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 “Piel de asno”: el temor femenino clásico


“Los despojos del asno son un disfraz admirable. Escondeos bien bajo esa piel repugnante , pues nadie creerá jamás que oculta algo tan bello”

Charles Perrault

 

“Piel de asno” es parte de una serie de cuentos reunidos por Charles Perrault en el libro Cuentos de antaño, publicado en el año 1697.  Está escrito a partir de la recolección de los numerosos cuentos y relatos de la tradición oral francesa y también de su propia autoría inspirada en ellos.

 

En Francia, “Piel de asno” es un cuento popular, como Caperucita roja o Cenicienta; incluso en 1970 Jaques Demy realizó una versión cinematográfica del relato, dónde vemos nada menos que a Catherine Deneuve como su protagonista. La película resulta interesante, puesto que en un estilo hilarante y barroco pone de relieve la temática de la sexualidad,  destaca la importancia del tercero (el hada madrina) y del desarrollo psíquico (elaboración mental ) implicado en la madurez sexual.

 

Por el contrario, para quienes crecimos en Latinoamérica, la historia de “Piel de asno” no tiene la familiaridad que tuvo y tiene el cuento de Caperucita roja. Intuyo que en estas latitudes la censura no toleró que la figura temida y deseada del padre no apareciera desfigurada en el personaje del lobo, y mucho menos que la transgresión a la prohibición del incesto fuese el tema central de la historia.

 

Vamos al cuento: la historia narra la vida de una princesa que, frente a la pérdida de su madre cuando pequeña, crece sola junto a su padre, un rey melancolizado por el duelo debido a la muerte de su esposa idealizada. El conflicto central se produce cuando la protagonista crece y en su adolescencia se transforma en una joven hermosa y atractiva. El padre, que había prometido en el lecho de muerte a su cónyuge moribunda que no se casaría con nadie, a menos que fuse una mujer más hermosa y bella que ella, ve cómo su hija se ha convertido en la candidata perfecta para reemplazarla.

 

Como suele ocurrir en los cuentos y en los mitos, las promesas se transforman en vaticinios y muchos transitan pronto a la tragedia, entonces vemos cómo la chica se debate entre el amor filial hacia su padre y el horror frente a éste hombre, que parece despertar de la melancolía con un arranque de amor apasionado por ella. Aterrorizada, no sabe cómo escapar de la posibilidad del incesto.

 

Un hada madrina (la mujer experimentada que ayuda a la jovencita) le dice que para no dañar al padre rechazándolo, debe ser estratégica para, sin hacerlo sufrir, impedir que él cumpla su anhelo. Le aconseja que realice peticiones imposibles de cumplir a cambio de su entrega amorosa. Como se trata de un cuento y la locura es omnipotente, es decir, no considera los límites que impone la realidad, el rey logra conceder todos los deseos extravagantes que le pide su hija, como por ejemplo que le regale un vestido con el color del sol.

 

Frente a la audacia del rey, la princesa planea junto al hada pedirle el único sacrificio al que imaginan no estará dispuesto: que mate a su adorado asno, que tiene la particularidad de defecar monedas de oro. Pero el rey está tan enceguecido por el deseo, que manda a asesinar a su mascota y la princesa asume que no queda otra alternativa que huir, escondiéndose bajo la horrible y repelente piel del asno muerto: de ese modo nadie la reconocería y todos se alejarán con rechazo por su apariencia repugnante.

 

Tras un largo periplo, la muchacha sobrevive escondida en una granja y en difíciles circunstancias, hasta que de pronto surge la esperanza. Como era de esperar para la época –y porque el género literario del cuento, a diferencia del mito, culmina con un final feliz–, la redención se produce a través de un príncipe y su amor.

