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“El Frente Amplio cabe dentro del paraguas socialista”

Noam Titelman acaba de publicar “La nueva izquierda chilena”. Un panorama crítico del nacimiento y auge del Frente Amplio, desde las marchas estudiantiles a la llegada a La Moneda, donde el autor pone especial énfasis en la construcción y depuración ideológica que ha vivido el FA desde las elecciones de 2017 hasta su actualidad. Con una pluma resuelta y dúctil Noam Titelman enfatiza los desafíos que le caben al proyecto político del cual es uno de sus fundadores, aunque advierte: “Hay poco debate doctrinario o ideológico en los partidos del FA”.

por Lucas Sánchez

Dicen que la crisis consiste precisamente en que “lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: durante este interregno surgen los más varios síntomas mórbidos”, ¿se aplica esta frase a los tiempos políticos que estamos viviendo?

Sí, se aplica. Pero, por un lado, pese al nombre del libro nunca me ha gustado el nombre de lo “nuevo” o lo “novedoso” para esta posición política, porque por un lado hay en realidad o ha habido muchas nuevas izquierdas, por lo menos desde los años 80` incluso desde los años 60` y distintos movimientos permanentes de renovar la izquierda que han tenido distintas expresiones y en ese sentido es verdad que en esa tensión entre lo nuevo y lo antiguo hay un espacio donde pueden surgir algunas cosas terribles. Pero yo lo relaciono con otra discusión que dice que más que una crisis de la democracia estamos en una especie de estancamiento mediocre, en el que cada vez más que votar por algo que nos atraiga votamos por descarte. Y el resultado de eso es una especie de euforia poselectoral seguida de una decepción casi fulminante. Como una decepción que hace de eso una carga sobre los proyectos políticos para demostrar que no son una repetición más de ese ciclo.


A eso hago referencia cuando hablo de la desesperanza. Hay una serie de elementos que dan cuenta del estancamiento y de la imposibilidad de avanzar y que creo que es el signo de estos tiempos, de algo nuevo y algo antiguo que se disputa el espacio pero que no logra cuajar en algo nuevo que permita salir de esta desconexión.


Esta desconexión nos mete de lleno en una afirmación que hay en el libro donde pones a la nueva izquierda como heredera de los éxitos y fracasos de la política de los 30 años de la concertación

La definición que ocupo de nuevas izquierdas, que es una definición bastante transversal, es una izquierda que a diferencia de las izquierdas tradicionales no da primacía a los temas económicos, sino que reconoce en igualdad de importancia otras luchas: de género, feminista, de diversidad sexual, medioambientalista, regionalista, indigenista, etc. Una imagen que yo he ocupado en distintos momentos para explicar es la CUT como era antiguamente, donde tenían un departamento femenino, un departamento campesino-indígena, un departamento de la juventud y detrás de eso estaba la idea de que todas estas distintas luchas se subsumían de alguna manera en la lucha de clases. Y la nueva izquierda dice no, en realidad, todas estas distintas luchas son igualmente válidas. Y las izquierdas tradicionales en una suerte de crítica a las nuevas izquierdas, sobre todo en los años 80`, dicen que esto fue un “giro cultural”, en el sentido de que se abandonaron los temas materiales que serían lo más relevante, lo más estructural.


Este FA es heredero de un proceso de reflexión que tuvo el socialismo chileno, en la renovación socialista en los años 80`, que tuvo dos hijos, uno ilegitimo y otro prodigo, el ilegitimo es la La Tercera Vía en el caso de Chile muy personificada por el laguismo y esa visión que en realidad fue un momento en todo el mundo con Tony Blair, con esa discusión, que reconocían todo este debate del mundo posguerra fría e incluso daban el debate de una sociedad de la abundancia por sobre la sociedad de la escasez. Existían nuevas temáticas más relevantes, “posmateriales”, de autonomía individual, de reconocimiento a la diferencia, etc. En esto, hay un segundo hijo de la renovación socialista, una nueva izquierda que plantea y recoge la idea de que la democracia, de que la democracia liberal, es un bien intransable. Esto quiere decir que no es un medio para un fin participar en las elecciones, sino que la democracia tiene un valor en sí mismo.

