Barbarie pensar con otros
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- Retratos
A Rimbaud no lo conocemos por fotos. Resulta casi inconcebible que el mayor príncipe de la modernidad haya escapado siempre al tratamiento mecánico de la luz, símbolo de una era donde los poetas se volvieron concretos, feos, gordos y demasiado familiares. Sí, dirán ustedes, existen retratos. Está el de niño, con ese trozo de «lencería clerical» que su madre le encaja en el brazo. Y están, al final de su vida, los experimentos africanos junto a su humilde empleado griego, Sotiro, quien disparaba la cajonera fotográfica a cinco metros de distancia y sin pericia técnica (siguiendo apenas las instrucciones de un Rimbaud ya convertido en comerciante), creando más un fantasma que un retrato respetable. Carjat, en cambio, hacía retratos impecables. Pierre Michon, en su maravilloso libro Rimbaud el hijo, lo describe así: «Mientras esperaban, se hacían fotos. Pues todos se habían dado cuenta de que, más allá de los sonetos confusos —esos menudos puños cerrados de catorce versos enarbolados hacia el futuro—, más allá de la poesía, muy próxima a las poses de exilio con dos dedos metidos en el chaleco y la melena al viento fluyendo de la caperuza negra, acudía la posteridad; y sentados en el taburete de los fotógrafos, se estremecían ante ella: el Viejo, frente a Nadar o Carjat, miró la cámara y contuvo el aliento; Baudelaire contuvo el aliento; el dulce Mallarmé contuvo el aliento; y, de igual forma, Dierx, Blémont, Creissels, Coppée se estremecieron. Y hasta el propio Rimbaud…» Carjat era de origen humilde y también aspiraba a ser poeta. Pero le tocó enfrentarse al peor de los adolescentes etílicos; uno que no se congraciaba con nadie, y menos con un artesano que le recordaba los ridículos retratos impuestos por su madre. Rimbaud lo insulta, lo hiere con un estoque. Tras aquello, Carjat tuvo pocas ganas de conservar los negativos de ese “horrendo niño salvaje”, de ese flaite provinciano que, según vaticinaba, moriría pronto o terminaría en la cárcel. Por eso hoy solo sobrevive una copia de ocho —o más bien, la copia de una copia—. Si observamos otros retratos de Carjat coloreados o restaurados mediante inteligencia artificial, su realismo es abrumador: Victor Hugo bien podría ser un vecino de Providencia. Pero el odio de Rimbaud lo convirtió en un difuso trazo de cómic, un héroe de carboncillo incapaz de asociarse a una imagen contemporánea; un ser que no habita ninguna época ni continente en particular. Existe una obsesión por las fotos de Rimbaud (obsesión que comparto) y, cada cierto tiempo, aparece una nueva: más enigmática y más borrosa. El poeta aparece siempre a diez metros, lejos de su fisonomía clásica y más lejos aún de sus versos. La muerte le llegó pronto. Hizo el esfuerzo de trasladar un pesado equipo fotográfico hasta Etiopía, no para documentar su rostro —tarea que Carjat ya había ejecutado para luego ocultarla—, sino para catalogar plantas y aves. Sin embargo, la tentación seguramente lo habría vencido. Asentado en su papel de comerciante, quizás en unos años más, con el nuevo siglo ya en marcha, se habría registrado al menos para un pasaporte: concreto, cansado, pragmático. Con el corbatín, esta vez, en la posición correcta. Porque de lo que realmente hablamos cuando hablamos de Rimbaud es del lento, irrevocable y doloroso camino que recorren todos los hombres (y con mayor fuerza quienes alguna vez jugaron a la locura) hacia la horrible solvencia. Esa solvencia que es, también, mi Beatriz.
- Copia certificada
Copia certificada , primera cinta de Abbas Kiarostami, director de cine y guionista iraní filmada en su exilio de Irán, es una película que no se puede dejar de ver permanentemente y que a cada visionado uno se impresiona, sorprende y emociona cada vez más más. Un escritor y crítico de arte presenta -en un pequeño pueblo de la Toscana italiana (donde fue filmada o se evoca Viaje a Italia de Roberto Rossellini)- un libro que acaba de publicar, y que tiene lecturas diversas y críticas. En él plantea que una copia, si es bien realizada, es mejor que un original mal hecho o fallido. Parte de la concepción de la pintura, pero también de objetos, museos, calles, casas, situaciones y relaciones humanas. Una mujer (no tiene nombre en el filme y es interpretada por una notable Juelliete Binoche) le lleva copias (5) de su libro para que las firme y las dedique. La cinta continúa con una invitación de la desconocida mujer (una profesora de arte) a conocer la Toscana, primero en su automóvil y después caminando por las calles de los pueblo aledaños. No se conocen, es la primera vez que se ven, y conversan a partir de esa idea inicial -la copia perfecta y el original fallido- por calles, cafés, tiendas, plazas, de la bella y a la vez insinuante zona de Italia, en que recuerda los lugares donde fue rodada el viaje de Rossellini. La conversación al comienzo de la cinta oscila en asuntos de arte que discuten la cuestión inicial: la copia y el original. Pero, a medida que avanza la película, el diálogo -y algunos personajes secundarios- van confundiendo la relación de los protagonistas, lenta y equívocamente al parecer, a una relación matrimonial. Al comienzo parece un juego de roles que a través del diálogo va enlazando a ambos en una aparente pareja de casados en un matrimonio conflictivo, pero necesario, de años. Casi a la mitad de la película, y diálogos mediante, estamos frente a una pareja de años de convivencia conflictiva, pero necesaria. Es como si pasáramos de la trilogía de "After" de Richard Linklater, de la primera parte a la tercera del sin tiempo que medie en vivencia y experiencia ya al final de la relación y sus conflictos de pareja. No hay explicación de qué es la realidad y qué la ficción. La pareja va avanzando en una tensa y amorosa, a la vez, relación de desconocidos a un matrimonio que tiene años de pasión y razón mediante. No hay claridad en el asunto, sólo el diálogo va transformando la relación de dos desconocidos a una pareja que lleva años de amor y desamor, de encuentros y desencuentros. Como espectadores no tenemos certezas de cuál es la "verdad" de ambos amantes. Quizás tampoco importe: la realidad de la relación entre ellos la va determinando el diálogo, y lo que los personajes circunstanciales opinen de la pareja. Lo que determina la relación de ambos, finalmente el es diálogo, lo que ellos van creando con sus historias contrapuestas y concomitantes de ellos mismos. El discurso, el lenguaje, la palabra, determina y crea la realidad de la pareja ya sea de desconocidos que se ven por primera vez y hablan de asuntos de arte y vida, o ya de un matrimonio que declina como la tarde en la Toscana, en una iglesia y sus campanas, y su homenaje a "Un viaje a Italia" de Rossellini y al cine mismo. Una cinta casi perfecta en su estructura, sus actuaciones, sus emociones y su pulso. Fue la primera película que Abbas filmó en su exilio en Francia. Una joya cinematográfica inigualable con una actuación incomparablemente hermosa de Binoche. Es tan tiernamente emotivo, cuando ella va al baño a pintarse los labios y engarzar los pendientes comprados en una tienda del pueblo en sus lóbulos, para reencantar al "supuesto" marido en su imaginación y la nuestra o en su "realidad" y lo que nos conturba, cuando cae la tarde y el escritor insiste en su vuelo sale a las 9. Hora señalada.
- Desembocadura y otros poemas
Desembocadura (el río descuelga sus huesos hacia la boca ancha del mundo) una grieta de agua resbala entre los bordes del tiempo, se pierde (¿o se encuentra?) en un océano que no pregunta. el viento muerde la piel de la tarde, el cielo se curva, indiferente. nada queda de lo que fue río, sólo un hambre azul que devora las formas, un latido de espuma que no sabe si es eco o silencio. en la orilla, la arena sostiene un instante que no pertenece a nadie, y el horizonte (quieto, inabarcable) se pliega sobre sí mismo, dejando todo sin respuesta. *** 24 de diciembre Un hijo y su padre en una mesa un hijo y su padre en otra mesa otro hijo y su padre más allá. A los padres que beben agua con hielo (ocultando algo, disimulando algo) En sus lentes negros se admira el sol. Los padres solos con sus hijos hijos solos de sus padres Abrirán de pronto muy pronto De noche Un gesto una mueca Una firma presente el dedo gordo hacia arriba Un registro propenso a ser recordado La vida entera. *** Desgarro Fui el primero en llegar El último en irme. Nunca nadie debiera soportar Lo que puede soportar. Detrás de ello, lo inhumano Lo impensable. Como paloma en el piso Me desgarro Por un pedazo de papa frita.
