Hacerse - sobre Cuerva, de Milena Vodanovic
- Milagros Ábalo

- 8 jun
- 3 min de lectura
Actualizado: 15 jun
Cuerva
Milena Vodanovic
Inauguración 18 de junio
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Cuando hacer también significa hacerse, llegar a ser otra, como la mujer a la que le salen alas, o que en las garras de la cuerva lleva una casa. Toda mujer-madre sabe lo que pesa una casa y lo que cuesta liberarse, si acaso es posible. Aquí la cuerva posibilita esa liberación y agarra la casa por el techo para llevársela en su vuelo de cola alada. Inicia un viaje, quien sabe a dónde, a veces no importa saber hacia, sino tan solo desplegar las alas, por el puro viaje, el vuelo.
Alas, barca, luna, se repiten en una pátina azul y negro, y se graban en un ritual que comienza. Las alas traen a la mente un manto hecho de plumas de colores, prenda ceremonial que usaban algunas culturas antiguas. Viene a la memoria también Santos Chávez y sus grabados de lunas rojas, naturaleza y mujeres. Grabar supone sacar: punzón en mano aparece la imagen. La gubia talla, barre con su filo curvo, da forma a la imagen antes de la tinta, del ácido que muerde lo que está expuesto. El plástico es menos duro para tallar que la madera, y en ninguno hay control de lo que pasa. La brújula del viaje a veces se pierde. En lo indirecto de la técnica aparece lo impredecible, como la vida. La imagen sale al revés. Se aprende a mirar del otro lado. El gofrado es la impresión de lo invisible, como el diamante que acompaña a la serpiente.
Lo que comienza es el viaje del que volverá otra, aunque conservando la matriz, como el grabado que ocupa la misma superficie una y otra vez, porque solo desde ahí se puede dar paso a la variación. Un nuevo rumbo en la vida que a veces se craquela. Entonces viene la escucha, ir al encuentro de lo que no se sabe. La obra como huella de un proceso mayor, donde se vuelca la transformación. Aquí la huella alojará la tinta que imprime la imagen.
Hacerse árbol, hacerse río, fundirse en la naturaleza. Que el pelo sea la corriente de un río, con peces, la liebre, la casa en la punta del cerro. Hacerse río que cruza cuatro estaciones, en cuatro barcas vacías, solo por embarcarse, por hacerse parte de algo, otra cosa. El prefijo “en” indica hacia adentro. Hacia indica dirección, movimiento en el tiempo y en el espacio. El rumbo de un navegante con brazos de remo, que avanza, toca el agua y sus manos le permiten ir.
También están los mensajeros: la gallina, el león, la liebre, el zorro, el cangrejo, estos últimos como seres mitológicos, animales que establecen contacto entre los mundos. La serpiente es otro símbolo tradicional, representa la repetición de ciclos y nuevos inicios; aquí aparece enroscada, de a dos. Algo primitivo y esencial aflora en este imaginario: nada se anticipa, todo está a la espera, o hace aparición sin pensar. Las imágenes se deslizan a veces con perfil de egipcia y pies de bailarina, otras con un turbante que no es solo accesorio, sino corona de una transformación. Hay quienes ven en el turbante una piedra, otros una lápida, por qué no, si la marca de los caminos en la obra va en todas direcciones, como los pespuntes de un mapa o de la gubia, o de lo que es más propio.

“La Luna, Las Alas, La Barca”
Linografía
76 x 58 cm
Edición de 6
2023

“Navegante”
Linografía
56 x 76 cm.
Edición de 6
2024

“Hacerse árbol”
Aguafuerte y Aguatinta
35 x 50 cm.
Edición de 6
2023

















































