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El hombre es un gran faisán en el mundo

hace 5 horas
3 min de lectura

Ayer, por casualidad, me puse a ver Rec, el programa de los recuerdos del canal 13. Era un late night donde Don Francisco conversaba con distintos matrimonios chilenos casados con extranjeros. Estaba Andrea Molina con un gringo, y también un joven Daniel Muñoz con su pareja de esa época, la actriz y directora teatral Heidrun Breier. Lo que me llamó la atención fue saber que ella había nacido en Rumania, en plena dictadura de Ceaușescu. Luego emigró de niña a Alemania Federal, que en una década más sería reunificada con su par del este. 


En esa época era de mal gusto hablar de política en ese tipo de programa, y me atrevería a decir que en cualquier lugar donde uno estaba divirtiéndose. Daniel Muñoz se radicalizaría más bien de viejo. Es de la idea "jorgegonzaliana" de que la Concertación fue la que administró el neoliberalismo ideado por los economistas de Pinochet. En esa época, precisamente concertacionista, era todo diversión y buenos sueldos. Jamás se habría podido decir semejante herejía en un programa de tv. No al menos en presencia de Don Francisco, y menos en la de Heidrun Breier, que de dictaduras debía saber algo.


Ya me hace ruido que Breier y su familia hayan salido de Rumania en 1979 hacia una Alemania Federal que finalmente se reunificaría en torno al capitalismo. Cruzar de un lado a otro del Telón de Acero en 1979 no era algo que se hiciera libremente. Breier nació en Timișoara, ciudad con una fuerte minoría étnica alemana, los llamados suabos del Banat, descendientes de colonos alemanes desde el siglo XVIII. El mecanismo más probable de salida, especulo, es el "Freikauf" o venta de emigración, un programa poco conocido en su momento. El gobierno de Ceaușescu dejaba salir a alemanes étnicos y judíos rumanos a cambio de pagos del gobierno de Alemania Federal, calculados per cápita según la edad y educación de cada persona. Fue un negocio discreto entre ambos estados, que benefició a decenas de miles de familias de origen alemán entre los años sesenta y ochenta.


Las memorias de gente común, incluso de quienes fueron niños en esa época, y la literatura sobre la dictadura de Ceaușescu crecen. Anagrama edita a Lola Lafon sobre la vida de Nadia Comăneci y su relación con la dictadura comunista. Está Bucarest. Polvo y sangre, de Margo Rejmer. La tortura del silencio, con testimonios recogidos por Marius Oprea, que documenta la persecución de la Securitate durante los años de Ceaușescu. Vidas provisionales, de Gabriela Adameșteanu, Enterrando la máquina de escribir de Carmen Bugan, un año mayor que Heidrun Breier (en Rumania ni siquiera se podía tener una máquina de escribir libremente imaginen montar una obra de teatro). Y, principalmente, Herta Müller, premio Nobel de Literatura, alemana rumana del Banat como Breier, cuya obra entera gira en torno a la vida bajo la dictadura y la persecución de la minoría alemana.


Es difícil pensar que un actor o actriz chilena nacido bajo la dictadura de Pinochet no hablara de ella en el extranjero. Y si no hablaba, las películas lo hacían por ellos. Cabe la posibilidad, bien improbable, de que Breier no lo haya pasado mal en su niñez bajo la dictadura rumana, pero eso es imposible de saber. ¿A qué actor chileno se le perdonaría una confesión semejante sobre la dictadura de Pinochet?


Me quedaron muchas preguntas tras ver ese risueño programa de Don Francisco. El sufrimiento de las dictaduras comunistas normalmente no sale de Europa. Al parecer, no debe salir de allí. Confesiones como las de Herta Müller, acá, molestan. Son ofensivas. Me impresiona que a una artista como Heidrun Breier ese pasado no le haya generado un impacto que volcara en su arte.


El sitio de Radio Cooperativa hizo, en 2009, un reportaje titulado "Los recuerdos de la caída del Muro de Berlín desde Chile". Llamaron a Breier para que diera su opinión. Cito: "recuerda como «impactante» los hechos que concluyeron con la caída del Muro y la apertura que se dio en el este de Europa, en un período de su vida en que tenía tan solo dieciocho años."

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