El industrioso caballero de Thanatos (fragmento)
- Francesca Lombardo

- hace 3 días
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Capítulo 9: Todo lo que brilla es oro. Nota para la vertiente sádico-anal.
Túneles y cavernas, fondos oscuros y misteriosas; sótano, piezas abandonadas, castillos lúgubres, mansiones descalabradas, lugares viejos que viven en la noche, que se animan y guardan terribles secretos enterrados; enumerados entre puertas secretas, tabiques corredizos. Arquitecturas yuxtapuestas donde yacen osamentas, murciélagos, brumas, ánimas y tesoros inconfesables, piedras preciosas, monedas, figurillas rotas, coronas de diamantes, perlas y rubíes, oros y brillos fabulosos.
Enumeraciones excesivas, barrocas, esa sería tal vez la forma más apropiada para presentar el cúmulo de cosas, de imágenes ligadas a lo misterioso, lo infernal y lo resplandeciente del tesoro.
El tesoro es la reunión de cosas preciosas, amasado para ser conservado, generalmente oculto, sepultado. Nadie puede justificar su propiedad y su descubrimiento es un hecho al azar.
El tesoro es por tanto esencialmente un bien, una riqueza oculta, encontrada, descubierta y sabiamente administrada entre el silencio y su exhibición parcial. Los tesoros son depósitos escondidos bajo tierra, sepultados y destinados a ser descubiertos por un elegido, después de haber superado ciertas pruebas, hazañas heroicas y peligrosas.
El tesoro es custodiado por dragones monstruosos, imágenes de inquietantes entidades con las que se corre el riesgo de fallecer sino se poseen las calificaciones y preocupaciones adecuadas.
Estas riquezas se encuentran en el fondo de cavernas, sumergidas en subterráneos yaciendo en el fondo submarino, resistiendo entre las osamentas de los galeotes naufragados. Todas estas situaciones topográficas simbolizan sin duda las dificultades inherentes a su búsqueda y sobre todo la necesidad de un esfuerzo humano importante para llegar a ellas. El tesoro no es un don gratuito, él se descubre después de largas pruebas.
Guardianes de estos resplandores ocultos son dragones, serpientes enormes y escamadas que vomitan fuego por sus horribles fauces y poseen extremidades provistas de espantosas garras. El dragón es un guardián severo, símbolo del mal y lo infernal; el cierre al acceso a los bienes que guarda, al antro que él custodia y que es relacionado con la “inmortalidad”.
El dragón como símbolo demoníaco se identifica con la serpiente, más aún, con el uróboro (la serpiente que se muerde la cola). Para los alquimistas, los dragones contienen en sí la neutralización de las tendencias adversas, el mercurio y el azufre.
En tanto animal, el dragón comporta aspectos diversos, él es acuático, aéreo terrestre, él es una representación del Principio Activo, la potencia de la divinidad.
Los dragones representan también el ejército de Lucifer, opuesto al ejercicio de los ángeles de Dios. Desplazándose más rápido que la luz divina, escupiendo todos los fuegos del infierno, poderosamente armados, llenos de odio y deseos, los dragones de Lucifer son al mal lo que los ángeles de Dios son al bien.
Dragones, monstruos, serpientes, vampiros, todo lo que es horror y poder maléfico y nocturno aparecen como representantes del linaje del falo anal y del fantasma de castración.
Anexo teórico sobre la fase anal
La imagen fálica es la matriz de las imágenes, en ella reside el máximo de totalización del entero.
El niño buscando conservar la ilusión de su integridad narcisista (imagen fálica) niega la realidad de su vida postnatal.
Omnipotencia narcisista que está directamente relacionada con la evolución del sentido de realidad.
El niño tiende a reorganizarse sobre una base narcisista mágica, conforme aquella que le servía de soporte en su vida prenatal, la cual, −él piensa− nunca lo abandonara definitivamente.
Esta posición “narcisista mágica” se puede calificar de actitud “táctica” y ella representa la primera tentativa de realización de la estrategia apuntada a mantener contra viento y marea la completud narcisista.