- Una lectura de Pantallas, de Pablo Fante
¡No más pantallas! Dice mi hija a mi nieto de once años que aún no tiene permiso para usar celular, pero cada vez que puede, subrepticiamente, toma el que le quede al alcance. El ama “las pantallas”, cualquiera que sea: TV, computadores, tablets, celulares. —¿Qué miras? ¿Qué ves tanto? —le pregunto. —De todo —me dice—. Películas, videos, musicales, juegos, series. —¿Ahora estás viendo una serie? —No, ahora estoy jugando tenis… —¿Cómo? Si estás ahí en el sillón pegado al celular. —Es que hay una aplicación donde puedes jugar tenis. Ahora estoy jugando con el Chino Ríos… —¿Y cómo puedes jugar en esa cosa tan chica? —No es taaan chica, hay pantallas más chicas. —Ah —le digo—, las pantallas… Pantallas es el título del trabajo del poeta Pablo Fante que, a través del soneto, se impone la tarea de ir encerrando en jaulas las radiantes imágenes (“incendios parpadeantes”, “jardines de la lava”, “arroyos de diamantes”) con que intenta expresar, mediante palabras, este magnífico parpadeo. Inicio la lectura y casi instantáneamente aparece en mi mente el resplandor de la replicante de Blade Runner atravesando veloz una vitrina, sus vidrios volando, la mujer, sus brillos, sus fulgores, su muerte. Cómo convertir esa imagen visual en exacta imagen escrita. Ya que no hay concordancia alguna entre esta imagen y la imagen de la muerte de la replicante escrita en la novela de Phillip K. Dick en la que se basó la película. Pienso que, al iniciar la escritura de estos poemas, el juego y desafío para el autor fue a qué formas acudir, qué lenguaje usar, recordar, inventar para abrir ojos y pensamiento más allá de este objeto-pantalla que tan rápido nos impregna y en el que, a veces sin saberlo, ya estamos inmersos. La disyuntiva es: ¿castigar y denostar la “maldad” del elemento “pantallas”? ¿O simplemente exponerlo con humor e ironía a través de un verso antiguo, a cuyas reglas debe someterse este elemento, aún sin palabras? En forma a veces sutil, y muchas veces directa y feroz, el poeta usa su contradictoria herramienta: el verso clásico, sus reglas y la profunda ironía, actual, moderna, que nos llega con un soterrado humor y, a la vez, como aguda advertencia. La voz poética de Pablo Fante mira y observa estos procesos con ojo crítico. Pero el ojo se rinde, nos dice, los pixeles tienen mensajes que “nos tiñen” y seducen. ¿A quiénes? ¿A qué? Un ejemplo: el uso de una palabra que podríamos considerar lejana a la escritura-imagen en pixeles: la palabra alma. Los mensajes traen a nuestra alma algo que coincide con un anhelo nuestro: el deseo de pertenecer. Dice el autor: “Pantalla palpitando en mi bolsillo / para saber que existo ante los otros / […] / para estar acompañado ante la masa, / para ser en la multitud que ignoro / y estar conmigo mismo entre los otros”. La pupila absorbe, se siente conectada a todos y se muestra única en su especie: ser “único en el mundo”, en la pantalla “es algo plano, / resumen, semejanza”. Lo que se piensa, cree, siente el sujeto, se metamorfosea en forma lisa “en un espacio sin profundidad, / sin hormonas, ni olores, sin el mar”, “sin heridas”, sin esporas: “Un mundo donde hay alguien, miles, nadie”… La paradoja es que nuestra aparente conexión con ese “todos” es, dice el autor, “un juego solitario / pues no hay nadie al otro lado, / solo máquinas y datos”. También hay preguntas, observación, dudas, confesiones, en diversos poemas: “Si la pantalla es un objeto físico, / ¿su dibujo de luz una presencia / o simple trazo que se esfuma en vivo / en cada tuétano de la conciencia?”. “Y lo que no se exhibe en el cuadrado, / eso latente, externo de su marco, / ¿existe obligatoriamente fuera? // Porque quizá es nada, ni siquiera en vivo, / y solo existe luz que reverbera / y estos ojos absortos en vacíos.” “Así dudamos”. “Aunque sé que estoy aquí, / sentado en mi mismo cuerpo, / recargando mi esqueleto / con la masa blanda, así; // aunque sé que estoy despierto / […] / me ignoro profundamente, / me pierdo entre mis abismos, / me calcino en lo más mío”. “Encorvado hacia la luz / con los ojos rojos, rotos, / con la espalda jorobada, / las rodillas recogidas / y las garras afiladas. // Con todo el cuerpo tenso, pero quieto, / […] / así me siento frente a la pantalla”. La fotografía Sin embargo, la mirada del autor, no se reduce a las pantallas. Hay una lúcida detención en la fotografía: “Ese ojo que, insaciable, todo traga / —cada instante con cada afín encuadre—, / nos dice que existimos, todavía, / y que, dentro del caos, hay señales”. “El tiempo capturado en una foto / son los segundos de exposición / a las luces, a la cocción del sol: / impregna lo que vibra como un todo. // En su fragmento de verdad total / —ese instante azaroso revelado / por un clic y un espejo al otro lado— / enrollamos pasados sin edad”. Este libro de Pablo Fante, en una hermosa edición de bolsillo, como a él le gusta, contiene reflexiones profundas sobre la humanidad, la ética, nuestras contradicciones, las paradojas que nos constituyen, la falsedad de los discursos que en flashes nos entregan y que nosotros creemos. Las pantallas son expuestas y descarnadas en sus múltiples dimensiones; también en su belleza. Varios aspectos de los poemas merecen una detención mucho más larga y reflexiva. Por ejemplo, el trazado de la luz que aparece y desaparece… Finalmente, me detendré en algunos fragmentos donde el autor nos muestra —tal vez— la línea de su búsqueda: encontrar el ser de este objeto y del lugar que éste ocupa en su mundo y en el mundo: “La pantalla completa intento ver, / pero, cual dios, evita mi mirada. / Busco algún punto o rayo de su ser, / una sola figura, alguna raya, // pero sigo el barrido de la cámara: / me arrastra el movimiento de la imagen, / los pixeles se funden entre manchas / en la impresión global de sus parajes”. No hay posibilidad de asir el ser —o el no ser— de un algo que es solo movimiento (¿símil del dios, de Dios?). Y, aunque este poema continúa, estas son para mí, por el momento, las reflexiones o la broma final de este mundo de pantallas… Y del otro: “quizá, al fin, el mundo es este espejo: / una experiencia general, difusa / en sensación de paso y de destierro, // porque el orbe es el gráfico escenario / de tragedias borrosas y de dudas, / de luz que es un teatro imaginario”.
- Las rumanas
Antes de ellas, en la ciudad nadie hablaba de magia. En Rumania, las noches descendían con un olor persistente: ciruelas maduras abriéndose en la oscuridad. El aire entraba por las ventanas y se apoyaba – sin pedir permiso– sobre la madera, la ropa, los cuerpos dormidos. Las cortinas apenas se movían, cargadas de humedad. En algún lugar, un animal removía la tierra con paciencia. Nada se desplazaba con urgencia. Incluso el tiempo tendía a fermentarse. Ruxandra caminaba sin hacer ruido. Desde hacía días llevaba en la garganta una sed que no se parecía a ninguna otra. No era sequedad: era una insistencia aún doliente. Probó el agua, la fruta, el aire del huerto. Dejó que el jugo de las ciruelas chorreara por la lengua. Nada alcanzaba. La oscuridad escuchaba sin otorgar respuesta. Aquella vez no hubo señales. Salió al jardín cuando el calor todavía persistía en la tierra. El vapor subía desde el suelo y le cubría los tobillos. Las ciruelas caídas se abrían bajo sus pies. El jardín encorsetó la respiración. No lo vio llegar. Lo sintió después: una mano firme en la nuca, el cuerpo inmovilizado, una respiración demasiado cerca. No habló. El dolor no fue inmediato. Primero, una presión seca. Después, la apertura. La sangre salió con un sonido bajo, íntimo. Ruxandra intentó llamar a lo que crece, a lo que responde. El jardín no acudió. Nadie acudió. Entonces sostuvo. No para salvarse. Para no desaparecer. Cuando él se apartó, lo hizo sin apuro. Como quien advierte un error. La dejó entre la fruta abierta y el calor retenido – ignoraba que en ella fluía un don anterior-. Durante un momento no hubo nada. Después llegó la sed: inédita. El hambre llegó una noche con una claridad distinta. No como urgencia, sino como decisión. Ruxandra salió al camino. Un hombre la vio antes de que ella lo eligiera. Sonrió, con esa confianza breve de quien cree entender lo que tiene enfrente. Ruxandra sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario. Fue suficiente. Cuando lo tocó, el cuerpo del hombre ya no le pertenecía del todo. No hubo resistencia, apenas un gesto