 

Para resumir, el príncipe ve en una ocasión a la princesa sin el ropaje andrajoso, se enamora perdidamente de ella y logra encontrarla gracias a un anillo diminuto que astutamente la princesa deja caer con esa intención en un pastel horneado para él. El anillo sólo le queda bien a su dueña, porque sólo “Piel de asno” posee un dedo tan delgado (el imaginario de la princesa suele ser la belleza y la fragilidad ). Luego de que cientos de jovencitas intenten ponérselo infructuosamente (similar al zapato de Cenicienta), los jóvenes príncipes terminan por casarse y viven felices para siempre.

 

El cuento tiene un final feliz, la muchacha se ha hecho mujer, se casa con un joven de su edad y el rey padre que ya no está loco de pasión por ella, celebra esta unión. Es decir, se produce la salida exogámica fundamental en el deseo amoroso y quedan establecidas las diferencias entre las generaciones, sustento de nuestro orden civilizatorio.

           

Como todo buen clásico, el cuento admite diversas lecturas. En una primera aproximación, inspirada en el psicoanálisis, sabemos que el Edipo constituye una marca central en nuestra constitución psíquica; en ese contexto, el cuento escenificaría tanto el deseo como el temor a la realización del deseo edípico de poseer y ser poseída sexualmente por el padre. La chica, por proyección, siente que su padre la desea y no le queda más remedio que huir. Todo esto está exacerbado por la ausencia concreta de la madre, y por el cambio corporal que implica la pubertad, en el sentido que por primera vez ese anhelo sexual edípico sería potencialmente posible, porque en la adolescencia el acceso a la genitalidad posibilita el acto sexual.

 

También es posible hacer una lectura crítica, desde un cierto feminismo, que denuncie, sin mayor esfuerzo de exégesis, cómo estos cuentos tradicionales replican la idea convencional y estereotipada de la mujer como un ser puro y frágil, que requiere de un príncipe para ser feliz.

 

Pero la lectura que me interesa relevar en este texto es la vigencia que tiene el sufrimiento de la princesa en “Piel de asno”, para quienes ejercemos la práctica analítica con adolescentes.  La lectura de este cuento pareciera resonar en nosotros, como cuando escuchamos una melodía que nos resulta familiar.

 

La historia arroja luz en aspectos tan centrales de la constitución psíquica femenina, que tras varios movimientos feministas y cambios culturales paradigmáticos, hay algo que persiste, una especie de huella, de una vivencia temprana, plasmada en el cuerpo de las chicas, del horror y sorpresa frente a “la mirada masculina deseante” (Emilce dio Bleichmar, 1997) cuando estrena su nuevo cuerpo, aquél que de un momento a otro aparenta ser el de una mujer adulta, cuando en realidad todavía no lo es.

 

¿Cómo se oculta piel de asno hoy en día? ¿Cuál es la utilidad de recurrir al recurso literario del cuento clásico para iluminar el funcionamiento psíquico y la conflictiva de las adolescentes en la actualidad?

 

“Piel de asno” hoy existe, y no es una excepción. Su disfraz puede adoptar diversas formas, y estilos, pero en su juego con las apariencias, la chica púber busca encubrir la ambivalencia frente a ese cuerpo nuevo.

 

“Piel de asno” es la  adolescente que no puede parar de comer y sufre por una gordura que la avergüenza y que luego erige como causa para restringir las interacciones sociales y los vínculos sexuales. “Piel de asno” es la chica que ha adelgazado tanto que perdió la menstruación y en su apariencia ya no hay rastro de las curvas que caracterizan un cuerpo femenino.

 

“Piel de asno” es la adolescente que se llena de tatuajes y piercing que con su apariencia ruda pretende ocultar cualquier rastro de vulnerabilidad. “Piel de asno” la chica que se autoinflige cortes, para descargar afectos irrepresentables e intentar apropiarse de un cuerpo que le resulta extraño y amenazante.

 

Todas ellas sufren  con mayor o menor malestar por este nuevo cuerpo, uno que ahora por la menstruación sangra todos los meses, que tiene una cavidad susceptible de ser penetrada, que se ensancha adoptando formas sinuosas y que experimenta nuevas sensaciones, generando desconcierto, placer y malestar.

