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Marcelo Casals: "Hay una disputa para centrar la rememoración en la UP y no en la dictadura"


Marcelo Casals es historiador y académico de la Universidad Finis Terrae [Chile]. Acaba de publicar Contrarrevolución, colaboracionismo y protesta. La clase media chilena y la dictadura militar, un libro que busca responder la pregunta de cuál es la base social de la dictadura militar chilena, en qué imaginarios se sostenía esa base, y a partir de qué identidades se construyó. Con una metodología poco habitual, el autor aborda la dictadura sin visitar a los de arriba ni a los de abajo, ni la represión estatal ni las formas de resistencia. Su foco principal es la clase media y su lugar en la dictadura: “la dictadura desde el día 1 logró construir una especie de memoria contrarrevolucionaria, muy antimarxista y anticomunista”.

Contrarrevolución, colaboracionismo y protesta. La clase media chilena y la dictadura militar está entre los imprescindibles que hay que leer a propósito de los 50 años del golpe de Estado, ¿De qué se trata el libro?

El hecho de que haya salido publicado este año fue una casualidad, no fue algo que planifiqué. El libro está basado en mi tesis doctoral que defendí el 2017. Reescribí, y me demoré varios años en eso. La vida académica no crea mucho espacio para hacer este tipo de cosas. Después están los tiempos de edición que tienen su lógica, se juntaron cosas y eso hizo que su publicación fuese este año, una buena casualidad que haya salido este año de conmemoración de los 50 años del golpe de Estado. ¿Qué viene a investigar este libro? Mi pregunta original de la investigación fue sobre la base social en la dictadura: en qué medida existía o no, cómo se comportó y quiénes la componían.


¿No se había investigado antes?

No completamente. Sí ha habido investigaciones que abordan estos asuntos, sea en el caso chileno como en otras dictaduras de América del Sur. Pero, para el caso chileno, mi sensación era que algo faltaba. Porque las bases sociales de apoyo estaban investigadas sobre todo a partir de las iniciativas estatales: qué había hecho la dictadura para organizar, crear o mantener una base social. Investigaciones sobre las secretarías nacionales, la juventud, etcétera. Ese tipo de cosas que por supuesto me han resultado muy útiles para hacer este libro, pero no era lo que yo quería abordar. Después, en el proceso de investigación, me di cuenta que la clase media como categoría, como puerta de entrada y no la clásica investigación, sobre los de arriba hacia abajo, o desde el aparato estatal hacia la sociedad, sino desde otro lugar, me servía para entender dinámicas de construcción de bases sociales a favor de la dictadura, y por supuesto ahí me di cuenta que eso no se explicaba sino atendiendo también a la experiencia de la Unidad Popular y al gobierno de Salvador Allende.


¿Cuáles fueron las condiciones que permitieron la radicalización de estos grupos?

La clase media surge a partir de organizaciones sociales que se desarrollaron durante el siglo XX en Chile y que de una u otra forma asumieron como representantes de la clase media: comerciantes, camioneros, profesionales, empleados, en fin, que desarrollaron sus propias organizaciones que, en su época, si fueron muy influyentes y tenían mucha visibilidad social.

Es a partir de estos grupos en que me inmiscuyo en el mundo social y cultural de la clase media. A estos grupos lo que más les interesó, sobre todo desde los años 30 en adelante, era influir en el aparato estatal, influir en la generación de leyes, de políticas públicas y muchos de estos grupos lo lograban hacer de manera relativamente exitosa. Los colegios profesionales, por ejemplo, tenían una altísima influencia en el congreso, a través de contactos con partidos políticos de diferentes denominaciones.


¿Te refieres a influencia política?

Hubo armonía cuando los distintos gobiernos lograron conectar y construir canales de negociación y comunicación con estos grupos. Eso, por supuesto, dicho de manera muy esquemática. Lo que sucedió con la UP es que al principio esos canales se mantuvieron, y Allende estaba muy consciente de que un aspecto central de la estrategia de la vía chilena del socialismo era mantener el apoyo de estos grupos. Porque se necesitaba construir mayorías políticas electorales para construir el socialismo en democracia. Ese era uno de los aspectos centrales de la estrategia de Allende.

