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Voces en fuga

Actualizado: hace 5 horas

A raíz de la publicación de fuga (Las Bacantes, 2026)

Si bien el presente texto comparte elementos de mi libro fuga, hablaré aquí de algunas resonancias del mismo, emanaciones que me han estado dando vueltas desde que salió de imprenta: se trata de las voces que nos rodean y que viven en y con nosotros. Voces a veces seguras y otras no tanto, voces en risas, mauleras, celosas, voces que susurran y otras que callan, voces musicales, espontáneas y matemáticas, voces cuidadas, valientes, desinteresadas, en tierra firme o en el borde. En cada una de ellas a alguien se le va por momentos la vida. 


¿Y si nos aventuramos a invocar esas voces? me he preguntado desde hace un tiempo – el tiempo de antes, el de ahora y el que probablemente ha quedado dando vueltas en las páginas del libro – ¿y si su vida nos atravesara de pronto o de a poco como una lluvia? A algunas las llaman ricas y a otras pobres, hambrientas o espontáneas, juguetonas o huidizas, voces que revelan, ocultan, distorsionan, simplifican o complejizan las realidades en las que nos desenvolvemos y que a ratos nos sacuden como un chiflón. Voces que causan gracia, sorprenden, golpean o exigen de nosotros tal o cual tarea o conducta, y por medio de las cuales nos asomamos como aves rasantes sobre veredas inciertas, veredas cubiertas de neblina, en las que vemos o creemos ver. 


¿Y si las voces integraran un mismo baile? Sin juzgarlas, escuchar su variedad y transcribir o destilar la manera en que producen nuestra época. Para eso está el poeta, dirá alguien, no para hacerse el leso (o no del todo), no para permanecer al margen (en un ejercicio de distancia), sino para cantar esa complejidad. Quien trabaja con el lenguaje y es a la vez modelado por él, es un ave que construye una y otra vez un nido que cobija en su centro una estrella fugaz. En el fondo del cuarto oscuro que son nuestros cuerpos, ahí donde viven las voces, está ese nido con la estrella que ilumina el cuarto, que resplandece y se extingue, que quema el nido y al hacerlo alumbra. En esa pérdida hay hallazgos y éstos son los taconazos que pegan por debajo las voces. 


Voces – entre otras, la de alguien o algunos que no se han ido del todo y nos hablan, un viejo que duerme en la vereda, dos amantes distanciados por el temporal y también uno por ahí que se desentiende de palabras sofisticadas y a continuación lo baña una brisa cálida o fría – voces que han venido con sus reclamos y un niño, al que cuesta llegar, las escucha con asombro. Parte del juego o del oficio consiste en respetar su movilidad, sus formas de hacer. Escuchar las voces es más que nada dejarlas ir, no aprisionarlas – crear es más que nada dejar ir. A la irrupción de las palabras sigue el largo trabajo de hacerlas chocar entre sí para quebrar su cáscara y que se liberen las voces.


Dejar ir por medio de las palabras, tan solo asomarse y respirar me pareció en cierto momento, en el curso del par de años que me llevó escribir el libro (o que éste me tuvo a su deriva, un proceso más endémico que impostado, más visceral que ideado, más soñado que acontecido, y en el cual actúa una férrea voluntad de extravío), me pareció que esta tarea podía a la vez concentrarse y disolverse en la forma de una fuga. fuga en minúsculas, con mínima puntuación y que favorece el movimiento, el avance y el retroceso y por qué no la desaparición a ratos del lenguaje, un lenguaje en retirada que es el que en verdad hace la pega.


La escritura se convierte entonces en algo semejante a una falla, un reseteo, un reinicio, lo bugueado (como se dice hoy), un morir por anticipado (eso que a veces nos aterra y no existe acto más vivo), la partida que vuelve la mirada atrás y lleva en ella los movimientos previos, y desde esa zona que ya pasó, urdir desde el desfase no una apreciación, sino una mínima consonancia en el borde. Dejarlas ir, las voces, esto es, poner en práctica con lo poco que se dice lo mucho que se libera. Las voces no están ahí para dar saltos acrobáticos sobre sí mismas, sino porque viven una o muchas realidades simultáneas, realidades en retirada, y a veces les hacen zancadillas para ralentizarlas y a veces les inyectan velocidades que ligeramente las desplazan. 



***


esta rueda fue eficaz

no esperábamos las sacudidas

al orbe los odres las madres los labios

y los ladridos y los tañidos 

a los ambiciosos no los esperábamos 

y aparecieron con sus aureolas de verdad

con sus cátedras y sus categorías 

adónde íbamos a parar 


***


qué asombroso ser clandestino

este prevaricador sospechoso

las antenas alerta 

ante la belleza y el desastre 

las yemas de la conciencia 

los dedos ingrávidos 

animal incipiente en la casa de barro


***


aprieto el cincho

al animal que me lleva

lomo de tonina junto al casco en movimiento

la aguja recorre 

el globo con su chirrido 

la calavera no para de gemir


***


el aplauso fue una cachetada

la melodía una mordaza

dios que eXiste y no exiSte 

forzó estos hallazgos

aspirar a mucho me quemó las pestañas  

tendría que traerte de vuelta Eurídice

para mostrarte lo que hemos hecho

y querrías una vez más

que me ponga manos a la obra


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Fuga
Francisco Undurraga Alcalde
Las Bacantes [2026]















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