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Erick Pohlhammer: “Para que haya polis tienen que haber polisemia”*


Nacido en 1955, el poeta Erick Pohlhammer no es una guagua pero sí un niño muy bien conservado con cientos de cuadernos garrapateados. Varios de ellos con frases recogidas de la boca de otros, amigos, conocidos y desconocidos con los que se va encontrando en el curso de sus latas caminatas entre Plaza Italia y Tobalaba, con aros matutinos en el Tavelli y vespertinos en el Phone Box. Sus interlocuciones aplican el método de escuchar y preguntarle al otro para abrir un campo dialéctico inesperado. Así es como el fútbol se va amarrando con el Kamasutra, la pandemia de niños gordos con el placer de abotonarse la camisa o los altos índices de depresión nacional con la metafísica del pun.

En literatura se expresa con el refrán y el haikú; también ha escrito teatro y prosa, como Novela velada en un velador bajo la lámpara alógena de mi abuelita Amparo Astaburuaga, con la que se hizo acreedor del Premio Novela 2006 del Círculo de Escritores Jóvenes de Buenos Aires. Los editores están al aguaite y, entre otros, esperan El libro de los placeres simples y otro titulado Por qué no soy democratacristiano. Al proponerle una entrevista, Pohlhammer aceptó fijándola en mi domicilio. Llovía seriamente el día que se presentó. Al entrar cerró su paraguas de señora sin cacha y me pasó una mata de betarragas. “Para el almuerzo”, dijo y ya sentados en butacas instaló su tónica equiparando roles entre entrevistado y entrevistador. “¿Te gusta ir a las fondas?”, partió preguntando.


Imagen Erick Polhammer. Créditos Mario Téllez


-Me gusta pero no siempre voy, me baja por temporada.

-Yo tengo mucho que hablarte de las fondas. ¿Recuerdas una fonda donde la pasaste flor de la canela? Habrá un recuerdo de fondo de esa fonda.

-De fondo porque las fondas en que lo pasé bien se concentran en una sola impresión, o sea que no recuerdo la fonda pero sí el fondo. Me encantan las orquestas, el jolgorio y el comistrajo.

-Comistrajo, qué buena palabra. ¿Y los huasos te gustan?

-Bastante y dependiendo del huaso.

-¿Te deleitan visualmente?

-Muchísimo. -¿Te excitan eróticamente?

-Eso dejémoslo entre paréntesis. Yo tenía un conocimiento teórico de los huasos, porque ¿de dónde voy a haber conocido huasos profundamente?

-No habría por dónde. Uno puede darse cuenta medianamente y ahí habría un oxímoron de la mujer citadina con la cultura campesina. Los huasos verdaderos están tapados por los Huasos Quincheros. ¿Y sientes el sabor de la cueca?

-Lo siento y aprendería de mil amores pero como bailarina soy desordenada.

-Bonito título para un libro de cuentos, La bailarina desordenada. ¿Y yo puedo decir algo de los Huasos Quincheros?

-Lógico.

-Mira, yo separo entre las personas de los Huasos Quincheros y su actividad, porque hace poco estuve con un huaso quinchero en un café y lo vi como un álamo, como un árbol, lo separé del conjunto musical porque a mí me gusta tener respeto y amor ante todo rostro. Esa es una cosa. Por el otro lado, la primera vez que escuché a los Huasos Quincheros, que fue a los ocho años de edad en el canal 9, me dieron ganas de vomitar.

-¿Físicamente?

-Físicamente. Yo no toleré a los Huasos Quincheros. Experimento una alergia, mi organismo se rebela al escuchar, así es que mejor volvamos a la fonda porque te voy a decir que estoy muy apasionado por las entradas de tu etapa en lo huaso.

-Claro, yo no tenía acceso al mundo huaso porque una es una afuerina, entonces para entrar tienen que pasar ciertas cosas.

-¿Y qué te pasó?

-Que pasé un tiempo largo por ahí por Linares y estando allá, lo huaso llegó a mí.

-¿Cómo llegó ese huaso a ti?

-De a pie.

-Llegó el huaso a ti como el hueso a la boca del perro. ¿Y fue un hueso duro de roer?

-Sí, porque existe una distancia infinita, por lo tanto debe aparecer una instancia de fusión que no se da fácilmente.

-Como el mimbre se amarra con el mimbre. ¿Y esa fusión se produjo bailando cueca?

-No, porque un huaso te deja completamente en ridículo si te saca a bailar cueca y te hace hacer el ocho.

-Yo hice un curso de danzas folclóricas cuando estudié pedagogía en castellano porque teníamos cursos optativos. Me saqué un siete en todos los bailes menos en la cueca, en la que obtuve un misericordioso seis porque logré hacer bien el ocho. ¿Y sabes quién me ayudó a hacer el ocho? Un filósofo gurú hindú que se llama Osho, el Osho con barba, el Bagwan Rajnish que habla mucho de la alegría de fluir, que es lo que hay que hacer para hacer el ocho.