En el libro hablas de “luna de miel” entre estos sectores y la UP.

Sí, hay una especie de luna de miel al principio del gobierno, dado que Allende está muy consciente de que hay mantener estos canales. Sin embargo, hacia 1971 el asunto comienza a cambiar, sobre todo porque la revolución de la UP se vive de una manera distinta a lo que pensó Allende. Hay un desborde popular, las políticas de nacionalizaciones avanzan mucho más rápido de lo que Allende hubiese querido, lo mismo en el sector agrario, porque la Reforma Agraria avanza mucho más rápida y se multiplican los conflictos. Incluso en su misma coalición de gobierno. Por cierto, existían sectores que buscaban radicalizar el proceso, y que no necesariamente estaban en la misma vía de construir el socialismo en forma democrática.

Estos conflictos, por supuesto, empiezan a alejar a estos sectores de clase media, que sienten que hay una amenaza a su distinción social, incluso de su propia existencia como grupo. Sienten, y así lo dicen una y otra vez, que el proyecto de la UP es destruir a la clase media porque el gran temor de estos grupos es no ser capaces de distinguirse de sectores obreros o sectores populares. Es el gran miedo hasta hoy de alguien de clase media, volver o no ser capaces de diferenciarse de ese mundo popular.


En el libro marcas dos hechos, primero un fuerte apoyo iniciada la dictadura militar de un 58% y luego el plebiscito de salida con un 44%, ¿Hubo cambios en los sectores de clase media con los 17 años de dictadura?

Sí, lo de los niveles de apoyo iniciales es un cálculo muy esquemático y seguramente incorrecto, que se basa solamente en el apoyo a la oposición a Allende en la última elección de marzo de 1973 y que no indica necesariamente que la totalidad de las personas que votaron por la oposición en esa elección haya apoyado después la dictadura. Pero, de todos modos, sino es la mayoría que está cerca de eso, es la mitad al menos de la población en ese momento. Efectivamente durante 17 años de dictadura ocurren muchas cosas, pero hacía finales del régimen, la dictadura logra mantener un apoyo significativo.

Aunque estos apoyos son diferentes, porque yo creo que -y esto fue algo que explotó la dictadura desde el día 1- logró construir una especie de memoria contrarrevolucionaria, muy antimarxista y anticomunista que penetró. Que respondía incluso a ideas imaginarias que existían desde antes.


¿A qué te refieres?

Los camioneros, por ejemplo, que mantienen la adhesión a la dictadura, por la pervivencia de esta memoria contrarrevolucionaria donde además, según su relato, tuvieron un rol central en la derrota del marxismo. Es una afirmación casi identitaria que va en contra incluso de sus intereses económicos más inmediatos. Pero me atrevería a decir que la mayoría de la clase media organizada, la que pertenecía a gremios o a otras organizaciones, se inclina por la oposición. Sobre todo, por la oposición a la Concertación, porque ahí sucedió algo especial. Al emerger la Concertación como opción política a finales de los '80, esta se convirtió en la forma de ser opositor a la dictadura sin la necesidad de ser marxista.

Es por eso que la Concertación chilena tuvo ese nivel de apoyo y ese éxito en el '88 y después en el '89. La mayoría de estos grupos de clase media, para finales de los '80, estaban muy inscritos dentro de esa estrategia política. Incluso, en muchos casos, los dirigentes de esos grupos eran militantes de partidos de oposición moderada.


Dijiste que lo económico es el principal debilitamiento de la clase media.

Las reformas económicas son la principal razón de la transformación política de estos grupos de clase media, que pasaron del apoyo de la dictadura a la oposición. Lo que pasó fue lo siguiente: las reformas económicas de la dictadura fueron pensadas, diseñadas y legitimadas como reformas científicas, que no obedecían a ningún grupo de presión. Reformas que no deberían ser negociadas, precisamente lo opuesto a lo que sucedía antes en formación de políticas públicas. Al mismo tiempo, algo que no es novedad, pero las reformas económicas generaron transformaciones institucionales, culturales, sociales y materiales enormes, de una profundidad que es difícil de describir.

