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Germán Carrasco

Actualizado: hace 10 horas


Para las urracas o el abatido nido de sus ojos

brillan los tesoros: sillas de ruedas, baratijas

en manos virginales, en regazos.

Capta su plasticidad: el sol

puede afiebrarte como a un recién nacido

o a un raquítico y afectado manos finas

al concentrarse en los trozos brillantes

de una botella rota en plena acera, al asolar

y desolar las fachadas continuas de esta parte;

al enmarcar defectos físicos, bellezas excesivas;

al cruzar parabrisas y ojos claros. No es justo

decir que afea el día cuando pone

un velo de bruma sobre el género

insidioso, acentuado de las cosas

ni culpar a la noche de la traición, el crimen

o de los últimos sucesos, cualesquiera

que estos sean. Un buen día (se podría decir)

a pesar de la engañosa apariencia

del sol sobre las cosas. Además, recuerda

lo terrible que fue ver (aunque por algunos segundos)

al sol como una moneda vieja

o una ampolleta de bajo voltaje

hace algunos años, en el eclipse, en Putre.


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Del libro ‘La insidia del sol sobre las cosas´
Germán Carrasco
Ed. Dolmen 1998
-
Imagen obra: Umbral
Federico Assler
1969
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