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Álvaro Corbalán: Ex CNI condenado a cadena perpetua cuenta su historia


Por convicción y profesionalismo, Raquel Correa (1934-2012) fue una de las más brillantes periodistas bajo la dictadura. Logró mantenerse independiente, preguntando por la verdad, sin caer en el propagandismo, en El Mercurio, el diario que apoyó el golpe y al gobierno militar. Esta entrevista, publicada el 9 de agosto de 2000, quiere ser un homenaje a su seriedad y talento. Corbalán, de 71 años, sigue preso por crímenes de lesa humanidad.


Procesado por varios homicidios, condenado a cadena perpetua por el asesinato del carpintero Juan Alegría –crimen cometido para encubrir el asesinato de Tucapel Jiménez–, este militar en retiro tiene los ojos negrísimos como el pecado, la mirada desafiante y la palabra aguda.


–Aquí estoy –dice con tono sardónico–. Sólo falta que me proceses por infringir la ley de gravedad.


Detenido en el Comando de Apoyo Técnico del Ejército, Álvaro Corbalán Castilla espera el fallo de la Corte Suprema que debe resolver si pasa el resto de su vida en la cárcel. Aunque no es abogado (entró a la Escuela Militar a los 14 años y egresó como subteniente de Artillería), maneja los términos legales como un perito. No por nada lleva años siendo procesado. Ha estado detenido en la Penitenciaria, el Hospital Militar y ahora espera sentencia definitiva por uno de los muchos casos en que se lo enjuicia.


Corbalán (48 años, casado tres veces, siete hijos) es mayor en retiro –aunque insiste en decir que es teniente coronel– y estuvo destinado a la Dirección de Inteligencia del Ejército hasta 1980. De ahí no fue raro que lo trasladaran a la Central Nacional de Inteligencia. Niega haber sido comandante de la Unidad Metropolitana de la CNI y Jefe Operativo de la CNI. Admite, sí, haber sido el jefe del Cuartel Borgoño, el mismo que muchos detenidos recuerdan con pavor.


Su alias era Álvaro Valenzuela y…

–Los alias existen normalmente dentro de los delincuentes –dice molesto–. Y los oficiales de Ejército no somos delincuentes. En la mayoría de los servicios de Inteligencia del mundo se usan identidades verdaderas y a ello se le llama identidad operativa. Álvaro Valenzuela fue una de mis identidades operativas.


Cuando lo defino ideológicamente como “nacionalista”, el ex presidente de Avanzada Nacional corrige sin ambages: “Pinochetista”. Autor, compositor e intérprete de himnos marciales, tiene dos cassettes de circulación restringida. Uno, Sones militares en tiempos de libertad, fue grabado por la banda instrumental de la Escuela Militar, con producción musical de Antonio Zabaleta; el otro, Sentimientos de soldado, lo hizo con la orquesta y producción musical de Horacio Saavedra. Además compuso el himno oficial de la Escuela de Inteligencia del Ejército y publicó un libro (La verdad está enferma), para difundir sus ideas y defenderse de los cargos que pesan sobre él.


Pero, pese a su voz sonora y bien timbrada, no es como músico precisamente que Álvaro Corbalán Castilla pasará a la historia, sino por su largo historial como funcionario de la CNI. Además del proceso rol Nº 71.835-1998 por el homicidio del carpintero Juan Alegría Mundaca, se le procesa por la Operación Albania (“violencia innecesaria con resultado de muerte” donde cayeron 12 frentista, en lo que ha sido descrito como una masacre y que el define como un “enfrentamiento”). Y por los asesinatos del periodista José Carrasco, del publicista Abraham Muskablit, del pintor Felipe Rivera y del arquitecto Gastón Vidaurrázaga, ocurridos el 8 de septiembre de 1986, después del atentado contra Pinochet.


También fue procesado por quiebra fraudulenta de la empresa de transportes Santa Bárbara y se le vinculó con la muerte de Aurelio Sichel, en el caso de la financiera informal "La Cutufa".


–Durante diez años he sido y estoy siendo un deleite jurídico, político y comunicacional de mis detractores –dice.


