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- Martin Hopenhayn

- 8 jun
- 1 min de lectura
Le preguntaron dónde estaba la verdad, y él respondió: "está allí, adentro de ustedes". Se miraron entre sí por un instante (ellos, que lo habían seguido por años) y luego, como si tuviesen prisa, se desgarraron la piel, se abrieron las grasas, se desencajaron los músculos. Pero allí adentro no encontraron la verdad: sólo vísceras sangrantes y órganos a punto de desencajarse. Volvieron a preguntar, indignados y agónicos, por qué los había engañado, por qué él, siendo maestro y ellos sus discípulos, les había mentido. A lo que él respondió, sin alterarse, pero triste: "Yo no he mentido. Pero hay verdades que matan."
















