En el libro describo que esto no siempre fue parte de esta nueva izquierda del FA, sino que más bien el FA tiene un debate interno. Yo hablo de dos FA y quizá después del gobierno va a haber un tercer FA. Pero el segundo es el que nace el 15 noviembre en la noche, cuando el ahora presidente Boric pone su firma sobre el acuerdo y a raíz de eso además se salen varias fuerzas del FA. Ese segundo FA tiene una correspondencia super clara con el movimiento estudiantil del 2011, porque los que quedan en el FA son los movimientos que son herederos del movimiento estudiantil, o sea, salen movimientos de la izquierda extraparlamentaria y otras fuerzas políticas como el Partido Liberal y queda solamente el germen estudiantil. Pero además la identidad de este FA es distinta a la del 2017, que se conformó en torno a la candidatura de Beatriz Sánchez que era un FA donde cabían desde Vlado Mirosevich hasta Pamela Jiles, desde el Partido Liberal al partido pirata. Un montón de referentes donde era muy difícil encontrar lo que los unía, excepto por un cierto antagonismo con las dos coaliciones principales de la transición. El actual FA es un FA distinto, mucho menos amplio, pero más consistente. Heredero de la renovación socialista de la democracia liberal como un baluarte.


Esta reflexión de la que se nutrió la renovación socialista nace de Enrico Berlinguer, el dirigente comunista que, inspirado en el golpe, escribe una serie de textos donde muchos ven el germen del Eurocomunismo, pero que también tuvieron una influencia muy fuerte en la renovación socialista. En ellos dice que el programa de la izquierda tiene que incluir como uno de sus pilares fundamentales a la democracia y que eso implica, por ejemplo, que la izquierda si llegara alguna vez a tener mayorías electorales, esas mayorías electorales no serían suficientes y para su programa necesitaría de mayorías sociales mucho más amplias. Si eso no sucede arriesgaría una reacción fascista -en Italia- pero en Chile lo podemos traducir como una reacción autoritaria y de otro tipo. la manera de evitar eso sería generar mayoría más amplias.


¿Habrá un tercer FA después del gobierno? ¿Partido único?

Me la he jugado por eso. La verdad es que hace cinco años, incluso antes de llegar al gobierno, que este germen estudiantil tenía que ser un solo partido. Antes ese era un sector del FA, ahora es todo el FA. Pero la última resolución de congreso de RD no dice eso. Como yo no soy un militante disciplinado puedo decirlo sin ningún problema. Y es que yo creo que sería un acto de madurez que todos los partidos se fusionaran en un solo partido. Además, para otros partidos esto es un dilema porque existe una identidad reconocible por la población, pero en el caso del FA la mayoría de las personas no conocen ni les interesa las diferencias internas. En ese sentido espero que el libro sea un pequeño granito de arena, porque una de las cosas que yo planteo también es que hay poco debate doctrinario o ideológico en los partidos. Y con lo doctrinario, lo que ocurre es que es bien inútil para las elecciones, pero puede ser muy útil para las definiciones esenciales de los partidos. Vale la pena que demos esa discusión en el FA. Y si me empujas un poco te diría incluso que el FA cabe dentro del paraguas del partido socialista. El partido socialista es un partido muy diverso. Probablemente no hay posición hoy día en el FA, al menos en sus dirigencias, que no pudiera existir en el partido socialista.

¿Cómo ves al Partido socialista hoy?

El partido socialista sigue ahí, vigente, de hecho, algunos han dicho que es el partido eje del nuevo gobierno, saca una bancada importante en el consejo constitucional cuando se desploman los partidos de centroizquierda.

Dijiste militante “no tan disciplinado”, ¿cuál es el rol y aporte que estás haciendo hoy?

