Volver a casa con novedad. Martín Cerda y el psicoanálisis
- Jorge Norambuena

- hace 7 horas
- 4 min de lectura
En el hogar de unos queridos amigos había un cuadro que causó el interés de mi pareja. “El deseo es siempre el deseo del Otro” decimos en psicoanálisis. Y el gusto también, podríamos traducir, y ella, mi pareja, tiene muy buen gusto.
Al estudiar yo al artista que le interesó y su obra, quise tener uno de sus cuadros. Cuando lo fui a buscar a su casa me dijo: “pasa, conversemos”. Tres horas duró la conversación. Me explicó su arte, de dónde venía, por qué era así, leímos poesía, me contó anécdotas sobre otros artistas e intelectuales de su generación. Tantas cosas y nombres que olvidé de una jornada que suelo recordar.
Al paso, “al vuelo” como quien dice, él me nombró al ensayista Martín Cerda: “escribe ensayos para pensar el ensayo”, me dijo. Justo por esos días andaba yo indagando sobre el tema del Ensayo como material para la construcción de conocimiento y él me sale con esa frase. Llegué a mi casa -teniendo ya qué explicar por qué el “voy y vuelvo” se transformó en una tertulia de horas- y compré todos los títulos que encontré de Martín Cerda. Así funciona la transmisión, no siempre es racional.
“El ensayista es, en efecto, un lector, pero un lector que no se contiene frente a cada texto leído, sino que, por un impulso radical, siempre lo sopesa, lo interroga y lo prolonga (...) no es pues, sólo un hombre que lee sino, además, que se observa leer y, encima, que escribe cada una de sus observaciones” (p. 254-255).
Martin Cerda, escritor chileno de la generación del 50, escribe ensayos sobre diversos temas: política, literatura, sociedad, viajes, arte y un largo etc. Es la encarnación de su idea de lector ensayando su pensamiento. Y en esto, su lectura, fuí encontrando gran resonancia con el Psicoanálisis por mi práctica y lo que me interroga, o por lo menos de cierto Psicoanálisis y su forma de construirse y pensarse. “El ensayo está siempre orientado hacia la verdad, pero al mismo tiempo, le está vedado postular que cada texto suyo sea la verdad” (p. 36) En este sentido Cerda dirá que el objeto del ensayo es develar lo esencial de cada objeto que le ocupa “sin afirmar nunca dogmática o arrogantemente que su palabra es la “última palabra” sino solo una “palabra exacta” (Barthes), libremente producida y responsablemente conducida” (p.36). Se ensaya, en síntesis no conclusiva, para mostrar “el verdadero perfil de lo nuevo” (p.36).
¿No es sobre esta forma que se sostiene, por ejemplo, el estilo de escribir y su intención, de Freud y/o Lacan? Podríamos jugar con las palabras de Cerda y, en vez de decir “para el ensayista…”, usar: Para Freud (o Lacan) “se trata siempre de despensar lo ya pensado sobre cada objeto que lo ocupa, para dejar al descubierto esa parte suya que el pensamiento “canónico” había dejado, justamente, sumergida, insospechada” (p.38) (1)
“¿Qué nos enseñan los casos clínicos de Freud?” se viene preguntando Francisco Pisani en un seminario de hace varios años en la Nel Santiago. Nos enseñan -arriesgo a decir una de tantas respuestas posible- no sobre una teoría clausurada sino sobre una forma de interrogar un objeto cada vez (ya sea la neurosis, la histeria, el trauma, el narcisismo, etc.). Lo relevante no son sólo los conceptos teóricos que podemos desprender de Freud o Lacan sino la forma de interrogar cada vez el objeto que les atañe, orientados hacia la verdad sin que su palabra sea la verdad, despensando lo pensado sobre cada objeto que les ocupa.
Bajo esta luz, el Psicoanálisis, para el Psicoanálisis mismo, sólo se puede leer y escribir a modo de ensayo, en tanto su objeto de estudio es una falla estructural y constituyente, la barra del sujeto. Otra cosa es que, desde el Psicoanálisis queramos tender puentes con otros campos o discursos, lo cual no sólo es deseable sino necesario, y ahí debemos pensar en otras formas de construcción de conocimiento y lenguajes posibles. Pero si el problema es lo Real como lo Imposible, solo el ensayo puede ser la forma epistémica que permita no orientarse por un desarrollo lineal, meramente acumulativo, sino que posibilite iluminar el problema que con cada caso le interroga y le demanda actualizarse cada vez.
En este sentido, escribir en Psicoanálisis no es un acto para arrimar una respuesta sino un ejercicio para bordear, como el ensayo, lo imposible mismo del sujeto (o de cada objeto que sea posible interrogar). No hay, por tanto, recetas sino ensayos sobre los ensayos. Y por esto puede leerse en Freud o Lacan, en su escritura, el ir y venir una y otra vez sobre tales o cuales temas u objetos. De ahí nuestra tarea: construir de lo que nos transmiten el Cómo abordan su problema antes que el mero Qué problema o concepto proponen, así como Martín Cerda me transmite a mí cómo abordar un ensayo y ser abordado por el mismo.
Hacia qué lugares nos puede llevar una buena charla. “Hay que conversar para que podamos entendernos”, me dijo con una gran sonrisa. Termino. “Hugo, ¿te puedo hacer un retrato?” “¿una selfie?”-me pregunta él-. “No, un retrato con mi cámara fotográfica. Para tener registro y hacer memoria de este momento”. Click. De ahí en más, unos buenos y gratos minutos hablando de fotografía antes de volver a casa con alguna que otra novedad.

Retrato de Hugo Rivera Scott. Las Condes 2026
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