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Pablo


Muchas culturas -desde la japonesa hasta la árabe- pensaron que la vida humana estaba compuesta de tres elementos: las entrañas -vinculadas no sólo a las pasiones sexuales, sino que también a la búsqueda y lucha por la justicia-, el corazón -relacionado con los afectos “ágape”- y la cabeza -donde reposaba la razón-. Muchas de esas culturas sostenían que cada persona puede elegir máximo dos de ellos, siempre quedando esta mesa de tres patas que es la vida, coja.

La mayoría de las canciones de amor, las baladas, narran eventos en que el elemento predominante son las entrañas, desde el originario rock & roll, hasta el reguetón; algunas pocas, combinan esas entrañas con el corazón. Pero solo conozco una canción, esta, en que el amor deja fuera a las propias entrañas. Una vez hace ya casi demasiados años leí una interpretación de este “Para Vivir” que entendía que trataba de aquellos amores intelectuales y de cariño amable, en que la pasión sexual había sido dejada de lado desde el principio:


“Muchas veces te dije

Que, antes de hacerlo, había que pensarlo muy bien

Que a esta unión de nosotros

Le hacía falta carne y deseo también

Que no bastaba que me entendieras y que murieras por mí

Que no bastaba que en mis fracasos yo me refugiara en ti”.


Pablo Milanés, que se formó en el bolero filin, que hizo sus armas en el Primer Encuentro Internacional de la Canción de Protesta, que exploró la vanguardia con la composición musical al alero del Grupo de Experimentación Sonora (por ejemplo, con la musicalización del poema “Masa” de César Vallejo), todo en la Cuba revolucionaria, logró con esta canción, una de las más desgarradoras jamás escritas en la música popular, cuadrar el círculo que tantos lamentos le había traído a su camarada Silvio Rodríguez cuando no sabia este último si decantarse hacia la balada o hacia la canción comprometida, cuando musitaba aquello de, “Debo partirme en dos”.

Transitando ese espectro que lleva desde el romanticismo (“El breve espacio en que no estás”, “Yolanda”) hasta la lucha social (“Yo pisaré las calles nuevamente”), de la mano de un puñado de temas melódicos y emocionales que nunca olvidaremos (“Años”), Milanés nos enseñó que debajo de la elección que todas, todos, todes, debemos tomar al elegir aquellos dos elementos máximo de tres, habita un dolor universal de saber que jamás se llega a casa, que la vida, aunque no “valga nada”, atesora un beso triste, para quienes tiran sus cartas al juego y quiebran una lanza por vivirla.

Descansa en paz, querido Pablo.




Ricardo Martínez-Gamboa




Ricardo Martínez-Gamboa es lingüista . Autor de Clásicos AM.





Para vivir - Pablo Milanés y Amaya Uranga


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