top of page

Resultados de la búsqueda

Se encontraron 1174 resultados sin ingresar un término de búsqueda

  • Mariairis Flores: Nunca entendí ese orgullo de la identidad huasa

    por Catalina MENA para diario La Segunda 'Ahora reconozco que eso me dio una complejidad interesante', dice la historiadora, de 27 años, que nació y creció en Marchigüe, un pueblito campesino entre Santa Cruz y Pichilemu. Leer #entrevistas #catalinamena #mariairisflores #galeríabech #lasegunda

  • Perder para ganar: contra el Homo Economicus

    por Constanza MICHELSON para The Clinic En tiempos confusos, algunos gozan del apocalipsis, otros aspiran, a lo más, a organizar el pesismismo. Pero hay quienes, como el economista y especialista en teoría de juegos Carlos Rodriguez (45), que vislumbran un futuro próspero. Siempre y cuando logremos mantenernos cohesionados. Esa es su misión: entender qué subyace a los mecanismos de coolaboración. Por ejemplo, estar dispuestos a “quemar dinero” a cambio de sentirnos en una situación justa, aunque contradiga las ideas clásicas de la economía. Acá va la entrevista a un optimista. Leer #constanzamichelson #carlosrodriguezsickert #economía #teoríadejuegos #entrevistas

  • El arte frente al terror

    por Catalina MENA para revista Tendencias | La Tercera La exhibición “Age of Terror, Art Since 9/11”, que está hasta fines de mayo en el Imperial War Museum (IWM) de Londres, muestra la respuesta frente a la violencia de los 40 artistas visuales más influyentes del mundo. Entre ellos se encuentran los chilenos Alfredo Jaar e Iván Navarro. Leer #reviews #catalinamena #ivánnavarro #alfredojaar #aiweiwei #monahatoum #jamesbridle #artecontemporáneo

  • 'El arte cambió y se frivolizó'

    por Catalina Mena para diario La Segunda Entre 1978 y 1982, el artista Carlos Gallardo realizó la obra 'A la carne de Chile'. Leer #catalinamena #entrevistas #artecontemporáneo #D21 #carlosgallardo #lasegunda

  • El arte tiene que ser integrable

    por Catalina Mena para diario La Segunda Hace casi dos décadas el colectivo Hoffmann's House se infiltró... Leer #catalinamena #entrevistas #artecontemporáneo #hoffmannshouse #rodrigovergara #matucana100

  • No me interesa instalarme, sino sentirme vivo

    por Catalina Mena para diario La Segunda Activo agente de la escena visual.. Leer #catalinamena #entrevistas #rodrigogómezrovira #fotografía #landskronafestival