Corbalán describe "Punta Peuco Dos" como “un cuartel militar muy sobrio, con muy moderadas comodidades, similares a las que se tiene en la época de subteniente y de incomodidades menores a las que se viven cuando se está en campaña”. En todo caso, ahí cuenta con celular, computador, televisor, su guitarra, mucha música y harta lectura.


–¿Qué le está prohibido?

–¡Fugarme!


No se levanta “a diana” pero dice que no es posible dormir a deshoras por la bulla propia de una unidad militar. Cuenta con pieza solo, con una cama, un velador y una mesita para la TV. En cuanto a las comidas comenta "el 'rancho' de los cuarteles sin tener exquisiteces es bastante digerible", por lo que no requiere de extras. Como está en libre plática, recibe visitas en el casino de oficiales todos los días, hasta las 20.00 horaa. Preocupado de su apariencia personal, en sus tiempos de político se distinguía por su vestir atildado, además de ese bigote bien espeso y cuidado que lleva desde los 18 años.


–¿Qué posibilidad de “vista privada” tiene con su señora? –Las que me permite mi edad y los días que hago economía de energía eléctrica.


Aparte de él, dice que allí están detenidos “dos tenientes coroneles, una mayor, un capitán, un teniente, dos suboficiales mayores y varios más”, y que el lugar no está a cargo de Gendarmería de Chile sino del Comandante de la Unidad, “con manejo estrecho del señor Comandante de la Guarnición de Santiago.


–Ese lugar lo llaman “Punta Peuco Dos”. ¿Diría que es una cárcel?

–Yo fui varias veces de visita a Punta Peuco, la que entre otras cosas tiene muy buen aire., cancha de tenis, un gimnasio. Aquí en Punta Peuco Dos el Zanjón de la Aguada pasa a 40 metros. Felizmente es invierno porque con calor hace sentir su presencia. Pero también hay beneficios: no queda a trasmano para nuestras familias, se está cerca de los tribunales –de los que somos clientes permanentes– y también hay mejor señal de televisión. Estamos efectivamente de libertad, cuesta vivir. Somos prisioneros que quisiéramos tener mala memoria. Nos gustaría ser sordos, ciegos, incluso tontos para aceptar muchas cosas y no darnos cuenta de muchas otras.


–A veces me pregunto –reflexiona– ¿para qué arriesgué la vida tantas veces? ¿Puedo permitir que mis esfuerzos hayan sido para destinos muertos? Pero nos mantendremos en pie, esperando las próximas represalias de este revanchismo organizado, que tanto daño nos hace.


–¿Espera cumplir ahí su condena completa?

–Espero que no, porque hasta este momento no he sido condenado y confío en la Corte Suprema porque ellos ya no tienen que hacer carrera judicial. Distinto es en la Corte de Apelaciones, en que el ministro que absuelve a Álvaro Corbalán –dice refiriéndose a Valenzuela Patiño– va a ser acusado y verá rápidamente truncadas sus aspiraciones profesionales.


Desde que está allí ha salido sólo por razones de salud y para el funeral del general (r) Gordon, pues consiguió que la jueza Lusic lo autorizara.


–Usted que trabajó en la CNI, ¿piensa que eran necesarios los organismos de seguridad como la Dina y la CNI?

–Si no hubieran existido la Dina y la CNI, Chile estaría viviendo situaciones similares a las que enfrenta hoy día Colombia, en que el terrorismo y la guerrilla rural han sobrepasado a sus Fuerzas Armadas regulares. ¿Sabe usted cuántas bombas explosivas desactivó la CNI y que estaban destinadas a mutilar la vida de chilenos inocentes? ¿Cuántas noches de vigilia protegiendo el sueño de nuestros compatriotas para desbaratar que se consumaran atentados terroristas, que habrían costado la vida a connotados empresarios, ministros del Poder Judicial, honorables parlamentarios en funciones, ilustres ciudadanos, muchos de los cuales se desempeñan actualmente en elevadas responsabilidades. Los servicios de seguridad debieron combatir a terroristas homicidas buscados por la justicia y que tenían emboscado a nuestro pueblo, sin importarles sus derechos humanos, asesinando por la espalda, volando puentes, torres de alta tensión, incendiando micros, secuestrando a menores, deteniendo el Metro con explosivos, atentando contra la vida del Presidente de la República y llegando, incluso, a interrumpir a Su Santidad el Papa en la eucaristía del Parque O’Higgins. Además, ¿sabe usted de las misiones realizadas, de las operaciones de seguridad nacional que no tienen que ver la subversión, pero sí con la soberanía y libertad de nuestra patria y que se efectuaron en momentos muy álgidos en que se evitó una guerra con países hermanos?


