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Alexandra Kohan: Deponer la imagen


“Un cuerpo al fin” es el último libro de la psicoanalista y académica argentina Alexandra Kohan. Un ensayo agudo que despliega esta pregunta que es sólo en apariencia sencilla. Haciendo uso del psicoanálisis como una máquina de lectura proliferante compone una exploración sobre la materialidad de las palabras y lo real del cuerpo, sobre esta intersección, reconociendo ahí la principal inventiva freudiana, el nacimiento de un nuevo cuerpo. Hay un cuerpo que no se deja reducir a la medicina o la ciencia, “sino que se corresponde con otro tipo de entramado, la anatomía fantástica. Que el síntoma de la neurosis a grandes rasgos responda a un cuerpo que no es anatómico me resulta impresionante”

 

Créditos: Alejandra López


¿Por qué hablar del cuerpo en esta época? ¿Esta es una pregunta antigua o nueva?, y así, ¿qué es un cuerpo?

En principio diría que más que un tema el cuerpo es una zona de problemas que entra, en la que yo estoy pensando, porque uno podría decir que el cuerpo está en relación con el deseo, y también con el amor y, con una gran cantidad de cosas, por eso me gusta la idea de zona. Esa zona de problemas me va surgiendo casi como ocurrencias, no es que yo digo “ahora voy a escribir un libro sobre el cuerpo”, “antes escribí un libro sobre el amor y bueno ahora el próximo libro es sobre el cuerpo”. Me parece que no es así, sino que incluso te diría que hay algo, alguna pregunta que se precipita, en la medida en que yo estoy pensando otras cosas también. No estoy segura de sí la pregunta por el cuerpo la tuve siempre, a su vez y esto hay que decirlo es parte de mi trabajo diario, porque la práctica del psicoanálisis implica justamente una práctica de cuerpo o de cuerpos, cuerpo del analista, el cuerpo del paciente, y una parte de esa interrogación que yo tengo surge de ahí: del estatuto de cuerpo para el psicoanálisis.

Pero también supongo que hay algo de los discursos de época que me convoca a indagar, lo estoy pensando ahora, porque no fue tan nítida la manera en la que llego a pensar esa zona. El libro es sobre el cuerpo, pero no es el tema, o sea si y no, supongamos, se dice que el objeto es este, pero bueno, el libro no tiene un objeto definido, por supuesto que es alrededor del cuerpo, pero no está separado de otros asuntos de los que yo me ocupo.

 

¿Está esto relacionado con este nuevo cuerpo que adviertes funda el psicoanálisis?

Sí, el cuerpo que el psicoanálisis funda e inventa, porque no es solo que lo descubre, sino que lo funda y lo inventa, en la lectura lo produce. Es un cuerpo realmente nuevo respecto de la medicina y de la ciencia, pero también respecto de una cantidad de otros discursos. Es tan potente. Freud inventa, funda, lee, sin ningún aparato tecnológico, como decir un resonador o un tomógrafo, solamente por la manera en que él empezó a escuchar de forma inédita en el medio de la Salpêtrière la histeria que era en ese momento signo de un espectáculo. El espectáculo del dolor como dice Georges Didi-Huberman.

Ahí primaba el espectáculo, eso lo podemos hacer extensivo al día de hoy, qué relación hay entre la espectacularización de la vida a través de redes sociales, y la relación con el dolor y el síntoma. A mí me impresiona mucho como Freud en medio de esa espectacularización puede afinar el oído y decir: la histeria no es orgánica, ni siquiera es funcional como decía Charcot, no hay nada que se pueda descubrir haciendo autopsias en esos cuerpos, que era la obsesión de Charcot. Ese paso hace que Freud abandone para siempre su idea original de ser un neuropatólogo, o neurólogo o esa formación que él pretendía hacer con Charcot, y fundará el psicoanálisis tal y como más o menos entendemos que lo fundó.

 

¿Cómo es eso? ¿En qué sentido lo fundó?

