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Rosa Devés: “Es necesario educar en la complejidad”

En sus primeros meses a cargo de la rectoría de la Universidad de Chile, la académica y educadora chilena Rosa Devés ha tenido que enfrentar una agenda intensa, que ha estado marcada por la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado, la participación de la Universidad en el proceso constitucional, transformaciones a nivel interno que buscan aumentar la equidad y la justicia, favorecer ambientes complejos y diversos y flexibilizar el intercambio entre disciplinas.




¿Cómo han sido estos primeros meses en la rectoría de la Universidad de Chile?

Intenso, en el sentido de que siempre la actividad de un rector, en este caso de la rectora de la Universidad de Chile, es muy amplia. La universidad es muy grande, internamente tiene muchas actividades y desafíos, y externamente la Universidad de Chile dialoga mucho con la sociedad y con el gobierno, con el Estado principalmente, entonces es una actividad muy diversa, muy intensa e importante. Por ejemplo, algo que nunca habría imaginado que me hubiera tocado liderar junto con el rector de la Universidad Católica todo el tema de la participación ciudadana para la constitución. Esto, por mandato constitucional, es decir, no es que un grupo de parlamentarios haya pedido ayuda, sino que es parte de la constitución, el artículo 153 de la constitución vigente para ser más específica, que mandata a las universidades a hacerse encargo. Eso nos ha tomado mucho de la agenda. También hemos estado promoviendo nuevos proyectos de ley para el hospital clínico. El Hospital Clínico es un tema grande de esta universidad.


¿En qué sentido?

Las otras universidades no tienen hospitales, salvo la Católica que alguna vez tuvo, pero que finalmente lo externalizó, privatizó, etc. Pero acá el hospital clínico Dr. José Joaquín Aguirre es histórico. En estos momentos estamos escribiendo una ley que está en su última fase, para que el hospital tenga un vínculo más estrecho con el sistema público de salud, y esto, como cualquier ley ha implicado hacer todo el trayecto en el parlamento, participar de distintas instancias, de la Cámara de Diputados, de la Cámara del Senado, etc. En este momento nos queda una sola etapa, que es el pleno de la cámara, y eso es muy importante porque este hospital fue público años atrás y después quedó circunscrito a la universidad, lo que no significa que sea privado obviamente, pero tampoco estrictamente público. Por lo que avanzar en esto, evidentemente, podría propiciar un tiempo distinto para el hospital.


Y está también el tema de los 50 años del Golpe.

Eso ha marcado este año, la intensidad que tiene esta gestión marca el ánimo, en el sentido de la importancia que tiene. Las distintas actividades que uno realiza están marcadas por esa presencia, por esa memoria y ese futuro que tiene que ver con los 50 años. La constitución es otro hito importante. Estamos hablando de hitos que tienen relación con la memoria y por tanto con el futuro.


¿Qué desafíos en términos de modernización de la universidad hay por delante?

Hay varios temas. Uno que es importante tiene relación con los temas de remuneración en estas instituciones grandes. Nosotros tenemos ahora el desafío de implementar un nuevo reglamento de remuneraciones, que es un reglamento que emanó del Senado Universitario, que es un cuerpo colegiado y triestamental. Esta institución es muy importante en la universidad, a la par de lo que es el consejo universitario, que es donde están los decanos, las decanas, directores de instituto, etc. Y sí, hay un reglamento que lo que busca se podría decir que es ordenar el tema de las remuneraciones mínimas, remuneraciones máximas y que estás estén muy de acuerdo a cada una de las facultades respecto de las jerarquías académicas que van desde lo que es un instructor, un profesor asistente, un profesor asociado, un profesor titular, y lo que se gana en las distintas facultades. Tanto por asignaciones específicas como por cumplir ciertas labores.


Es un gran desafío.

Sí, pero es más un ordenamiento que decir que toda la universidad va a tener el mismo salario, independiente de qué facultad sea, porque todo esto tiene que ver con el mundo en que vivimos y con las oportunidades que tienen los académicos de trabajar en otras universidades también. Y esto, como en todos lados, depende en parte de la competencia, entonces sí, tiene que ser claro, tiene que ser equitativo en el sentido de que tiene que haber explicación de por qué cada sueldo es el que es, de forma muy regulada. En esto siempre se puede avanzar más.