tardío. Después, nada. La tierra recibió lo que quedaba. Ruxandra permaneció un momento, inmóvil. No sintió culpa. Tampoco alivio. El hombre no volvió a levantarse. Durante días evitó la casa. Podía verla, reconocer cada objeto a través de la ventana, pero algo la retenía afuera. No era miedo. Era una ley. Antigua, anterior incluso a su nombre. La niña la vio primero. Salió en pata, con el camisón rozándole los tobillos. Se detuvo frente a ella sin preguntar. Ruxandra no habló. Su hija levantó la mano y la apoyó en la suya. Entonces la casa otorgó el gesto y cedió. El frío cruzó el umbral con ellas. La madera se tensó apenas. Las sombras cambiaron de peso. Ruxandra entendió en ese instante que algo había quedado afuera para siempre. No volvió a ser de adentro. El hambre regresó en oleadas secas, sin consuelo. Pero en el jardín, las hojas se inclinaban a su paso. No por sumisión. Por reconocimiento. Su nueva forma contaminaba lo ancestral. La niña, en cambio, dormía con la calma intacta de sus seis años. Aunque había en ella otra escucha. A veces se detenía sin motivo. A veces sostenía una fruta entre las manos hasta que el perfume se abría antes de tiempo. Ruxandra comprendió: en la niña, el linaje antiguo comenzaba a pronunciarse. Ese día decidió enviarla lejos. No fue un gesto maternal. Fue necesario. Porque había otra ley: lo que nace bajo esa tierra responde a esa tierra. Y esa tierra no suelta. Ruxandra no podía irse. No era una imposibilidad del cuerpo. Era pertenencia junto a la maldición del sol. La travesía comenzó antes del amanecer. El cielo no había tomado otro color. Su mejor amiga, que sabía lo suficiente, tomó a la niña de la mano. No preguntó. Entender, en ese momento, era retrasar lo inevitable. Ruxandra no lloró. Antes de separarse, acomodó el cabello de la niña. El gesto fue breve, casi torpe. Después arrancó una rama joven del ciruelo y la envolvió en tela húmeda. —Llevate esto. Rozó su frente. — Dor . El barco partió hacia el sur a fines del siglo XIX. Llevaba hombres y mujeres cansados, equipajes mínimos y decisiones sin retorno. En la bodega, el aire era espeso, compartido. El océano golpeaba con paciencia contra la madera. La niña no lloró. Miraba la dulzura en el oleaje. A los pocos días comenzaron las rarezas. Sin viento, el aire se movía a su alrededor. Las aves descendían en círculos cuando reía. Los adultos dejaron de sentarse cerca. No por miedo. Por incomodidad. Con el tiempo, empezaron a nombrarlas en voz baja: las rumanas. La niña sostenía la rama envuelta entre las manos. La tela permanecía mojada más tiempo del esperado. A veces, al dormir, sus manos quedaban abiertas. Cuando llegaron, la tierra del tango tenía otro olor: río ancho, barro, madera húmeda. Nada le pertenecía. Tampoco la rechazaba. Plantó la rama en el fondo de la casa. La tierra cedió con facilidad. El árbol prendió sin esfuerzo. Las raíces encontraron algo. Y se quedaron. Los años pasaron sin ruido. A la niña le fueron dando nombres. Ninguno la agotaba. El tiempo hizo su trabajo en ella, aunque no por completo. En verano, empezó a preparar pan dulce. La masa respondía a sus manos. A veces, el aroma se adelantaba al horno de leña y llenaba la casa antes de tiempo. El árbol creció junto a la casa, inclinado hacia las paredes. En ocasiones el viento lo atravesaba con un sonido ajeno. Otras, una nostalgia fugaz le astillaba el cuerpo. Nunca intentó nombrarla. Había aceptado que no todo lo que persiste necesita explicación. Nunca imaginó que la noche del siglo anterior no había terminado. Que años después, en la misma casa, la sangre iba a repetirse. Que otra niña abriría los ojos a la medianoche. No por miedo. Por un llamado que cruzaría el océano. Décadas después, algo mutó. No en la casa: en la ley. Hubo una noche —breve— en que aquello que retenía a Ruxandra se debilitó. No desapareció. Pero abrió una fisura mínima en el tiempo y el espacio. Fue suficiente. No fue un viaje. Fue un permiso. Antes de ellas, en la ciudad nadie hablaba de magia. Esa noche de diciembre, la bisnieta se despertó sin saber por qué. La casa respiraba en eco. Desde el fondo, las ramas del ciruelo rascaban el cristal de la ventana. Afuera, los grillos dejaron de cantar; un aire frío se filtraba por los huecos de los muros, arrastrando memorias de otra orilla. La flor abrió su savia y el perfume antiguo se derramó sobre la que había cruzado el agua. - Lidia Zadeh Petrescu
- Cachitos
Todo lo que se ignora, se desprecia. Antonio Machado La esquina de Calzada Independencia Sur con Avenida Juárez es un lugar curioso. Allí, todos los días, casi sin excepción, encontrarás gente intentando cruzar de un lado a otro como quien atraviesa una frontera imaginaria que divide a los que no tienen de los que creen tener algo distinto a los demás. Allí, casi todos los días, hallarás seres nadando entre oleadas furiosas, entre malas caras, entre noches de insomnio, negados, aun así, a rendirse sobre el frío pavimento, porque esos seres son responsables, porque esos seres son necesarios, porque esos seres deben convertirse forzosamente en el engranaje de esta gran máquina llamada “ciudad”. Por eso, allí, cuando el caos parezca absoluto, las mismas oleadas pondrán orden entre sus víctimas arrojando en la dirección correcta a quienes van hacia el centro de Guadalajara, entre quienes abordan el macrobús o el tren en la Estación San Juan de Dios, entre quienes cambian Avenida Juárez por Avenida Mina, entre quienes no saben que la avenida cambia de nombre de un lado a otro, entre quienes van de Sur a Norte, entre quienes se quedan por ahí para ser lentamente exterminados, entre quienes van a la escuela pública, entre quienes tienen trabajo, entre quienes no lo tienen… No obstante, y superada la prueba, nadie, absolutamente nadie, se percatará de un bulto que descansa en un rinconcito de la conexión desde hace dos días. Sí, en una de las esquinas de la Calzada, descansa un bulto desde hace dos días; un “algo”, envuelto por una gruesa frazada de color rosa, la que, ciertamente, bien podría parecerle a más de una de esas personas, siempre y cuando se detuvieran a observar tras ser escupidas por la ola, la representación perfecta de un burrito de escandalosas dimensiones. Por lo demás, “descansa” es un decir, un “algo así” como para evitar pensar de qué se trata realmente y, en consecuencia, utilizar la palabra adecuada. No es difícil creerlo, pues el mismo Gobierno suele usar estrategias idiomáticas similares optando, por ejemplo, por no usar la palabra “secuestro” para referirse a “secuestros”. Menos aun cuando “descansa” aplica tan bien para ese bulto que lleva al menos dos días en esa inalterable posición, recostado, abandonado, tal vez perdido adrede justo en el espacio que nadie la verá; es decir, delante de todos los que van por ese camino y más tarde por los que vuelven. Lo dicho, nadie se ha percatado. Salir de esa esquina es de por sí un desafío y si la historia de Guadalajara no resulta importante para la mayoría, qué podría esperarse de algo tan mínimo e insignificante ante la necesidad de llegar puntuales a donde haya que llegar. De hecho, no estorba a nadie. Es difícil saber cuántas bicicletas han pasado a su lado, cuántos vagabundos han hecho caso omiso de este, aun cuando, bien podría ser uno de los suyos, cuántas y cuántos oficinistas lo han visto de reojo y han concluido que detenerse podría implicar un considerable descuento en sus ingresos quincenales, pues acá es práctica común no perdonar los atrasos por la razón que sea. Aún recuerdo a una señora que lloraba allá por Mariano Otero con Periférico, porque sin siquiera ser la siete, la habían asaltado. La sorpresa vino después, pues el camión que gentilmente la llevó se enteraría que su llanto no era por lo perdido, sino debido a que llegaría tarde y eso implicaba la posibilidad de un despido. Lo cierto es que nadie le quiso poner realmente atención, pues implicaba detenerse a hacer algo fuera de la rutina que Guadalajara exigía como alimento, tanto de los que no tenían nada como de aquellos que creían tener algo, pues los demás estaban resguardados en otro lado de la ciudad. Alguien podría preguntarse qué había ocurrido con la policía; pero la verdad es que ninguna cámara había avisado de nada y, por lo demás, nadie había notificado algo que pudiera ser importante o que constituyera un caso que obligara a acercarse a ese lugar y destapar lo que fuera que allí hubiera. Llega la lluvia.
