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Los psicoanálisis y la afirmación del género


“¿Qué es un travesti? ¿cuándo te diste cuenta que eras así? ¿te sentís discriminada? ¿qué se siente al ser lesbiana? ¿cuántos casos de intersexualidad hay? ¿cómo le explico a mi hijo lo que son? (…) Y así, cientos de preguntas que nombran y producen la diferencia, las diferencias. Preguntas que exigen un saber, una revelación, una explicación, una confesión. Pero también preguntas que exhiben un saber. Se sabe, porque se aprende, que la distancia como condición de impunidad e inmunidad para hablar del otrx no se marca en la respuesta sino en la propia formulación de la pregunta” – val flores.


Esta cita de val flores (2013) es tremenda. Tremenda en su interpelación a quienes preguntan y también a quienes respondemos, especialmente desde el lugar de la psicología y los psicoanálisis. Preguntas y respuestas: alguien demanda y otrx explica; algunxs siempre preguntarán y otrxs siempre tendrán que explicar, explicarse, volverse inteligibles frente a la mirada atenta del otrx y su curiosidad a ratos pornográfica. Hasta que las preguntas se acaben, o hasta que quedemos exhaustxs, sin energías, a disposición de lo que el resto diga de nosotrxs, en nuestro nombre, sin nuestro consentimiento, incluso después de la muerte.


En los últimos años, las personas trans han sido sometidas a todo tipo de preguntas. Sí, sometidas: forzadas, obligadas, contra su voluntad. Preguntas que se sienten como un bisturí, una cama de disección o de tortura, una radiografía, un test de Rorschach, un peritaje, un informe judicial. ¿Qué eres? ¿Eres realmente trans? ¿Estás segurx? No vaya a ser que te arrepientas. Si tú sientes que eres trans, ¿por qué yo no me puedo sentir un perro o un gato? ¿Cuántos casos hay? ¿Cómo le explico esto a mi hijx, cómo evito que se confunda, que piense que también puede ser trans?


En nombre de la curiosidad, la preocupación y la comprensión – esa distancia de la que habla val flores – la existencia de las personas trans se ha vuelto objeto de debate, de sospecha y de temor. Y cuando las preguntas no son satisfechas, o cuando la invitación a debatir es rechazada y queda expuesta la violencia en su impronta deshumanizante, se les acusa de violentxs: ellxs, las personas trans, son las que no quieren debatir, lxs que imponen sus formas de vida y borran nuestra existencia; ellxs son lxs que cancelan el intercambio de ideas y no nos dejan hablar.


Cuando tu existencia se reduce a una idea o un debate, a tus genitales, al baño que ocupas y a las operaciones que te hiciste, se te deshumaniza y, como sugiere Siobhan Guerrero (2020), te conviertes en el objeto del odio, la sospecha e incluso el asco del otrx, quedando expuestx y vulnerable a la violencia. Al deshumanizarte, no se te reconoce como víctima, al contrario. Negarse a responder y participar del debate es así resignificado por la audiencia cisgénero como una agresión, un gesto violento, una cancelación. Y el aprendizaje es claro: si no eres humanx, si no eres inteligible ni clasificable dentro de los parámetros que establece la cis-heteronorma[1], no puedes ser agredidx, no tienes derecho a serlo ni exigir reparación por ello. O como diría ALOK: “éstas son [también] lecciones de gramática: algunxs de nosotrxs solo tenemos permitido ser pensadxs por otrxs, nunca pensar por nosotrxs mismxs”, incluso cuando se trata de denunciar la violencia y los ataques trans-odiantes.


La existencia, humanidad y dignidad de una persona no son cuestiones opinables. Visibilizar la violencia de tu pregunta y hacerte responsable de sus efectos no es cancelarte ni silenciarte. Porque tal como dice Travis Alabanza (2022), tu “comprensión no es un pre-requisito para que nosotrxs existamos”. Porque al contrario de lo que muchxs piensan, las identidades trans no son una moda ni se contagian, tampoco son un fenómeno reciente ni una invención de las redes sociales (y la evidencia es contundente y ha estado ahí siempre!)[2]. Y aquí es donde nosotrxs trazamos un límite ético: no toda pregunta vale, no todxs estamos igualmente posicionadxs para responder, ni todxs somos igualmente escudriñadxs. Y, por sobre todo, no siempre tenemos que responder. No responder puede ser una forma de hacer frente a la violencia, de ponerle límite, de cuidar y honrar la propia existencia, el nombre propio, nuestro cuerpo, nuestra identidad. Es también el ejercicio que hacemos cuando llevamos esas preguntas a nosotrxs mismxs, nuestrxs hijxs, nuestrxs amigxs—¿qué eres? ¿eres realmente cis? ¿estás segurx? ¿cuándo te diste cuenta? Etc. Probablemente nos resultaría absurdo, sin sentido, una falta de respeto. Esa claridad: que nos ayude a no responder, a evitar preguntas que son violentas.



