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El fracaso

La tentación del fracaso es el nombre de los magníficos diarios de Julio Ramón Ribeyro. La senda del perdedor una novela de Bukowski. El derrumbe otra de Scott Fitzgerald ("hablo con la autoridad del fracaso") El "Fracasa mejor" de Beckett.

Curiosamente en los años noventas, el fracaso se encarnó en un popular estilo de rock. El grunge. Se instauró una moda. Incluso hubo un momento, en medio de esos poderosos riffs de Nirvana, en que a los jóvenes ya no molestaba (al contrario surgía un morboso orgullo) autoproclamarse un fracasado.


¿Qué es el fracaso? No es simplemente un estado de mal ánimo de escritores mimados. Su etimología no se remonta más alla de quinientos años atrás, probablemente francés o italiano. Es estrellarse contra algo. Los historiadores han identificado el momento en el que la palabra fracasar deja de ser un término naval (naufragio o choque de barcos) a convertirse en un sustantivo cotidiano de cambio: la derrota de la Armada Invencible en 1588. Juan José Saer identifica el origen de la moral occidental del fracaso en El Quijote de la mancha, el antihéroe épico .


El destacado historiador de las mentalidades Philippe Ariès dice calcado lo que Michel Houellebecq había escrito en su libro "Ampliación del campo de batalla" (probablemente Houellebecq haya leído con pasión "La muerte en Occidente"):

"Observo que en nuestros días todo el mundo tiene forzosamente la impresión, en un momento u otro de su vida, de ser un fracasado.."

Ariès precisa esta sentencia aún más al contextualizarla, y aquí lo impresionante, nuestro gran historiador destaca con elocuencia que esta sensación de fracaso no se conocía en la primera edad media. Esto es revelador. ¿De qué se fracasa? ¿Cómo ? ¿Por qué hoy esta sensación se volvió global? No es simplemente una reacción a la pobreza. Fracasan emocionalmente también los ricos, los medianos, los cultos, los famosos o las personas físicamente bellas, nadie está libre de tan moderno mal.

¿Por qué la primera edad media desconocía tal sentimiento?

Una explicación preliminar: en esos tiempos los hombres no tenían el timón de la vida en sus manos. El que se sume en una Providencia no fracasa. Es por esto que aún hay resabios de esta disposición en algunos modernos: Los religiosos "no fracasan".

El "fracaso" es hijo de la modernidad y el individuo. Alivia pensar que hombres no conocieron este sentimiento, esto nos hace entender a la Historia como una terapia. Los griegos clásicos no conocieron la compasión a la manera cristiana. Podrían ser racionales, justos, pero ese lenguaje meloso e inofensivo de la compasión paulina les era desconocida. Por eso hasta Aristóteles suena duro en algunos ejemplos sociales. Así mismo los primeros medievales se asombrarían de toda esta moderna literatura y música devota del fracaso. Y no sólo esto, se asombrarían también de que todos los hombres alguna vez en su vida se hayan sentido fracasados.

¿Cómo puede un moderno transformar su nefasto estado de ánimo?

Leyendo Historia, estudiando las arbitrariedades de los sentimientos sociales, refugiándose en los cambios, descomprimiendo los temores. Riéndose de las esperanzas de artificio. Desmontando los (auto)castigos.


¿Qué es en definitiva esta sensación moderna del fracaso?

Es la respuesta contingente e inmediata a la gigantesca presión que ejerce la existencia, de un determinado grupo humano y un periodo histórico, frente al vacío de poder para ejercer su propia vida.

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