Me gusta el término de crítico secular, que es el que ocupa Edward Said, quien cumplía un rol de intelectual público, crítico. Era exiliado de Palestina, pero había vivido toda su vida en EE. UU. El crítico secular era la posición del exiliado, que es alguien que está siempre en una vereda, en ese sentido se parece en algo al intelectual orgánico, pero a la vez guarda una cierta distancia crítica. Es capaz de estar en una vereda, pero al mismo tiempo guarda una distancia crítica de esa vereda. Tampoco es un intelectual encerrado en la academia que se margina de los debates públicos. Y ese punto intermedio es algo que me ha llamado mucho la atención. Me encantaría cumplir un rol similar. No ser complaciente ni un portavoz del partido. He ido tomando ese rol por distintas razones, también tiene que ver con las aptitudes e intereses de cada uno. Los políticos deben tener optimismo y una gran fe en sus capacidades para creer que se las van a ganar todas. Yo soy, más bien he sido un pesimista de corazón en varios temas.

Tengo mucha admiración y respeto por varios de mis compañeros de ruta que han seguido el camino de la dirigencia política. Fue casi alucinante verlos ahora en La Moneda.


¿Cómo los ves en el gobierno?

Hay que tener un tipo de energía y fuerza que yo no tengo e intento aportar desde mi vereda, desde mi espacio, pero con bastante humildad. Reconozco que otra cosa es pelear en la cancha y por eso trato de nunca tener esta especie de tono predicador de los analistas. Me paso con el libro que tuvo una muy buena recepción, mucho mejor de lo que yo me esperaba, y bastante transversal, gente oficialista, de oposición, más de derecha, más de izquierda, gente más cercana al gobierno, más crítica, y creo que se reconocía que a lo mejor esto es un tono que no siempre logro, pero de cierta empatía y honestidad intelectual. Hay algo muy gritón en el debate público, incluso, entre los comentaristas.

Ese estancamiento, ¿es otra forma de no-trasmisión?

La tan olvidada generación X ha terminado teniendo un rol más importante del que nadie esperaba. Y Carolina Tohá ha sido un puente. Y una de las cosas interesantes que tenía Boric, incluso como dirigente estudiantil, y después como diputado y ahora como presidente es que era de los pocos de mi generación que tenía puentes hacia la otra generación, espacios de dialogo, y ese puente era lo que le permitía cierta amplitud de visión.


¿Fue esta capacidad de “puente” la que en segunda vuelta le permitió ganar el centro político, o, fue un voto de rechazo a Kast?

He tenido varias discusiones con amigos y no tan amigos sobre este tema, porque yo no creo que exista, más allá del imaginario de una cierta élite política. Había una época que se hablaba del centro “huérfano” como una imagen paternalista. A mí me parece esta tesis no se sostiene en los datos. Además, contradice todo lo que ha ocurrido en las elecciones en los últimos 10 años, porque a pesar de este relato que parece desconocer que ha habido un sinnúmero de candidaturas de centro que se han topado con un muro electoral, Carolina Goic, la candidatura de Yasna Provoste, Progresismo con progreso, etc. Estos esfuerzos fallaron, pero es increíble porque se repite, una y otra vez como mantra la idea de que nunca y nadie ha intentado hacer esta candidatura de centro.


Pero además hay datos bien consistentes en este aspecto, uno mira la identificación en el eje izquierda derecha en Chile, en los años 90`y aproximadamente un 89% de los chilenos se identificaba con alguna posición es ese ámbito. Y uno avanza al 2019 y se encuentra con que 2/3 de los chilenos no se identifica con ninguno de esos programas. Y esa es una de las trampas que hacen las encuestas, que cuando uno les pregunta a las personas usted se identifica con derecha, izquierda, en una escala de Likert, de 1 a 10, y esta es la trampa, la mayoría de las personas pone los números al medio. Ahora hay un montón de estudios de la “encuestología” que te demuestran, que cuando las personas no se identifican en estas escalas, que no se sientes representados por esa pregunta, ponen su opción al medio. Entonces el codificador desde la élite interpretaba a la persona que pone 5 como una persona de centro. Y terminaban ocurriendo cosas muy curiosas, que mucha gente te dice “yo soy de centro” y por eso termina votando a gente como Parisi, pero cuando uno habla de centro político se piensa más bien en la democracia cristiana o en el partido radical. Pero la sociedad, la ciudadanía cuando piensa en términos de centro está pensando en otra cosa. Entonces yo creo que hay buenas razones para plantear que en la última década ese voto que iba a votar, que es de un 50% del padrón electoral, estaba movido principalmente por un voto negativo, que es una idea que desarrolla Carlos Meléndez, que es un politólogo de la Universidad Diego Portales, para Chile y para América Latina, y que muestra que las identidades positivas son menos relevantes.