 

Es que ese pequeño gesto de haber escuchado otra cosa en el discurso de esas pacientes, y que diga que ese síntoma del cuerpo no se corresponde a la anatomía, sino que se corresponde con otro tipo de entramado, la anatomía fantástica, que el síntoma de la neurosis a grandes rasgos responda a un cuerpo que no es anatómico me resulta impresionante. Aún hoy.

Y también hay que deslindar esa invención de los discursos New Age, porque también se separa de ese discurso del New Age que dice que tú te haces el cáncer o que el cáncer de tal cosa responde a tal cosa. No es eso tampoco, porque el psicoanálisis o la práctica analítica no es que descree de la medicina, no es que uno cree que va a curar el cáncer por la palabra, para nada, la persona que tiene cáncer se va a hacer quimioterapia, y en la práctica del análisis es otra cosa.

 

¿Qué es esa otra cosa?

 

No sólo la vertiente simbólica importa, sino que la vertiente real, esto es: la vertiente orgánica, por ejemplo. Hay mucho mal entendido en relación a este descubrimiento en que uno causa sus propios síntomas, algunos sí, pero otros no. Para el psicoanálisis los síntomas, que son en el cuerpo, quitemos los síntomas orgánicos que efectivamente existen, si uno quita los síntomas orgánicos y empieza a pensar en síntomas como la inhibición, en el síntoma y en la angustia como diría Freud, eso no es sino en el cuerpo.  El psicoanálisis viene a ser un elogio del síntoma.

¿En qué sentido?

Esto es lo que ocurre hoy en día, todo tiende hacía la disolución: hay que sacar cualquier incomodidad del medio, ya sea por la vía farmacológica o la línea de la autoayuda. Hay que tender a la armonía permanentemente, y lo que viene a decir Freud es porque uno es un sujeto de la cultura, hay algo que no anda, y eso que no anda se traduce en un síntoma, en una angustia, o en una inhibición, y no hay una forma de eliminarlo totalmente, excepto en la muerte donde se terminan todos los problemas. Entonces el lugar que se le da al dolor, al malestar diría, no es tampoco una apología, ni una reivindicación de que hay que vivir mal, no es eso tampoco, sino darle lugar a eso que habla en uno, que no es uno, sino eso que habla en uno como otro.

 

Si no es orgánico o funcional entonces ¿se trata de un cuerpo que estaría hecho de palabras? ¿El cuerpo es un texto para el psicoanálisis?

Sí, pero también está hecho de carne, las palabras muerden la carne. No es palabrerío, sino que efectivamente es ese cuerpo inédito que es la carne tomada por las palabras. Un cuerpo que no es anatómico, como dice Freud: no es el brazo sino la idea de brazo la que queda tomada por el síntoma. Para dar un ejemplo extremo, es ese modo particular en que la palabra muerde la carne o metaforiza la carne, que es efectivamente ese cuerpo hecho de palabras. Pero, mejor, digámoslo así: cada pedazo de cuerpo no importa cuál sea, cobra un significado particular para cada uno. O sea, la cara, la cabeza, los pies, las manos, no importa. Para que hablar de las zonas erógenas, pero esas formas en que cada uno se las arregla, ese cuerpo es un cuerpo singular.

El psicoanalista no puede escuchar, por más que el síntoma sea el mismo, de la misma manera. Tres pacientes con el mismo síntoma, un dolor de cabeza. Si vas al neurólogo el neurólogo escucha que el dolor de cabeza es el mismo para todos, el analista no. Este trabajo tan particular de rozar ese sentido que tiene el cuerpo o los pedazos de cuerpo para cada quién, es un trabajo que hace que mi cuerpo no sea ni anatómico ni psicológico

 

Si en nuestra época hay espectacularización, ¿qué aporta el psicoanálisis en este desplazamiento de la imagen a las palabras?

Hay algo de la obscenidad hoy en día de las imágenes, que de tan omnipresente terminan cegándonos, porque uno está todo el tiempo invadido de imágenes. Pero eso hoy, pensemos por eso digo que es actual el descubrimiento freudiano, porque justamente cerrar los ojos para poder escuchar, o cerrar los ojos para poder leer, esta es la cifra del análisis que es una práctica de la palabra.

