Sean valientes en lo pequeño
- María Gracia Omagna

- hace 12 minutos
- 6 min de lectura
Constanza… mi escena es la siguiente… voy a intentar, como siempre, seguirte la pista… contigo mi déficit atencional adquiere una fuerza diagnosticable. No es aburrimiento. Es fijación. Detención. Mi cerebro se detiene en una imagen. Algo, de pronto, se vincula con otra cosa que hace click. Y ahí me quede. Mientras tu avanzas. A paso rápido busco alcanzarte. Retrocedo. Apuro el paso. Llego. Me pierdo de algo. Me arrepiento. Retrocedo. No quiero sentirme tonta. Vuelvo a avanzar. Me pregunto si esto le pasa a quienes te rodean. Si esto impregna tu doméstico.
Lo doméstico. Como un eco de las historias con mayúscula.
Al mismo tiempo se está armando una tribu urbana nueva, es de melancólicos. Podríamos llamarle Melancomanía. Digo tribu porque no quiero sentirme sola. No sabría cuál es la diferencia entre melancolía, tristeza y depresión. Seguro tú sí. Esta tribu es del bando de al medio, ese tercer bando del que hablas en este libro, esos que no tienen donde ir… No lo vi venir… Es un virus que avanza rápido. Que se está comiendo todo. No solo la cultura.
Conservo la impresión que te dio esa imagen de Santiago hace 100 años “… La extrañeza no era porque fuera distinta… un mundo había reemplazado a otro y el anterior se había vuelto incomprensible, no solo distinto” .
El requisito para pertenecer a esta tribu es sentirse una bisagra. Es difícil sentirse una bisagra. Todos siempre queremos algo más. Ser más. Tienes razón en eso. No ser parte de un paso. Y hablas de Haiku y Ma… De nuevo, no lo vi venir… Quizás bisagra, haiku, y MA tengan algo en común. Una especie de estación. Cómo lo inmenso se puede revelar en un gesto diminuto. Es un intervalo. Eso que no necesita ocupar el centro. Un espacio entre. Son escenas. Los micro dramas como dispositivo, porque el mundo cambia de escala, pero no de mecanismo. Eso escribes. Eso entiendo. O sea, cada micro drama es como una especie de laboratorio donde se ensayan, a escala doméstica, las mismas fuerzas que luego organizan las tragedias colectivas;
Es una escalera mecánica, hacer una cama, la fila de una farmacia, lavar los platos, una frase mal dicha, el tamaño de la pieza, recordar un cumpleaños, los deseos, detectar conflictos antes de que aparezcan, recordar un medicamento, dejar el azúcar y el pan, la relación toxica de tu amiga, el esposo infiel, desear ser otro, ¿Quién limpia?, dormir, comer, criar, cuidar. Todas las casas tienen una coreografía invisible. Es poder y resistencia… Este libro te lo recuerda. Es como un almanaque. El mundo como un cúmulo de escenas, de actos, de géneros, de micro dramas. Diminuto, pero no insignificante. Sin escenas no hay película. La historia se encarna en lo domestico. Eso que sostiene un movimiento, un cuerpo, sin ser el centro. Lo micro como dispositivo que atraviesa todo. Articulas una historia que no se manifiesta en grandes acontecimientos, sino en estos residuos o fragmentos, aparentemente insignificantes, que te dejan leer mejor que esos apoteósicos relatos oficiales.
“Las casas son micro sociedades con sus propias reglas, casi todas sobre el cuerpo…”
Siempre me ha interesado lo domestico. No como una decisión cuerda. Es mi única manera de intentar entender las cosas. Lo único que tengo concreto. Lo que tengo a mi alcance. La chimuchina. Lo domestico explica y enreda todo. Un subtitulo de una película. Y te leo… Eres como una radiografía de lo que se padece. Eres esa hora de reels continuos. Uno tras otro. Mucho algoritmo y luego algo extraordinario que te detiene. Te detiene y fija algo. Es verborreico. Mezclas los sucesos arqueológicos y domésticos. Abres preguntas. Das tantas respuestas, que solo abres más preguntas. Nombras y distraes. Eres una eterna tertulia. No hay peluche que lo remedie.