Sabemos que la adolescencia es difícil para varones y chicas, pero en las muchachas púberes el malestar adopta una forma en particular. Lo que “Piel de asno” muestra es que para las chicas el conflicto con el cuerpo se juega en el plano intersubjetivo, porque en el momento en que adopta  las formas de una mujer (en apariencia porque toma tiempo y trabajo transformarse en una mujer adulta), se encuentra con la mirada masculina deseante del otro, que inaugura el cuerpo como objeto de deseo, un atributo capaz de provocar un deseo (deseo que puede ser loco y transgresor) sin haberlo previsto o buscado (en un inicio es así, luego la chica aprenderá, bien o mal, a desenvolverse en el mundo con ese cuerpo)

Y esta es una complejidad del desarrollo femenino, porque se instala la experiencia de ser un objeto deseado prematuramente, es decir antes que la chica tome conocimiento de su propio deseo, y antes que logre apropiarse de él.  

Esta particularidad se une a otro aspecto,que me parece central y al que considero deberíamos prestar mayor atención: la dificultad en las mujeres para lidiar con su capacidad para la agresión, reforzada culturalmente y anclada en la evidente diferencia de fuerza física de las mujeres respecto a los hombres (esta asimetría de entrada entre hombres y mujeres, es una idea que hemos pensado y trabajado con mi amiga y colega Mónica Vergara).

 

Considero que esta dificultad para expresar la agresión en forma directa, ha llevado a las mujeres a tener que usar diversas artimañas para lidiar con la rabia, con la consecuencia compleja de terminar muchas veces en actitudes masoquistas, desvitalizadas o atacando su propio cuerpo. Cuando hablo de agresión estoy pensando en aquella necesaria fuerza vital, aquella que está al servicio de la defensa y la expresión de los deseos y no a la violencia que está al servicio de la destrucción.

 

Las mujeres sabemos que así como lo hizo “Piel de asno”, muchas veces la única defensa ha sido la huida y que los disfraces sintomáticos nos hacen sufrir, pero funcionan como “formaciones de compromiso”, soluciones a medias para lograr sostenerse en un mundo complejo y poder habitar en el conflicto.

 

Las mujeres compartimos que, a pesar de estar en el 2024, tal como lo hace el hada madrina en el cuento, hemos escuchado y mal aconsejado cientos de veces que es mejor ser estratégicas para rechazar a un hombre, no por cobardía o sumisión, sino porque sabemos que el orgullo herido de un hombre y la misoginia pueden ser peligrosa, y pueden terminar en malos ratos, acoso laboral o derechamente en asesinato.

 

Por último, pienso que sería fantástico que el cuento de “Piel de asno” tuviese un final distinto. En vez de una celebración de matrimonio, imagino a la princesa armando su propio proyecto vital, renunciando a la monarquía, o simulando un suicidio, para huir vestida de monja como ocurre en Mathilda, la  aguda y poco conocida versión novelada del cuento, escrita por Mary Shelley.

 

Pero resulta absurdo pedirle enseñanzas explícitas a la literatura y además si le quitamos el glamour de la aristocrática (Angela Carter ironiza al respecto diciendo que este gusto por la vida de los reyes persiste hasta nuestros días, como acredita la atención que despierta las vicisitudes de la monarquía británica). Para los psicoanalistas el “encuentro con otro”, en su radical diferencia, representa un logro fundamental en la existencia, porque requiere de un largo proceso de integración afectiva y mental que, sumado a la experiencia de una sexualidad gozosa, pareciera motivo suficiente para celebrar.

 


CATHERINE DENEUVE EN LA VERSIÓN DE JACQUES DEMY DE PIEL DE ASNO 1970
PIEL DE ASNO [GRABADO] - GUSTAVE DORÉ

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