La rebeldía en disputa

¿Hay una caída del clivaje izquierda - derecha?

Claro. El 2006 el 52% de las personas se identificaba con algún partido, el 2019 un 22%. Tenemos la identificación con partidos más baja de América Latina, sólo superada por Guatemala. O sea, muy baja identificación con los partidos y a la vez mucha identificación negativa. Esto es lo que demuestra Meléndez. Es decir: que mucha gente que votaba por la concertación o por la Nueva Mayoría, más que votar por una identificación con la concertación o la Nueva Mayoría votaba por un rechazo a la Alianza por Chile y viceversa. Y ese votante que Juan Pablo Luna llama un votante destituyente, un votante que quiere votar por el más anti-establishment, el factor anti-política es cada vez más decisiva en la política chilena, y en ese sentido más que un péndulo, es la misma fuerza que a veces vota por la izquierda cuando la élite es de derecha, cuando es Piñera quien está en el gobierno y a veces se encuentra con la derecha cuando la élite está por la izquierda.

¿Los resultados del 4 de septiembre operarían bajo esta lógica?

Pasan dos cosas. Una es esta, primero, es interesante porque había dos interpretaciones de la victoria del rechazo en la misma discusión que teníamos antes. Una que dice que el texto constitucional se había pasado unos pueblos, como que estaba a la izquierda del votante medio, que había sido un rechazo desde el centro, para poner una caricatura que había sido un rechazo desde los votantes de Yasna Provoste y que en ese sentido había jugado un rol muy importante la izquierda de centro por el rechazo. Esta era una interpretación que supone que la gente lo que estaba demandando era un proceso más moderado, más controlado, con más expertos, menos de izquierda, etc. Pero la otra interpretación, es que en realidad el rechazo más que ser por haberse pasado la convención unos pueblos, porque se equivocó de pueblo y que este nuevo sentimiento anti-élite en el paso de la convención había pasado desde un rechazo a las tres comunas, o contra el gobierno de Sebastián Piñera a un rechazo a la élite que ahora estaría representada en la convención. Pero paso otra cosa que yo creo que es inevitable mirar. Es que se sumaron unos 5 millones de votantes nuevos y la verdad es que no los conocemos todavía en plenitud, porque solamente han votado dos veces con un gobierno de izquierda al frente. Y hay algunos estudios que han mostrado que, por un lado, profundizan lo que había en el padrón original, en el sentido de que tienen aún menos identificación con el eje izquierda-derecha, tienen aún más posiciones anti-élite, pero, por otro lado, son más tradicionalistas en los temas valóricos, en temas como aborto, diversidad sexual, y también en el combate de la delincuencia y migración. Que era la parte más progresista de la convención, más temas “valóricos” que económicos donde no había grandes cambios. Donde había más elementos progresistas en la convención era justamente en lo valórico, todo el debate en torno al plurinacionalismo, temas como el aborto, etc. Incluso más allá del texto constitucional, sobre el actuar de los convencionales, desde una crítica al himno, a los símbolos patrios, cosas que pasaron en la campaña como la bandera. Todo ese tipo de cosas generó una reacción de un grupo de la población que se sintió atacado en esta identidad.