- El cabrito
Si uno revisa la bibliografía en la que el periodista Juan Luis Salinas se ha visto involucrado, de inmediato salta a la vista su predilección, al menos iniciáticamente, hacia temáticas que, primero, o no suelen ser cubiertas o no gusta que el género masculino las cubra –historia de la moda y de las mujeres en Chile– y, segundo, siguen siendo tabú hasta el día de hoy –investigación sobre el VIH en Chile–. Su escritura convivió con el margen. En los últimos años, y en este este mismo campo, el de los libros, la carrera de Salinas ha tendido hacia la estandarización o lo mainstream, como se dice, con su participación en la antología Ídolos de América , editado por Leila Guerriero, un salto habitual, si se quiere, pues también es coordinador periodístico de la revista Ya, de El Mercurio . A mayor exposición, también son mayores las posibilidades de caer en lo grande. Me parece justo. Además, el trabajo que realizó en 2019 con El peso de la sangre: viaje personal al sida resultó un valioso aporte que enriqueció la todavía escuálida colección bibliográfica nacional en torno al asunto. Se trata de un periodista en movimiento constante y esa es una virtud. Con El cabrito –La Pollera Ediciones, 2025– Salinas se posiciona justo en el medio de estas dos grandes vertientes que marcan su carrera como “animalus librescus” (Coyote dixit). “Quiero escribir sobre ser un niño gay en un pueblo chico durante los 80”, le dice Salinas al editor que le propone escribir el libro sobre el que aquí escribo. De eso se trata El cabrito . Y se llama El cabrito por una broma macabra que al niño que Salinas fue le tocó sufrir en la educación básica: cuando cruzaba el patio de la escuela, los chicos malos lo capturaban y le inmovilizaban las piernas igual como se hace con un cabrito cuando se le va a matar, luego le metían tierra por alguna parte del pantalón, idealmente por el cierre, y se la esparcían, acción conocida como “salar el cabrito”. Esto se repetía en ocasiones innúmeras. Tenemos entonces por el lado de la vertiente número uno, un texto que opera desde una perspectiva popular, la memoria, el relato autobiográfico, la crónica, accesible para todos, con una historia troncal contada de manera ágil y sencilla; y tenemos el lado de la vertiente número dos, la temática, la memoria redactada en clave de minorías, la perspectiva del sujeto abusado y desplazado desde el lugar en el que le tocó nacer y criarse, Punitaqui, Cuarta Región de Chile. Si a esto le sumamos que además está presente el desplazamiento propio de una comunidad pobre durante los ochenta, Punitaqui, estamos en presencia de un texto en el cual se arraiga una doble marginalización, la del sujeto homosexual y la del lugar donde ese sujeto homosexual se desenvuelve. El cabrito propone incluso otros desplazamientos, como el político, suerte de muñeca rusa, pero para saber más acerca de esto debes leer el libro. Ahora bien, la lectura de El cabrito fue una experiencia dulce, pero también agraz. Respecto de esto último me parece que la responsabilidad va más allá del autor y tiene que ver con el trabajo de edición. No profundizaré sobre las erratas que el libro presenta, pues son fácilmente solucionables, las menciono sí por su cantidad. Me detendré en algunas de las inconsistencias estructurales del volumen. El libro abre y cierra con una frase que consideraré su leitmotiv: “No te olvides de que pese a todo ahí fuiste feliz”. Narrado en dos distintas terceras personas singulares –el niño y el hombre: uno es Salinas en su infancia en los ochenta y el otro es Salinas al momento de escribir el libro–, quien la dice es el Salinas adulto, una voz que aparece brevemente cada tanto para cumplir distintas funciones dentro del relato, como por ejemplo justificar acciones del protagonista, aportar dinamismo narrativo, incorporar citas de distintos autores que complejizan y profundizan la trama, etcétera. Sin embargo, el aporte de esta voz no resulta más que un fuego artificial fatuo. Al hacer el ejercicio de retirarla, la crónica de Salinas tiene exactamente el mismo peso. En pocas palabras, tinta gastada de más. Lo mismo que el leitmotiv del volumen. ¿Para qué mencionarlo? ¿Para recalcar la carencia? ¿Vale la pena dentro de un libro que es, esencialmente, un compendio de la demostración de la rigidez, maldad e inconsciencia humanas? Asimismo, ¿ser un niño gay en los ochenta en dictadura en un pueblo chico de Chile es solo ser vilipendiado y abusado las veinticuatro horas? ¿Si pese a todo fuiste feliz, dónde está esta parte? La verdad, verdad, me hubiese gustado leerla. No que fuese solo un slogan, como ocurre en el caso de El cabrito . Se pasaron algunos pueblos en la búsqueda de una emotividad complementaria. Tal vez la pretensión fue mucha. Faltó contención. El cabrito cuenta la historia del propio Salinas mucho más allá del mero episodio de cuando lo “salaban”, además de los maltratos que recibió dentro y fuera de la escuela. También es mucho más que la genealogía familiar y el ir y venir de las amistades, así como su constancia. Como literatura desde la región es notable. La pluma de Salinas es evocativa en un alto nivel. Tiene la capacidad de provocar el viaje y la estadía no solo en Punitaqui, sino también en localidades aledañas, como Pueblo Viejo, Cogotí 18, Ovalle, Las Ñipas, El Toro, etcétera. También es un excelente constructor de personajes. A ratos, Punitaqui y Juan Luis Salinas reviven en El cabrito como Verrières y Julian Sorel lo hacen en Rojo y negro , claro que en otra clave de escritura. Se sienten los martillazos del sol de esa parte del norte. Incluso se da el lujo de incrustar episodios con tensión telenovelesca: “Es su tercer intento de iniciar un negocio. Inicialmente tuvo ahí unos gallineros, pero quebró. También puso un criadero de chanchos, pero los perdió cuando un largo y fuerte temporal hizo que el estero se convirtiera en un torrente que arrasó con todo. “La abuela María contaba que corrieron a salvar a los animales y que ella se quedó en un corral abrazando a la más grande, una hembra que se llamaba Josefa y que había parido unas crías que ya había arrastrado la corriente. […] ‘Si hubiera podido, esta se lanza al agua para buscar a esos chanchos’, le dijo una vez en broma el abuelo. La reacción de la abuela fue una mirada cortante y el sonido de la saliva corriendo por su garganta como intentando no decir algo imposible de evitar. Una frase que resonó como si algo se estrellara contra el piso de la cocina: “‘Debí salvar a esos chanchos como hicimos contigo’, le dijo mientras cebaba un mate. “Después vino un estallido de voces donde se impuso ella y luego el seco portazo de huida del abuelo que salió para perderse y regresó dos días después totalmente borracho”. El cabrito propone siempre, de forma paralela, dos historias. Y aquí es donde gana. Está la singular, que es la de Salinas desde dentro, su sentir y vivir como niño homosexual en un pequeño pueblo en los ochenta en Chile, sufriente y doliente hasta el paroxismo –“desde que llegó al pueblo, lo prepararon para alejarse”, dice el Salinas adulto–, y está la total, una construcción decimonónica de zona en el buen sentido, siempre teniendo consciencia, en tanto lectores, que estamos ante un texto de no ficción, y este es su principal mérito, su merecimiento de publicación, 226 páginas de literatura de las grandes minorías. En la última carta que José Donoso le escribió a su padre, el autor de El jardín de al lado realiza una cirugía a corazón abierto acerca de esta relación: “¿Cómo puedo no quererlo si tanto le debo? ¿Cómo no echarlo de menos día a día, noche a noche, cómo no desear que el siniestro mundo contemporáneo no nos haya permitido mayor contacto en esta fase de nuestras vidas? Mantengo mi opinión sobre ciertos puntos negativos de su personalidad. Pero, ¿no es cierto que usted mantiene sus opiniones sobre ciertos puntos negativos de la mía? […] Hay cosas, claro, que a usted yo no le he podido perdonar nunca, pero que no disminuyen mi amor por usted: su falta de carácter, su conformismo, su pereza, y específicamente con respecto a mí, su falta de ternura e interés (nunca olvidaré que para el matrimonio del Queno Cruz, fuimos yo con usted a Talca, y al presentarme no sé a qué señorón de provincia en la plaza, usted dijo: ‘Esto no es lo mejor que tengo, mis otros hijos no pudieron venir’). ¿Qué puedo decirle, papá, cómo puedo mentir, justificarme, engañarlo? ¿No demuestra una fe en usted mucho mayor que el engaño, el hecho de afrontar juntos estas cosas y reconocerlas, sabiendo que a pesar de ello el cariño, el reconocimiento y agradecimiento, la piedad misma, y espero que mutua, no mueran, sino al contrario, aumenten? En mi caso, sí; espero que en el suyo también”. Me aventuro a decir que el “No te olvides de que pese a todo ahí fuiste feliz” tiene bastante de la carta de Donoso. - El cabrito Juan Luis Salinas La Pollera Ediciones - 2025
- La mujer vestida del sol
