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Menos lobos, Pablo Iglesias

En el periódico chileno La Tercera, la periodista Claudia Álamo realiza, el domingo 17 de septiembre, una entrevista a Pablo Iglesias. En dicha entrevista el fundador y líder de Podemos hace unos análisis sobre la situación política española. No voy a entrar en sus afirmaciones sobre la situación chilena, pero si voy a hacerlo sobre el papel que ha jugado Pablo Iglesias en el nefasto escenario político que vivimos en España. Lo hago pensando además que lo que pueden aprender los chilenos de izquierda es justamente no repetir los errores políticos de Pablo Iglesias, que representa, a mi modo de ver, la posición de una izquierda arrogante y sectaria, incapaz de autocrítica y con unos errores de análisis y de planteamientos que me parecen graves.


Vamos a empezar por la afirmación de Pablo Iglesias de que toda la culpa la tienen unos medios de comunicación en manos de la derecha. Evidentemente que hay algo de verdad en esta afirmación, convertida en tópico. Pero hagamos dos matizaciones. La primera hace referencia a los cuatro periódicos más vendidos en España. El primero es La Vanguardia, cuya línea política ha oscilado entre la defensa del nacionalismo catalán moderado y el socialismo liberal. Muy contrario a Podemos, cierto, pero también al PP y a Vox. La segunda (El español) y la cuarta (El Mundo) si tienen una perspectiva cercana a la derecha del PP. El tercero, El País, defiende al gobierno PSOE-Unidas Podemos y ahora al PSOE-Sumar. Pero la segunda hace referencia justamente a que Pablo Iglesias es el administrador único y tiene un programa diario en el canal de Youtube Red. Que no es poca cosa, ya que es propiedad de Mediapro, una de las empresas de audiovisuales más importantes de España. Su administrador único es Jaume Roures. Se trata de un gran empresario cuya fantasía es una Cataluña de izquierdas e independiente. Roures fue durante el tardo franquista dirigente del grupo trotskista Liga Comunista Revolucionaria y fue detenido como colaborador de ETA. Roures siempre ha tenido excelentes relaciones con Pablo Iglesias y juntos han articulado la delirante idea de un bloque progresista entre la izquierda y el nacionalismo periférico. Idea que lleva a la concepción del Estado español (prohibido decir “España”) como un conglomerado de naciones soberanas. Estas “naciones soberanas” son básicamente Cataluña y el País Vasco (Galicia se medio excluye porque siempre ha estado gobernada por el PP). Para los que no lo sepan, ni Cataluña ni el País Vasco (“Euskadi” para los nacionalistas, que incluyen Navarra) han existido nunca como naciones y son justamente las regiones más ricas de España. En el País Vasco hay un dominio del PNV, partido de origen católico y racista que ha ido derivando en un pragmatismo oportunista al servicio del nacionalismo vasco, su única ideología. Su competencia actual es Bildu, una coalición de partidos cuya organización más importante es Sortu, heredero de Herri Batasuna, brazo político de ETA. En Cataluña tenemos a ERC y JxC, que protagonizaron hace años “el procés” un intento de golpe de sedición institucional para imponer la independencia de Cataluña a través de un referéndum ilegal y una desconexión con el Estado. Les salió mal por la combinación de tres factores: la falta de apoyo en Europa, la intervención decidida del aparato estatal, policial y judicial y porque en Cataluña hubo una manifestación masiva en contra de la independencia. Se juzgó a los dirigentes del gobierno autonómico catalán y se les hizo un juicio. Fueron condenados por sedición e inhabilitados políticamente. Todos, excepto Puigdemont, presidente de la Generalitat, que huyó a Bélgica con algunos otros consejeros.


