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Astucias: Dioses, animales y hombres en la antigua Grecia

“Astucias” es una lectura que sabe mantener el interés y alimentar la curiosidad del lector, esa curiosidad que uno tiene cuando se termina un capítulo de la serie y quiere saltar inmediatamente al próximo.


El libro se estructura en tríadas: dioses (3 grupos de dioses, Metis-Zeus, Prometeo y Proteo), animales (3 animales, pulpo, cuervo, zorro), humanos (3 tipos de humanos: Ulises, los sofistas, y Sócrates). Curiosamente, el tratamiento de los animales es la sección más extensa del libro: 93 páginas que superan ampliamente las dedicadas a dioses y humanos.


La estructura nos permite no solo a hacer una lectura lineal, sino también elegir y combinar elementos de cada tríada, y, como con un rompecabezas, construir cada vez un nuevo texto.


La pluma de Trinidad Silva tiene una suavidad y una contundencia que invitan a quedarse y sostener una lectura atenta. El tratamiento de los temas a través del libro, si bien es de una gran erudición, es amable con el lector no especializado, reponiendo lo que hay que reponer y explicando todos los conceptos y términos griegos mencionados. Para el lector especialista tiene el componente agregado que da la escritura ensayística: permite hacer una lectura fluida, relajarse y reflexionar desde nuevos ángulos temas y autores que muchos solemos trabajar con el rigor que pide la producción académica.


En primer lugar, es importante destacar algunos aspectos notables y curiosos que vuelven único este ensayo filosófico (pero ante todo literario) que parte desde la antigüedad griega, pero que no se queda solo allí.


En su introducción la autora nos advierte una idea que problematizará: la inteligencia ha sido apropiada como patrimonio del hombre. Y así, de entre todos los otros tipos de formas de vida la inteligencia entendida como razón le quedó al hombre. Trinidad Silva va a desmantelar esta idea haciendo referencia a “una forma de inteligencia que sigue estando asociada a la vida y no solo a la humana, sino a la divina y la animal”. Aquí aparece su objeto declarado: la astucia.


Es necesario, como ella bien plantea, empezar por los griegos como una tradición que llegó lejos en pensar la inteligencia que aparece nombrada como nous, logos, dianoia. La astucia se cuela en una grieta que no pide necesariamente ni virtud ni verdad, pues “su operación racional no es siempre razonable porque no está condicionada a reglas. Si lo está, no es del todo astuta.”


Aquí encontramos el primer gran tema, casi una paradoja: la astucia no se deja definir. Por eso ella habla de astucias: “si ha de ser un sustantivo, que sea plural."


El primer intento de atraparla la describe como “una inteligencia que, como la artificial, se mide en su éxito para lograr tareas pero que, a diferencia de ella, se adapta a la vida” y así podríamos decir que la astucia “es la inteligencia del cuerpo animado”, una "inteligencia múltiple" y polytropos, “de muchas maneras”, que se resiste a la definición conceptual y a la autoridad disciplinar. 

Trinidad y sus tríadas la describen como una inteligencia “esencialmente orgánica, flexible, maleable, corpórea, versátil”, cuya materia prima es la apariencia. Esta inteligencia pertenece a aquellos que operan "fuera de las reglas", como el dios Proteo, que cambia de forma a voluntad, o el zorro, que se mueve con sigilo.


La autora vincula estrechamente la astucia con el concepto griego de mētis (μῆτις), que, citando a Detienne y Vernant, se entiende como una inteligencia eminentemente práctica. Aparece como la "capacidad para adaptarse con éxito a una situación". Esta inteligencia no se enfoca en verdades abstractas, sino en la habilidad "de hacer, de actuar y reaccionar" frente a las complejidades de la vida.


Un componente esencial de esta forma de inteligencia es la capacidad de reconocer y aprovechar el kairos (καιρός), el momento oportuno. La astucia, por tanto, "sabe del tiempo porque anticipa, mide, calcula y acierta". Es una inteligencia oportunista, pero no en el sentido de la mera improvisación, sino como un modo de "atajar la realidad".


Asimismo, la astucia se determina a través de su estrategia de ocultamiento y disimulación. Es una "capacidad activa que opera desde el ocultamiento", una forma de agencia que se ejerce desde la marginalidad o la clandestinidad, como en el caso de las mujeres en la historia, quienes usan la invisibilidad que se les impone como un recurso. Esta es la astucia de Metis, quien, tras ser tragada por Zeus, opera desde su interior. Esta capacidad metamórfica, sin embargo, no implica una disolución de la identidad; la "metamorfosis de la astucia", como la de Proteo, preserva un "correlato sustancial", de modo que al ser atrapado, el ser astuto "vuelve a su forma original”. En el ámbito humano, esta estrategia se manifiesta en la eliminación del "compromiso con preceptos rígidos y verdades universales".


Finalmente, la autora sitúa la astucia en un plano relacional y moralmente ambiguo. Su medida es comparativa, no absoluta; siempre se es "más astuto que" otro, pero nunca "el más astuto" de forma definitiva. La figura de Sócrates encarna la forma más elevada y oculta de astucia, donde la ignorancia fingida y la ironía se convierten en instrumentos filosóficos para la búsqueda de la verdad. Su astucia, como la de Eros en el Banquete de Platón, es la del cazador que, desde la falta, urde tramas y utiliza todos los recursos de su linaje para perseguir su objeto de deseo: la sabiduría.

Vale detenerse en un punto central del libro: los animales.


Como nos indica la autora, hay una importante presencia de los animales en las fuentes antiguas que trasciende su rol como entes biológicos y se convierten en objeto de especulación y discurso filosófico.

Los animales ocupan en la antigüedad y, en especial en el contexto religioso, un lugar intermedio entre lo humano y lo divino. Lo vemos en rituales con las prácticas adivinatorias y los sacrificios asociados donde hay preferencias por ciertos animales: bueyes, ovejas, cabras o cerdos por sobre burros o caballos (Burkert 2007). Los animales se entienden como vehículos de la voluntad de los dioses que los humanos deben interpretar. Pero de los animales elegidos por la autora, ninguno es objeto de adivinaciones a excepción, quizás del cuervo, ave asociada a Apolo.


Los tres animales elegidos comparten puntos en común: rasgos humanos o quizás comportamientos que los humanos emulamos de esa animalidad y la posesión de una astucia que los eleva a un estatus casi divino por lo misterioso y fascinante, siguiendo la caracterización de Rudolf Otto de lo numinoso: un misterio tremendo y fascinante. Los animales astutos son sagrados.


El talento astuto del pulpo radica en su polimorfia y mímesis. El del cuervo en la imitación de la voz humana y en su lugar simbólico, mediador y profético: posee un saber oculto que solo parcialmente el humano puede descifrar. Pero más llamativamente aparece el zorro (o la zorra para ser más precisos), en un lugar especial porque su astucia es casi humana: sigilo, estrategia, cálculo, duplicidad.


Quizás la pregunta que queda dando vueltas a partir de la lectura de este libro tenga que ver con el aprendizaje que podemos obtener a partir de la observación del comportamiento o vida animal. El apartado de los animales es profundamente emocionante y permite intuir una intención no explícita: el valor de la vida (astuta) animal.


Quizás, a falta de dioses, los animales sean lo más parecido que tengamos.


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Astucias
Trinidad Silva


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