De hecho, sospecho que no sólo es el voto obligatorio, pienso que hay un votante que se activó en reacción a esa sensación de ataque. En el libro hablo del rodeo. Porque el texto constitucional si bien no prohibía el rodeo hablaba de los derechos de los seres sintientes. Además, pasó otra cosa, hay una crónica de La Tercera que aborda esto, sobre lo que pasó en Petorca, porque en Petorca donde el agua es tan importante, pese a que el texto constituyente tenía varios temas sobre el derecho al agua, ganó el rechazo. Y una de las razones, hay miles de cosas, esto no es lo único, pero uno de los temas que aparece con mucha fuerza en la crónica de La Tercera es que hubo un par de convencionales que fueron a Petorca y una de las cosas que llamaron la atención es que hablaron muy despectivamente del rodeo. Yo también tengo amigos que cuando hablan del rodeo y lo asocian a una práctica barbárica, coliseo romano, que hay que superar, etc… Pero independiente de las posiciones que uno tenga sobre el rodeo. De hecho, en las encuestas la mayoría de los chilenos no tienen particularmente una percepción positiva del rodeo, hay un grupo de la población, miles de personas, un grupo minoritario, pero miles de personas que el rodeo es parte de su identidad, como el fútbol para la mayoría de los chilenos y hablar despectivamente del rodeo, es hablarles despectivamente de su vida, de su cosmovisión y eso evidentemente activa. Además, probablemente hay un tema de activación asimétrica, porque hay mucha gente a la que no le agrada el rodeo, pero la verdad es que no le importa mucho, pero hay un pequeño grupo que le importa mucho. Entonces, están dispuestos a ir a votar en contra de quienes les prohíban el rodeo, en cambio puede haber otros que si bien no les agrada no les importa.


¿Se veía venir en este sentido el resultado de las últimas elecciones de convencionales? Este triunfo aplastante de la derecha radical.

Sí, déjame muy brevemente decir cuál es la definición de derechas radicales que estoy ocupando. Básicamente lo que separa a las derechas radicales y extremas es su posición respecto a la democracia liberal. Lo que caracteriza a las derechas radicales es que se ponen del lado de la democracia contra el liberalismo, como Hungría, Polonia, en fin. Las asociaciones son muy claras entre los grupos que están ahí con Republicanos, porque José Antonio Kast se ha reunido muchas veces con el grupo de VOX de Madri. No es difícil hacer esta asociación. De hecho, si uno revisa los medios internacionales no tienen ninguna ambigüedad, todos señalan a Republicanos como perteneciente a la derecha radical.


En ese sentido no me sorprendió. Ahora, lo que sí me parece interesante y que me llamó mucho la atención fue una entrevista que dio el consejero Luis Silva porque lo que más quedo en el tapete era que no iba a hacer acuerdos ni dialogo, etc. Pero dice otra cosa también que a mí me llamo más la atención, que cuando entró al Opus Dei salió del closet, y también dice que él era la oveja negra de la familia. Y me llamo la atención porque me resonó mucho con un libro que escribió Pablo Stefanoni, que habla, o sea se pregunta, si es que acaso la rebeldía se volvió de derecha. Y como muchas de estas derechas radicales empiezan a verse a sí misma como una forma de rebeldía. En el fondo, es interesante porque disputan un discurso de la izquierda, hay un discurso de la izquierda en la que siempre asume que está siendo derrotada, que está en un momento de debilidad y que la derecha ha ido ganando y que por lo tanto la izquierda está en una posición de rebeldía, de resistencia incluso. Y de alguna manera, un sector de la derecha hace lo mismo, dice “los que han venido ganando son los progresistas y nosotros somos los rebeldes”.

¿Qué significados están en disputa?

Stefanoni en otro artículo observa algo parecido a propósito del “Atrévete” de la campaña de José Antonio Kast, como una rebeldía, atrévete a qué, atrévete contra qué, qué es lo que no te está permitiendo atreverte y hay toda una idea de lo políticamente incorrecto como una forma de rebelión frente a un mundo progresista que estaría siendo hegemónico.


Esto, en algún sentido se veía venir, porque José Antonio Kast ganó la primera vuelta, la bancada republicana es una bancada enorme en el congreso, hay una fuerza que está presente ahí, etc. Además, han hecho un trabajo territorial como pocos partidos en Chile, quizá sólo el PC puede decir que ha hecho un trabajo parecido en términos de penetración social, posicionamiento, trabajo de base. Kast ha recorrido Chile de una manera que ningún dirigente político lo ha hecho en este último tiempo. Se parece en ese sentido a la UDI popular cuando llegaba a las poblaciones. En ese sentido, es un mundo que vamos a seguir viendo con un rol protagónico por harto tiempo. Yo creo que republicanos va a jugar un rol importante en la política por lo menos, me la voy a jugar con una predicción, por lo menos por 10 años más. No creo que desaparezca.