Sobre todo, en los años '70, la contracción del aparato estatal, un increíblemente alto costo social que pagaron mayoritariamente sectores populares, la desestabilización del Estado como la idea central desde la cual se construía la clase media, la mercantilización de derechos sociales, etcétera. Todo esto genera unos niveles de transformación únicos en el siglo XX y esto afecta profundamente a los grupos de clase media.


¿En qué medida?

Es que la dictadura apunta a la destrucción del edificio institucional en que se apoyaba la reproducción de estos grupos, incluso con transformaciones institucionales legales de mucha relevancia. Entre muchos otros ejemplos, está la decisión de la dictadura, en 1981, de eliminar los colegios profesionales, por lo menos como se entendían hasta ese momento. Lo que los obliga a convertirse en lo que son hasta el día de hoy: asociaciones gremiales, cuestión que eliminó muchas de sus facultades y privilegios, por ejemplo, la obligatoriedad de la colegiatura. Es decir: cuestiones que los hacía muy influyentes. Entonces, por supuesto que hacia los años '80 hay una baja de las influencias de la clase media organizada. Se transformaron las instituciones que habían hecho florecer a esta clase media organizada a mediados del siglo XX.


¿Qué observas de la clase media y este momento de Chile y, el plebiscito de entrada y de salida para una nueva constitución?

No es extraño que donde se mantuvieron más firmemente las identidades de clase, donde hay una conciencia más acabada de intereses de clase sea en la clase alta. Ahí las cosas están perfectamente claras y la gente no se engaña al respecto. Saben bastante bien quienes y cómo pueden defender sus intereses, que se equivoquen en eso ya es otra cosa, pero hay una consciencia grupal mucho más homogénea. Pero de ahí hacia abajo el asunto es mucho más complicado.

Yo no creo que la clase media, como identidad social, haya jugado un rol relevante en el estallido social. Sí hay una serie de promesas incumplidas, algunas de las cuales yo creo que tienen relación con alguna expectativa de vida de clase media. Por ejemplo, mi familia se endeuda para ir a la universidad, y eso después no se cumple y al no cumplirse esas expectativas y obviamente la acumulación de rencores que explotaron de la manera en que explotaron.


¿Y el plebiscito?

Yo no tengo una explicación tan acabada sobre el cambio radical entre el plebiscito de entrada y de salida. Por supuesto que podría decir algunas cosas bastante obvias, como la influencia de la sensación de inseguridad, la crisis económica, la inflación, cuestiones que hacen que las preocupaciones cotidianas no sean aquellas más abstractas de una Constitución, sino de algo más inmediato, de asegurar condiciones de reproducción social aquí y ahora, de llegar a fin de mes. Pero ese es el contexto, cosa que no explica una voltereta electoral a ese nivel, que fue muy, muy grande.

Para mí esto guarda más relación con la crisis del Estado oligárquico de los años '20 o '30, antes que con el golpe o la dictadura. Desde que fue electo Alessandri el año '20 hasta que hubo otro orden establecido, podría ser con el inicio del Frente Popular, pero para esto pasaron 18 años, en los cuales sucedió de todo, una dictadura, Ibañez, el levantamiento de la Escuadra, la República Socialista. Es una época de inestabilidad bien radical y con un cambio político también muy fuerte de lado a lado. Creo que, con las diferencias del caso, estamos viviendo algo similar, una crisis esperando que se establezca otro orden, otro orden que se consolide como tal. No sé por supuesto cuál va a ser ese orden. No tengo idea. Pero estamos viviendo esta época de volteretas políticas, puede que nos queden unos años más de esto.


¿Qué orienta a las izquierdas en este momento?

Creo que para las izquierdas que existen realmente, su gran problema no es necesariamente conectar con un sentimiento de clase media sea como sea que la definamos, sino su casi nulo arraigo a sectores populares, fuera de la capital, sobre todo, aunque en las capitales también. Si uno ve la distribución regional del último plebiscito, Santiago más o menos que se salva, pero fuera de la RM es un desastre mayor, mayúsculo, incluso en regiones que tenían una tradición electoral de izquierda, el norte o Magallanes.