  • Alejandra Villasmil - artishock.cl

    por Catalina Mena para diario La Segunda "El arte chileno está dividido en guetos y grupitos". Artishock.cl es la web más leída sobre arte chileno y latinoamericano, con un promedio de 60 mil visitas mensuales, que provienen de todo el mundo. Aunque tiene debates, entrevistas y artículos, lo más visitado es su sección de noticias, pues se actualiza permanentemente. Su fundadora y directora es la periodista venezolana Alejandra Villasmil (45), que llegó a Chile hace 10 años para darle al arte nacional una cobertura que nadie antes le había dado. Alejandra se formó en Caracas y a los 25 años (en 1997) emigró a Nueva York, donde se especializó en artes visuales, vinculándose rápidamente con la prensa, los artistas y las instituciones culturales que estaban hiperactivos en esa época. En 2017 se trasladó a Chile siguiendo a quien entonces era su marido, el cineasta chileno Alejandro Fernández. Acá confiesa que no le fue nada fácil, a pesar de que venía cargada de conocimientos y de ese optimismo caribeño que la caracteriza. “En Chile hay cierto desdén por conocer al otro, o al extranjero, en mi caso. Me descolocó la importancia que tiene acá pertenecer a cierta familia, haber estudiado en tal colegio o tal universidad, llevar tal o cual apellido o conocer a tales personas claves. Yo estaba totalmente fuera de clasificación”, dice. Desde esta posición outsider, logró trabajos temporales en distintas cosas, hizo prensa para galerías y siguió elaborando su propia obra. Pero su ambición era desarrollar un emprendimiento autónomo. Así nació Artishock, proyecto que postuló a Fondart en 2010 y ganó. En adelante, ha sostenido esta plataforma con una resistencia a toda prueba; algunos años gracias al Fondart y otros, sin recursos, asumiendo períodos de vacas muy flacas, en los que ha vivido al mínimo para dedicarse día y noche a ser la mujer orquesta de su web: escribir notas, subir noticias, entrevistar a agentes del arte, instalar debates, etc. Y, en paralelo, criar a los dos niños que tuvo con su ex marido. Si la valoración cultural se tradujera en dinero Alejandra sería millonaria. Intelectuales y artistas que pueden estar en las antípodas culturales, no discrepan a la hora de declarar su unánime respeto por su proyecto y figura. De hecho, consiguió tener un fiel staff de colaboradores y un comité editorial compuesto por las figuras más sobresalientes de la crítica y curatoría internacional, como Andrea Giunta, Octavio Zaya y Chus Martínez. En pocos años Alejandra se ha convertido en una experta en el arte chileno y latinoamericano, y es frecuente que la inviten de jurado a concursos de arte, a realizar curatorías, asistir a residencias en otros países, dar charlas, etc. Ahora mismo está curando una exhibición con dos talentosos artistas jóvenes chilenos –Catalina González y Carlos Rivera-- en la sala de arte de la CCU. ¿Qué temas obsesionan al arte contemporáneo chileno? Yo me enfoco en el arte más crítico. Dentro de ese ámbito, veo que muchos artistas tematizan los conflictos políticos y asuntos de la memoria reciente, con la carga que sigue teniendo la dictadura. Por el otro lado, hay muchos que trabajan sobre la idea del territorio, quizás por el hecho de vivir en un país con una geografía tan diversa y tan aislado del resto del mundo. También, parte de la generación más joven está levantando obras que responden a debates contingentes más globales, como la crisis del medio ambiente y el feminismo. Por supuesto que también hay autores que se concentran en sus propios materiales, más autobiográficos, y otros que reflexionan sobre problemas formales y estéticos. ¿Y cómo encuentras el ambiente? Honestamente, en Nueva York viví un ambiente de más camaradería. El arte chileno está dividido en guetos y grupitos. Y uno pertenece o no pertenece. Cada uno sospecha del otro. Lamentablemente eso atenta contra un desarrollo orgánico del sector del arte, que necesita la unión de todos sus agentes. Se pierde energía en rencillas a veces artificiales. Es mejor no pertenecer. Exacto. Ahora me doy cuenta de que convertí mi desventaja en ventaja. Porque mi mirada de extranjera no está contaminada, puedo relacionarme y trabajar con todos, ser menos prejuiciosa y más objetiva. Eso me ha favorecido. Sí. Pero el tema del financiamiento de Artishock sigue siendo complicado, porque este año, por ejemplo, no ganaste el Fondart. El crítico Justo Mellado ha sido uno de los permanentes opositores a que el medio del arte chileno dependa demasiado de la ayuda del Estado para desarrollar proyectos ¿Cuál es tu conclusión personal? De los siete años que lleva funcionando Artishock, hemos ganado el Fondart cuatro años, y perdido tres. Eso es una ruleta. Mi primera conclusión es que las cosas se hacen con ganas y persistencia y no sólo con plata. Uno tiene que trabajar obtenga o no la ayuda del Estado. La segunda, es que el Fondart ya no es un mecanismo para Artishock, un proyecto que maduró y le llegó la hora de dejar la casa de “papá Fondart” y ser sustentable. Es por eso que ahora estamos dedicados a buscar un financiamiento estable, por distintos canales, incluido el aporte filantrópico. Ahora estoy organizando también una subasta de arte a beneficio de Artishock y he recibido donaciones de obra de muchos artistas. ¿Por qué crees que en Chile la filantropía no ha prendido como sucede en otros lugares del mundo? Acá falta mucha cultura en ese tema, se confunde filantropía con caridad. En general todavía se percibe el arte como un hobby de muchachos extraviados que no saben qué hacer con sus vidas. Se piensa que es más “serio” apoyar otras causas porque cumplen un rol social o de “bien común”. Se desconoce el rol del arte como motor del desarrollo social. Pero también los que trabajamos en cultura y en medios de comunicación tenemos la responsabilidad de comunicar la importancia social del arte, además de informar sobre los beneficios que obtiene quien dona, como la rebaja de impuestos que permite la Ley de Donaciones Culturales. Ojalá avancemos en esa dirección. ¿Hay crítica de arte en Chile? Poca. En Chile el circuito de arte es muy pequeño, todos se conocen y es mejor quedar bien con todos.

