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Improvisación y absurdo

Mi trabajo parte desde cuestionamientos que la arquitectura no me pudo responder. Ya conocía mis medidas en sistema métrico, podía calcular mi volumen exacto si es que me sumergía en un recipiente con agua (caso hipotético, pero posible), y sabía el espacio mínimo que necesitaba “un cuerpo” para habitar un lugar. La altura de una mesa para comer, el ancho de un escritorio, el espacio alrededor de un inodoro, la pendiente de una rampa. Medidas universales para un cuerpo anónimo, del cual no conocía su cara, experiencias, memoria, ni huellas.


Antes de comenzar mi práctica artística, estudié arquitectura por seis años en Chile. Pregrado y Magister en la Pontificia Universidad Católica. Y en un intento por escapar la labor de ampliar closets y restaurar cocinas, escribí una tesis sobre el re-uso adaptativo de la arquitectura moderna. De un edificio que fue construido en los 70, en un país bajo dictadura, y en un período en el cual yo no existí. La memoria colectiva, Herman Hertzberger,[1] Gloria Anzaldúa,[2] y David Hockney fueron apareciendo en este camino investigativo y creativo; qué hacer con una piscina olímpica que dejó de ser olímpica por regulaciones de la FINA[3], pero que aun así, se llama Piscina Olímpica, de Arica, y es un monumento regional.


El proceso de redibujar un plano, una sección, una elevación, y una vista isométrica, fue una manera de reclamar el edificio (la piscina de Arica), a través de mis manos. Los planos originales fueron hechos antes de la aparición de AutoCad[4], y alguien tenía que vectorizarlos, re-trazarlos, hacer sentido de la escala, y medir la estructura in-situ. Y así lo hice, y me doy cuenta ahora, años después, que inconscientemente he estado haciendo lo mismo con mi cuerpo a través de la performance. Estoy reclamando mi cuerpo a través de mis propias manos.


Qué significa usar el espacio, cómo lo usamos, cómo lo uso yo, cómo lo uso con mi cuerpo, son preguntas que tal vez no tienen una respuesta definitiva, sino matices. Matices de verdades propias, verdades encarnadas, aprehendidas de la experiencia in-situ, in-corpore. Un cuerpo, mío, que además de físico es conceptual dependiendo del lugar en el espacio en que se encuentra. Un cuerpo nacional, residente, no residente, inmigrante, latinx, raza mixta, cuir, prefiero no contestar, género femenino, no veterano, binario, soltero, estudiante, sin acompañante, autorizado para trabajar.


Mis obras, se informan mediante experimentación, repetición e inventarios, las cuales yo considero infinitas, pues si sigo iterando, la obra nunca se completa y la respuesta nunca es la final. Razón para auto desafiar mi cabeza estructurada, porque nada de lo que hago es cuantitativo, si no improvisado, espontáneo, y conceptualizado después de la acción. Simone Forti, Ron Athey, Devynn Emory, bell hooks, y Julia Kristeva, han sido refrentes importantes en mi trabajo; la abyección, el dolor, las políticas del cuidado, el amor, y el cuerpo. Usando distintos materiales, he medido–sin medidas–mi cuerpo en el espacio, lineal y volumétricamente. Me he cubierto el torso con arroz, compost, cinta de embalaje y queso crema, entre otros, y he construido alter egos de yeso y cartón que he sentado en mi habitación por meses para “compartir el espacio” y aprehender mi tridimensionalidad. También me he interesado paralelamente por el peso que tienen los cuerpos, mi cuerpo, y otros cuerpos sobre el mío. De dónde viene el confort de una frazada gruesa, un saco de arena que te abraza, una bolsa de genero con arroz que te suelta los músculos del cuello. Y cuáles son esos afectos que nos producen.


Con la improvisación y el absurdo, busco encontrar esas respuestas efímeras, y sensaciones inesperadas que nos pueda producir el material. Materiales que puedan afectar a otros con una instalación interactiva, o a mí, sola frente a un celular pegado con scotch a la pared, mientras repito en voz alta el juego de los limones hasta contar hasta cien. Mi trabajo está en constante evolución, repetición, física y verbal; haciendo de la metalingüística mi fijación actual, en una serie donde voy bordando todas las frases que sé de memoria y ya no puedo descomponer, como mi número de teléfono, la dosis de un remedio, un dicho popular. Esas palabras que repetimos sin parar y sin pensar.



blueprint, 2020


blueprint, como su título, hace referencia a los planos arquitectónicos en dos dimensiones: planta y elevación. Una de mis primeras experimentaciones frente a la cámara, me grabé por 49 minutos, delineando mi cuerpo sobre ambos planos cubiertos de plástico azul con cinta de enmascarar. Los ángulos que alcanzaban mis brazos, mis piernas estando sentada en el centro, mis piernas estando parada, mis tobillos flectados, mis dedos separados y juntos. Toda “medida” que se me pudiese ocurrir, hasta que no se me ocurriesen más, y eso marcó el final de la performance.



elastic tulle, 2020


elastic tulle, es una aproximación al entendimiento propio del volumen de mi cuerpo cuando lo cubro de materiales distintos. El tul, tela semi transparente, produce una tensión interesante entre los movimientos del cuerpo, y la adaptación de la tela que sucede con cierto retraso temporal–porque pesa menos, y el mismo movimiento del aire la levanta, haciendo parecer que cae más lento y deformada.




every forty two times, one, 2022


every forty two times, one, fue mi proyecto de tesis en mi master de bellas artes en Parsons. En él, utilizando el ancho de mis hombros (42 centímetros), construí un cubo que fuera capaz de sostenerme y dejarme sostener pesos sobre mi cuerpo también. Viene de la observación de los juegos de niños en los parques, y como estos, los niños, están siempre escalando; pero si encuentras a un adulto, te apuesto a que está colgando o apoyado en algo. Ese confort en colgar, en el peso, en sentir la propia gravedad y la de otros materiales sobre nosotros, es lo que quería invitar al público a experimentar, sin decirles, y solo dejarlos ser. Aludiendo también a la soledad del cuerpo en el espacio, en procesos de duelo, separación, y durante la pandemia, donde sostener a otros se hizo algo raro, anhelado, y/o peligroso.



Fotografías: Martin Seck, 2022



sandbags 1, 2021


sandbags 1, es un ejercicio que surge luego de una escultura donde elaboré 78 piezas de yeso que colgaron del marco de una ventana en la quinta avenida en Nueva York (78 off me), donde me invitaron a exponer, pero no podía ser performance, solo escultura u obras en dos dimensiones. 78 es el número de órganos que tiene el cuerpo, según algunas publicaciones científicas–no acuso completa veracidad–pero así tomé el encargo y me deconstruí en esas 78 piezas. en sandbags 1, lo que hice fue ponerme esas 78 piezas encima, las quería mover, las quería cargar, las quería tocar. En vez de yeso, utilice arena en sacos de telas, y sacos triangulares, porque la geometría no me deja tranquila, y calcular el volumen de triángulos y luego verlos deformarse me pareció formalmente absurdo, y eso siempre me entretiene.




Carolina Muñoz



[1] Autor de Architecture and Structuralism - The Ordering of Space. Naio10 publishers, Rotterdam, 2015 [2] Autora de Borderlands La Frontera - The New Mestiza. Aunt Lute Books, San Francisco, 4ta ed., 2007 [3] Federación Internacional de Natación [4] Software de dibujo arquitectónico inventado en 1982.

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