En defensa de la afirmación: una propuesta

Tener en cuenta estos planteamientos se vuelve hoy crítico para la clínica, especialmente en lo que atañe a los psicoanálisis y lxs analistas cisgénero, específicamente quienes nos planteamos desde una posición despatologizante, afirmativa y respetuosa de los derechos humanos de las personas (tres principios inseparables!).


Estamos hoy en medio de una disputa que es ética y política, donde la salud afirmativa y la existencia de las personas trans y no binarias está siendo brutalmente asediada: desde el aparato estatal, el saber disciplinar y ciertos feminismos; e, incluso, desde profesionales que se declaran progresistas y en contra de una práctica clínica que sirve a la normalización y la estandarización, al “saber explicativo”, como dice val flores.


Pero, ¿qué decimos cuando decimos afirmación de género? ¿Cómo pensar la afirmación cuando se trata de los psicoanálisis? Shon Faye (2022) lo explica de la siguiente manera: “El género es una de las primeras cosas que preguntamos y buscamos o intuimos en una persona. Los hombres y las mujeres cis tienen la enorme ventaja de no haber sido pensadas nunca como personas que se equivocan, se engañan o quieren engañar a otras sobre un hecho tan fundamental de su condición humana”. Y esa ventaja está a la base de lo que hemos ido comprendiendo como el trabajo de la afirmación de género desde nuestra experiencia como profesionales cis. Ese reconocimiento, que es relacional (aunque se nos olvide), inaugura dicho trabajo; es el punto de partida que hace posible el encuentro genuino con le otrx. Porque como señala Tobias Wiggins (2021), nuestro género como personas cis es constantemente afirmado: nos movemos con una “línea base” que garantiza que seamos siempre vistxs en conformidad con nuestro género y las normas culturales que regulan su expresión. Y nos da algunas pistas: “quizás un enfoque psicoanalítico afirmativo es aquel que reconoce… el trauma del no reconocimiento. Tal vez la afirmación muestra que existe cierta sensibilidad y toma de conciencia de los efectos de la transfobia [por parte de lxs profesionales de salud mental], la cual facilita cierta apertura” para conversar sobre esto, para que nos encontremos, para que podamos hacer preguntas.


Cuando no reconocemos esa ventaja a la que nos referíamos antes, la actuamos como transfobia en la contratransferencia, en nuestros vínculos terapéuticos e institucionales. Como respuesta, el psicoanalista Griffin Hansbury (2017) propone desviar la mirada sobre el paciente trans, objeto habitual de la mirada reguladora profesional, para preguntarnos qué ocurre con lxs analistas y terapeutas cis que se encuentran con una persona trans en la consulta. ¿Qué ocurre cuando es el monstruo el “que se levanta del diván y toma la palabra”? (Preciado, 2020). El giro aquí es epistemológico y técnico: mucho de lo que el psicoanálisis cree saber sobre las personas trans ha sido escrito desde esa posición ventajosa, escasamente interrogada. En ese sentido, dicha ventaja tiene una historia que es importante rescatar: “Durante más de un siglo de historia escrita por psicoanalistas cisgénero sobre pacientes trans, comenzando en 1911 con el análisis aplicado de Sigmund Freud sobre el juez alemán Daniel Paul Schreber, lxs clínicxs han revelado sus actitudes y prejuicios a medida que daban forma a las narrativas psicoanalíticas sobre las personas trans”. Y son esos los relatos que han sedimentado nuestros aprendizajes sobre el género y las identidades trans: contados por personas cis, para personas cis.


Lo que sabemos, entonces, dice mucho más de nosotrxs y el marco ideológico psicoanalítico que de las personas trans y sus necesidades de salud. Y es en este punto donde nos parece que no podemos restarnos: como psicoanalistas y profesionales psi, debemos renunciar al poder de dar existencia a un otrx; de ser sus guardianes y custodixs. Es un imperativo ético. Un llamado a trabajar nuestras propias ansiedades de género, aquellas que se vuelven impensables y terminan proyectándose sobre los cuerpos y subjetividades trans, quienes hacen de contenedores del terror que nos produce imaginar la caída del binario de género, esa base que nos sostiene, que nos afirma y que le da continuidad a nuestra experiencia como personas cis (Hansbury, 2017; Alabanza, 2022).