Hay un horizonte de justicia.

Sí, todas las facultades son igualmente importantes. Es claro que tienen tamaños distintos, por supuesto que tenemos un mecanismo para hacer aportes a las distintas facultades, para su desarrollo académico que es diferenciable y en ese sentido pro equidad, pero el desafío hoy día es más bien vincularlas. El gran desafió de todas las universidades del mundo es articular el trabajo de las distintas facultades. De tal manera que por un lado haya una movilidad más fácil de los estudiantes para que puedan realmente transitar por los distintos espacios de la universidad, y obtener su formación no solamente en una carrera o en una facultad determinada, sino que beneficiándose de todas las capacidades que tiene la universidad. Estamos trabajando para eso.


No se agota ahí la vinculación me imagino.

No, en investigación también estamos haciendo avances, porque hoy día los problemas más complejos y urgentes de ser investigados requieren de la participación de las distintas disciplinas. En ese sentido, la investigación se abre caminos, porque la investigación interdisciplinaria avanza con mayor facilidad que la vinculación en la docencia de pregrado, porque cuando hay que resolver un problema hay que buscar cómo se resuelve y eso es un motor para concertar estas distintas capacidades. Tanto en el posgrado, como en el doctorado esto se observa de forma muy nítida. Los doctorados, por ejemplo, están siendo cada vez más interdisciplinarios. En el pregrado está el principal desafío, porque el pregrado es más estructural.


¿En qué se ha podido avanzar respecto al pregrado?

Estamos ahora avanzando a ciertas certificaciones complementarias, en sustentabilidad, por ejemplo, entonces ahí uno crea un ecosistema que reúne a estudiantes y a profesores de distintas unidades académicas, de distintas facultades. Vamos a tener certificaciones complementarias en innovación, de modo que un abogado que esté certificado en sustentabilidad pueda tener una certificación en innovación. Con esto se pueden hacer juegos, es interesante. También vamos a reconocer los dos primeros años, los primeros 120 créditos con un bachiller general con tres menciones en la universidad. Esto también es un esfuerzo de justicia, porque si alguien por alguna razón tuviera que suspender sus estudios antes de terminar tenga al menos ese grado inicial de esos dos años con reconocimiento de las competencias que ha adquirido y los conocimientos, y eso va a comenzar pronto. También es interesante que van a ser solo tres menciones para toda la universidad, nosotros tenemos más de 60 carreras, entonces que la mención en ciencia vaya a ser tanto para un agrónomo como para un ingeniero es algo muy bueno. Conceptualmente es algo muy bueno, porque es una señal de que me puedo mover entre facultades. Esto tiene que ver con la equidad.



Ethos de universidad pública


En otro ámbito, hay mayor cobertura, pero el acceso sigue siendo desigual. En 2018 se promulgó la Ley sobre universidades estatales, ¿qué cambios introduce?

Efectivamente la cobertura de la educación superior ha aumentado, y el acceso a la educación superior también, pero a qué instituciones. Esto empezó a ocurrir con estudiantes que provenían de establecimientos escolares de contextos más desfavorecidos o vulnerables, que tendían a entrar a universidades de menor calidad, más masivas y privadas en muchos casos y no a las instituciones de mayor tradición. Entonces, como hace 12 años comenzamos en la Universidad de Chile con una política para tener sistemas especiales de acceso, focalizado en estudiantes que eran muy buenos estudiantes, pero que habían concurrido a establecimientos donde la preparación académica era inferior, y que por lo tanto no lograban obtener los puntajes necesarios como para ingresar a una universidad tan selectiva como la nuestra. Para la Universidad de Chile esto es un problema grave. Por lo mismo no solamente se trata de avanzar en términos de brindar oportunidades y de tener un acceso más equitativo, sino que, por la naturaleza misma de la universidad, porque si homogenizamos por la selectividad, esta universidad de alguna manera deja de ser la Universidad de Chile porque que pierde diversidad. La diversidad aquí es clave. Educarse no puede ser salir de un establecimiento escolar, por ejemplo, de una institución privada para ir a una institución en donde finalmente vas a estar con las mismas personas con las que te formaste en el colegio. Porque después tienes que enfrentar un mundo complejo. Hay un verdadero problema en esto, porque tener un ambiente diverso en el cual te tienes que entender con personas que piensan distinto, que tienen una historia distinta, es importante para la investigación.