–¿Qué fue más eficaz para eliminar el terrorismo, la represión o la democracia? –La palabra represión se usa livianamente, en el escenario en que estamos viviendo este nuevo milenio, en forma descontextualizada y no en el tiempo en que ocurrieron las cosas, en que jóvenes inexpertos fueron preparados intelectual y militarmente por personeros políticos vigentes que los mandaron a enfrentarse al Ejército institucional, y ahora somos culpables los que por obligación profesional debíamos combatirlos. Pero le puntualizo: durante el gobierno civil-militar se hacía inteligencia preventiva, se desbarataron muchos atentados. Hoy día solamente se actúa cuando los delitos ya ocurrieron.


–¿Diría que el terrorismo desapareció en Chile? –Los terroristas han evolucionado, se decepcionaron de sus líderes y, como se ha visto en los últimos días, están dedicados al narcotráfico y la delincuencia, actividades que son de menor peligro, mucho más lucrativas, pero que incrementan una corrupción que es el síntoma más infalible de los libertinajes de la democracia. La democracia debe tener cuidado con las puertas que abre y que después no puede cerrar.


–¿Qué piensa del general Contreras y su castigo en Punta Peuco?

–Ese hecho afecta directamente la seguridad nacional. Un director de la Inteligencia Nacional, que tuvo acceso a las materias de inteligencia más sensibles, no debe estar confinado en un recinto penal, por presunciones de haber participado en un hecho que ni siquiera ocurrió en Chile. ¿Podríamos imaginar a un director de la CIA preso en Estados Unidos, condenado por la justicia y expuesto a solicitudes de extradición, exhortos e interrogatorios de tribunales extranjeros?


–¿Mantiene alguna comunicación con él?

–He mantenido contactos con él en forma esporádica, pero con mucha solidaridad y profundo respeto.


–Usted se decía amigo del general Gordon, ¿también lo es de Contreras y Espinoza?

–Sería mucha pretensión de mi parte definirme como amigo de ellos, pero les tengo particular aprecio y reconocimiento. Sin embargo con el señor general Humberto Gordon existió un vínculo de amistad, al margen de cargos o jerarquías institucionales.


–A su juicio, ¿la Dina, la CNI, el Comando Conjunto, cometieron “excesos” o derechamente crímenes contra los derechos humanos?

–Los organismos de seguridad que conozco son la DINA y la CNI, aclarándole que mi institución me destinó solamente a esta última. Durante el gobierno civil-militar se vivió un período de emergencia, de crisis nacional, fue una guerra contra el terrorismo en que, a mi juicio, se produjeron excesos por ambos bandos y no se debe culpar a algunos miembros de las FFAA que tuvieron la orden de combatir, en una guerra antisubversiva que fue un problema de Estado que afrontó el gobierno militar y, fundamentalmente, el Ejército. Paradójicamente, es bueno que sepa que al día de hoy, cuando hay más de medio centenar de uniformados procesados o privados de su libertad, no hay ningún terrorista de los que participaron en hechos de sangre, entre 1973 y 1989, en prisión. Ellos tuvieron una ley de amnistía mucho más eficiente, una ley de punto final que se llama indulto presidencial, con la que la Concertación benefició a ciento de terroristas condenados por los tribunales.