Estos últimos años ha estado gobernando el PSOE con Unidas Podemos. Pablo Iglesias tuvo el cargo, hasta que dimitió, de vicepresidente del gobierno. Este gobierno adoptó políticas progresistas: reforma laboral, subida del salario mínimo, mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones, aprobación de ley de la Eutanasia. El Ministerio de Igualdad, liderado por Irene Montero, de Unidas Podemos, aprobó dos leyes muy polémicas, la “Ley de Autodeterminación de género” y la “Ley de Solo si es si”. No entro ahora en la valoración de las leyes, pero lo cierto es que la segunda se formuló mal en términos jurídicos y dio paso a que muchos agresores y violadores pudieran reducir su pena. El gobierno tenía que apoyarse en estos partidos y esto le llevó a aprobar un indulto para los dirigentes de ERC condenados. En las elecciones municipales (y parcialmente autonómicas) celebradas en mayo de este año dieron una victoria clara a la derecha del PP y a la extrema derecha de Vox. Esto llevó a Pedro Sánchez, presidente del gobierno a adelantar las elecciones generales al mes de julio. La diferencia dentro de la izquierda es que Yolanda Díaz, vicepresidenta del gobierno por Unidas Podemos sustituyendo a Pablo Iglesias tras su dimisión, lideraba una plataforma electoral que quería integrar a todos los partidos a la izquierda del PSOE. Hay que señalar que Yolanda Díaz no procedía de Podemos sino de Izquierda Unida. Pablo Iglesias y Podemos se mostraron contrarios a la idea, al considerar que les sacaba protagonismo. Hay que hacer un paréntesis para señalar que Podemos empezó como una propuesta alternativa a la estructura jerárquica de los partidos y funcionó inicialmente como una coordinación de círculos, pero Pablo Iglesias (junto a Iñigo Errejón, que más tarde rompería con la organización para montar Más Madrid-Más País) lo transformó pronto en un partido leninista. Podemos puso muchos inconvenientes a este proyecto de Sumar hasta que a última hora se incorporó a regañadientes. Hay que decir que en su programa diario Pablo Iglesias ha estado criticando de manera sistemática lo que él llama “El régimen del 78”. Se trata de cuestionar el consenso que permitió la transformación del franquismo en un Estado democrático y social de derecho, que es como define a España nuestra Constitución. Detrás de esta crítica no está solo el cuestionamiento de la monarquía (que me parece legítimo, aunque no prioritario) sino de la propia democracia liberal y el constitucionalismo. Esto acompañado de una idea de Estado plurinacional (que comparte hoy el PSOE de Pedro Sánchez) en la que no se define la nación en términos cívicos sino étnicos (con una obsesión patológica por la lengua como elemento identitario) en el que debe reconocerse el derecho a la autodeterminación de estas supuestas naciones soberanas. Esto ha llevado a un rechazo de la lengua común, el castellano, y a la imposición de un monolingüismo en dichas comunidades autónomas (para ellos “naciones soberanas”).

¿Cuál es la situación actual? Después de las elecciones generales, el bloque PP-Vox gana al bloque PSOE/Sumar. Esta política frentista, que lleva al PP a la alianza con Vox (después de la desaparición de Ciudadanos) es la que ha estado impulsando Pablo Iglesias. Una idea de la política como lucha de clases que lleva a la confrontación permanente y radical con la derecha, a la que no se le da ni carta de legitimidad política). Digo entre paréntesis que la derecha del PP y la extrema derecha de Vox son ciertamente impresentables, no quiero aquí salvarlos del desastre que vivimos. Pero esta victoria relativa del PP-Vox no le posibilita gobernar, ya que no tienen mayoría absoluta. Lo cual lleva a un giro retórico (bien celebrado y potenciado por Pablo iglesias) que considera que ha ganado una mayoría progresista en la que se incluyen los partidos nacionalistas vascos y catalanes.


La novedad es que esta mayoría absoluta depende de Junts per Cataluña, un partido liderado desde Waterloo por el prófugo Puigdemont. Hay que decir que este partido no solamente representa el nacionalismo más excluyente y sectario, sino que proviene de un partido corrupto y derechista. Puigdemont, como líder de este nacionalismo populista, tiene la última palabra para decidir si se integra en “la mayoría progresista”. En esta subasta, como la llama él mismo, pide dos cosas “Amnistía” y “Referéndum”.


Como nuevo paréntesis diré que él junto a ERC dicen hablar en nombre de Cataluña cuando en esta comunidad autónoma fueron superados en votos por PSOE, SUMAR y PP. “Amnistía” quiere decir legitimar todo este movimiento independentista que les condenó. “Derecho a decidir” (o referéndum) quiere decir aceptar que Cataluña es una nación soberana. Es evidente que esto no cabe en la Constitución, pero no importa, ya se buscarán artimañas legales, si se puede, para hacerlo entrar. Esto es lo que defiende hoy en España Pablo Iglesias.


Luis Roca Jusmet

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