Y esta vez me adviertes de: sospechar cuando se ama en unanimidad. Sospechar cuando se odia en unanimidad; ver de reojo; no salirse del mundo hacia una realidad virtual, quedarse; Hacer las paces (Cómo estrategia); Hacerse el tonto justo donde hace falta; Intentar sumar no borrar; La paz como acuerdo. No diagnóstico; Las ideas no mejoran las cosas; Epstein tenía una isla. Pero la mecánica no necesita isla; Las células cancerosas no saben morir; El peligro es quedarse mirando hacia atrás; Hay estrellas que se comen a otras; Siempre se necesita MÁS; MÁS; Y MÁS; Ser demasiado consciente es una forma de suicidio; Se puede escapar de una guerra, de lo que no se puede escapar es de la cabeza con que se vive una guerra; la vida rara vez esta donde la señalan; Estamos atravesados por el tiempo; no cubrir el absurdo con sentido; la ternura como salvavidas; La injusticia continuara; Respirar, eso es seguro; Satisfacción significa hacer lo suficiente; Lo que creías que significaba algo, significaba otro; No somos más que grandes intérpretes; la verdad nunca está limpia; el cordero cuando entiende el juego, se vuelve en zorro; vida y meme en simultaneo. El horror y el chiste juntos; toda una gran enfermedad cómica; el mundo cambia rápido: el suelo se mueve para todos, pero no al mismo ritmo; el horror no ordena, solo desarma; solo desarma; solo desarma; podría continuar, es verborreica mente interminable… y adictivo.
Pero el déficit me lleva a otra imagen. Es un rio. Yo le digo a mi hija “Fluye como un río, no choques con una pared, acepta y suelta”. Que en verdad quiero decir resígnate y avanza a otra pelea. Fluye sin permanencia. Porque los ríos desembocan en el mar. Siempre avanzan. Excepto uno. Hay uno que desaparece en el desierto. Quizás sea más por sequía que por opción. Y me hablas del salmón. Datos mínimos. Ley doméstica. Explican cosas nuevamente. “La mayoría de las especies habita un solo mundo. Pero el salmón no… sube al río para devorar, fecundar y morir” “el salmón regresa porque lo lleva escrito en las células; Ulises, porque lo lleva escrito en el nombre. Uno vuelve para morir, el otro para seguir viviendo. Pero ambos regresan para completarse”
Completarse.
Esta tribu clandestina de melancólicos, padecen, porque cuesta ser bisagra. Pero tú hablas del haiku. Un micro gesto que puede hacer girar cosas. Y escenificas micro dramas. Tanto micro en algo tan grande. Un micro para explicar la mayúscula.
“… perder no es resignarse, sino descubrir, sin consuelo, que no todo deseo encuentra forma, que no todo objeto responde, y que no todo cuerpo sabe qué hacer con lo que quiere”
Entonces, creo entender, que la historia no cambia únicamente por grandes hechos, sino por esos espacios intermedios donde una forma de vivir deja de sostenerse y otra comienza a emerger. Lo que creías que significaba algo, significaba otro. El haiku habita el instante. La bisagra sostiene el giro. El Ma es el espacio donde ambos se encuentran. En ese intervalo imperceptible comienza la historia. En eso micro. La satisfacción está en ese punto medio. Quizás no sea tan malo ser una bisagra. Tus micro dramas… el fracaso de ese mundo común, minúsculo, es el fracaso del mundo y ahí está el cruce entre la vida mínima y la gran historia.
La vidarara vez está donde la señalan.
Quién mejor que tú para cerrar, dices algo así…
“Prefiero a las benévolas a las furias. Las furias siempre quieren cobrar. Las benévolas no perdonan ni absuelven. Dicen: mañana será otro día. Y ese mañana, tan simple, tan difícil, es quizás el único don del presente. El presente es un don extraño. No pide olvidar lo que pasó. Pide, apenas, que lo que pasó no ocupe todo el lugar. Porque cuando lo ocupa, uno termina interpretando roles. Uno vive con el nombre de una actriz y, de algún modo, actúa. Todos actuamos un poco. Queremos gustar, ser perdonados, que alguien nos diga quiénes somos. Se escribe también por esa razón, para ser querido, para recibir una respuesta. Y sin embargo también llevamos otra cosa, algo que atraviesa: un pasaje una lengua hecha de otras lenguas, una ida y vuelta entre historias que no terminan de coincidir. Y entonces ves. No ideas. Personas. La mujer que cruza la calle con una bolsa rota. El hombre que miente mal. Les crees a ellos. Quizás eso sea, al final, abrir los ojos. Ver a otros yendo de aquí para allá, intentando.
Eso.
Sean valientes en lo pequeño".
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Microdramas (el peso de lo leve)
Constanza Michelson
Paidós, 2026

















