Mi impresión es que hay un problema de corte ideológico, doctrinario-social en quienes componen esta izquierda, que vienen de sectores más acomodados, de clase media urbana ilustrada profesional, con un discurso muy paternalista en muchos casos: o sea la gente votó lo que votó porque es tonta, porque la engañaron. Ningún atisbo de una explicación un poco más compleja del fenómeno y esto es un problema de corte ideológico cognitivo. No hay discusiones ideológicas hoy día en la izquierda. No hay lugares donde se dé esa discusión, revistas o qué se yo.

Antes de hablarles a las clases medias, sea como sea que la entendamos, hay una urgencia de otro orden, pero creo que va a llevar mucho tiempo antes de que exista esa conciencia y en que se armen esas condiciones.


¿Por qué hiciste un paralelo entre el plebiscito de salida de la dictadura y las últimas elecciones presidenciales?

Hay una cuestión de casualidad, que los porcentajes de voto hayan sido casi exactamente los mismos, aunque más en serio hay una cuestión de revitalización de la memoria, sobre todo de aquella memoria contrarrevolucionaria, por supuesto que también Gabriel Boric hizo una especie de reivindicación y apelación a la UP y a Allende, simbólica, se ha exagerado mucho ese vínculo. Pero desde el otro lado, sobre todo en la candidatura de Kast está esa memoria. Hay en ese sector político una reivindicación de la creencia contrarrevolucionaria en general, a partir de la dictadura, pero que incluye su propia experiencia contrarrevolucionaria de la UP. Es esa memoria como me explico la reacción virulenta ante cualquier tipo de cosas que les recuerde o que pueda conectar con esa experiencia por mucho que hoy día vivamos un contexto muy distinto.


Estás hablando de la memoria ahora.

Es que eso nos muestra cómo funciona la memoria. La memoria no es una cuestión lineal, no es simplemente una acumulación de recuerdos, la memoria opera o está mediada por la experiencia que sucede entre lo que se recuerda y el momento en que se recuerda, y por eso comienza a cambiar. No es precisamente algo que se mantenga de manera estable, y en periodos de crisis como lo que hablábamos antes, ahí se abren las ventanitas para la reformulación de memoria agilizada, que antes no podían ser vocalizadas en las esferas públicas, la defensa abierta de la dictadura, por ejemplo.

Hoy día se puede hacer desde el congreso, o desde el consejo constitucional. El paralelismo está más allá de los números electorales, tiene que ver con la reformulación de una memoria contrarrevolucionaria. Un revival de esa memoria que tiene arrastre efectivamente, no solo de la gente que vivió esa experiencia contrarrevolucionaria, sino incluso en generaciones más jóvenes.


Tú investigaste anticomunismo en Chile.

Es un fenómeno enorme y por supuesto que no es solamente de Chile sino del mundo. Durante el siglo XX al mismo tiempo que se expandían proyectos revolucionarios como la URSS, hubo una enorme expansión de posturas políticas anticomunistas y antimarxistas que llegaron a transformarse en el elemento central de las identidades políticas de diferentes tipos de movimientos. Es algo mundial, latinoamericano y chileno, que se conecta además porque a veces hay una circulación de imaginarios anticomunistas entre diferentes lugares. Pero en Chile fue particularmente potente. En ese libro que haces alusión, postulo que se transforma en un elemento estructural de la política chilena, porque a diferencia de otros países de América latina, al menos con excepción del caso cubano, existió desde muy temprano del siglo XX una izquierda marxista bastante fuerte, visible y con arraigo social.


A inicios del XX.

Sí, porque en Chile cuando se entablaban este tipo de campañas no era contra un enemigo imaginario que algún día podría llegar, sino contra personas que iban a marchar a la calle con banderas rojas con hoz y un martillo, eran visibles. Creo que eso alimentó mucho más la identidad anticomunista en el país, que fue transversal y que obviamente anidó mucho más en las derechas políticas, pero no solamente ahí sino incluso en ciertos momentos y en ciertas coyunturas, llegó hasta el partido socialista. Una fracción del partido socialista apoya la ley de defensa permanente de la democracia en 1948. Entonces hay un anticomunismo bastante transversal, pero que por supuesto anida y que es mucho más potente en las diferentes derechas políticas.


¿Y en la dictadura?

