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“Nadie sabe lo que va a pasar mañana” [Bad Bunny], a propósito de Vivir sin lengua de Pablo Aravena

Comentar un libro es, de alguna manera, un acto de infidelidad con el mismo. Pablo Aravena Núñez, en su texto, piensa y escribe a contracorriente de cierta complicidad del intelectualismo de boutique imperante en la academia. Estamos ante un libro que interviene en el presente, y lo hace analizando su arquitectura conceptual como algunos rasgos de su fenomenología, de modo de comprender críticamente nuestro presente.


Aunque el título del libro es “Vivir sin lengua”, trata y desarrolla una sistemática reflexión acerca de su subtítulo: “Cuando el tiempo ya no hace historia”. Pablo escribe y piensa a pesar de cierto “entumecimiento intelectual” (Carta de Lord Chandos de von Hofmannsthal, publicada en1902) del presente.


Es un de 123 páginas, muy bien escritas, que se inauguran con la referencia a Cratilo. Sin embargo, a pesar o a propósito de ella, el autor sostiene que “nosotros, desprovistos de esa sabiduría antigua, estamos simplemente mudos, sin lengua, y todo nos pasa por arriba, nos excede”(p. 17-18). ¿Qué es los nos pasa por arriba y nos excede? Me atrevo a afirmar que el presente, por lo que debiéramos pensarlo problemáticamente, como disposición o actitud de preguntarnos ¿cómo hemos llegado a ser lo que somos? (Foucault lector de Kant). El argumento de Pablo, para diagnosticar nuestro presente, es que la Historia se ha separado del acontecimiento, un desanclaje entre Historia y acontecimiento. Una Historia desprovista de la moderna noción de tiempo histórico, en la que el presente nos resulta extraño, irreductible a cualquier relato, opaco en sus posibilidades de comprensión. Un presente posmoderno y neoliberal, que se propone eterno, sin desenlace ni exterior, en el que ya no sucedería nada.


Una de las tesis que estructuran el libro, es un diagnóstico de época que describe dos características de nuestra contemporaneidad: vivimos un tiempo de aceleración que haría imposible la historia como modo de conjugar la relación entre pasado, presente y futuro; por otra parte, y vinculada con la anterior, asistiríamos a un “régimen de historicidad presentista” en el que ya no sería posible el acontecimiento en su sentido denso, moderno. Viviríamos, parafraseando al historiador Hans Ulrich Gumbrecht, en el lento colapso del presente, sin desenlace, en el que no sucede nada y todo puede ser peor.


Colocados en el final de la historia y de la vida humana como la hemos conocido y vivido, Pablo nos propone pensar la historia y la vida (también la personal) sin las coordenadas de salvación o condena, sin culpa, en contra de quienes sostienen que estaríamos en el purgatorio, en la sala de espera una solución final, que no depende de nosotros, esperando el lento colapso, como afirmara un pensador de mala prensa, en la hora actual “solo un dios puede aún salvarnos” (Heidegger), ante lo que no quedaría más que salvarse individualmente. El desafío, por tanto, y que Pablo sostiene, es pensar nuestra singularidad en clave de nosotros o el nosotros en clave de la singularidad que nos constituye.


Con relación a esto, el agotamiento de las posibilidades históricas y la vida humana con ella, hoy se abren dos estrategias, que no comparto pero nos permiten cartografiar el presente y los debates actuales: una economía política de la aceleración, con sus derivas posthumanistas o transhumanistas. Por otra, una ecología política de la desaceleración, con sus derivas colapsistas, regresivas o nostálgicas de un pasado devenido mítico.


El libro permite sostener la tesis del fin de la seguridad ontológica que caracterizó a la modernidad. La ilación moderna de los estratos temporales pasado, presente, futuro dotó de la seguridad ontológica básica para asegurar la continuidad de la vida ya que el mundo estaría ahí al día siguiente. Sin embargo, la ciencia ficción, la tecnologización del mundo, la contracción del tiempo, etc., nos permiten sostener que el futuro ya llegó (Skynet) y un algoritmo o la inteligencia artificial (oxímoron) maneja el tiempo y nuestro destino.