Esto no quiere decir que no sea de imágenes, quiere decir que hay algo de la imagen que tiene que opacarse un poco, porque si no es imposible escuchar. Alguien que está dispuesto a analizarse reconoce que ya hay algo de ese entrecerrar los ojos que está funcionando. Porque efectivamente la práctica del análisis es con los ojos entrecerrados.

 

¿El diván?

Justamente, por eso la invención del diván, aunque uno no use el diván, no importa, se puede usar o no, y eso no determina que alguien se esté analizando. El invento del diván es deponer un poco la mirada face to face, para poder entonces hablar más, iba a decir más libremente muy entrecomillas, pero para no estar en lo que la imagen viste y captura. La mirada te captura, la imagen aprisiona, es como si estuviera mirándose al espejo todo el día, o sea uno no puede pensar, no puede hablar, queda capturado por la imagen y la práctica del psicoanálisis es deponer un poco esas imágenes que atosigan y que asedian.

El mundo contemporáneo es de una obscenidad tremenda. Hay algo que descubrí hace poco, no porque no lo supiera antes, sino por lo que pensé en ese momento, que, por supuesto hay una cantidad de gente pensando en la cosa en las redes sociales y los algoritmos, pero la crueldad del algoritmo y la tendencia a la homogeneidad de las redes de internet hace que todo sea un poco lo mismo. Uno termina siendo un efecto de anestesia, en el scrolleo no hubo fases de mirar, porque así es el algoritmo, para de un par de zapatos de tu boutique preferida a un niño muerto en Gaza. En el mismo gesto. Entonces mi pregunta en este momento fue ¿qué efecto produce esa tendencia a la homogeneidad de las imágenes? Esa homogeneidad y esa omnipresencia de las imágenes en nuestros tiempos tiene consecuencias que para mí son una especie de anestesia generalizada.

Todo da un poco lo mismo. La práctica del psicoanálisis es justamente lo contrario, porque viene a establecer esas pequeñas diferencias, no todo da lo mismo, no cualquier palabra es lo mismo que la otra, las formas de decir importan y eso para mí es inédito en todas las épocas. El análisis es una práctica inédita respecto de su época, no importa cuál sea esa época, es como un tiempo y un espacio distintos me parecen.

 

¿El psicoanálisis interrumpe lo cotidiano?

Me parece que el análisis es una discontinuidad no solo de la vida cotidiana de alguien, pero no es que el espacio de análisis sea un espacio de interrupción, porque después uno sale de análisis y sigue con su vida, pero no sigues sin nada, sigues igual, pero con ese paréntesis que se produjo. Tiene consecuencias en la manera en la que uno va a seguir después con su vida, no solo con su vida en general tipo “el modo en que el psicoanálisis te cambió la vida”, sino que incluso después de salir del consultorio, uno no sale del mismo modo en el que entró, aunque ese pequeño cambio sea un rato. El análisis es un espacio que interrumpe esa especie de arrasamiento que produce la realidad.

 

En el libro dices que el cuerpo ha intentado ser neutralizado, ¿a qué te refieres?

Sí, son intentos de domesticar las pasiones, es la historia de la civilización. Uno podría decir que la historia de la civilización es la historia de la neutralización del cuerpo. A grandes rasgos, se podría decir que la educación cívica, y todos esos procedimientos de disciplinamiento, de educación y civilidad, si uno hace un recorrido esta es la historia del silenciamiento del cuerpo. Nada que haga ruido es de buena educación. Ningún ruido del cuerpo es de buena educación. Que eso suene cuando esté solo. Es algo que tenemos incorporado. Al silenciamiento del cuerpo que es parte de la civilización y la domesticación de las pasiones, a eso, el psicoanálisis le da un lugar, como si uno dijera que el psicoanálisis le permite al cuerpo hacer ruido. No es que uno vaya a la sesión a eructar, pero los ruidos del cuerpo o eso que no anda tiene lugar.

