Javier Llaxacondor
- Javier Llaxacondor

- 4 nov 2025
- 2 min de lectura
Cuando uno está encerrado,
todo poema nace una madrugada
Cuando uno está enfermo,
todo poema nace una madrugada
Cuando uno está enfermo y encerrado
cada poema es la madrugada
La madrugada es una oscuridad que se confunde con el tiempo
El tiempo es el material con el que se construye un laberinto
Cuando uno está encerrado y en la oscuridad
el poema es un laberinto
El laberinto no es el caos,
el laberinto tiene una solución que siempre nos será negada
Ninguna solución es una puerta,
pero una puerta puede ser una solución
El laberinto puede ser una solución
si una madrugada alumbra el poema
Cuando uno está enfermo y asustado
todo poema parece una solución
Todo laberinto debería ser oscuro para no ver el dolor del poema
Un laberinto no admite pasos lentos y tampoco la desesperación
La desesperación es un encierro dentro de otro encierro
El poema es un laberinto que nace de un laberinto
El laberinto es una construcción que vive en el cerebro y en los pies
El laberinto no tiene descansos,
pero tiene esquinas
Cada ángulo del laberinto es una esperanza donde reposa el aliento
El dolor y la desesperación son libertades de los pies
Cuando uno es libre tiene hambre
el hambre es creación
Cuando uno está encerrado y tiene hambre
lame las paredes a falta de alimento
El hambre no es la libertad, pero se le parece
Cuando uno está hambriento
el laberinto es una casa que nos da de comer
No hay laberinto sin monstruo
Un monstruo sin hambre es como un poema sin madrugada
Una madrugada sin monstruo es un poema de amor
Un poema de amor es un cementerio de laberintos
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