  • Tiempo de Yeguas

    por Catalina Mena para Revista Tendencias | La Tercera Pedro Lemebel y Francisco Casas formaron a fines de los 80 el colectivo Las Yeguas del Apocalipsis, que realizó excéntricas y provocativas acciones de arte. Ha sido una leyenda marginal. Hasta ahora: un archivo de su trabajo está disponible y de manera gratuita. Aquí un avance. Leer #artecontemporáneo #pazerrázuriz #yeguasdelapocalipsis #lemebel #franciscocasas #pedromontes #D21 #performance #catalinamena #reviews

  • ¿A qué distancia miramos la diferencia?

    por Catalina Mena Texto curatorial Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso - FIFV 2018 La pregunta que articula esta octava versión del FIFV cuestiona profundamente nuestros vínculos sociales en el complejo contexto de la cultura contemporánea. ¿Cuál es esa justa distancia que me permite “ver al otro como legítimo otro”? Esta connotación política -en cuanto introduce la idea de legitimidad- es la que utiliza Humberto Maturana para definir el escurridizo concepto del amor en su libro El sentido de lo humano: “Ver al otro como legítimo otro en la convivencia”. No existimos. Co-existimos. Nos configuramos y co-emergemos en relación al otro, dice el neurobiólogo. Práctica de la visión y del encuadre, del “rectángulo en la mano”, como diría Sergio Larraín, la Fotografía es el arte de cierta distancia para “ver lo otro”. Otro que puede ser uno mismo, como cuando uno se abisma ante su propia contrariedad y se experimenta como siendo la diferencia. La Fotografía asume todas las posibles modulaciones de lo otro, enunciándose así como pregunta política y amorosa que cuestiona y perturba las categorías ideológicas y emocionales del recorte visual. La distancia (fisura, rotura, quiebre) es necesaria para que surja la diferencia y, con ella, el sentido de la propia identidad. Sentido que siempre está bajo amenaza, precisamente por su relación dinámica con lo otro. George Bataille, en su libro El erotismo, se refiere a esta cuestión utilizando la inquietante categoría de la “discontinuidad”. El ser humano se percibe a sí mismo como discontinuidad, dice, pero su origen y destino es la continuidad. Lo otro es un alter que me constituye pero, inevitablemente, me altera. Antes de mi nacimiento me encontraba en una relación de continuidad con el cuerpo materno. Al nacer entré, violentamente, en la discontinuidad. Mi madre se convirtió en mi primer “otro”, resumen de todos los “otros” que no solo están allá afuera, sino también habitando en mis pensamientos. Precisamente esa separación, ese corte doloroso y vital a la vez, es el que permite esa separación, ese corte doloroso y vital a la vez, es el que permite que exista una distancia-diferencia, un espacio para que pueda circular el deseo. El deseo, entonces, como operación de alteridad, como impulso de vinculación con lo otro. La diferencia se vuelve erótica. Bataille en su libro dice que tanto en el éxtasis del erotismo como en ocaso de la muerte se produce un regreso a la continuidad: son momentos en que la diferencia se diluye completamente, pero a costa de nuestra desaparición. Estamos entonces en una permanente tensión entre la necesidad de sostener la distancia-diferencia y la pulsión de fundirnos con lo otro, con todas las fantasías, miedos y neurosis que eso nos produce. Lo difícil es convivir asumiendo la tensión. Porque tanto si nos sobreadaptamos como si nos defendemos de la diferencia desaparece el deseo. Cierta hipertrofia del ideal igualitario quisiera arrasar con la diferencia, olvidando en su reduccionismo homogeneizador que sin diferencia no hay vínculo. Es uno de los peligros en que pueden caer los nuevos activismos (feministas, veganos, celíacos, VIH positivos, revolucionarios democráticos, anticapitalistas, libertarios, fascistas, racistas, nacionalistas, ecologistas) que se han acentuado con la aceleración de la diversidad cultural producida por los movimientos migratorios globales, evidenciando los vicios y contradicciones de las democracias contemporáneas. Para los defensores de la homogeneidad (cualquiera sea su ideología), la diferencia emerge como una amenaza que hay que