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¿De qué se enamora uno cuando se enamora? De una parte de sí que confunde en el otro. Pero no cualquier parte. Es algo que se daba por ido, o que se descubre que se daba por ido. Miramos la mirada del otro como quien sigue ese hilo de luz que zigzaguea en un vidrio sin entender qué se refleja. Da la impresión de que se trata de algo remoto, casi anacrónico, pero que al irrumpir se vuelve urgente. También hay algo que ese otro revive de sí, sin saber hasta ahora que era parte de él o ella, al verse en mí. No sabemos si nos amamos por haber devuelto al otro su parte extraviada, o por robar del otro la imagen de la nuestra. Este equívoco envuelve como un triunfo sobre el paso del tiempo, como un delirio verosímil a cuyo engaño nos rendimos por un lapso indeterminado, pero efímero.

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