Sergio Larraín en Córdoba
- Catalina Mena

- 22 jun
- 3 min de lectura
Hay experiencias que uno sabe, desde el primer día, que van a quedar. Esta fue una de ellas. Viajé a Córdoba invitada a partir de la escritura de mi libro Sergio Larraín. La foto perdida (Ediciones Universidad Diego Portales), traducido y editado también en Francia por Éditions Xavier Barral, y ahí, en esa ciudad que respira historia y pensamiento, tuve la oportunidad de compartir en dos espacios de enorme peso simbólico: el Museo Provincial de Fotografía Palacio Dionisi, el único museo especializado exclusivamente en fotografía de toda Latinoamérica, y el Centro Cultural de la Universidad Nacional de Córdoba, la universidad más antigua del continente.
En ambas instancias tuve la posibilidad de hacer algo que me parece urgente: sacar a Sergio Larraín del casillero donde solemos dejarlo —el de “fotógrafo”, sin más— y mostrarlo en su verdadera dimensión: un artista completo, un dibujante, un pensador que, mucho antes que el resto del mundo, ya estaba escribiendo sobre la crisis medioambiental, el abuso del poder y la violencia. Sergio Larraín no solo miró el mundo a través de una cámara: lo pensó, lo escribió, lo advirtió. Sus textos —poco conocidos, casi secretos— son hoy de una actualidad que sobrecoge.
Conversamos también sobre su costado menos conocido y más radical: su paso por el movimiento Arica, bajo el liderazgo del gurú boliviano Óscar Ichazo, en los años setenta, y cómo de esa experiencia extrajo un conocimiento espiritual que luego enseñó durante su retiro en el Valle del Limarí. Sergio Larraín fue, también, un maestro y un buscador.
Y, por supuesto, ahondamos en su método fotográfico: en esa actitud tan suya frente a la imagen, entendida no como algo que se construye o se persigue, sino como algo que aparece en la realidad, a la espera de un fotógrafo dispuesto a convertirse en una superficie sensible, en un receptor. Esa manera de mirar —humilde, atenta, casi meditativa— es, quizás, la enseñanza más profunda que nos dejó.
Lo que encontré en Córdoba superó cualquier expectativa. El interés por la figura de Larraín —su fotografía, pero también su historia personal— fue extraordinario, y tiene una explicación concreta: fue el único latinoamericano en pertenecer a Magnum Photos, la agencia de fotografía más importante del mundo, liderada por Henri Cartier-Bresson. Y sin embargo, tan pronto como entró, decidió irse: no soportó el ritmo de los encargos, y prefirió una vida dedicada a la meditación, la contemplación y el yoga, compartiendo después sus conocimientos espirituales con quienes se acercaban a él. Esa renuncia —tan a contracorriente de cualquier lógica de éxito— es, para un público argentino ávido de figuras genuinas, una de las historias más fascinantes que existen sobre un artista latinoamericano.
Las dos actividades reunieron a un público numeroso y atento, con preguntas que revelaban una curiosidad real, no protocolar. En el Museo Dionisi, la conversación giró en torno al método y la mirada; en la Universidad Nacional de Córdoba, con la presencia del Cónsul de Chile, Juan Claudio Gantes Peña, profundizamos en la dimensión biográfica. A esto se sumaron entrevistas en Radio Sucesos y en el diario La Voz de Córdoba, y una conversación aún pendiente de publicación para la revista B-Cult —todas ellas, señales de que la figura de Larraín sigue encontrando nuevos lectores y nuevas audiencias.
Tuve además la alegría de llevar a Córdoba ejemplares de mi libro que no se encontraban disponibles en la ciudad, y de dejarlos ahí, en manos de quienes ya empezaban a interesarse por esta historia. Y quizás lo más valioso: las conversaciones y los vínculos que se abrieron con personas del mundo de la fotografía cordobés, que espero se traduzcan en nuevos proyectos e intervenciones futuras.
Vuelvo de este viaje con la certeza de que Sergio Larraín sigue teniendo mucho que decirnos, y con una profunda gratitud: hacia las instituciones que me recibieron en Córdoba, hacia el público que llenó cada sala, y hacia el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, cuyo apoyo hizo posible que esta historia siguiera viajando, cruzando fronteras, encontrando nuevos oídos dispuestos a escucharla.
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Este viaje fue posible gracias al apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, a través del Fondart de Circulación, que financió mi participación en la “Semana de Sergio Larraín en Córdoba”, realizada en Argentina entre el 8 y el 15 de junio de 2026. Vaya para el Ministerio mi más sincero agradecimiento: sin ese respaldo, esta experiencia de proyección internacional simplemente no habría sido posible.





































































