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El género como acto de ciudadanía del psicoanálisis [1]



En 2021 las psicoanalistas Avgi Saketopoulou y Ann Pellegrini recibieron el primer Premio Tiresias[2] del Comité de Estudios sobre Diversidad Sexual y de Género (S&GDSC) de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA)[3]. Sin embargo, cuando siguiendo la recomendación de la S&GDSC intentaron publicar el artículo en el International Journal of Psychoanalysis (IJP)[4], se encontraron con obstáculos. Si bien en un inicio el artículo había sido aceptado formalmente y habían trabajado estrechamente con el redactor jefe de la revista, todo cambió después que las autoras añadieran una sección de agradecimientos. En esta, daban la bienvenida a las personas queer al psicoanálisis, incluyendo explícitamente en este grupo a pacientes, candidatos y psicoanalistas. La revista les pidió “gentilmente” que eliminaran esas líneas por considerarlas "demasiado políticas". Luego de un tenso intercambio de emails en el que las autoras llegaron a recibir amenazas en lenguaje legal por su negativa a modificar esa sección del artículo, el IJP decidió no publicarlo.

 

Finalmente, las autoras publicaron en 2023 el artículo premiado bajo la forma de un libro titulado Gender without Identity (Género sin identidad). En este libro, además de incluir una versión extendida del artículo premiado, relatan la historia de este impasse y proponen una forma de teorizar el género como un efecto del trabajo psíquico a través del cual un sujeto hace inteligible, para sí mismo y para los otros, el exceso sexual enigmático que emerge del encuentro entre su existencia infantil y el psiquismo de sus adultos cuidadores. El género, en cualquiera de sus variantes, utiliza la fuerza de lo traumático de manera creativa e inventiva.

 

Como psicoanalista e investigadora chilena, al enterarme de este impasse y del libro que surgió a partir de él, no pude evitar asociarlo con otra situación que marcó al psicoanálisis latinoamericano a fines de la década de 1980. En 1986, la renombrada psicoanalista francesa Françoise Dolto visitó Buenos Aires para dar una serie de conferencias sobre análisis con niños. En este contexto, dio una entrevista en la que afirmó que devolver a los niños robados durante la dictadura a sus familias originales podría provocarles un segundo trauma[5]. Casi inmediatamente las Abuelas de Plaza de Mayo manifestaron públicamente su desacuerdo con estas declaraciones, argumentando que lo ocurrido con esos niños no se trataba de adopción sino de apropiación, saqueo y despojo (Abuelas de Plaza de Mayo, 1997). Pocos días después, las Abuelas organizaron una Conferencia a la que fue invitada como panelista la psicoanalista argentina Silvia Bleichmar. En su presentación, Bleichmar contestó explícitamente a Dolto y propuso una distinción entre trauma estructurante y desestructurante, avanzando en una diferenciación teórica esencial para comprender el valor de restituir a los niños a sus familias originales con el fin de recomponer y recuperar el daño psíquico causado por las violaciones de los derechos humanos (Bleichmar, 1997).

 

Las conexiones entre ambos casos son numerosas. Tanto Bleichmar como Saketopoulou & Pellegrini utilizan las perspectiva de J. Laplanche, psicoanalista francés que aboga por un psicoanálisis que habilite mayor libertad para la traducción del propio enigma inconsciente. En ambos casos, son puestas en cuestión las teorías psicoanalíticas sobre el trauma, abriendo camino para la utilización de la fuerza de lo traumático a favor del desarrollo de las personas y las democracias. Por último, en ambos casos, las disputas en las que se vieron envueltos giran en torno a la infancia, llevando la teoría psicoanalítica más allá de narrativas que, apelando a la protección y a la cura, podrían forzar a las víctimas a consentir la violencia política a la que han sido expuestas.

 

Sin embargo, lo que más me llamó la atención al reflexionar sobre ambas situaciones fue que las dos tomaron el camino del acto. Estos avances no ocurrieron únicamente por la vía argumentativa, dentro de los mecanismos preestablecidos de producción de conocimiento. Por el contrario, se desarrollaron en forma de desencuentros de alta intensidad entre personas e instituciones, que implicaron un forzoso movimiento para hacer espacio en medio de intercambios tensos y con intensas resistencias. Siguiendo este hilo, me interesa argumentar que el psicoanálisis es un campo complejo, situado históricamente y en constante conflicto. Su desarrollo y el de sus conceptos sobre trauma, sexualidad y género están estrechamente ligados a la política. Los últimos 10 años las movilizaciones y demandas feministas interseccionales han impactado al psicoanálisis en Latinoamérica, provocando actos de ciudadanía que están empujando los límites del campo psicoanalítico como cuerpo político, expandiéndose más allá de las fronteras cis-heteronormativas blancas.

