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Cosas que puede un cuerpo

A los doce años, un zumbido en los oídos invadió a I.C. y la arrastró a una congoja inaudita. El problema de un rumor en la oreja; como cualquier otro malestar cuya procedencia interna es una evidencia indiscutible, de que el ruido y el mal, no siempre son culpa del vecino; es que puede provocar un colapso nervioso.


Los nervios son la señal de que alguien es un humano, una clase de mamífero que en un momento de su vida se da cuenta de que un día no estará más. Nabokov dijo que la conciencia de muerte le llegó al ver una película casera previa a su nacimiento. Vio el mundo sin él y escribió: la cuna se mece sobre el abismo.


A I.C., tal revelación le vino un día que acompañó a su madre al gimnasio. La madre, había tomado de ese lugar del armario en que se guardan los vestigios de mejores tiempos, una malla fucsia y lila, cuya lycra vencida, crujía en cada ejercicio. Evidencia de que todo lo que alguna vez fue importante, un día será una realidad extraña, incluso lastimosa y ridícula. Ese día la hija comprendió la compasión, y supo, que la plegaria nada tiene que ver con creer o no en dios.

Los seres humanos resienten estar separados del mundo. Para apalear los nervios inventaron dioses, después dos o tres, que en realidad eran el mismo. Un día lo mataron y en su lugar pusieron el nombre de la especie, más el sufijo “ismo” (para darle cierta altura): humanismo.

Pero ni los nervios ni el abismo cedieron por la razón (o la fuerza).

“Dice un reporte de la CIA: la ola de protestas de 1984 condujo a Pinochet a una crisis depresiva. Recibió tratamiento con Litio”.


Ni siquiera un dictador está libre de los nervios y los zumbidos. Los oídos son el órgano de la conciencia: no pueden cerrarse hacia dentro.

Hoy la especie pone el prefijo “pos” a sus viejos artefactos. No es seguro si ese “pos” indica una novedad, o bien, como el estado de ánimo generalizado hace sospechar, revela la descomposición de un cadáver. Un después de algo que no comienza nunca. La novedad del “poshumanismo” es pretender evadir los nervios, ya no mirando al cielo ni el propio ombligo, sino buscando su disolución: situándose en continuidad con el resto de las especies. Pero un dinosaurio, una rosa, una jirafa o una mascota humanizada no tienen abismo. La diferencia de los seres humanos es que sobre sus fundamentos no saben nada, las otras especies tampoco, pero los humanos saben que no lo saben.


¿De dónde venimos? se preguntan.

Animales huérfanos, inventan orígenes para no flotar tanto.

I.C. escribió en su diario: el ser humano padece un mal curioso, puede ser un lobo para sí. Es capaz de sentirse mal sin estar enfermo. Una respuesta al abismo es usar la boca.

Una boca puede hacer cosas como inventar una guerra y comerse las uñas, también, hacer promesas y perdonar.


2

Una nutricionista le dijo a C.G. que estaba inflamada. No lo podía creer, habría preferido algo más corto y nítido, como la palabra gorda. Pero la experta tenía razón, hoy se habla de inflamación como un estado intermedio entre la salud y la enfermedad, y ella, estaba oficialmente inflamada. C.G. no tiene hambre en las mañanas, ama las mañanas. Su problema, que no alcanza, según la especialista, a ser enfermedad, es por las tardes. Picotea, aunque sabe que “no se debe comer a deshora”; pero saber y comprender no son la misma cosa.


C.G. experimenta el abismo de distintas formas am que pm. Cuando el sol se ubica en su punto más alto, las cosas aparecen como verdades groseras, sin sombra ni variaciones. En los tiempos sin progreso salen los monstruos, en su caso el terrorismo oral. Se siente a ratos como una delincuente menor, mediocre. Comer así, sin hambre, con una boca aburrida, nihilista, ni saludable ni enferma, hace de su boca una que no salva nada, solo repite un picoteo ratonil; como esas personas a quienes no les sale nada nuevo de la boca, no se nutren ni nutren.

Pequeñas adicciones para pasar la tarde.


Las tardes no son decepción sino un aburrimiento grave. Es hablar como si se hablara. Una sociabilidad para desertar. Como como un animal neurotizado, que se come su caca. Un animal que pierde su belleza.


Siglos de aburrimiento fueron profetizados tras las guerras. El aburrimiento no cesa con los nuevos vicios. Algunos buscan en el horror la sacudida para despertar del tedio. “A causa del sol”, dice Meursault al juez, al ser interrogado por su crimen en El extranjero.

El horror a veces es deshorrorizado, su cotidianidad puede no generar más que la sugerencia de un cambio en la dieta.

Lucía Hiriart de Pinochet mientras estaba en La Moneda, pedía que le cortaran el quesillo en forma de corazón.

Cada época tiene su tarde.