 

¿En qué sentido?

En análisis se puede hablar de las pasiones, del goce también se puede hablar. Se puede hablar y se puede pensar sobre eso, por eso no es simplemente un confesionario. Lo que el psicoanálisis viene a hacer es decir que bueno, sí el cuerpo no anda, como si fuera un despertar del cuerpo, porque uno se olvida que tiene un cuerpo, sino no se puede vivir, uno se olvida de tener un cuerpo, y cuando uno se siente muy angustiado uno siente el cuerpo, o al revés, uno es un cuerpo en el goce y tiene un cuerpo en la angustia. Eso va moviéndose, depende, pero el asunto es si se puede empezar a tener un cuerpo y no sólo a ser un cuerpo.

 

¿Está más cerca de la ciencia o de la ficción el psicoanálisis?

Entre la ciencia y la ficción, es el “entre” lo que lo determina. Hay una definición de German García, un psicoanalista argentino que me gusta mucho, dice: “a mí siempre me gusta citar a Alfred Jarry, el inventor de la patafísica, que la definía como la ciencia de los objetos singulares que tienen la cualidad de no existir”. Así define el psicoanálisis. Me gusta mucho, y continúa: “el psicoanálisis es algo que está entre el poema y la ciencia”.  

 

Te quería preguntar por la relación que ves entre literatura y psicoanálisis.

La relación entre literatura y psicoanálisis que fascinó siempre tanto a los literatos, como a los psicoanalistas. Esa relación no está dada, hay que pensarla, y no es intenciones esa relación. A mí me parece o alguna vez pensé que la relación porque obviamente Freud estuvo totalmente atravesado por la literatura, Lacán también, en todo caso diría que la relación no es solo de lo que el psicoanálisis le pueda aportar a la literatura. Eso es lo menos interesante.


¿A qué te refieres?

Detesto los análisis de ficción con psicoanálisis, me parece muy barreta eso, lo que yo creo es que la intersección entre ambas prácticas, son parecidas en que el objeto no está dado. El objeto se construye en la lectura, que la intersección es justamente en la noción de lectura. Que la pregunta qué es leer, es una pregunta que compete tanto al psicoanálisis como a la literatura, en ambas, la noción de lectura que uno tiene determina la práctica.

La literatura no es solo una, de hecho, la noción de literatura se desprende de la noción de lectura. Esa intersección es la que a mí siempre me importa y a la que siempre vuelvo, qué noción de lectura hay, qué tipo de literatura recoge, aunque sea implícitamente la pregunta por la lectura. Y otra cosa que decía que es como el término de extrañamiento que surge a partir de trabajar con las palabras.

 

¿Cómo es eso?

Uno podría decir que la literatura trabaja con las palabras, que no tiene un material específico como si lo tiene el violinista. La literatura trabaja con las palabras, el psicoanálisis también, no hay un instrumento o herramienta que intermedie, sin embargo, esas palabras en el análisis y en la literatura quedan extrañadas, y uno podría decir que en el análisis se inventa una nueva lengua, cada quien inventa una nueva lengua, y eso otra vez es con el cuerpo, lo mismo que es la lectura, la lectura es con el cuerpo.

 

La lectura es con el cuerpo, con el libro. 

Que el título del libro sea mi cuerpo al fin es porque Lacan dice que el lenguaje es un cuerpo sutil o no sé qué, pero un cuerpo al fin. Por eso le puse ese título.

¿Cuál es la materialidad entonces? ¿Cualquier soporte de lectura?

La pregunta por la materialidad me interesa mucho y la materialidad de la palabra también, tiene su materialidad, no es una abstracción.

 

No lo es.

El tema de si la palabra tiene una vida, cuando Freud dice que la civilización es el paso de tirarle una piedra a alguien a insultarlo, efectivamente no es lo mismo que si te insulto a que te pego una piña, pero los insultos lastiman, o las palabras lastiman, tienen filo, no son inocuas, o sea tienen su parte material.  

 

 


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