 

 

Actos de ciudadanía en psicoanálisis

 

¿Qué quiero decir con un acto de ciudadanía? Para la teoría política, un acto de ciudadanía es una acción disruptiva que crea a unx actorx y que forja un nuevo camino, en lugar de ajustarse a un guion predeterminado. Un acto de ciudadanía rompe los límites de las normas y prácticas sociales, desafiando las convenciones establecidas. Este acto no posee cualidades o características predeterminadas. Por el contrario, sus cualidades surgen y se desarrollan a raíz de la propia acción. Cada acto es único y no pueden anticiparse a priori sus cualidades ni sus consecuencias (Isin, 2009).

 

Desde una perspectiva psicoanalítica, un acto también se entiende como un efecto y no como una causa. El acto da origen a un sujeto y se convierte en una parte crucial de su proceso de devenir (Lacan, 1967-1968). Cada acto conlleva una apertura que trastroca los significados previos y confronta la incompletud y opacidad inherentes del sujeto como ser sexuado. En el acto se pone en marcha un proceso de desconocimiento, desprovisto de conocimiento preexistente, que funciona como catalizador en torno al cual pueden construirse significados retrospectivamente. Este no se define por sus cualidades previas ni por la identidad de su agente. Desde un punto de vista psicoanalítico la naturaleza sexual tanto de la vida psíquica como de la política implica que los actos conforman a un sujeto, cuyo significado sólo se hace evidente en retrospectiva.

 

Para Audre Lorde una palabra que hace acto no solo dice una verdad sino que también consigue interrogar la verdad de ese lenguaje a través del cual la decimos. Ese acto no solo usa el lenguaje sino que lo reclama y reconvierte aquellos aspectos de ese lenguaje que han sido utilizados para trabajar en contra de quienes lo enunciamos.

 

Siguiendo lo anterior,  pienso que los casos de Silvia Bleichmar y Avgi Saketopoulou & Ann Pellegrini constituyeron actos que crearon nuevas escenas y desafiaron las dinámicas de poder en el campo psicoanalítico. Ambos actos abrieron espacio, reclamaron el psicoanálisis y desafiaron la hegemonía de las teorías y conceptos que se habían desarrollado dentro de las instituciones psicoanalíticas dominantes, especialmente en lo que respecta a las conceptualizaciones del trauma y el género. Además, estos actos pusieron en tela de juicio prácticas de control que regulan la inclusión de la disidencia a ciertos parámetros, permitiéndola solo si esta se ubicaba del lado de lxs pacientes, y no del lado de lxs psicoanalistas y sus instituciones.

 

Las consecuencias del acto de Bleichmar, y de tantos psicoanalistas que dieron la cara por los derechos humanos en Argentina, Chile, Uruguay y Brasil, no sólo permitieron replantear y ampliar conceptos sobre memoria, testimonio y trauma que han mejorado el trabajo con víctimas de violaciones a los derechos humanos (Hollander, 1989; Volnovich, 2017). También han tenido efectos políticos, generando nuevos discursos y retóricas de valor (Segato, 2018) que han contribuido a procesos de verdad, justicia y reparación en toda la región, luego de las violentas dictaduras que vivimos durante los años 70 y 80 (Lira, 2021; Hollander, 2010).

 

Por otro lado, los efectos del acto de Saketopoulou & Pellegrini (como los de muchos otrxs que están desafiando lo que el psicoanálisis puede hacer y decir en su nombre[6]) aún están por verse. Sin embargo, en su libro, afirman explícitamente la necesidad de una transformación teórica profunda para que el psicoanálisis pueda trabajar de forma productiva con la vida queer y trans, abriendo espacio y permitiendo que todos los cuerpos florezcan en la consulta.

 

El género como acto de ciudadanía en América Latina

 

El género no es solo una identidad sino también un acto que despierta el deseo de auto-creación (Gherovici, 2023)[7] y de invención (Saketopoulou & Pellegrini, 2023). Esto ocurre no sólo en cada ser humano, sino también dentro de los sistemas de producción de conocimiento psi y el movimiento psicoanalítico en particular. A través de una etnografía multisituada que realicé durante 2022 y 2023 con psicoanalistas y organizaciones psicoanalíticas en Brasil, Argentina y Chile, he sido testigo de los efectos que las movilizaciones feministas e informadas por el género, con aproximaciones decoloniales e interseccionales, han tenido en el psicoanálisis como campo. La última década de movilizaciones ha desencadenado actos que están reclamando el psicoanálisis y reactivando conceptos, prácticas y modos de organización del psicoanálisis que se asemejan, en muchos aspectos, a los que describí anteriormente.