Un Espíritu ronda por el Universo: La Mujer vestida del Sol El espíritu del marxismo sigue y seguirá vivo hasta el reino de las profecías de Isaías : nunca terminará de manifestar vigor revolucionario en la historia mundial del proletariado auténtico, la “ sociedad igualitaria del porvenir ”, del momento en que la palabra de la verdad , o el “ discurso que impone dogmas ”, opere solo como un vil instrumento perverso de dominación ; la cultura , siempre será un mero régimen de opresión y malestar, si está en las manos desencarnadas del “ idealismo burgués ”: la posición acrítica de discursos hilvanados como un quipu de conceptos substanciada en un corazón que escucha en el alfabeto extranjero del huinca invasor su propio nombre ; Una visión profética en cambio es tan universal como el clamor de Israel en Egipto y la promesa del Dios Verdadero de la Tierra que mana Leche y Miel. la apología es esta, y por excelencia, la de los últimos vástagos de los remanentes efluviales fascistoides de la opresión al pueblo de Dios: las sumisiones del misterio a la letra; la idolatría de la figura; si quiera de la forma, el olvido del cuerpo; el rechazo impío de los dolores del oprimido. Toda teología será “iconoclasta”, es decir, “abstracta y pura especulativa”, fuera de las obras del amor radical , la caridad revolucionaria del Hijo de Dios que expulsa a latigazos a los mercaderes del Templo hasta las llagas de la cruz por Ícono Sacro; Toda espiritualidad será regla de huida sin “la regla de la comunidad”, benedictina, autárquica, trabajadora, esenia: solamente vías sublimadoras a modo de "metafísicas" pseudo-tomistas, cuasi-aristótelicas, infértiles, impotentes; quienes por la justificación impía y legalista del “ Nombre de Dios ”, asumen la lejanía innombrable y gigante del último límite de arriba que no se alcanza sino como una silenciosa “caída del cielo”, como “ lejanía de Dios ”: abrazarán lejanos solamente las lejanías de su propio corazón; ellos, los cobardes, incapaces de sostener la mirada al atardecer del horizonte, son, solamente ellos, quienes cierran sus ojos al Saló de Passollini, y elevan las profanaciones disfrazadas de cánticos sacros a las mil y un “ naciones babilónicas ” como si ante en el esplendor de la espada brillara sol puro de verdad revelada; verdades miles desparramadas descubierta en ellos y por ellos, lejos del pobre; si acaso, y a tientas, por pobres bondades de la estupidez de una neurosis que no ama, como esos ídolos que no hablan, que no sana, que no besa con vida viva la puerta de todos los leprosarios ; De esta “distorsión existencial inhumana” en su grado quizá incipiente e inocente, de impiedad, hasta “apuntar a diario con noticieros armados” hasta el capital total cuantiosos los oprobios clasistas, en nombre del orden, contra los criminales pobres, los pobres criminales, es que yo digo que estamos ante: “todo el quid de la decadencia social y el epítome del mal”: No en vano el primer hombre creado y recreado en entrar al paraíso, fue un buen ladrón. No hay ningún paso de lo uno a lo otro ; es la misma sustancia inorgánica, cuasi muerta, cuasi putrefacta, la del que no llora la miseria del mundo, de la materia del que se entreteniene rutinariamente con la peor de las desgracias: la perdida de la libertad la condena de una libertad ida, perdida, en errores mortales; muy probablemente, estos reyes de la regla, tendrán también sus tropiezos, futuros o pasados “ padrinos ”, “ hombres de sobornos ”, “pater-familias de nuevas Romas”, de los se que conocen al “dedillo la ley”, y hasta “el espíritu de la ley”; de estos se espera, con cierta ciencia, un día, los jueces corruptibles, corruptos, sino, y por qué no, hasta con justas razones: homicidas – Inmisericordes. Se está hablando acá hermanas y hermanos, de una pura semiología radical y confrontacional virtual y tentativa como del corazón del “enemigo”: un lenguaje obscuro que habla del “fascista franquista”, que ya no existe en realidad, del intelecto teleológico, funcionalista, cuya única escatología y soteriología es la ejecución en masas de “todo los delincuentes del año”; y, como en el Nombre de Dios: ¡Y eternamente incinerados! Hablamos de ese “hombre-zombi”, muerto-en-vida, enterrado junto con el “ mass media ”, quien como diría Nietzsche, desprecia esta vida , la vida, y es a este mundo a quien desprecia, “en honor al Otro”, el que vendrá, ese que está libre de delito , quizá, también, el mismo que soñó el profeta Isaías, después de todo, a fin de cuentas entre la Torá y el Evangelio, no hay contradicción; quizá, los fascistas, sean también, en el fondo de su alma, idealistas-marxistas. Hablamos de un hombre pre-moderno, pre-freudiano, que subordina sus pasiones a ilusiones victorianas de un “yo absoluto”, pre-alemán, pre-hegeliano, pre-apoteósico: digo carente de glorias geniales de vidas divinas creaturales, como para quien existir es administrar una Hacienda solamente, con el deber de no dispensar pasiones criminales ante la Ley: ¿qué será ese yo entonces si no es idealista, o “uno ideal”? Un tormento , ¡Un tormento es el cochero de las muecas que se le escapan! El Yo que se inhibe el disparo a diario… Estamos hablando de una pura psique de “fantasías verborreicas moralínicas ” si no, inmorales, o cuasi-morales, o cuasi-inmorales, de “espíritu sin espíritu”, de “alma sin alma”, de una razón sin razón de vida: ¿qué vida es ser vivido por las noticias?; Estamos hablando de los “corazones esos de piedra” que se describen, ¡y con tanta reprensión! en las sagradas escrituras: el hombre que, quizá, se podría decir como en el guion de un cineasta, se marea sobre el abismo, en la espera inconsciente del momento exacto mismo de la ruptura del régimen ordinario, para entonces, ¡Y solo entonces! obrar impune y libremente las trescientas espartanas casuísticas expiatorias contra los indefensos, permitiéndose astuto inmune degollar en Saló, a cuantos chivos sacrificables en nombre del Bien Común encuentre: La Shoá El Holocausto Estos son ídolos vivos que matan con la palabra: llaman insectos a los hombres; son ídolos de bronce, oro y barro, que se mueven y hablan, hasta congregan a las masas; y no solo hoy, y quizá, no solo mañana. Si alguien cree realmente que este tipo de ser humano existe como representación fidedigna del ser humano, debiésemos debatir, entonces, en qué consiste lo humano. Pero como decía el profesor Bentué: el hombre es barro (humus), y la embarra. Es patente los muchos que adoran estas “formas”, y “hablan como ellos”; Quizá, diría un dramaturgo, en secreto el sequito de los Inhumanos, espera el momento de la Inhumanidad pura, Saló, para también tener la licencia de “gozar como los delincuentes”, Saló, aunque sea solo una tarde: una jornada en Saló; la supremacía alcanzada por la conquista de legitimidad sistémica es solamente la regla que permite las “violaciones en masa del derecho humano”: Saló. Anti-héroes innatos, seres puramente estatales, “ estáticos ”, “rayados”, como se diría en buen chileno, con el noticiero de la mañana, el de la tarde y el de la noche, para expiarse tres veces al día, de no ser un delincuente; Hombres máquinas, alienados de la verdadera religión, que solo-saben-cumplir-reglas-y romper-reglas ; cuya única actividad es ordenar, imperar y subordinar mundos al régimen romano patriarcal de la propiedad, digámoslo así, metafóricamente, o “ soñar sueños que son pesadillas de fantasías por Mundo ”; ¡Y por el alcance del Estado y el régimen de la ley de Babel ! Esta caída original del “alma en-el-fascismo”, depravación pura de la “persona-compasión”, en “persona-castigo”, es una cuestión totalmente degenerada respecto de la antropología universal , esta arrogancia de los sobrevivientes de la miseria como de existencias de glorias “olímpicas” sobre la adversidad de los océanos de la carne del mundo, hoy, también, rozan, sino cae de lleno, paradójicamente, en la tipificación formal en tanto criminales ( discriminación política, social, mental y sexual ): el ethos de los guerreros que se hacen fuerte anulando los testimonios del dolor, es casi un delito: hoy. Es una cuestión esta, quizá, completamente auto-represiva-y-represora , auto-inmolatoria de la “ buena vida ” ( eudaimonia – el ideal aristotélico-marxista-epicúreo ), como proclamaciones repetitivas “heroica-ecisivas” del intelecto contra el Instinto ; Quisiera ver fascistas armados en la calle disparando, Y sus hijos huérfanos… Y sus hijos huérfanos… No quisiera ver fascistas armados en la calle disparando. Es esta la raíz perversa de los leones contra Daniel, la muerta de Juan Bautista y la Crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo, es la semilla alucinatoria del mundo; sujetos terroríficos, obscurecidos hasta la luz ilusoria de las falsas razones puras como torres que quieren llegar al cielo ; ¿para qué? ¿Qué sentido tiene aquellos? La vida es sueño, y los sueños, sueños son. El mundo está dormido. Nadie hoy puede “profetizar”, como gozan de hacer de forma subterfugia y encubierta las almas Metafísicas, la doctrina pura de Santo Tomás, sin atender a las críticas Kantianas con debidas diligencias , y en las reservas más puras, hondas y estigmáticas, hasta alcanzar, si con suerte, un suerte de contestaciones honestas y contrastables si acaso respuestas concluyentes contra la Ilustración : nadie hoy puede hablar