¿En qué sentido?

Es necesario educar en la complejidad, en un ambiente que te preparare para vivir en un mundo complejo. Eso es lo que nosotros buscamos, por un lado, un plan de justicia y de equidad, de abrir las puertas a estudiantes que no tenían esas oportunidades, pero por otro lado de enriquecer el ambiente formativo que tenemos justamente asegurando esa diversidad, y por eso partimos con ingresos especiales desde el punto de vista socioeconómico. En 2011-2012 entró el primero, y luego dijimos bueno y género, qué pasa con género, entonces tengamos un sistema especial en las carreras de ingenierías, después en economía, etc. Después dijimos se requiere también hacer un esfuerzo respecto a pueblos indígenas y así hemos ido aumentando.


¿Qué efectos ha tenido todo esto?

Es un cambio enorme en la universidad. Todo eso ha generado no solo un sistema de acompañamiento, sino una forma de enfrentar y de mirar la docencia que es distinta también.


¿Y respecto a la Ley?

La ley de universidades estatales tiene mucha importancia, por un lado, reconoció la especificidad de las universidades estatales, que era algo que no estaba claro en este país. Pero también porque es una ley que incentiva la cooperación y la articulación de un sistema de educación superior a lo largo de todo el país desde Arica hasta Magallanes. Entonces ya no estamos cada uno preocupado de su institución, sino de este conjunto que hoy día cuenta con 18 universidades ¾hay 2 universidades nuevas, en Aysén y en O’Higgins¾, y eso es muy clave. La coordinación y articulación, pero también la misión de las universidades estatales como instituciones muy importantes para las regiones, que se deben a la sociedad donde están insertas, y por lo tanto un llamado a que la investigación sea pertinente y relevante en relación con los problemas locales son elementos importantes de esta ley.


¿Hay otros?

Sí, porque además esta es una ley relevante conceptualmente, esto aún no se manifiesta, porque por ejemplo podríamos tener una gratuidad que fuera diferente, o más completa. Uno podría pensar, yo de hecho era partidaria de eso, que todos los estudiantes de las universidades estatales estudiarán gratis, por ejemplo. Ahora ahí tendría que haber definido ciertas cuotas, a lo mejor nos habríamos vuelto más interesante para muchos, pero se pueden hacer y uno dice por qué no. Hoy día eso es igual en todas las universidades, porque entraron las universidades privadas a la gratuidad también, entonces no hay demasiadas diferencias, salvo algunos instrumentos de financiamiento, no mucho. Pero hay un ethos de la universidad pública, y eso está en la ley y es importante.



Ser mujer en la Universidad


Usted es la primera mujer rectora de la Universidad de Chile ¿Qué significa eso para usted?

A mí me emociona mucho que mujeres a veces jóvenes, a veces no tan jóvenes, que no tienen nada que ver o ningún vínculo con la Universidad de Chile, o con ninguna universidad o institución de educación superior se emocionen tanto de que haya una mujer en la Universidad de Chile. Eso habla de la Universidad de Chile, de cómo muchos en este país la sienten cerca y propia de alguna manera. Eso es muy bonito y emocionante de ver. Y por otro lado el que sea una mujer lo sienten como un triunfo propio, para mí eso fue muy inesperado. No lo esperaba y es bonito verlo, porque es cierto que quizás la razón más importante por la que decidí postular fue por abrir la puerta a las mujeres, ya era tiempo de que esta Universidad tuviera una rectora mujer, y sentí que, si no postulaba, eso no iba a ocurrir.


¿Y qué significa?

Nosotras las mujeres tenemos mucha fuerza en la universidad. Es cierto que es una universidad un poco machista, porque obviamente que si uno mira las cifras y los números a las mujeres nos cuesta más como grupo llegar a las jerarquías superiores. Hay un 20% de mujeres entre las profesoras titulares en las jerarquías más altas, mientras que en las jerarquías menores un 38%, entonces hay una pérdida de talento, de capacidad de la mujer en la medida que se asciende en la jerarquía, en la carga académica y eso es grave. Pero estamos trabajando fuertemente de distintas maneras para revertirlo.


