Nicolás Browne
- Nicolás Browne

- 3 nov 2025
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Actualizado: hace 10 horas
Recuerdo el día que corté la hierba:
saltamontes en las espigas
un jardín de margaritas
chinches del arce, caracoles macrogastra
erguidos como pequeñas hojas afiladas
sobre el banco y sobre la reja de alambre
y polillas cogidas del nudo de las vainas
rozando con el abdomen la tierra
(las tomo con las manos como un capullo
mientras apenas sus finas patas sus finas alas
y las dejo aún dormidas
en el corazón de las enredaderas)
Y justo más allá del prado
por entre sombreros y escamas
justo más allá de las enormes babosas
que se arrastran exhalando su propio peso
hay una bodega donde se guardan
herramientas y juegos de verano
y las arañas cuelgan de telas cubiertas de polvo
y los segadores se arriman unos en otros
Y casi paro de golpe la máquina
cuando supe que las margaritas buscaban sobre las espigas
el asombro de la luz
para abrirse para cerrarse
como niños jugando en el agua
(las tomo envolviendo sus tallos
con dedos que son trompas doradas
y las dejo sobre las copas de los árboles)
Y entonces las raíces y las coronas vueltas hacia el sol
las libélulas las mariposas las abejas
alumbrando zumbando mañana
cuando un petirrojo baja del muro a la tierra
y gorjea
porque todo de pronto se hace de día
y porque sacude sus alas y se marcha
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