La fase sádico anal provee al niño de un factor energético poderoso y nuevo; así, el narcisismo infantil dejara de invertirse por completo en la solución precedente, que era sádico oral y tomara ahora el rumbo de la pulsión anal.
Esta etapa, con la carga libidinal que le es propia, proporcionara al yo infantil, elementos útiles para la adquisición del sentido de la realidad, pero este proceso, estando en sus inicios, será aplicado con exageración y en forma absoluta por el niño, encantando con la invasión de esta nueva táctica.
De esta manera, su narcisismo revestirá los aspectos característicos de un gobierno anal omnipotente y megalomaníaco con matices narcisisticos fundamentales.
Es la etapa de la imagen del “niño sobre el trono”, aludiendo al niño sentado en su bacinica y al factor omnipotente que acompaña este hecho.
Imprecaciones, amenazas, desafíos y el uso del “NO” categórico es lo que el niño opone a su entorno. El niño se siente particularmente investido de un valor personal y único, que va acompañado de su inconmensurable orgullo. Sentimiento megalomaníaco y un avalentamiento exagerado es lo que acompaña esta seguridad en su integridad narcisista.
La característica de la relación de objeto anal es la dominación absoluta de su objeto.
Por supuesto, esta táctica es diametralmente opuesta a la que acompaña la fase “oral” cuyo fantasma es la del “niño divino”, que representa la triada narcisista, el niño inserto en la pareja parental, de un modo regresivo, a-pulsional, defendiéndose del Edipo y de la escena primitiva.
Este fantasma cede la plaza a una situación en que lo que se busca es anular el conflicto edípico y esto pasa por la renuncia al apoyo parental, para imponerse como individuo.
El niño quiere hacer todo y sobre todo y sobre todo pasarse, prescindir del mundo adulto, es la etapa del ‘yo solo’. Esta búsqueda de autonomía de autonomía constituye una modalidad de fuga ante el Edipo, siempre presente pero imposible de ser asumido por el niño.
La solución escogida será triunfar del rival (padres) bajo un modo narcisico mágico, sin entrar con él en la posición de rivalidad propiamente dicha.
El imaginario está ocupado en el enfrentamiento entre, por ejemplo, las nociones de ‘grande’ y ‘pequeño’ (contenido en los fantasmas de esta fase), la dinámica que envuelve la resolución de conflicto se efectúa a través de un mítico, mágico, milagroso.
El niño, a pesar de su inferioridad evidente y objetiva, triunfa siempre sobre el gigante, el que sí dispone de todos los medios y la fuerza, ver aquí contenido de los cuentos y leyendas.
Freud en un artículo llamado “La transmutación de los instintos y especialmente del erotismo anal”, señala que, en la organización pregenital, el sadismo y el erotismo anal desempeñan los papeles directivos.
Los conceptos de excrementos, dinero, regalo, niño, pene, no son discriminados sino confundidos, tomados como elementos equivalentes e intercambiables en el inconsciente.
Así, por ejemplo, “el chico”, en Chile, dice a la vez del esfínter anal, que con el producto de la defecación (mojón) y el niño mismo, chico = pequeño, pene.
El excremento es el primer regalo infantil, lo propio de lo que su propietario se desprende. Como regalo, la característica de “don” es imperativa, es decir, hay que recibirlo. La materia fecal es lo que el niño tiene de sí mismo, aquello que puede ser objetivado y puede dar.
En la defecación se plantea al niño una primera decisión entre la disposición narcisista y el amor a un objeto. Expulsará dócilmente los excrementos como sacrificio al amor, o los retendrá para la satisfacción autoerótica, y más tarde para la afirmación de voluntad personal. Con la adopción de esta segunda conducta, quedara constituida la “obstinación” (la tenacidad) a la que por esta razones ha de mirarse como persistencia narcisista en el erotismo anal.
A este propósito, el mismo Freud en un texto sobre el carácter y el erotismo anal, cita como rasgo clásico del carácter anal el ser cuidadoso, económico y tenaz.
En lo que concierne a los rasgos, encontramos características de pulcritud, escrupulosidad, son cumplidores, avaros, colerosos, sujetos que necesitaron más tiempo para gobernar la incontinencia anal.