La dictadura es el momento de mayor difusión insistente del anticomunismo en la historia de Chile. En el momento en que se transforma en una ideología oficial, y sobre todo al principio de la dictadura cuando era el fundamento de la legitimidad del régimen. De ahí que haya sido el lenguaje que se reprodujo por el discurso oficial del Estado, desde los medios de comunicación hacia adentro en Chile, y era la forma de defenderse de este increíble aislamiento internacional de prácticamente todo el mundo contra Chile. Era la forma de la dictadura de protegerse de eso, de decir que el pueblo estaba engañado por el marxismo y por las campañas de la URSS. En este periodo el anticomunismo se transforma ahí en una ideología oficial de Estado, que se alimenta de una serie de imágenes, de conceptos y de ideas que circulaban con anterioridad. El libro que mencionas eso sí, se centra en el 64, en la campaña presidencial del 64 entre Allende y Eduardo Frei, donde también hay una instalación de una campaña de propaganda anticomunista enorme, con ayuda de la CIA, de EE. UU., pero con mucho arraigo local también, que prefiguran un poco los lenguajes anticomunistas que se van a utilizar en la UP y a consolidar en la dictadura.


Respecto de esta conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado ¿qué podemos esperar?

Siempre los aniversarios redondos son momentos de conflicto y disputa y de revitalización de estás luchas por la memoria. Por supuesto, que no se trata de la memoria contra el olvido, se trata de distintos tipos de memoria, diferentes maneras de recordar, eso es lo que está siempre en disputa. Observo que el gobierno está en una posición de debilidad política, y de debilidad ideológica como antes hablábamos. No hay un proyecto claramente potente, que no sea simplemente una renovación de las elites por parte del Frente Amplio. No veo hasta ahora mucho más que eso, y de ahí que la propuesta gubernamental sea también bastante ambigua al respecto. Hay elementos que son rescatables: la confirmación de los Derechos Humanos como el límite político y moral que no debe ser atravesado, pero no hay una elaboración de un discurso histórico sobre la experiencia chilena, y por esa misma debilidad creo que sectores conservadores, unos más razonables que otros tienen la batuta acá.


¿A qué te refieres?

Creo que hay una disputa. No es que sea algo organizado ni mucho menos, pero hay una disputa que están ganando los sectores conservadores, para centrar los esfuerzos de rememoración social en la UP y no en la dictadura. Muchos esfuerzos para incidir en la esfera pública, es cosa de leer El Mercurio, el libro de Mansuy es otro ejemplo que ha hecho mucho revuelo. Por cierto, que ese libro no es un simple panfleto, por mucho que yo tenga diferencias, está bien hecho. No es igual a otro tipo de intervenciones que son panfletarias. Sin embargo, el esfuerzo en hacer una disección de las creencias revolucionarias de la UP, con más o menos nivel de sofisticación, buscan igualmente demoler lo que va quedando si es que queda algo del ideal revolucionario, de lo poquito que va quedando. Así como también no justificar, pero al menos poner en contexto a la dictadura, para bajarle responsabilidades, ahí hay una intención subyacente que a veces se muestra de manera más explícita y a veces de manera más sofisticada.


Te refieres a Salvador Allende: la izquierda chilena y la Unidad Popular de Mansuy.

Sí, es que en esto obviamente el libro, que me lo estoy leyendo ahora, es algo propio de las formas conservadoras de lidiar con estos años, que es negarle la originalidad al proyecto de la UP y de Salvador Allende. Es como decir: esto iba a ser socialismo real si o si, por mucho que dijeron que no, que la real intención era la Unión Soviética en Chile, y eso es una línea interpretativa muy vieja, y que incluso tiene en sus orígenes los esfuerzos de legitimización del golpe el mismo día.

Pero bueno, en síntesis creo que a partir de la debilidad política ideológica del gobierno no va a poder manejar mucho la agenda en ese sentido, en la forma en cómo rememoramos un evento fundacional de nuestro presente, y que la derecha en su amplia excepción, sus intelectuales, sus medios de comunicación, con diferencias entre ellos sin duda, de niveles de sofisticación, etc., tienen el sartén por el mango y que por todo esto su intención está más bien en centrar en la UP el debate antes que en la dictadura.



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