Desde aquí, el trabajo de Maggie Nelson (2018), y en especial su maravilloso libro “Los Argonautas”, nos ha ayudado a pensar estos asuntos, proponiendo ciertas orientaciones, no certezas ni seguridades, para perdernos y revisitar lo que sabemos. Dado que el lenguaje no alcanza para todxs (por su incompletitud, al modo de Wittgenstein, pero también porque ha sido construido por algunxs), Nelson se pregunta qué podemos decir, si debemos decir algo, y cómo podemos pensar todas estas experiencias de vida que hacen explotar nuestros imaginarios y certezas sobre lo que es ser humano, hombre, mujer, familia o pareja. Y nos invita a seguir adelante, ya que “no vamos a castigar a una red por tener agujeros” señala, vamos a hacer lo que podamos, porque no pretendemos un pensamiento sin agujeros (en eso nos mantenemos psicoanalistas). Sin embargo, y esto es importante, para hacer este trabajo debemos incluir en la ecuación las ansiedades del mundo cis y dejar de poner los cuerpos trans y sus existencias bajo el microscopio del estructuralismo y el biologicismo que esconden la posición de enunciación aquella ventaja de la que nos habla Shon Faye y limitan la posibilidad de la transformación.


Para eso, y citando a Zewig, Maggie Nelson propone pluralizar y, al mismo tiempo, especificar. En la metapsicología, es importante pensar en el más que en el uno, salirse de la experiencia individual. Y pluralizar es pensar en más que uno, más que cien. Pero, y esta es la paradoja, al mismo tiempo debe permanecer finito, porque la experiencia humana lo es: quien está hablando frente a nosotrxs, quien trae el material sobre lo que pensaremos es un ser humano. Unx. Y probablemente sufre (y disfruta, se divierte y tiene alegrías que contar!).


Frente a ese malestar, la invitación es a especificar. Las personas son diferentes entre sí. E incluso, como nos lo recuerda Wiggins, para todxs el género es no conforme, y esa fantasía de conformidad, certeza y alineamiento es la que nos tiene entrampadxs a todxs, no solo a las personas trans. Es más, sabemos que nuestros cuerpos tienen significados distintos para diferentes personas. Toda experiencia corporal puede adquirir un significado novedoso si traemos escenas de la vida cotidiana y particular de cada quién. Sólo abrazando la repetición de lo mismo particular (una y otra vez, hasta el hartazgo) podemos ver cómo se produce lo nuevo, el cambio en la repetición. De esto sabemos lxs analistxs y analizadxs.


Finalmente, Maggie Nelson nos desafía a tomar posición, ese posicionamiento del que fue testigo Paul B. Preciado en su propio proceso terapéutico, ya que para él “el éxito o fracaso de mis análisis dependió en gran medida no de la lealtad de los analistas a Freud, Klein o Lacan, sino, por el contrario, de su ‘infidelidad’ o, para decirlo de otro modo, de su creatividad, de su capacidad para salir de la ‘jaula’”. Y es frente a esa jaula, a las jaulas de nuestros marcos conceptuales y sus efectos que no podemos mantenernos silentes o en una ilusión de neutralidad que no es tal y que al ser invocada como límite a nuestro quehacer sólo expone su carácter defensivo y sintomático. Parafraseando a Sara Ahmed (2015), toda vez que la psicología y los psicoanálisis proscriben aquello de lo que se puede pensar y decir en nombre de la neutralidad, estamos presenciando un mecanismo de poder: ¿a quiénes le sirve nuestro silencio y nuestra complicidad? ¿A quiénes protege la neutralidad, la abstención?


Los psicoanálisis no pueden avanzar en su pensamiento si no es desde la clínica, ese es su origen y destino, la pluralidad específica de la clínica. Como nos advierte Hansbury, sólo al aflojar el control sobre la sobrepreocupación analítica por la etiología y la conformidad de género; al alejarnos de la pregunta, tantas veces violenta, ¿Por qué trans? y dar paso a la pregunta ¿Cómo trans?, los psicoanálisis y lxs terapeutas en general comenzaremos a analizar nuestras propias reacciones transfóbicas, esas angustias impensadas que nos protegen y que actuamos violentamente sobre otrxs.


