La llama de la libertad poética de Enrique Lihn
- David Bustos

- hace 5 días
- 4 Min. de lectura
Fernando me pregunta si he leído Crónica de un hombre puzzle, o más bien, para ser exacto, después de hacer un peregrinaje de lecturas por las últimas escritoras ensayistas —incluyo aquí el hito de Macarena García, que a ambos nos ha dejado rendidos—, menciona el nombre de Amalia Cross, a lo que repliqué: ¿Cross con K? Cuestión que no hizo otra cosa que agudizar mi ignorancia. Después, al rato, se daría la molestia —generosidad natural de Pérez— del préstamo de dicho libro.
Si se trata de Lihn, uno trata de estar actualizado. Y con ese espíritu probé leer sus primeras páginas, como quien unta los labios en una copa de vino. Y no pude parar.
El riesgo de agregar más combustible a la llama de la libertad poética de Enrique Lihn siempre corre el peligro de convertirse en chiste repetido. O, mejor dicho, para los que leemos a Lihn desde hace treinta años, caer en esta típica sensación de: nada nuevo bajo el sol.
Pero Crónica de un hombre puzzle: Enrique Lihn como Gerardo de Pompier (2025) ofrece, a mi entender, todo lo contrario. Un conjunto de datos investigativos de rigor que no estaban dentro de los parámetros, salvo a modo de piezas sueltas, en la voz de los mismos protagonistas que participaron de esas performances.
Hallazgo, sin duda, es la inclusión de una serie de fotografías —casi todas inéditas— realizadas por Leonora Vicuña en la “Universidad en Ruinas de Conchalí”, casa del antipoeta. En esa ocasión, Lihn invitó a la fotógrafa para registrar la filmación de Carlos Flores: Lihn & Pompier. El resultado: parte de esas treinta y seis fotografías en blanco y negro, imágenes que capturan el proceso mismo de la filmación y sus preparativos.
Lo que hace Cross, para decirlo en términos simples, es una genealogía del personaje Gerardo de Pompier, que Lihn creó —o no, esa es la gracia—, referenciando sus primeras apariciones literarias y performáticas. Se construye así una línea de tiempo extendida, documentada e indocumentada, de este personaje decimonónico que vestía con sombrero de copa y lucía un bigotín.
Ahora, si este libro de Cross fuera solo eso, tal vez sería un libro más sobre Lihn, aunque, claro, con valiosos aportes de investigación. Lo que me llama la atención es que la autora parece haberse preguntado, antes de escribir la primera palabra, cómo voy a inscribir esto (más que cómo lo voy a escribir). ¿Será una línea de tiempo en la que iré rellenando datos, o esa línea de tiempo se verá entreverada por el proceso del propio trabajo de campo?
Al parecer, esa pregunta —porque la mayoría de las veces un libro nace de una pregunta— es la carta de torsión en la que Cross se la juega con ciertas ambigüedades, se deja llevar por el tono de humor del personaje mismo y abre los modos de su trabajo a su búsqueda, que la conduce un paso más allá y se transforma en crónica compartida.
Es decir, la crónica como dispositivo argumentativo, que no solo dé cuenta de su trabajo de campo, sino que también esté abierta al contagio del estilo de su objeto. Contagio sutil e inteligente que logra que los hechos y archivos investigados se actualicen producto de la energía de su propio proceso. El montaje organizativo del libro también se torna atractivo: las “Palabras preliminares” de Ana María Risco; luego, la primera sección, “El funeral o la fiesta de las postrimerías (1983)”, seguida por “Debut y despedida (1969)”, “El que fue a Melipilla… (1973)”, que suman once capítulos, prolongándose hasta llegar al cierre con Deus ex machina (2025) y el consecuente “Epílogo (off the record)”, junto a los elementos paratextuales: bibliografía escogida y fuente de imágenes.
El montaje logra la flexibilidad suficiente como para pensar que la hibridez del libro no se abandona totalmente a la creación literaria, pues fija sus fuentes con el rigor necesario, algo que deslumbra en sus referencialidades. Pedro Lastra, amigo señero de Lihn, explica esto de mejor forma en la contraportada:
Este libro es un aporte muy decisivo para el conocimiento de Enrique Lihn: una investigación ejemplar, con la que se completa el proceso revelador que fue la invención de Pompier y sus proyecciones en el trabajo total de nuestro escritor mayor. Yo ignoraba muchas de las circunstancias y avatares de ese proceso, que se me ha clarificado del todo ahora. Esta contribución habrá de ser sin duda muy bien recibida, por lo que significa como novedad y por su expresión tan precisa e invitadora.
Otra cosa que llama la atención son los tres epígrafes que dan inicio al libro: el primero, de Roman Jakobson; luego, Enrique Lihn y Patricio Marchant. El del poeta, específicamente, señala: “La escritura, para mí, también es una actuación.” Este texto ilustra el modelo de la figura, pero también la escritura misma de Lihn, esa suerte de teatralidad vastamente conocida. Y hay algo más: este letrero luminoso —epígrafe— antes de iniciar el camino de la lectura propiamente tal dialoga con el “Epílogo” del libro, donde se transcribe la conversación entre Parra y Lihn, en la que ambos merodean en torno a la posteridad y a los personajes de Pompier y el Cristo del Elqui. Audio, por lo demás, que está disponible en YouTube y que, apropiado de esta manera por la autora, reabre el archivo, vitalizando su singularidad.
Estos ejemplos, entre muchos otros, hacen que la propuesta de Cross sea la de alguien capaz de pensar el texto tanto por dentro como por fuera. Magia de un libro breve, con efectos desproporcionados en el lector.
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Crónica de un hombre puzzle: Enrique Lihn como Gerardo de Pompier
Amalia Cross
Editorial Bastante, 2025













