 

Después de la primera marcha en Argentina en 2015, que llevó adelante la consigna "Ni una menos. Vivas nos queremos", han ocurrido diversos actos colectivos de desacato, iniciados por psicoanalistas latinoamericanas influenciadas por las movilizaciones feministas interseccionales en Argentina, Chile y Brasil. Estos ha desafiado diversas normas y prácticas características de la institucionalidad psicoanalítica a nivel regional. En mi investigación, he identificado diferentes caminos o trayectorias de desarrollo de estos actos colectivos. Algunos han surgido de la resistencia de los psicoanalistas contra la censura y los protocolos cis-heteronormativos en las instituciones de salud y educación, inventando, por ejemplo, formas alternativas de acceso para las personas trans que buscan servicios de salud mental en los hospitales públicos de Buenos Aires, resistiendo las prácticas de control médico y respetando la autodeterminación y la experiencia de las personas sobre sí mismas. En Chile, varios colectivos de psicoanalistas, inspirados en las prácticas organizativas feministas del Mayo Feminista, han desarrollado espacios de trabajo feministas para desafiar las dinámicas de poder sexistas experimentadas en entornos institucionales previos y han desarrollado redes de trabajo clínico. En Brasil, muchxs psicoanalistas han desafiado el habitus de la práctica privada llevando el psicoanálisis a las calles, las favelas y la periferia urbana a través de lo que denominan perifanalistas, colectivos antirracistas y clínicas da borda (clínicas de la frontera). En mi investigación, descubrí que colectivizar fue, para muchos psicoanalistas, una forma de resistir a la violencia de género, raza y clase  bolsonarista y de inventar formas de acción política (Besoain, 2023). El género nunca va por una sola vía, es decir, nunca se trata sólo de género. En el trabajo de psicoanalistas y colectivos de psicoanálisis de nuestra región el género se ha entrelazado con otras categorías de diferencia como raza, clase, edad y discapacidad, dando espacio a la complejidad y ampliando el acceso a una escucha psicoanalítica.

 

Estos actos colectivos de desacato no ofrecen una práctica o un conocimiento particular como solución o respuesta definitiva para el psicoanálisis respecto de las tensiones de género, de raza y la cis-heteronormatividad que lo atraviesan como teoría y como práctica. Más bien, consideran que la respuesta es la producción de preguntas. En otras palabras, estos actos de desacato han producido preguntas que se dirigen al psicoanalista que la enuncia y a las organizaciones a las que pertenece. Por ese camino el psicoanálisis se está transformando a sí mismo. Si la transición de género es un acto que hace nacer psíquicamente a un sujeto que todavía no lo había conseguido (Gherovici, 2023), en el proceso de acompañar ese acto el psicoanálisis también se ha visto implicado como un cuerpo vivo. Las movilizaciones feministas interseccionales en Latinoamérica han abierto un flujo que está impactando en el psicoanálisis al crear un espacio para la "libertad traslacional" (Saketopoulou & Pellegrini, 2023) a través de varias invenciones psicoanalíticas que están expandiendo y trasladando los límites del psicoanálisis como entidad teórica y política.

 

El psicoanálisis está vivo y sigue en creación. Permanezcamos atentas a las invenciones que están por venir.

 

Notas:

[1] Este artículo fue originalmente escrito en inglés para Engenderings, blog del Departamento de Género de LSE y esta versión traducida se publica aquí con su autorización. El texto en inglés (“Gender as psychoanalysis act of citizenship”) aparecerá en la versión de diciembre 2023 en Engenderings.

[2] El Comité de Estudios de la Diversidad Sexual y de Género (S&GDSco) ha presentado este premio en el Congreso de la IPA desde 2021 para fomentar la participación de los miembros en la creación de conocimiento y la transferencia e intercambio de conocimientos en la intersección del psicoanálisis y la diversidad sexual y de género. Saketopoulou & Pellegrini obtuvieron el premio por su trabajo titulado A feminine boy: normative investments and reparative fantasy at the intersections of gender, race, and religion (Un niño femenino: investiduras normativos y fantasía de reparación en las intersecciones de género, raza y religión).

[3] La Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) fue fundada en 1910 por Sigmund Freud y un grupo de sus primeros seguidores. La IPA es el órgano rector mundial del psicoanálisis y reúne a sociedades psicoanalíticas e institutos de formación de todo el mundo. Aunque la IPA ha hecho importantes contribuciones al psicoanálisis, no está exenta de críticas, especialmente las que señalan la composición homogénea de la IPA (en su mayoría hombres blancos heterosexuales del Norte Global), la rigidez de la formación y la práctica, el compromiso limitado con las cuestiones sociales y culturales, las cuestiones de acceso a la formación y el tratamiento psicoanalíticos, etc. (Frosh, 2006).

[4] El IJP es la revista más antigua del campo, creada por el propio Freud.

[5]  Doltó, F. (1986): Religión y Psicoanálisis. Entrevista con Francoise Doltó. En Psyche. Periódico de psicología y psicoanálisis, Año 1, N° 3, pp. 2-5.

[6] Vea el trabajo de Griffin Hansbury (2017), Paul B. Preciado (2020), Patricia Gherovici & Manya Steinkoler (2023), Ana Maria Fernández (2021), Tania Rivera (2023), entre muchxs otrxs.

[7]  Gherovici, P. (2023, próxima publicación). Gender transition between life and death. Conferencia Magistral, Psychology and the Other Conference, Octubre 2023.

 

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