auténticamente del “motor-inmóvil”, “de la monarquía”, o de la “materia y la forma”, sin recibir una burla justifica y física de millares, miríadas de Escuelas… los cuerpos, el mundo, son como ese Instinto Rebelde que no se someterá nunca, él, salvaje, a las Intelecciones Victorianas del Aristóteles-Tomismo, si, y solo si, hablar de Santo Tomás de Aquino, y digo, de mi Fascismo, es caer en un “ Das-Man ” inhumano repetitivo fascistoide nazista de Pseudo-Metafísica, o mejor dicho así: las falsificaciones del diálogo y el debate, Sin tener democráticas replicas legitimadas socialmente el Tomismo al Ilustrado; o dicho así, el Intelecto al Instinto, la Suma a la Crítica, la Torre al Viento, estaríamos pecando quizá del peor pecado tipificado por el Aquinate: La Tiranía. La Tiranía del Intelecto sobre el Instinto. Al menos la masificación deforme de las ciencia conduce a la evolución de la consciencia colectiva ; y no a la atomización de las comunidades por las guerras de la palabra, y las órbitas idolátricas sobre nombres de mortales, quizá, no tan mortales. Decía Martín Heidegger: “ Das Man ist niemand Bestimmtes und doch jedermann ”, o traducido al castellano: “ El uno (das Man) no es nadie determinado y, sin embargo, es todo el mundo.”, allí donde se “ cacarea como loro el nombre de una sola persona ”, como diría Jung, “ anda el demonio rondando ”. Dicho de otro modo, allí donde caen usualmente los “ Machos ” (Las diálecticas trascendentales analíticas, la Metafísica, la Filosofía, el Racionalismo, o el “Argumentalismo”), no es “ lugar auténtico ”, de “ individuos ”, en tanto “ personas ”, de un ser existencial formado como “ Dasein ”, es decir, “ser auténtico”, sino que es meramente reflejo de un estado “ pre-indivuado ”, del ser “ masa ”, que renuncia inertemente a la responsabilidad de ser crítico y pensar por sí mismo; en la Ciencia, precisamente, no se habla de tantas cabezas propias, y se cita cada vez menos personajes: ídolos; justamente, lo contrario a pensar por sí mismo, es permitir que otro piense por uno mismo. Podría decirse de estos gozos ensimismados con la especulación intelectiva que son “ trastornos libidinales neuróticos sexuados ”, o tantas cosas díficiles de demostrar; pero es mejor decirlo así: posturas acríticas , alineadas-alienadas, momentos importantes de la vida subordinados a la falsedad unas cuantas “ palabras de la cultura ”, de unas “pocas imágenes diarias”, sometidas, e innecesariamente a un “otro que no existe” o “distante” o “lejano”, cuya única función operativa práctica verdadera es a utorizarse-a-sí-mismo como rectores de “discursos tiránicos”, que “pervierten” la naturaleza sagrada de la palabra como gozo, trocandola por arma ; en la Generación Z el Catolicismo renace de forma efervescente, y yo vaticino el retorno de la Metafísica Aristótelico Tomista; pero todos parten por olvidar las últimas sentencias del Aquinate: “Me parece que todo lo que he escrito es como paja”; las almas insertas en la vid de Cristo, también hacen grandes obras tenebrosas en la caída del siglo del mundo de Babilonia la Corrupta como regimen indeleble subordinado al lenguaje y la violencia, y también, los religiosos y los conversos siempre olvidan un par de frases: “Está todo hecho”, por ejemplo. La historia es una máquina de generar fascistas, o de “hombres faccendo mundo caído”, unos tomistas jesuiticos tiranicidas no tan mansos como deberían, otros nazistas, franquistas, maoístas, estalinistas o leninistas, el fascista suele hablar en nombre de genios, pervirtiendo el espíritu delicado y original de aquellos por quienes se dicen ser representados. Estamos hablando acá de las personas-dogmáticas, de los religiosos no auténticamente inhibidos, o “ legislados ”, es decir, que no están verdaderamente “auto-negados”, elevados el No Yo Místico del Amor, sino que funcionan como “amos instrumentalizando”, y de formas onanistas y aburridas, despreciando la sacra comunión benedctina de los espíritus, solo en pos de convertir a un “infiel” en “fiel”; castrar, limitar: el solo y vano dominar al quién sea que esté a “ un metro o dos ”. Estamos hablando de una cuestión seria: esto es de facto una violación , y por la palabra; la perversión mayor. Justamente, cuando hablamos de “ libertad ”, y en un sentido casi “ taoista ” ( diría yo ) desde el idealismo Kantiano, hablamo de una sublime posibilidad de “ auto-prescidencia radical moral ” en pos de la existencia completa del otro; ¿Quién ha oído otra cosa de la boca de Dios al elevar la escucha que silencio y libertad? Cuando hablamos de emancipación, en su sentido universal, la liberación de los pobres, los trabajadores, de la sociedad, de la cultura, ante el Mal ; oímos una promesa que se gesta en “ profundidades oceánicas ”, silenciosas; de donde ese “proletariado”, como Jonás, nacerá al final: el oprimido que transformó la historia desde la muerte ; el sujeto emancipado, profético, yahvista puro, con eterno derecho a existir por sí y en sí, libre- autónomo. Es el misterio ciego y material de un parto trascendental que nunca terminaremos de oír, quizá, como diría Kant, por “lo sublime de la dignidad humana”; la condena ya sellada de un devenir como de quien recibe en lo más íntimo, la totalidad de un otro ficticio, y no del proletariado, justamente, sino que “con toda su errancia” histórica lejos de la “buena vida” epicúrea-marxista, hablamos de la humanidad en su conjunto, esa que nace de la paz despúes de la última guerra; sí, diría Marx, es el proletariado es el “hace” (facce), nacer, el fin de la historia; pero lo que ha nacido es una Madre Eterna: el Nuevo Mundo; la “palabra” ha sido la gran revolución; y el despertar de todo individuo, es la apropiación suya de la cultura como la “lex mundi”; no puede faltar, mis amigos, en un hogar, una Biblia. El retrograda reaccionario anti-revolucionario contra-revolucionario anti-reformista anti moderno, dicho así, sencillamente, podría decirse, y sin mucha y justa misericordia, es un “ enfermo histórico ”, “ parasitado por imperios ”, que padece de un “ trastorno desviado de moralidad humana ”: son estos especímenes vestigios como humos de fuegos muertos de una historia agónica, de la evolución política, económica y social, los incapaces de responsabilizar, ¡Y con clamores desérticos! ¡Y como es debido! al poder primero, y siempre primero al poder ; la fuente matriz y principal del mal del mundo; La veneración al orden culmina en intelecciones precoces, apologías pseudo-alejandrinas pre Nietzscheanas de Dioses Muertos, “enterrados en Roma”, como a los que solo una “ Papisa” podría dar “ antígonas ” sepulturas… con “magdáleos ósculos” ( besos sacros ) como de resurrección; que cuando hablamos de la caída del nombre de Cristo en el Imperio, hablamos, quizá, de la mayor perversión de la historia humana; y la de prohibición a la Santísima Virgen María de sentarse sobre la Silla de Pedro, diré yo, es una inequidad impía de vanas ardides de espada y dinero. No sé si me doy a entender fraternidad universal de la persona humana, respecto del quid total de la cuestión de este tratado: solo el día en que la consciencia colectiva despierte a la verdad de que “la palabra escuchada” es más infinitamente más violenta que el látigo que castiga; el espíritu de la emancipación descubrirá su verdadero vigor; un espíritu ronda el universo, les digo, un espíritu espontáneo, salvaje, indómito: la Mujer. Cuando la Noche Absoluta cubra Roma como de “Gozos Divinos”: como “ vagina-vescica piscis-sacra ” y “ orgásmica-mística-extática-teresiana ” de “ fecundos-coitos— engendradores-divinos ”: las inseminaciones espirituales penetrarán hasta el “corazón del Yo de la humanidad”, ¡Y por turbulentos gemidos tremorosos! ¡Truenos volcánicos! De los partos con que las mujeres sufren el nombre de su dignidad sagrada, llantos con que las madres sufren la llegada al Mundo, de los hijos de los Hombres. Un espíritu ronda el universo… y no es solo el Feminismo; es la Mujer vestida del Sol. En la tesis XI sobre Feuerbach (1845), dice Karl Marx:“«Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert; es kömmt darauf an, sie zu verändern.», traducido a español: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.» “Según datos oficiales de la Fiscalía Nacional de Chile (2024) : Las mujeres representaron aproximadamente el 7 % de los imputados por homicidio en Chile durante 2024, siendo esta proporción una de las más bajas de los últimos cinco años . Esto significa que alrededor del 93 % de los imputados por homicidio son hombres , mientras que solo cerca del 7 % son mujeres . Este patrón coincide con estudios previos que muestran que los homicidios consumados tradicionalmente son cometidos mayoritariamente por hombres , y que la participación femenina en este tipo de delito es minoritaria.” (texto generado con método Bifásico Interfaz Tomás Lavados-ChatGpt) La cuestión parece ser demoledora: “ el Macho sería un homicida ”. Si algo debemos cambiar, justamente, entonces, es al Hombre. El ego este del “ macho recio ” se hiere, patéticamente, con “ dos o tres palabras ” que le diga más doloroso es si es de “quien él desea”; el deseo