado el invierno, las tropas ucranianas recuperarán territorio, con apoyo de nuevo y moderno armamento y municiones entregados por occidente. Aunque no es tan fácil, porque la subida de la temperatura de los últimos días en la zona este de Ucrania hacen el terreno fangoso y dificultan el desplazamiento de tropas y tanques.


Vivo en el norte del archipiélago de Estocolmo, junto al mar báltico. Al frente tengo a Finlandia, Estonia y, más atrás, Sant Petersburgo. En caso de extensión de la guerra, esta será una zona clave de operaciones militares. Desde ya, el servicio de inteligencia noruego ha denunciado la excursión de varios submarinos rusos con ojivas nucleares en la zona. No sabemos si esto es verdad o parte de la propaganda de desinformación de los miembros de la organización militar OTAN. (Noruega tiene 196 kilómetros de frontera con Rusia y pertenece a la OTAN desde 1949)

Fotografías: Patricio Salinas A.

Acaban de cumplirse 37 años desde la muerte de Olof Palme, quien fuera Primer Ministro de Suecia. Pero ya nadie habla de eso. Un caso cerrado, que nunca se esclareció definitivamente. Son muchas las sospechas que apuntan a la colaboración en su asesinato de la policía sueca de un distrito de Estocolmo. Palme era reconocido internacionalmente por ser unos de los líderes del movimiento por el desarme nuclear y tenía avanzadas conversaciones con Rusia e India sobre iniciar un proceso de desarme. El asesinato de Palme, no fue casualidad, fue realizado unas semanas antes de su viaje a Moscú. Muchos cambios se produjeron en la sociedad sueca desde entonces. En la admirada sociedad del bienestar, el discurso socialdemócrata de solidaridad e igualdad se fue desdibujando, para ceder protagonismo a las iniciativas individuales y el mercado. Hoy tenemos un gobierno apoyado y sostenido por un partido de extrema derecha (muchos de sus miembros de origen fascista). La acción de Rusia, de invadir Ucrania, jugó en las manos de las fuerzas de derecha, que solicitaron el ingreso a la OTAN de inmediato, abandonando la política de neutralidad de más de 200 años. Suecia y Finlandia ya no son territorios neutrales y libres de armas nucleares, por mucho que los gobiernos de ambos países aseguren que no se permitirán en sus territorios. A Suecia le bajó el apuro de ingresar en la alianza militar de la OTAN. Incluso firmó un tratado con esta organización, de defensa aérea, antes de ingresar a ella. La reciente propuesta de plan de paz de China, para el conflicto en Ucrania, se mira con desconfianza, no tiene credibilidad.


Al llegar a la asociación de artistas de Björkö-Arholma, paso a la cocina por un café. Al poco rato llegan otros artistas, alojados aquí por dos o tres meses para llevar a cabo sus proyectos. Vienen de Ucrania, Rusia, Portugal, Irlanda, Polonia y España, cada uno con sus historias. Aquí no se habla de la guerra, a pesar de que algunos están afectados directamente por ella y que ocurre a pocos kilómetros, al otro lado del Báltico. Todos se respetan y tratan de colaborar, unos más, otros menos, en las tareas cotidianas: limpiar los baños y pisos, lavar la vajilla, sacar la basura, planificar las compras de enceres y utensilios. Luego, cada uno trabaja en sus estudios. La mayoría son artistas plásticos. Algunos trabajamos con fotografía y hemos logrado construir dos cuartos oscuros: uno pequeño, para experimentar con vegetales como alternativa al revelador químico y otro tradicional en el segundo piso. También montamos una sala de tratamiento digital de la imagen. Casi todo se hizo con muy pocos recursos, básicamente con donaciones de la comunidad. Hace un año no teníamos nada y estos logros nos hace felices. A la hora de cenar, comentamos nuestros proyectos y a fin de mes, los que parten, muestran lo que han logrado en el periodo de residencia.


Esta isla tiene poco más de 300 habitantes. Salvo en la temporada de verano, que es muy corta, los turistas invaden el lugar y pueden llegar a 5 mil personas. Las casas están alejadas unas de otras y tenemos sólo un almacén, bastante caro, donde podemos realizar las compras básicas e incluso cargar los vehículos con nafta. El camino central que atraviesa la isla es asfaltado, pero todos los caminos laterales, que llevan al mar, son de tierra. En primavera tardía, en mayo, explota toda la vegetación. Bosques de abedules y pinos, arbustos de frutos silvestres, que los suecos se divierten en recoger. El verano es el periodo más bello y durante la celebración del solsticio (midsommarafton, que a Borges le encantaba) la población baila a ritmo de polka en torno a una especie de falo gigante enterrado en la tierra y recubierto de flores. Una tradición campesina que viene del 300 dC y que se celebra para desear buenas cosechas.


El archipiélago de Estocolmo es uno de los más grande del mundo. Tiene 221.800 islas, pero muchas están despobladas. A comienzos del 1700 la población del archipiélago era de 2.800 personas, la mayoría pescadores. La ciudad misma de Estocolmo se alza sobre alrededor de 14 islas.


Toda esta área de islas, al norte de Estocolmo, se llama Roslagen, desde finales del 1400, aunque entonces se escribía Rodzlagen. En sus comienzos era conocida como Roden, nombre de la población costera. Toda su historia está ligada a los pueblos del este. La ciudad más importante se llama Norrtälje, que fue quemada junto a varios poblados costeros por bárbaros de Rusia en 1719. Quizás en venganza por los atropellos cometidos por los vikingos en siglos anteriores. El nombre finlandés de Suecia, Routsi, tiene su origen etimológico en Roslagen. Tanto Rusia como Biorusia obtuvieron su nombre de los vikingos que en los siglos IX y X viajaron al este desde Roslagen y formaron asentamientos en lo que actualmente es Rusia y Ucrania, incluso alcanzaron Constantinopla. Se los conocía como los varegos, un pueblo de comerciantes que acabaron convertidos en mercenarios. El trato hacia los pueblos eslavos era brutal. El nombre, Roslagen, finalmente llegó a denotar a los pueblos eslavos de la zona y se trasladó a la formación estatal de Rusia (tierra de Rus)


Desde la época de la revolución en 1917, Suecia ha vivido de espaldas a los acontecimientos en la zona del este. Y desde la guerra de invierno en Finlandia, (30 de noviembre de 1939 hasta el 12 de marzo de 1940) adoptaron el lema “el enemigo viene del este”. Ha existido siempre un menosprecio y desconocimiento hacia la cultura rusa y soviética. Pero también hacia Finlandia que hasta finales de los años 80 se le consideraba menos desarrollada que el resto de los países escandinavos. Durante la época de Palme se normalizaron las relaciones, en particular con Rusia, en el periodo de Gorbachov. Durante los años 90 hasta el 2020 muchas industrias suecas se establecieron en Rusia y el comerció entra ambos países escalo. Con la crisis de Ucrania, las relaciones se han vuelto a enfriar y ambas naciones se vuelven a mirar con ojos rencorosos y desconfiados. ¿Será algo coyuntural o se convertirá en una nueva visión estratégica?


Patricio Salinas A.



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