¿De qué maneras?

Entre otras cosas estamos generando mentorías y acompañamientos de las mujeres, pero también haciendo esfuerzos de valoración de actividades que históricamente y que muy importantes que han hecho las mujeres, pero que son menos valoradas en la evaluación académica. Por ejemplo, todo lo que refiere al trabajo docente y de formación. Las mujeres tenemos más inclinación a dedicar mucho tiempo de trabajo a esto, pero la evaluación académica privilegia las investigaciones, entonces eso se queda de cierta manera atrás. Hoy día la formación es fundamental y difícil, precisamente por lo que estábamos conversando ante las exigencias que tiene formar en diversidad, pero también estamos incentivando que aumente el número de mujeres en aquellas carreras que son masculinizadas.


¿Cómo es eso?

Por ejemplo, en la Facultad de Economía y Negocios hay pocas académicas, pero hartas estudiantes. Hay un sistema de equidad, pero hay pocas académicas. En ingeniería hay más académicas, pero todavía se necesita aumentar la proporción y ahí hay un desafío en dos sentidos. En algunos casos se trata de aumentar el número de mujeres, pero en otros de dar promoción y avance. Estamos trabajando en aquello con fuerza. Ahora, respecto a las nuevas formas de hacer academia las mujeres lo hacemos muy bien. Por ejemplo, el gran centro que tenemos de investigación en cambio climático que se llama CR2 está compuesto por puras mujeres. De ahí viene la ministra Maisa Rojas, quien fue directora de ese centro. La directora de posgrado Laura Gallardo también dirigió ese centro, entonces uno dice ¿por qué tocó que sean mujeres? Y tocó porque las mujeres colaboran mejor, hacen mejor interdisciplina, son más abiertas a eso, somos.


Es interesante el punto que marca.

Sí, hay algo muy interesante en esto porque la ciencia que viene, la investigación del futuro en diferentes ámbitos requiere mucho de trabajar con otros. Con declararse de alguna manera interdependiente y por lo tanto incompleto, porque para trabajar interdisciplinariamente tienes que reconocer que tú no puedes hacerlo desde la disciplina propia. Las mujeres somos mejores en eso y yo creo que eso va a actuar como una energía positiva, en términos de movilizar el talento femenino.



Política espectáculo


Estamos en un momento de conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado en Chile, pero en un clima muy complejo, ¿cuál es su análisis en torno a esto?

Sí, este es un momento muy importante. Además, yo pertenezco a esa generación, entonces vivo esto de forma muy intensa en mi propia vida, pero para la Universidad de Chile que ha sido testigo y actor de la república y de los dolores y las alegrías de este país, el conmemorar el golpe es una obligación ética. Así como también revisar nuestra propia historia, en los tiempos tempranos y post dictadura, porque la universidad tuvo una actitud bien heroica de resistir. Se la trató de destruir sin duda, ese era uno de los objetivos principales de la dictadura: destruir la Universidad de Chile.


No lo logró.

Es que gracias a su gente logró sobrevivir y seguir siendo mejor universidad. Eso es realmente heroico, pero por ejemplo en los tiempos tempranos de la dictadura aquí hubo represión. Murieron muchas personas de nuestra comunidad, 126 estudiantes fueron detenidos desaparecidos o ejecutados. Hubo todo lo malo. Hoy día estamos otorgando títulos póstumos a todos ellos, tenemos que entregar los 5 últimos ahora en septiembre. Entonces esta es una universidad que tiene que revisar su propia historia y hacer memoria con su propia historia, pero también la del país. Hemos estado muy volcados a esto todo este año. El gran tema es hacer memoria, no olvidar y también mirar y asegurar que el futuro sea distinto, por lo que la educación en Derechos Humanos es fundamental y un desafío importante.


Y respecto al clima polarizado.

Es terrible, ni siquiera me refiero a lo negacionista, sino al llamado a olvidar, a dejar hasta aquí, a que partamos de nuevo. Esto es una cosa muy grave, porque es tan posible en incurrir en algo parecido nuevamente sino recordamos. Esto es algo que hay que combatir. Hay que preocuparse por las generaciones más jóvenes, en el sentido de transmitir lo que ocurrió y volverlos conscientes y que cuiden este país hacia adelante. Porque han pasado 50 años, es mucho tiempo para los jóvenes, y por lo tanto es fácil olvidar el horror, olvidar el dolor, olvidar el drama profundo que fue y de eso estamos nosotros conscientes y estamos trabajando en que eso no ocurra.