del macho este, hermanas mías, ese supuesto “poderoso falo”, capaz de “colonizar marte”, que “sabe lo que quiere”, y que “ lo busca dirigida y monofocalmente ”, precisamente, es la cuestión más frágil que existe; y se destruye, no por la “abofetada”, no por la “espada”: sino que, solamente, sencillamente, por la palabra, el gesto, la mirada. Desear con exceso supone dolores uterinos ante las frustraciones románticas: ¿no? Disponer a su merced cuanta voluptuosidad femenina sea posible para el goce de los labios y la piel no circundida le ha parecido medicina a todos los supuestos “seres intelectuales”, “espirituales”: ¡Pero no a los fascistas! ¡No! ¡No, Señor! ¡Los fascistas nunca cometen adulterio! El derecho de condenar al “ pobre delincuente ”, quita el derecho de llamarse Cristiano. “Aproximadamente 97,7 % de los presos en Chile no tienen educación universitaria (ni completa ni incompleta) según los datos reportados por Gendarmería en el perfil educativo.” (texto generado con método Bifásico Interfaz Tomás Lavados-ChatGpt / a partir de ahora BI*) Los sobrevivientes del regimen del capital, aquellos pobladores con títulos universitarios, y la “ primera casa pagada despúes de quince años ”, son y serán el mal de la revolución sobre la tierra: ¡y está bien que así lo sea! La revolución armada es una insensatez, el mérito del sistema sobre la revolución del látigo está bien ganado; y la traición de la “ patria grande del amor gratuito ” también puede justificarse si acaso por amor… porque, como dice el Alemán: “Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal”. Más vale una verdad, que mil idilios. Más vale subsidios, que ruinas en nombre de la utopía, opino Pero, como dice la formulación popular de la noción de justicia de Santo Tomás de Aquino: “Iustitia sine misericordia crudelitas est”, es decir: “justicia sin misericordia, es crueldad” ( Esto no es una cita textual de la Summa , sino una síntesis tradicional tomista ) – no le es lícito si quiera considerar a un individuo el negarle al pueblo soberano su auto-determinación, y sea lo que el pueblo estime, a la merced de sus fines, siempre habrá libertad para la rebelión; no sería justo con el corazón, un exceso inmisericorde de sabiduría sobre la razón, dicho así, mejor. Este es el campo de la batalla, fraterndad universal, un campo semántico, de palabras, de fracturas simbólicas, de subversiones de la consciencia colectiva, de sublimaciones y resignificacines del inconsciente colectivo; todos sabemos la fascinación de los fascistas con el tomismo, quizá, ponerle una palabra a este principio prudencial tomista nos sirva para hacer tambalear identidades auto-construidas desde arquitecturas étereas cerebrales, quizá, podríamos llamar a la “justicia sin misericordia, en tanto una crueldad hipócrita que deshonrra el verdadero espíritu del bien común, individual, personal y uiversal, cuyo objeto es la aplicación del poder”, como, “perversión”, o mejor dicho así: “ Rigorismo Autoritario de Superego Hipertrófico” (BI*), o “Legalismo Punitivo Desintegrado” (BI*), “Autoritarismo Pseudotomista” (BI*), o “ “Estructura superyoica de juridicidad disociada” (BI*), - o “inhumanidad en su estado impuro” (digo yo). Como en el útero del nacimiento de un nuevo mundo, un espíritu ronda por el universo, la palabra que destruye de los Egos: el triunfo de la Inteligencia, sobre los Argumentos: La mujer vestida del Sol.
- 70
Suicidio inadmisible: se rocía con miedo y culpa porque le dijeron que ya no es el mismo de antes.
- 69
No logro concebir mi "yo" como unidad ni como suma ni como síntesis, sino apenas como un desgajarse, una cáscara dentro de otra, una cascada de la cabeza a los pies, una orientación en borrador.
- Escribir porque sí
Taller de escritura grupal y presencial Este taller es un espacio para compartir lo que las personas escriben. Para mostrarlo, comentarlo y mejorarlo. No necesitas tener ninguna experiencia previa, pero sí llegar con algo escrito de cualquier extensión y en cualquier género. Modalidad: Presencial y Online Mas Información e Inscripciones: +56 9 7389 2169
- Smiljan Radić: “La transparencia es sospechosa”
Con motivo de la adjudicación del premio Pritzker 2026 a Smiljan Radić, republicamos esta entrevista realizada por Catalina Mena. Reconocido y activo a nivel internacional, al arquitecto Smiljan Radic le da pudor la grandilocuencia y se ríe de las chapas de “artista” y “exitoso”. No es displicencia sino ahorro de energía: Smiljan Radic no tiene redes sociales, ni página web, ni siquiera whatsapp. En su larga y prolífica trayectoria como arquitecto ha sostenido la idea del refugio como estructura física –presente en muchos de sus proyectos—pero también como actitud existencial: concentrarse, resguardarse de la palabrería, explorar la intimidad, el misterio, las preguntas y los afectos. Casado con la escultora Marcela Correa --quien interviene muchos de sus proyectos-- Smiljan Radic tiene dos hijos y viene de una familia de inmigrantes croatas. Dice que siguió la carrera de Arquitectura en la Universidad Católica casi por azar, porque en su tiempo habían pocas opciones y él estaba entre tres o cuatro posibilidades. Podría haber sido abogado pero el destino no quiso. Lo cierto es que lleva más de veinte años aportando una mirada personal, crítica y creativa a la Arquitectura, así con mayúscula, que atraviesa fronteras. Su oficina está en el piso 20 de la torre Santa María, al lado de hotel Sheraton y muy cerca de su casa en Pedro de Valdivia Norte. Hasta allí llegan quienes lo buscan por su particular cabeza. “La gente me contrata a mí, no a una oficina. Es una persecución personalizada”, dice. Su trabajo no sólo incluye construcciones notables en Chile y en Europa, sino también la publicación de libros y varias charlas a nivel mundial donde despliega su profundo conocimiento de la historia de la arquitectura, así como referentes de la literatura, el arte y otras áreas que conforman su imaginario. Su obra se distingue por una búsqueda experimental y por una estética austera y silenciosa. Son construcciones que crean atmósferas interiores y que intentan no perturbar al entorno. Pero también son propuestas subversivas, que cuestionan el canon, que ofrecen soluciones poco convencionales. Smiljan Radic se resiste a quedar encasillado en una definición o en un estilo estético. Todos sus trabajos son distintos entre sí: el restorán Mestizo en Vitacura, la remodelación del centro de artes escénicas Nave en el barrio Yungay, la ampliación del Museo de Arte Precolombino, el comentado pabellón de Serpentine Gallery de Londres, las intervenciones en la Bienal de Venecia, el teatro regional del Concepción que acaba de inaugurarse. Y muchísimas obras más, casi 80, que ha hecho y sigue haciendo en distintos rincones del mundo. Cada una responde a un encargo específico, lo que implica hacerse preguntas y construir ideas diferentes. En paralelo al diseño y la construcción de proyectos, Smiljan Radic es también un estudioso de las ideas arquitectónicas. Una de sus pasiones es el movimiento denominado “Arquitectura Radical”, protagonizado por arquitectos pertenecientes a las oficinas Superestudio, al Utopie Group, a Archigram y por figuras como Buck Minsterfuller, Guy Deborad, Asger Jorn, entre otros. Fueron autores que entre las décadas de los 50 y los 70 se plantearon el problema fundamental de cómo vivir y sobrevivir en las sociedades modernas, recurriendo a múltiples disciplinas del conocimiento para desarrollar sus ideas. Utópicos y experimentales, pocas veces lograron convertir sus proyectos en construcciones espaciales, pero realizaron notables dibujos, litografías, grabados y manifiestos efímeros que son, en sí mismos, obras de alto valor. Radic ha reunido una amplia colección de estas piezas. Parte de este material acaba de exhibirse en Zurich y en octubre de este año se mostrará en Galería Patricia Ready. - “La transparencia es mentirosa” Leí una muy buena entrevista tuya donde te definen como “el arquitecto que admiran los arquitectos”. Esas frases son para crearse puros enemigos, para atraer a todos los enemigos juntos. No te gusta el imaginario triunfalista. No me conecto con la idea del éxito. Creo que todo es mucho más casual de lo que la gente piensa. La gente piensa que uno arma un plan para tener cierta trayectoria. Y todo es más casual, más repentino, más sorpresivo. Muchas cosas surgen de personas que conoces, de relaciones, de encuentros. Pero es cierto que gozas de admiración y reconocimiento. Es que tampoco es para tanto, ni he ganado tantos premios. Lo que sí siento es que he sido afortunado. Soy privilegiado, pertenezco a una clase social determinada, tuve suerte cuando salí de la universidad, tuve acceso a ciertas oportunidades que tomé y también pude rechazar las propuestas que podrían haberme desviado de mi intuición. Eso me ha permitido focalizarme en lo mío. Puedo todavía darme el lujo de mantener una oficina pequeña, de 5 personas, a mi escala, y no tener que entrar en una escala que me dispersaría y que me provocaría conflictos en otras áreas de mi vida. Yo necesito concentrarme. Hay períodos que trabajo 16 