Quizá sea un lugar común decir que toda época se piensa a sí misma bajo el signo de la crisis. Como dicen los managers de hoy, toda crisis es una oportunidad. Sin embargo, todos los antecedentes consignados permiten suponer que nuestra crisis es sistémica: climática, ambiental, política, social, cultural, una crisis generalizada de gobernabilidad y su relación con una subjetividad ambivalente, desordenada, ingobernable. Quizá este sea el gran problema teórico y político que enfrentamos en la resistencia ante los dispositivos neoliberales, la construcción de un nuevo sujeto. Realizar una crítica de nuestro presente en clave de sujeto requiere conjugar historia y cultura, disputando la libertad, porque en ella reside la posibilidad de un nosotros que resulta del entre (Arendt), es decir, lo común anudado con lo singular, sin caer en particularismos que no son sino nuevos universalismos. Libertad y emancipación como prácticas que impliquen un nuevo sujeto y una nueva antropología.


Esta consideración es abordada en el capítulo 5 del libro, la historia como crítica de la cultura. Pensar la relación entre sujeto, cultura e historia, nos permite bordar, tejer una crítica de la cultura en clave de sujeto, considerando la temporalidad que nos brinda la historia, hacer un lugar a la diferencia, al conflicto, a lo propio ajeno, a lo otro, que se juegan en la palabra y el inconsciente. Hacer lugar al equívoco en un tiempo de tanta corrección normativa e identificaciones. Escuchar el inconsciente y el malestar para construir una nueva historia. Porque el sujeto del inconsciente es ingobernable e irreductible, y a partir del mismo es posible que se constituya una situación revolucionaria, en tanto advenir la posibilidad de una vida otra o de vivir de otro modo. Sin embargo, ¿por qué hoy no es posible vivir y pensar de un modo diferente, si toda la información y datología afirma el agotamiento y hastío con el presente? Y todo cambio o promesa del mismo es el retorno de lo mismo, y a peor, ajustes a la crisis del régimen de gobierno y al patrón de acumulación, en una dialéctica perversa de imposibilidad, de ansiedad de la espera de que suceda algo, de un “ya lo sé, pero aun así” (O. Mannoni) , que se puede resumir en la frase de una instalación la artista Jenny Holzer: “protégeme de lo que quiero” (1982, Time Square). Al deseo siempre lo sigue la decepción.


En tiempos de normatividad lingüística, cultural y de modos de vida, es vital reconocer que el habla, y especialmente el inconsciente, no pueden ser domesticados ni políticamente gobernados. Ni siquiera por la censura totalitaria de nuestro clima cultural. Es urgente volver a hablar, arriesgarse al equívoco, ante la exclusión lingüística que tiende a clausurar el sentido, pues es la puerta de entrada a otras exclusiones, políticas, culturales, modos de vida (sigo en esto a M. de Certeau, “Una política de la lengua”).


La lengua que hablamos, en la que vivimos y nos vive, como señala Freud, estamos unidos a la lengua como a nuestra piel. Por tanto, vivir sin lengua sería como vivir sin equívoco, sin inconsciente, sin vida. Y repito, no todo puede ser dicho, no todo puede ser traducido, la lengua materna es un modo de buscar y restituir al padre, tan cuestionado en este tiempo. El libro de Pablo se adentra en las disputas respecto de lo simbólico de nuestro tiempo, y le reconoce a la lengua, a la palabra su carácter de insumisa y de condición del pensamiento.


En la gubernamentalidad neoliberal ¿es posible pensar y construir otra forma o modo de relación entre poder y vida?, pregunta tramposa, porque la vida es poder, a pesar de la vida misma. Es decir, superar la imbricación entre poder-saber para, con Foucault, afirmar que el ser humano no construye ni hace la historia, sino que es un resultado contingente, lo que requiere más que pensar en el futuro, que ya llegó, sino pesar, reconstruir y problematizar ¿cómo llegamos hasta aquí?, ¿cómo llegamos a ser lo que somos? La Historia solo tiene sentido y fuerza en tanto pregunta por los problemas de nuestro presente.


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Este texto fue leído en la presentación del libro Vivir sin Lengua [Cuando el tiempo ya no hace Historia] de Pablo Aravena realizada el 19 de octubre de 2023 en la librería Alma Negra [Providencia, Santiago].


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Vivir sin lengua

Cuando el tiempo ya no hace historia

Pablo Aravena

126 pág.




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