Y a nivel país.

La situación del país es seria y sobre todo a nivel de la política. La política espectáculo. Nosotros vimos por ejemplo, en el proceso de participación ciudadana, en las audiencias públicas, en las iniciativas populares de normas, en los diálogos y las encuestas que lo que las personas dicen ahí es todo muy razonable. Estamos en un país que está de acuerdo en lo fundamental, como también quedó claro en el texto que preparaba la comisión experta. En la participación ciudadana respecto al texto de la comisión de expertos, el 80% estaba de acuerdo, pero ahora en el consejo constitucional empieza un poco el espectáculo. Eso es lo tremendo porque el texto de la comisión experta parecería tener una aprobación bastante generalizada, entonces corremos el peligro de que se transforme en un texto que todos quieran rechazar. Es impresionante.


Puede ocurrir.

Sí, y eso es muy grave, es una frustración muy grande si no somos capaces de generar un texto que nos parezca mínimamente razonable. Los países que han salido adelante se han puesto de acuerdo, Finlandia en educación, por ejemplo. A veces queremos imitarlo y la diferencia es que ellos se pusieron de acuerdo en la educación que querían tener, independiente de la posición política y eso lo han mantenido por 40 años.


¿Dónde está la polarización entonces?

Hay harta polarización en las cámaras, las cámaras que nos filman claro. Por ejemplo, nosotros estuvimos en el consejo constitucional presentando el informe de participación ciudadana. Esto fue en julio, en la primera sesión que ellos tuvieron plenaria, les presentamos y estuvimos 4 horas y fue una discusión profunda y pasional, de escucha y de mucha valoración de la participación ciudadana. De todas las bancadas y no solo de sus resultados, sino del proceso. Esto es algo muy importante al menos en el texto constitucional tal como está, la participación ciudadana es algo que en el texto nuevo aparece y que es fundamental para la democracia y la participación directa, entonces uno dice, por qué no se puede mantener ese ánimo que vimos ahí, que era totalmente racional, positivo, respetuoso, aunque tal vez no muy espectacular. De hecho, esa reunión no salió mucho en los medios.


Finalmente, usted es parte del Comité Estratégico de Hidrogeno Verde para Chile, ¿qué es el hidrogeno verde? ¿y en qué contribuye al país?

Es una industria que puede tener una escala enorme en el país, donde se genera hidrogeno a partir del agua, con energía limpia y no con combustible fósiles. Con energía eólica, solar, a partir de la electrolisis del agua, etc. Así se genera hidrogeno y por lo tanto es limpio. Ahora, lo que va y se está planificando es que exista en Chile una industria muy grande de exportación del hidrogeno verde, porque produciríamos hidrogeno en una cantidad superior a la cantidad que nosotros necesitamos y de lo que estamos preparados. Esto es lo que se está discutiendo en nuestro comité estratégico, pero hay muchos aspectos que considerar.


¿Cómo cuáles?

Uno de los aspectos más importantes son los ambientales, porque no vaya a ser que producimos hidrogeno verde con energías limpias para Europa, pero con unos estándares de proyección al medioambiente que son menos estrictos que los europeos. Entonces es fundamental que esta industria no termine produciendo daño ambiental en nuestro país, o en los territorios que esto va a ocurrir, ya sea en Antofagasta o en Magallanes, por lo tanto lo que hay que cuidar ahora es eso. Los efectos negativos en los propios territorios donde esto se va a producir. Al contrario, hay que procurar que produzca desarrollo, que este mismo hidrogeno pueda ser utilizado por esas comunidades. Es un aspecto relativo a la sustentabilidad, por eso es importante que vaya acoplado con la formación de capacidades, no solo técnicas, sino también científicas. De manera que lo que hay que cuidar es que no termine siendo una industria extractivista, en el sentido de que produzcamos este hidrogeno en beneficio de Europa, o cualquier otro socio que se vaya a agregar, en desmedro nuestro.


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