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El «11», restar y sumar: operaciones para leer estos 50 años a partir de La resta de Alia Trabucco

El «11» como punto de partida


La novela La resta de la escritora chilena Alia Trabucco Zerán fue publicada el año 2015 por Editorial Tajamar y ha sido reeditada por Lumen, precisamente este año cuando se cumplen 50 años del golpe de Estado. La resta parte con un «11» encabezando el primer capítulo y comienza en la página 11 del libro–– en ambas ediciones el gesto se repite––. Un inicio evidente y literal.


El «11» en Chile, para quienes nacimos en la década de los ochenta y en las décadas anteriores del setenta, sesenta y cincuenta, es uno: el 11 de septiembre de 1973. Fecha en que se perpetra el golpe de Estado que derroca el gobierno del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular, y marca el inicio una dictadura en que terrorismo de Estado se impone mediante la persecución política, el toque de queda, los allanamientos, el exilio, la tortura, el asesinato y la desaparición forzada de personas.


Alfredo Jaar, artista chileno, evidencia la marca de esta fecha en una de sus obras. En ella el calendario de 1973 reitera este número, el «11», a partir de todos los días del año que le siguen. Ese día queda fijado, no hay una adición de nuevas fechas y nuevos días por venir, el tiempo queda detenido en el «11».


La resta está narrada por dos hijos, Felipe e Iquela, que cuentan esta historia por turnos. La autora, que nació en 1983, diez años después del golpe de Estado, dedica el libro a sus padres. Los capítulos narrados por Felipe se ordenan en cuenta regresiva, de manera decreciente del «11» al 0. En estos capítulos asistimos a una suerte de rumiación, que a ratos llega a ser delirante, un relato sin pausa ni respiro. Mientras que los capítulos narrados por Iquela son identificados con un paréntesis vacío, a excepción de dos capítulos en que el paréntesis contiene las palabras de su madre. Estos capítulos cumplen una función complementaria en el relato, pues muchas veces ambos narradores aluden a los mismo hechos, episodios y lugares, pero cada cual los narras de modos muy diferentes.



Restar y sumar


Una resta es resultado de una operación matemática, aquello que queda al restar. Restar, además de sustraer, significa dejar a alguien detenido o preso. La resta está presente en el libro de manera formal, en cómo se presenta los capítulos, y en el relato que hace uno de los narradores, Felipe, al ir registrando y restando sus muertos: “dieciséis millones trecientos cuarenta y un mil novecientos veintiocho, menos tres mil y tantos, menos los ciento diecinueve, menos uno”. Cifras que parecen aludir al número de habitantes de Chile el año 2015, al número de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos durante la dictadura y a los ciento diecinueve ejecutados en 1975 por la DINA, en lo que se llamó la Operación Colombo. El uno, podría ser al padre de Felipe quien también es un desaparecido.


Si la resta es el signo de la desaparición, el más será el de la resistencia. Aludimos aquí al “Nunca más”, que levantan las agrupaciones de derechos humanos y de familiares de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos, pero también al “Somos +” como gesto de resistencia que levanta el movimiento de mujeres por la vida en los años ochentas y que es retratado en el documental de Josefina Morandé “Hoy y no mañana” (2019) . Un «+», que tiene como antecedente la obra de la artista chilena Lotty Rosenfeld Una milla de cruces en el pavimento de 1979, en que la artista interviene las calle de Santiago con una línea que cruza la línea recta del pavimento, un «-» y al cruzarla se vuelve un «+» como signo de memoria y resistencia. Resistencia que se hizo oír, en quizá el acto más significativo de la conmemoración de estos 50 años del golpe de Estado, el domingo el 10 de septiembre de 2023 cuando el grupo de “Mujeres por el nunca más” congrega a miles de mujeres alrededor de La Moneda vestidas de negro, con una vela en la mano, caminando en silencio y alzando su voz para decir juntas NUNCA MÁS.



Contar


Si bien ubicamos el «11» como punto de partida, en la novela de Trabucco es más difícil situarse respecto de su desenlace. Mientras que para Iquela este se da en el plano de la fantasía, para Felipe lo está en un registro más confuso, alucinatorio o, incluso, sobrenatural. Un desenlace que comienza con el hallazgo de un hangar en que hay apilados cientos de ataúdes; una suerte de aparición de los desaparecidos confusa y desconcertante. Que se ubica, ni más ni menos, que, en un hangar, un lugar que podría haber servido de punto de partida de los vuelos de la muerte, que llevaron a hombres y mujeres muertos o moribundos amarrados a rieles para lanzarlos al mar.


Pienso este desenlace a partir del cruce de generaciones. La generación de los personajes de La resta, la de la misma Trabucco –– que es también la mía–– y la de las nuevas generaciones. Es 11 de septiembre de 2023 y veo junto a mi hija de siete años el acto de conmemoración de los 50 años del golpe de Estado organizado por el gobierno del presidente Gabriel Boric. Escuchamos a Elvira Hernández declamar los poemas La bandera de Chile y Restos:


Los arrojaron al mar

Y no cayeron al mar Cayeron sobre nosotros


Ella pregunta: «¿de verdad los tiraron al mar?»


Los versos de Elvira Hernández resonaron en mi hija, la hicieron pensar en la acción, inverosímil, de que unos seres humanos lancen a otros al mar para hacerlos desaparecer. Resonaron además en el contexto de un acto oficial de conmemoración de los 50 años en que el presidente del Estado chileno se compromete con buscar a los desaparecidos a través del Plan Nacional de Búsqueda, cuyo objetivo es “esclarecer las circunstancias de desaparición y/o muerte de las personas víctimas de desaparición forzada, de manera sistemática y permanente, de conformidad con las obligaciones del Estado de Chile y los estándares internacionales.” (Plan Nacional de Búsqueda, Gobierno de Chile).


Si La resta y el trabajo de Lotty Rosenfeld nos permiten pensar en las operaciones que resisten a la desmemoria, pienso en el gesto de contar como otra operación de resistencia. Contar una y otra vez que este año se cumplen 50 años desde el golpe de Estado que significó muerte, exilio, tortura y desaparición de seres humanos. Que al menos 3.200 personas fueron asesinadas o hechas desaparecer durante la dictadura, 1.469 fueron víctimas de desaparición forzada y de ellas 1.092 corresponden a personas detenidas desaparecidas, y tan solo 307 víctimas de desaparición forzada han sido identificadas a la fecha (Plan Nacional de Búsqueda, Gobierno de Chile). Contar las historias, volver a contarlas, montar y remontar exposiciones, obras teatrales, conciertos, editar y reeeditar libros, publicar columnas, entrevistas. Agitar nuestra memoria, para que los desaparecidos sigan resonando en nosotros y no dejemos de buscarlos.





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