-Y tú que eres profesor, ¿qué entiendes por educación?

-Mira, una vez me encontré con un candidato a la presidencia de la República en una radio comunal de Valparaíso y él hablaba de que iba a hacer un cambio educacional. Le pregunté ¿y qué es la educación? y se daba vueltas y vueltas y no decía lo que era. No supo responder. Entonces le dije: ¿Nunca escuchaste en el colegio la expresión “educare”, que es sacar desde dentro los potenciales de los estudiantes y no de los alumnos, porque “alumni” significa sin luz? Los estudiantes son luz. ¿Y de qué se trata la educación? De que no confundan al niño y le den facilidades para que sea el que es. No ser una garrafal mentira encarnada como la mayoría de los políticos, a los que les encanta aparecer pero no ser. Para que empezaran a ser tendrían que hacer un acto de honestidad superior y decir en realidad: somos fraudulentos y limitadísimos.

-¿Y qué crees tú que es necesario para que haya polis y ciudadanos en un país?

-Para que hay polis tiene que haber polisemia, que todas las personas sientan que pueden participar de la fogata o de la tribu. Hay que saber que si quiero cantar una canción me va a llegar mi turno y que si quiero decir algo me van a escuchar. ¿Y cuándo se desvanece la tribu? Cuando la persona siente que haga lo que haga o diga la que diga vale callampa.

-Esta conversación está harto dispersa.

-Un árbol tiene muchas ramas pero no es una entidad dispersa porque tiene un tronco y una raíz, lo mismo que esta conversación… Y así como el tema de los huasos es una pasión para ti, te diré que para mí una de las pasiones es caminar y escribí un libro que se llama El libro de los placeres simples. Uno de ellos es caminar. El lector va a quedar sorprendidísimo.

-Enumera algunos.

-Te voy a nombrar diez de los placeres simples porque no van a caber todos. El placer de nadar, el placer de lavar los platos, el placer de cortarse las uñas, el placer de abrocharse los botones de la camisa, el placer exquisito de escribir una frase consciente y ponerle un punto o un punto y coma, el placer de limpiar una ventana, el placer de escuchar la palabra esquina, el placer de sentarse en un sofá. Lo que pasa es que si uno anda de excelente humor y está contento, la gente dice ¿qué pasa?, ¿se fumó un pito?, ¿está volado?

-Volado es antónimo de aterrizado.

-Y aterrizado es sinónimo de pasarlo mal, porque se supone que si uno lo pasa bien es una irresponsabilidad, cuando la palabra responsabilidad, como dice Claudio Naranjo, viene de responder. ¿Y responder a qué? A mi organismo que clama por sentirse bien. Entonces cuando estoy bailando cueca, que siga la fiesta porque cuando la fiesta está buena, ¿quién quiere que se acabe?

Imagen Claudia Donoso. Créditos Jorge Espinoza


Virgen de Lontué


Mater amantísima protectora de los bebedores excesivos Todas las fiestas patrias las termino en la comisaría

Siempre me agarran los carabineros me agarran a palos

Por ingerir bebidas alcohólicas en la vida pública

También me agarran a chuchadas su me disculpas el vocablo

Me amenazan con meterme al calabozo

Con quitarme a los chiquillos

Con prenderle fuego a mi mediagua

Jamás me dan la opción de presentarles mis descargos

No quieren no saben no pueden comprender

Que mi sed es sed de justicia Virgencita de Lontué Que mi comportamiento no le hace mal a nadie Que es la consecuencia lógica científicamente comprobada

De ser hija de una peluquera y un lanzador de jabalina.


Virgen del Cerro San Cristóbal


Subiré hasta la punta de la más alta torre de alta tensión

Que haya en Santiago y sus inmediaciones

Y gritaré y me oirán las piedras y los perros

Y sabrán las piedras y los perros que no tienes oídos para mí

Que te niegas a escuchar mis súplicas y ruegos

Indolente Virgen del Nuevo Extremo

Y ladrarán de ira las piedras ladradoras

Y piedras en los ojos les saldrán a los perros de la tristeza

Al enterarse del dolor que me atormenta

Y que tú no quieres por motivo alguno mitigar

Hermosísima Virgen sorda como tapia.




*Esta entrevista se publicó en noviembre de 2009, en el sexto número de la desaparecida revista H, Libros y lecturas, editada cuando comenzaba a gestarse la editorial Hueders. Se acompañó de dos poemas del libro Vírgenes de Chile, que aquí también se suman, publicado por la también desaparecida editorial Bordura y entonces recién premiado.


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