Los rasgos que hemos citado se levantan en el sujeto como consecuencia de la desaparición de trazos de erotismo anal. El carácter anal se reactivó, sublimatorio del erotismo anal.
Por otra parte, encontramos que lo anal se relaciona con todo lo sucio, lo perturbador y no perteneciente a nuestro cuerpo.
En el lenguaje la referencia a los productos u órganos comprometidos a la analidad es bastante prolífica, los signos de desafío como presentar el trasero o conminar a besar el trasero, resultan agresivos y cargados de sentido.
En el pensamiento arcaico, en los mitos, leyendas, cuentos y supersticiones, el dinero aparece mezclado con la inmundicia.
El oro que el diablo regala a sus protegidos se transforma en estiércol.
El diablo aparece como la personificación de la vida instintiva reprimida y de esta especialmente por la analidad.
Los infiernos, gran marmita en ebullición no puede sino ser relacionada con el lugar misterioso y oculto, donde se maceran productos, de ahí su connotación digestiva.
El oro como estiércol del infierno, como el producto brillante (porque de origen tan oscuro) de ahí que posiblemente los brillos, lo relampagueante, guarden siempre una filiación con el desecho reciclado, lo rutilante de una exhibición falsa. En ella habita la antítesis entre lo más valioso y lo más despreciable, el apoderamiento de esa antítesis tiene que ver con el tesoro, como acumulación secreta, guardada y refulgente en su secreto.
Podemos pensar bajo estas directivas en el cuento de la gallina de los huevos de oro, donde aparece claramente la relación que hemos examinado anteriormente.
Finalmente, para cerrar este anexo teórico, conviene traer un elemento fundamental en la dinámica de la pulsión anal, este está relacionado con la masa fecal propiamente dicha. La barra fecal anida en el recto, amoldada por él guarda similitud con el pene, la barra de cierta manera es “un primer pene” y la mucosa por ella excitada, ocupada y estimulada es una cavidad blanda y erógena. De aquí la posibilidad para algunos sujetos de que en la fase pregenital desarrollen fantasías y juegos perversos poniendo en pie una organización análoga a la genital, en la cual, el pene y la vagina aparecen representados por la masa fecal y el intestino.
Esta organización de tipo perverso muestra su potencia mágica, su obstinación y su autosuficiencia, ella se pasa literalmente del mundo exterior y del otro, del nexo del otro, ya que en un interior ella rehace el juego de continente y contenido, sin necesidad de negociación alguna con el exterior.
Así, del erotismo anal surge para los fines narcisistas, la obstinación como importante reacción del yo contra las exigencias del mundo exterior y de los otros.
La idea del pene como separable del cuerpo (castración) se da en relación a la barra fecal, −trozo del cuerpo propio al cual hubimos de renunciar−. La obstinación anal entra así en relación con la constitución del complejo de castración.
Dentro de esta óptica, tres elementos son conjugados y citados por el erotismo anal: la masa fecal, el pene y el niño, los tres son cuerpos sólidos que excitan al entrar y/o al salir una cavidad mucosa.
El niño del tesoro
Hemos dicho que el tesoro es tal porque es oculto y exhibido solo furtivamente, para volver a permanecer oculto. Esta reunión de objetos de gran precio para su dueño es, por lo tanto, continente de una inversión narcisista enorme.
El tesoro del que ahora hablamos es tesoro infantil, ese que está compuesto, por definición, de objetos heteróclitos, usados, truncos, disparejos, sucios y amohados, sin ninguna utilidad y sin ningún valor real.
El niño se da bien cuenta de este carácter de detritus y es precisamente este matiz el que es para él, capital. Yendo de par con la intensidad de su inversión especifica en él, por ejemplo, el niño no acepta cambiar su tesoro por objetos nuevos y de valor.
En cuanto al origen de estos objetos, su proveniencia es en general clandestina, estas cosas no son ni adquiridas ni recibidas, sino encontradas, recogidas o tomadas subrepticiamente, siendo esto significativo.
El tesoro es ante todo un objeto que el niño posee completamente y solo, es decir, sin pasar por ningún proceso relacional y más bien, evitando éste.
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El industrioso caballero de Thanatos
Francesca Lombardo
Pólvora Editorial, 2026
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