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Pablo Fante
- Pablo Fante

- 12 jun
- 1 min de lectura
Actualizado: hace 20 horas
Las pantallas relucen ante el ojo,
lo iluminan con sueños de otras vidas,
historias en pixeles y con líneas
que imprimen las cortezas a su antojo.
Se rinde el ojo ante la luz tupida,
fascinado por sus brillantes textos.
Se entrega la pupila al movimiento
de adorar la pantalla cual polilla.
Se agitan los pixeles en su oleaje,
creciendo más allá de lo visible
con su urgente mensaje que nos tiñe.
Cierro el ojo y apago la vorágine.
En el párpado fulgen otros fuegos:
en la gruta consciente brilla el cuerpo.
















