eliminar o como una grieta que hay que parchar. Sobran ejemplos de intolerancia, discriminación y violencia: excluir al otro, sacarlo del campo de visión, “hacer el aseo”. Pero también, en el extremo opuesto de la misma operación, abundan ejemplos de discursos que, con muy buenas intenciones, terminan aplanando las particularidades y diferencias, aplicando categorías como la “tolerancia”. Con razón el escritor Pedro Lemebel, que se autodefinía como “pobre, maricón y comunista”, declaró: “Me apesta la tolerancia”. La veía, ciertamente, como una actitud de superioridad moral, donde lo otro era “soportado” a regañadientes y rápidamente recortado por la mirada de quien tolera: una diferencia parchada, despojada de conflicto, convertida en exotismo. Es el otro asimilado, acomodado, parcializado, reducido a objeto de mi narcisismo. Camuflada en la “corrección política”, esta forma de absorber el problema del otro –bajo lo que podríamos llamar “discriminación positiva”– es quizás la más perversa de todas: eliminar la alteración de lo alter, aplicando el poder invisible de una posición hegemónica e incontestable. Este gesto hoy se repite con frecuencia en fotógrafos cuyas obras se arrogan el derecho y la misión de “dignificar” la diferencia sexual, racial, étnica, económica. Bajo sus buenas intenciones subyace, inconsciente, la ventaja jerárquica de quien dispara y registra al otro, terminando de confirmarlo en su anomalía social. Y aquí el “disparo fotográfico” adquiere toda su carga de poder y violencia. Por eso Lemebel no quería ser “tolerado”, tampoco solicitaba un certificado de dignidad: lo que exigía era el reconocimiento de su legítima complejidad. Imposible sustraerse a los juegos de poder que toda mirada teatraliza. Quizás por ello, uno de los problemas más serios de la práctica fotográfica sea precisamente la pregunta: “¿Desde dónde se mira?” Y es difícil ser consciente de esa posición. Pero hay que atreverse a cuestionarla. La respuesta más honesta sería: “Se mira desde donde se puede”. Se mira desde los límites de la subjetividad, desde la propia memoria, desde el prejuicio, la curiosidad, el deseo, el miedo. Se mira desde lo que sabemos del mundo y de nosotros mismos pero, sobre todo, se mira desde lo mucho que no sabemos. Es a posteriori, cuando como observadores de la fotografía tenemos frente a nosotros una imagen, que recién podemos elucubrar sobre esa mirada, ya convertida en la mirada de otro. Y ojalá allí adivinar la complicidad de una imagen que logre transmitir ese intercambio amoroso entre el fotógrafo y lo retratado, ese estado de suspensión. Que la fotografía sea, en sí misma, testimonio de una relación, que despliegue ante nosotros la escena, siempre compleja y perturbadora, de vincularse con otro. Creo que son esas las imágenes que archivamos instintivamente en nuestra memoria. En este encuentro la pregunta por lo otro no solo tiene que ver con el ejercicio de la mirada personal, sino también con el modo en que uno se organiza, trabaja y da valor a lo hecho. Por ello, la importancia de brigadas y talleres de fotógrafos y estudiantes que se juntan para dialogar y realizar trabajos colectivos, supeditando la autoría personal para que aparezca el vínculo. También hay una serie de exhibiciones que se despliegan en distintos puntos de la ciudad, promoviendo nuevas y diversas relaciones entre imaginarios personales y comunitarios. La pregunta atraviesa la práctica y la obra de los fotógrafos que configuran la exposición central de este Festival, quienes vienen desde las más diversas latitudes del mundo. Son personas que interrogan su mirada. Ellos no ofrecen respuestas, no parchan grietas, no afirman discursos. Para ellos la Fotografía es una puesta en abismo de la relación consigo mismos y con los otros. Han llegando a Valparaíso dispuestos a participar en la tensión que subyace a todo vínculo para, desde allí, elaborar el relato visual que hoy despliegan. A través de sus imágenes se ofrecen como “otros” para nuestra mirada, reactivando el infinito juego de la alteridad. C.M. crítica de arte #artecontemporáneo #catalinamena #fotografía #FIFV #maturana #textosdearteycultura

