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Nicolás Browne

Actualizado: hace 10 horas


Recuerdo el día que corté la hierba:

saltamontes en las espigas

un jardín de margaritas

chinches del arce, caracoles macrogastra

erguidos como pequeñas hojas afiladas

sobre el banco y sobre la reja de alambre

y polillas cogidas del nudo de las vainas

rozando con el abdomen la tierra


(las tomo con las manos como un capullo

mientras apenas sus finas patas sus finas alas

y las dejo aún dormidas

en el corazón de las enredaderas)


Y justo más allá del prado

por entre sombreros y escamas

justo más allá de las enormes babosas

que se arrastran exhalando su propio peso

hay una bodega donde se guardan

herramientas y juegos de verano

y las arañas cuelgan de telas cubiertas de polvo

y los segadores se arriman unos en otros


Y casi paro de golpe la máquina

cuando supe que las margaritas buscaban sobre las espigas

el asombro de la luz

para abrirse para cerrarse

como niños jugando en el agua


(las tomo envolviendo sus tallos

con dedos que son trompas doradas

y las dejo sobre las copas de los árboles)


Y entonces las raíces y las coronas vueltas hacia el sol

las libélulas las mariposas las abejas

alumbrando zumbando mañana

cuando un petirrojo baja del muro a la tierra

y gorjea

porque todo de pronto se hace de día

y porque sacude sus alas y se marcha


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Del libro Cielo Nativo
Nicolás Browne
Editorial Las Bacantes 2025
@lasbacanteseditorial

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