¿Con qué sí está conectando Republicanos?

Con ese votante anti-establishment del que estábamos hablando, que es el 50% del padrón que ha venido votando los últimos 5 años, y cada vez con más fuerza, por la propuesta que sea más anti-política, como que cada elección se ha vuelto un plebiscito, donde lo que se está evaluando es a la clase política. Pero el otro nuevo votante, estos nuevos 5 millones de votantes cuando decía que tenían una identidad tradicionalista, en realidad hay algo medio eufemístico porque no es una identidad tradicionalista conservadora en términos abstractos. Es una identidad cristiana. Ha habido una activación de esa identidad cristiana, que esto no es sólo un fenómeno chileno, en toda América Latina ha pasado mucho y es interesante porque ha pasado en Brasil con Bolsonaro, pero también ha pasado en México con Amlo.


Este es uno de los desafíos de esta nueva izquierda. Nunca va a poder ser la izquierda socialcristiana, pero sí tiene que encontrar un discurso que le permita conformar una alianza con ese mundo. Hay experiencia. La misma izquierda cristiana es una experiencia chilena de un cristianismo progresista. En ese sentido creo que es importante que emerja esa matriz cristiana de izquierda progresista y que al mismo tiempo el FA tenga un discurso capaz de convocar y generar alianzas con ese mundo.

Uno de los temas que ha surgido y que hay que tratarlo con cuidado y sin excederse porque es importante para esta nueva izquierda la valoración de las luchas feministas o de la diversidad sexual que son luchas intransables, pero yo creo que hay que encontrar una manera en que ambos mundos conversen. Mi impresión es que habría que recuperar esta idea orwelliana del common decency, de una cierta moral de la clase trabajadora que reconoce el valor de las familias o de la comunidad. El matrimonio igualitario, en algún sentido es una agenda tremendamente conservadora, porque es la idea de revalorizar el núcleo familiar. Pero, en una vertiente del s. XXI que reconoce que hay muchas variedades de familia. Esta es una agenda que puede unir a una izquierda cristiana con una nueva izquierda progresista.


Hay pocos espacios en nuestra sociedad donde todavía las personas entienden su bienestar como un bienestar colectivo más que individual. A todos nos pasa. Es absurdo decir que mi familia es más importante que la de mis padres, etc.

¿Cómo construir identidades comunes?

La democracia necesita espacios comunes para funcionar, espacios de comunidad cercanos. El sindicato es un ejemplo. El sindicato no como el espacio que negocia su sueldo, sino que el sindicato, esto es un poco una caricatura, pero en Suecia cuando se pertenecía al sindicato también era una organización donde uno conocía a su pareja en las fiestas, pololeaba, iba a los cines del sindicato a ver películas producidas por el sindicato. Después cuando se casaba le compraba una casa a la constructora del sindicato, los hijos iban a la misma escuela, etc. Y hoy hay pocas instancias que hacen eso. Quizá la iglesia, la familia militar también. Y el partido social demócrata la gracia que tenía era que representaba esa identidad y había un relato, una visión de mundo que unía la casa, el trabajo y la urna. Y hoy son muy pocos los relatos que permiten hacer una conexión como esa. Y esa es una de las crisis de la política en general, y en particular de la nueva izquierda y esto es el desafío: cómo generar estos espacios de socialización que permitan esa representación. La representación individual nunca es social.


El individuo como tal es imposible de ser representado, para el individuo la representación es siempre una traición, la única forma de representarme es en cuanto miembro de una comunidad, de una clase, de una ideología, de una religión, de una nación. Eso sí es representable. Pero yo como individuo no puedo ser representado. En parte esta es la crisis de la democracia: cuando perdemos ese espacio intermedio que permitía ser parte de una identidad, que nos permitía decir algo como “este será un gobierno de mierda, pero es mi gobierno”.





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