  • Mujeres, artistas y radicales

    por Catalina Mena para Revista Tendencias | La Tercera En Los Angeles se está presentando Radical Women, una selección de obras experimentales y políticas producidas entre 1960 y 1985 de más de cien artistas latinas. La muestra viene a saldar una deuda histórica con una escena creativa que ha permanecido prácticamente invisible. Leer #catalinaossa #artecontemporáneo #radicalwomen #ceciliavicuña #sandraeleta #lottyrosenfeld #catalinaparra #pazerrázuriz #gloriacamiruaga #luzdonoso #lygiaclark #lilianaporter #hammermuseum #pinacotecasãopaulo

  • El voltaje de Enrique Rivera

    por Catalina Mena para Revista Tendencias | La Tercera Curadores, artistas, científicos, ingenieros, hackers, músicos, cineastas, filósofos, profesores, niños: Enrique Rivera los conecta a todos ellos para levantar proyectos creativos que plantean interrogantes sobre nuestra realidad dominada por el lenguaje digital. Autodidacta, independiente y multidisciplinario, el director de la Bienal de Artes Mediales es un personaje único en la escena cultural chilena. Aquí exploramos un poco su historia y su cabeza. Leer #revistatendencias #latercera #enriquerivera #catalinamena #bienaldeartesmediales #electrohype #galeríapersona #catalinaossa #cybersyn #mediatecalibre #zentrumfurkunstundmedientechnologie #ALMA #ariztíalab #galeríaépoca #carmenwaugh #juancarlosmartinoya #nahumjoel #entrevistas

  • La ciudad en mi cabeza

    por Catalina Mena para Revista Tendencias | La Tercera En los 80, los reporteros gráficos infiltraron el imaginario nacional con sus instantáneas de la calle en dictadura. Pero con la llegada de la transición, la imagen ciudadana se diversificó. Desde el 2000 es posible reconocer una nueva generación de fotógrafos que interrogan críticamente el espacio público, pero ahora devuelven la imagen de una ciudad completamente atravesada por su mirada personal. Experimentales, obsesos, instintivos: así son. Utilizan distintas técnicas y oscilan entre la denuncia y la contemplación, pero todos interrogan los lugares donde circulan, mostrando grietas y contradicciones sociales que son también las suyas. “La ciudad es la cancha donde se ven los gallos”, señala Leonora Vicuña, a cargo de la carrera de Fotografía en el Instituto Alpes. Aquí algunas propuestas. Leer #revistatendencias #latercera #fotografía #leonoravicuña #alejandroolivares #emilianovalenzuela #andrésfigueroa #fabiánespaña #reportajes

bottom of page