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Punto de Fuga III: La singularidad de lo real

Actualizado: 16 abr

… un medio es una entidad visible que ocupa la posición
de un tercero entre diferentes mundos, sistemas o grupos; y como un
mediador, él facilita el intercambio entre estas esferas heterogéneas.
Los medios operan especialmente bien cuando este tercero es un
híbrido que combina las propiedades de ambos lados. 
Sybille Krämer


Fue el movimiento lo que me llevó a encontrarla. De mi cuerpo entre cosas, ordenando el caos  de mi historia plasmada en un conjunto de esas superficies que parecen detener el tiempo. Pensé que no existía, que la había imaginado. Algo particular ocurre al recordar una imagen; más difuso, quizás, que aquello a lo que esta hace referencia. Como si al volverse imagen la memoria pudiese ser borrada, y al volver a su origen fuese posible retornar. Dentro de lo posible está lo imaginado, ¿o es lo imaginado lo que habita lo posible? Rosset diría que no es ni uno ni lo otro porque también está lo recordado. Que es la infalible memoria lo que permite el conocimiento de lo real, cuando “autoriza una especie de conocimiento de la diferencia… siendo toda realidad esencialmente singular” (Rosset, 96). Singular, distinto tanto de lo otro como de lo mismo, aquello que deviene inaudito e inolvidable. Como «La densidad infinita de las imágenes» a la que «Punto de Fuga III» hace referencia. Ni video, ni pantalla, ni escultura, ni instalación. 


Más bien visión, movimiento y escucha simultáneas. Un hito de intermedialidad, una singularidad técnica. Un conjunto de imágenes-artificio, archivo de una memoria al mismo tiempo posible e imaginada —donde imaginar es el acto de volver imagen, y lo imaginado es lo vuelto imagen. “[U]na vuelta de lo ausente al presente y al aquí” (Rosset, 97), un aquí como el emplazamiento presente por excelencia, donde nada es ni remite más que a su mismidad. Densidad infinita, gravedad extrema, un agujero negro, mi olvido. Lo inobservable o el límite de lo observado, del conocimiento, del orden simbólico, frontera del espacio-tiempo, lo real. Como el explorador polar del poema de Brodsky, para quien “lo que se ha alcanzado es la máxima latitud posible” (Montalbetti, 279), Belarmino se aventura a expandir ese otro lugar que no se puede sobrepasar que no es ni físico ni geológico, sino auditivo, lumínico & visual. Espacialmente visual.


Lo visual de la densidad infinita de las imágenes abre un punto de fuga de la realidad medial que nos rodea, acercándola (y acercándonos) a lo real que la habita y configura, en su histórico devenir imagen. Aquí esta se posiciona por sobre lo imaginario y la imaginación. A partir del punto, la serie o conjunto de estas unidades discretas conforma una esfera, en contra y al mismo tiempo a punta del aplanamiento y los procesos de digitalización. Como en un horizonte de sucesos, ingresamos a una dimensión sin referencias, seguimos un trayecto de dirección desconocida. ¿Qué hace esférica a una esfera? ¿Qué hace posible a lo real? Nada, especularía el hastío. Todo, vendría a rebatir la curiosidad.


Pues es desde la curiosidad y la incertidumbre que surge la alternativa. Acostumbrados al 2D para lo visual, «Punto de Fuga III» nos recuerda que “Las superficies no son planos; sino que estas son consideradas y reconocidas como planos” (Krämer, 23). Que esta planitud tan familiar es lo virtual, es artificialidad. Y lo artificial, a su vez, lo más propio y necesario de la forma humana de existir, entender y representar el mundo, la vida, su propia existencia, el universo entero. Vemos luz y reconocemos sombras, siluetas, manos; en realidad: destellos, sistemas, mecanismos, electricidad, apenas 10 milímetros de distancia. Como el agujero negro que elude toda posibilidad de visión y visibilidad, como mi fotografía olvidada, lo in-visible parece sólo existir en la obra, pues es ahí donde su apariencia puede ser representada —es decir, mediada. 