Tomás Ojeda y Trinidad Avaria

Colectivo Trenza

Tomás Ojeda: Doctor en Estudios de Género e investigador postdoctoral en el Centre for Transforming Sexuality and Gender de la Universidad de Brighton.

Trinidad Avaria: Magister en Psicología Clínica Universidad de Chile y Cofundadora Colectivo Trenza @trenzacolectivo



Referencias

Ahmed, Sara. 2015. “You Are Oppressing Us!” Feministkilljoys. Febrero 2015.

https://feministkilljoys.com/2015/02/15/you-are-oppressing-us/.

Alabanza, Travis. 2022. None of the Above. Reflections on Life Beyond the Binary. Canongate.

Ashley, Florence. 2020. “Homophobia, Conversion Therapy, and Care Models for Trans Youth: Defending the Gender-Affirmative Approach.” Journal of LGBT Youth 17 (4): 361–83.

https://doi.org/10.1080/19361653.2019.1665610.

Faye, Shon. 2022. Trans. Un Alegato Por Un Mundo Más Justo y Más Libre. Traducido por Rosa María García. Blackie Books.

flores, valeria. 2013. Interruqciones. Ensayos de Poética Activista. Editora La Mondonga Dark.

Gill-Peterson, Jules. 2021. “Transgender Childhood Is Not a ‘Trend.’” The New York Times. Abril 2021. https://www.nytimes.com/2021/04/05/opinion/transgender-children.html.

———. 2022. Historias de La Infancia Trans. Traducido por Javier Sáez del Álamo. Bellaterra Edicions.

Gozlan, Oren, Jordan Osserman, Laurel Silber, Hannah Wallerstein, Eve Watson, and Tobias Wiggins. 2022. “Transgender Children: From Controversy to Dialogue.” The Psychoanalytic Study of the Child 75 (1): 198–214. https://doi.org/10.1080/00797308.2021.1975462.

Guerrero, Siobhan F. 2020. “Enlacémonos. Entrevistas en torno al Feminismo Radical y al Transfeminismo.” No es Normal. Septiembre 2020. https://cerosetenta.uniandes.edu.co/enlacemonos-entrevistas-en-torno-al-feminismo-radical-y-al-transfeminismo-siobhan-f-guerrero/.

Hansbury, Griffin. 2017. “Unthinkable Anxieties. Reading Transphobic Countertransferences

in a Century of Psychoanalytic Writing.” TSQ: Transgender Studies Quarterly 4 (3–4): 384–404. https://doi.org/10.1215/23289252-4189883.

Nelson, Maggie. 2018. Los Argonautas. Tres Puntos Ediciones.

Preciado, Paul B. 2020. Yo Soy El Monstruo que os Habla. Informe Para Una Academia de Psicoanalistas. Anagrama.

Radi, Blas. 2020. “Notas (Al Pie) sobre Cisnormatividad y Feminismo.” Ideas. Revista de Filosofía Moderna y Contemporánea, no. 11: 23–36.

http://revistaideas.com.ar/wp-content/uploads/2020/06/dossier-feminismos-1.pdf.

Serano, Julia. 2023a. “All the Evidence Against Transgender Social Contagion.” Medium. Febrero 2023. https://juliaserano.medium.com/all-the-evidence-against-transgender-social-contagion-f82fbda9c5d4.

———. 2023b. “Explaining Assigned Sex Ratio Shifts in Trans Children.” Medium. Febrero 2023.

https://juliaserano.medium.com/explaining-assigned-sex-ratio-shifts-in-trans-children-12c6d01903a3.

Vaid-Menon, Alok. 2020. “Grammar Lessons.” En Your Wound/My Garden.

https://www.instagram.com/p/CoArtQ2ufyH/.


Notas [1] La cis-heteronorma refiere a las prácticas y discursos que privilegian aquellos cuerpos y subjetividades que se alinean y conforman con las expectativas culturales cisgénero y heterosexuales. Siguiendo a Blas Radi (2020), la cisnormatividad, por su parte, es una categoría analítica que hace visibles las creencias sobre sexualidad y género que pasan como sentido común y que esconden su carácter ideológico. [2] Recomendamos leer el tremendo trabajo que hace Jules Gill-Peterson en su libro Historias de las infancias trans (2022); sobre el mito del contagio, el trabajo y la crítica de Julia Serano (2023a, 2023b) ha sido clave, así como también lo que ha investigado Florence Ashley (2020) en relación a la afirmación de género.

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