horas diarias y eso no es un regalo de tal o cual premio. Es pega de mierda. Otra cosa que se dice de ti es que, más que arquitecto, eres artista. Es que es mentira, es una profesión distinta. En términos generales le dicen artista a alguien que hace "cosas raras". Pero todo lo que yo hago puedo ubicarlo en una rama de la arquitectura, lo que pasa es que la gente no identifica las referencias. Por ejemplo, cuando hablaban del pabellón de la Serpentine Gallery decían que era una escultura, una cosa rara, pero esa construcción está totalmente referenciada dentro de la historia de la arquitectura. Viene de una rama que se llama folie, una tendencia romántica. Tú hablas mucho de la idea de refugio en tu arquitectura. ¿A qué responde? Generalmente busco generar una distancia física, un encierro. Me interesan las relaciones y los vínculos que se generar al interior del espacio. Encuentro que la transparencia es mentirosa. Cuando uno ve un edificio lleno de vidrio, totalmente transparente, por algún lado está la mentira, uno sabe que ahí hay algo oculto. Ahora la transparencia está de moda, los grandes ventanales, los vidrios. Y también es una palabra de la corrección política, como “Chile transparente”. Lo que pasa es que la transparencia, en términos reales, es imposible, es una especie de utopía un poco terrible, que todo se abra, que todo esté a la vista. Yo tematizo eso en mi trabajo, siempre estoy proponiendo filtros, membranas que juegan entre la opacidad y la transparencia. El cliente siempre piensa que está mirando, le interesa tener una linda "vista", pero eso no es cierto. Uno mira poco. En general uno está ensimismado en espacios interiores. ¿A tí las vistas no te interesan? Lo que cuestiono es la manera en que se instala una cierta visualidad turística en todo. Todo tiene que ser visto, todo tiene que ser lindo. En realidad los interiores más interesantes son aquellos que son más personalizados y poco fotografiables, si uno quiere. Cuando uno entra a casas de amigos uno entra a especies de laberintos domésticos, donde las cosas están ahí por razones de historia personal que uno no entiende si no se las explican. Eso me interesa. El tema del refugio tiene que ver con un interior al que no ingresa cualquier persona y por eso puede ser distribuido de una manera mucho más engorrosa y más compleja. El que tengas una playa al frente o un volcán me parece bastante más banal. Esto también se vincula con tu opción por no tener redes sociales ni web. Como que lo transparente, lo hiperconectado, no permite relaciones íntimas... Si. Me parece complejo relacionarse virtualmente para no sentir el olor del otro. - “No sé si existe la arquitectura chilena” Tú has intervenido edificios patrimoniales ¿Cómo dialogas con la tensión entre lo patrimonial y lo nuevo? Bueno, con el tema del patrimonio hay varios problemas. El primero, es que creo que el Consejo de Monumentos Nacionales es una institución que hay que revisar. No hay ningún sentido común detrás de lo que ellos hacen, nada. Por ejemplo en la remodelación del centro Nave, que es una casa patrimonial, quedaba solo la fachada del edificio, adentro estaba destruido. Estuvimos un año y medio esperando que el Consejo firmara la propuesta de fachada nueva que era exactamente igual que la que había. Entre medio, vino el terremoto del 2010 y se cayó un tercio de la fachada. O sea, cuando uno quiere recuperar un edificio, los plazos del Consejo atentan en sentido contrario. Una cuestión absurda. Lo peor para una ruina es el tiempo que transcurre, sobre todo cuando hay un privado dispuesto a invertir. ¿Qué otro cuestionamiento tienes en torno al patrimonio? Cuando uno habla de patrimonio, utilizando el mismo concepto que se aplica en Europa para construcciones que tienen 800 años es también absurdo. Acá el patrimonio es lo que quedó después del terremoto de la década del 40, o sea, no tiene ni 80 años. ¿Por qué es patrimonio eso? ¿Porque el ladrillo vale? ¿Por cómo se inserta ese edificio en la comunidad? Ahí también hay un tema poco claro. Obviamente uno lamenta la destrucción de edificios importantes, que son simbólicos, que le dan identidad a la ciudad. No puede dejarse todo en manos de la especulación inmobiliaria. Pero también muchas veces opera un axioma que es igualmente cuestionable, y es que siempre lo que viene va a ser peor que lo había antes. Lo cual significa que hay una desconfianza tremenda entre los arquitectos y una visión nefasta del futuro. ¿Qué piensas, en general, de la arquitectura chilena? No sé si existe. No hay una tradición que se continúe, que pase de maestros a discípulos ni tampoco hay crítica especializada. Pero hay figuras, hay arquitectos que hacen cosas y también hay construcciones peores o mejores que otras. Hay muy buenos arquitectos, pero son figuras aisladas. Ahora, si uno mira la generalidad de lo que se construye en Chile, creo que es una arquitectura un poco estancada, aburrida, autocomplaciente. Hay pocas obras que sean complejas intelectualmente o que tengan grados de atrevimiento. ¿Qué importancia tiene la experimentación para tí? Es importante para no aburrirse, pero también uno tiene que manejar muchas variables y a veces se puede experimentar más y otras menos. Yo creo que hay ciertos proyectos que causan alegría y otros que son de una tristeza infinita. Los más alegres no significa que sean más locos o más raros, sino que hay un desarrollo potente, que están bien pensados, que son consistentes. Y los tristes son los banales. ¿Cuál es el edificio más banal de Santiago? El Costanera Center. Lo encuentro increíblemente banal, tonto, malo para la ciudad. Me causa risa porque vivo a 300 metros de él y lo veo desde el patio de mi casa. Es lo más absurdo que hay. Muchos lo señalan como un hito perverso del neoliberalismo, sin contar la gente que se ha suicidado desde esa torre. A mí no me gusta emitir ese tipo de juicios morales, porque la arquitectura es una profesión liberal. Yo no juzgo la intención del edificio, juzgo el objeto. Me parece tonto como proyecto de arquitectura, refleja una sensibilidad muy pobre y básica, lo encuentro mal hecho y rasca. La torre no tiene ningún interés, los materiales son últimos, el suelo ya se está deteriorando. Además tú has dicho que hacer hitos en la ciudad es un error, cosas que la intervengan demasiado. Sí, me interesa hacer cosas que tengan una presencia pero no invadan. Creo que lo mejor es hacer el menor daño posible. ¿En general te parecen invasivas las construcciones que se hacen? Sí. Sobre todo cuando uno ve las costas chilenas, la manera en que rompen el terreno, como instalan una cosa al lado de la otra, como invaden el espacio. Me parece insensible. Pero el teatro del Bío-Bío ha tenido esa crítica. Hay personas que dicen que es un mamotreto, que interrumpe el paisaje. ¿Cómo respondes a eso? No he visto las críticas, pero sé de qué se tratan. Te diría, como primera cosa, que en este momento el edificio está en medio de la nada, un espacio público abandonado y es un borde de río que tiene muchos kilómetros y que se ha tratado de recuperar hace tiempo sin buenos resultados. La escala del edificio tiene que ver con el río y con una ciudad futura. Yo pienso que este edificio se va a incorporar totalmente a la ciudad en 30 años más. ¿Y respecto a la acusación de mamotreto? Creo que es un edificio súper parco, que no es fácil para un público que no sabe de arquitectura. Es un edificio que no tiene ventanas, pero no es un bunker, porque es leve. Es una especie de circo raro. Pero en realidad no me dedico a hacer cosas bonitas, no es mi objetivo. Yo realmente trato de hacer las cosas lo mejor posible, dedicarles mucho tiempo y concentrarme en cada proyecto. Siempre se habla de la creatividad como si fuera algo que cae del cielo. Y no. Es pega, pega y pega. No te interesa hacer cosas bonitas. ¿Entonces qué es lo que buscas? Hacer cosas que sean coherentes. Que uno pueda hablar de eso, contarlo, que sea claro, honesto. Yo creo que uno tiene momentos de convicción. Cuando hago un proyecto tengo que estar convencido de que es bueno y que va a ser bueno. Y eso es lo que transmito y lo que es real. Uno se da cuenta cuando un edificio es cínico. Mucha de la arquitectura errática no es porque sea fea, sino porque falta esa convicción. En algunas entrevistas dices que prefieres hablar de construcción más que de arquitectura ¿por qué? Cuando uno dice “arquitectura” deja afuera a mucha gente, lo mismo que cuando habla de escultura. En cambio cuando hablas de construcción es mucho más amplio. Construyen cosas un niño, un carpintero, un performer. La construcción se refiere directamente a un hecho físico. Yo creo que la arquitectura es concreta, tiene que funcionar. ¿Podrías escribir un decálogo general con tus principios arquitectónicos? No tengo cabeza para generalizar, mi trabajo es paso a paso, problema a problema. Lo que he hecho ha sido gracias a ciertas oportunidades tomadas con mayor o menor certeza. Es como cuando los futbolistas hablan de sí mismos en tercera persona. Me parece malo, es una sobrelectura. Además que mis ideas van cambiando y ojalá que siempre sea así.