Un objeto pantalla para hacer real lo imaginado, transformándolo en memoria rossetiana. Un ejercicio sólo posible en su representación sobre la esfera, forma volumétrica que se define en su esencia rotunda, inabarcable desde una sola vista (hay que, es un imperativo rodearla). Desde la mitología, que nos habla de nuestro origen como cuerpos humanos esféricos, la esfera es completitud, el origen del deseo en la nostalgia por la mitad perdida. Desde la geometría, la esfera es un sólido de revolución, o un volumen generado por una superficie plana puesta en rotación sobre un eje. El movimiento es, entonces, su condición de posibilidad. Movimiento-deseo, movimiento-volumen, movimiento-imagen, movimiento-cuerpo de lo visto y de la mirada. El mismo movimiento que hizo posible mi referido reencuentro con esa, una fotografía, se abre aquí para presentarlas todas. 


Imágenes no sólo visuales, sino también auditivas y hápticas forman esta composición. Entre ellas, extractos de Tscherkassky, Goddard, Stravinsky, Ravel. Desde el fragmento, la repetición. Desde el movimiento, la mirada. Hay igualmente en «Punto de Fuga III» otra mirada y otra esfera: la del reflejo sobre los planos de metal que rodean al volumen pantalla, al mismo tiempo forzando y haciendo eco de la mirada, sin cesar, de cada una de sus ondas, volviéndola infinita. Rayo incidente, rayo reflejado; siempre entre ellas, siempre hacía sí —el infinito de nuevo. Música incidental de fondo y entremedio, luz y esfera terminan por ser al mismo tiempo imagen y técnica, memoria e imaginación, medio y mensaje, intermedialidad y límite. A diferencia de mi fotografía, no se trata de generar evidencia de algo, si no de generar algo. Una cosa. Otra. No se posa, flota, se sustenta en la refracción del mínimo fotográfico, digital, hoy visual, que es el punto de luz. 


Así, la opacidad y corporalidad técnica de la obra nos recuerdan que no hay nada a la base de lo singular. Que “A la relativa seguridad de la memoria se opone así la incertidumbre constitutiva de la imaginación” (Rosset, 99). Que el recuerdo no siempre coincide con lo posible. Que para eso, a veces, surgen los medios (el código, el sonido, la imagen). Que que el lenguaje no es una superestructura (Montalbetti, 219). Que eso sólo le corresponde a la singularidad de lo real.



Referencias bibliográficas
  • Clément Rosset (2006). Memoria e imaginación. En “Fantasmagorías. Seguido de lo real, lo imaginario y lo ilusorio”, pp. 91–104. Abada Editores.
  • Irina O. Rajewski (2020). Intermedialidad, intertextualidad y remediación: Una perspectiva literaria sobre la intermedialidad. Vivomatografías. Revista de estudios sobre precine y cine silente en Latinoamérica, 6(6), pp. 432–461.
  • Erkki Huhtamo (2006). Elements of screenology: Towards an archaeology of the screen. Navigationen. Zeitschrift für Medien- und Kulturwissenschaften, 6(2), pp. 31–64.
  • Mario Montalbetti (2014). El lugar que no se puede sobrepasar. Sobre A Polar Explorer de Joseph Brodsky. En “Cualquier hombre es una isla. Ensayos y pretextos”, pp. 279–296. Fondo de Cultura Económica.
  • Sybille Krämer (2023). Planitud artificial: Reflexiones acerca de una técnica cultural. En “Proyecto, imagen, algoritmo”, pp. 21–42. Universidad Nacional de Colombia; Universidad de Antioquia.

Créditos:
  • Daniela Canales, Registo fotografico.
  • Punto de Fuga III: La Singularidad o la densidad infinita de las imágenes, Francisco Belarmino. Obra comisionada para la 17 Bienal de Artes Mediales de Santiago, 2025.




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