Buscar
74
- Martin Hopenhayn

- 16 ago
- 1 min de lectura
Al trance del júbilo le sigue primero un regodeo en su evocación y más tarde la insistencia en que recurra. Pero el júbilo acontece por asalto. Que infunda este anhelo de retorno no es asunto suyo, por más que parezca una consecuencia anticipada, o deducida, de su advenimiento. Me pregunto si hay un camino al júbilo, si podemos entrenarnos en una voluntad que le permita entrar en nosotros sin que ningún acontecimiento excepcional lo precipite. Tendría que ser una disposición natural y, sin embargo, fruto de un largo esfuerzo. Una astucia largamente cultivada para sosegar al júbilo, hacerlo entrar en confianza como si no tuviésemos intención de retenerlo, como si estuviésemos bien dispuestos para una relación puertas afuera.
















