–¿Cómo califica la Operación Albania? –La Operación Albania fue un operativo oficial del Servicio de Seguridad del gobierno, en que se neutralizó a quienes habían atentado contra el primer ciudadano de la República, asesinado a cinco de sus escoltas y dejando a una decena de lisiados y heridos. De no haber existido la Operación Albania, las acciones terroristas del Frente Manuel Rodríguez habrían incrementado los índices criminales de chilenos inocentes y de uniformados asesinados por la espalda. Los terroristas Rivera y Calderón, miembros de la VOP que asesinaron al ministro del Interior, don Edmundo Pérez Zujovic en 1971, fueron cercados y acribillados en un operativo de Investigaciones. Menos mal que esto ocurrió en democracia, porque si hubiera sido durante el gobierno militar, habría un ministro en visita, de esos que ya conocemos, que tendría presos a decenas de funcionarios de Investigaciones y estaría en curso en los tribunales una Operación Albania Dos.


–¿Y cómo califica el asesinato de Tucapel Jiménez?

–Me parece lamentable, como también me parece lamentable la muerte del ex intendente de Santiago, mayor general don Carol Urzúa. O un hecho que ya nadie recuerda: el asesinato en Rancagua de un mayor de Ejército en que también se ultimó cobardemente a su esposa.


–¿Cree que Tucapel Jiménez era un enemigo, un peligro? –Pienso que no.


–¿Qué siente cuando ex partidarios del gobierno militar como Lavín y Longueira, reconocen públicamente que el error del gobierno de Pinochet fue el atropello a los derechos humanos?

–El tema de los derechos humanos pareciera que no le conviene abordarlo a ningún político de derecha, pero no es el caso de esas personas. En más de una oportunidad les he escuchado manifestar su preocupación por los derechos humanos de nuestros caídos, por sus viudas, por los padres y familiares de uniformados acribillados por terroristas (…). Me provoca mucha preocupación el fondo que contiene su pregunta. Esa civilidad ausente, esa civilidad que propició y creó las condiciones para un 11 de septiembre, que nos fue a buscar a los cuarteles, que en un porcentaje importante fueron gangueros del gobierno militar y que hoy se mantienen desembarcados ante lo que estamos viviendo, condenándonos con un silencio que nos perjudica, sin darse cuenta que nosotros lo sabemos y que después de las batallas no se debe pisotear a los heridos. Se tiende a olvidar lo que ocurrió, una realidad que nos afectó directamente a todos: asesinatos por bombas arteras, secuestros, terrorismo selectivo con homicidios de altas personalidades, la mayor internación de armamentos y explosivos hecha en América Latina, la infiltración clandestina de cuadros preparados militarmente en el extranjero, planificaciones todas siniestramente efectuadas con el apoyo de transnacionales y, fundamentalmente, por el comunismo.

(…)

–¿Cree que se sabrá el destino de los detenidos desaparecidos? –No es fácil.


–¿O no cree que haya detenidos-desaparecidos? En La verdad está enferma lo pone en duda.

–No lo dudo, pero intuyo que hay varios de ellos que se encuentran clandestinos y están vivos. Una vida humana me merece el mayor de los respetos, pero en un país donde se evitó una guerra civil, donde había 14 mil terroristas extranjeros dirigidos por el condecorado general cubano Patricio de la Guarda, creo que los costos fueron ínfimos en relación a lo que podría haber sucedido y que gracias al profesionalismo de las FF.AA. y de Orden y Seguridad, que actuaron en defensa de la seguridad y de los derechos humanos de toda la ciudadanía, se evitaron situaciones de mayor gravedad. No olvidemos que muchos que murieron o desaparecieron estaban siendo protagonistas de la lucha armada que ellos originaron.


–Habiendo trabajado en la CNI, ¿tiene información que aportar al respecto? –El problema de los desaparecidos fundamentalmente corresponde al periodo que cubre la Ley de Amnistía del 78, fecha en que recién se creaba la CNI.


–Si tuviera información, ¿la daría? –Probablemente.


–¿Qué significa para usted el 11 de septiembre del 73? –Es el día de nuestra segunda independencia nacional, en que nuestra patria, a petición de la mayoría ciudadana, es recogida de las cenizas por nuestras FFAA de Orden y Seguridad, para ser entregada 17 años después en el umbral del desarrollo con el apoyo del 44 por ciento de la población?


–¿Y el 11 de julio de 1983? (día del asesinato del carpintero Alegría, montaje para culparlo del crimen de Tucapel Jiménez) –El suicidio de un modesto carpintero, cuya muerte h sido utilizada para revanchismos que están en ejecución.

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