3

Hay una tarde especialmente larga, cuando el sol alcanza su posición más alta en el cielo, al quedar la Tierra inclinada hacia la estrella en 23º27´. El solsticio de verano, (palabra que viene de sol y de quieto) tiene el magnetismo de las verdades fijas. Un par de días después del solsticio de verano del año 1922, en Alemania ocurrió un incidente que, si bien indicaba ciertos grados de inflamación social, aún no se podía predecir lo que acontecería una década más tarde. Walther Rathenau, ministro del exterior de la República de Weimar, salió de su casa como siempre, un auto se le adelantó y recibió un disparo y una granada. Los asesinos declararon que era un asesinato sacrificial, ofrecido al dios sol de la antigua religión germánica.


Hay ruidos que comienzan despacito, que nadie sabe bien cómo pasan de ser unos balbuceos, a transformarse en un delirio; es decir, un argumento perfecto. Lo que comenzó años antes del asesinato, fue la revitalización de un nacionalismo romántico nacido como resistencia a las guerras napoleónicas del siglo XIX: el Völkisch. Idea que se resistía a los valores de la modernidad, y que tomó impulso tras la ruina de Alemania post Primera Guerra. Pero que cobró peligrosidad cuando empezó a expandirse en los círculos intelectuales. Cuando a la a locura se le ponen razones, no tarda en llegar la catástrofe.


Algunos grupos tomaron el antiguo símbolo solar, la esvástica, y resurgió la vieja costumbre de celebrar el solsticio. Los grupos racistas y esotéricos se multiplicaron, entre ellos la Liga Cultural Por La Política, los que además, presentaban un particular fanatismo por un nuevo tipo de pan integral.

El pecado de Rathenau no era solo ser judío (aunque él se consideraba, en primer lugar, alemán) sino que opinaba que su país debía pagar la deuda estipulada en los tratados de post guerra.


4

Un día Frau Troffea salió de su casa. Desertó. Dicen que estaba enojada con el marido. Movió un pie, soltó la cadera, seguro se desató el pelo, y se puso a bailar en la calle. Se desmayó y siguió bailando. Bailó una semana. La llevaron a la capilla de San Vito y le hicieron un exorcismo. Pero a esa altura, julio de 1518, el baile desenfrenado era una epidemia en Estrasburgo. Un mes después, eran aproximadamente 400 bailarines en la ciudad. Las autoridades pensaron que calentar la sangre de los danzantes los haría detenerse, por lo tanto, pusieron una tarima donde los músicos tocarían hasta que este nuevo vicio encontrara orilla. Pero no solo no se detuvieron, sino que el baile se intensificó. Comenzaron a morir.


Esta no fue la única epidemia de baile en Europa, se describen varias entre los siglos XIII y XVI. Se cree que el brote de 1237, en que un grupo de niños dejó la ciudad de Erfurt hacia Arnstadt bailando, habría inspirado el cuento del Flautista de Hamelín. Hay otras versiones sobre ese cuento. Algunas hablan del trauma de un pueblo: una tragedia sufrida por lo hijos por culpa de sus ancestros, quienes alguna deuda no pagaron.


Los crímenes de los padres los pagan los hijos. Esa es otra locura de la especie: no basta solo con nacer, los humanos tienen la necesidad de filiación: unas personas heredan algo para que luego, abran paso a los hijos. Cuando una sociedad no cumple con sus obligaciones, la falta de una generación también es pagada por los hijos y los hijos de los hijos. A veces una generación completa prefiere morir bailando.


Estas epidemias ocurrieron en tiempos de hambre y desesperación. Un día se acabaron. Pero podríamos dudar de ello. Cada tanto, el plan es morir bajo el manto de un sentimiento narcótico. Las autoridades, tal como las de los pueblos medievales, quedan consternadas sin saber qué hacer. Incluso los especialistas, como los músicos de Estrasburgo, pueden intensificar la locura.



5

La lógica del espíritu es paradójica, porque la lógica de la existencia es paradójica. Ese desajuste abre a la especie a otras locuras interesantes: no se sabe cómo ni para qué, pero el ser humano usa palabras como promesas, contrae deudas con las palabras. Hay una cualidad asombrosa que a veces toman las palabras: cambian la condición de lo que tocan. Por ejemplo, al poner un nombre.


En 2003 Aurora – quien aún no se llamaba así, en rigor, no se llamaba – fue arrojada en el vertedero Lagunitas de Puerto Montt. Era una recién nacida y no se sabe si alcanzó a respirar, por lo tanto, jurídicamente, no se podía considerar persona. Su segundo destino, tras ser hallada, sería terminar otra vez en la basura. Bernarda Gallardo escuchó la noticia y se le vino algo al cuerpo y a la cabeza. Se le ocurrió adoptar a la niña muerta, darle un nombre y un funeral. Lo hizo varias veces más. Dice que son sus hijos póstumos.


Su gesto no es una pedagogía sobre lo que es ser un humano. La compasión no se puede enseñar como se enseñan las matemáticas. Lo suyo es un testimonio, que, como todo testimonio, no es sobre ella, sino por los ausentes, por los que no pueden dar testimonio y paradójicamente, son ellos, los hundidos, antes que los salvados, los únicos que saben que ser humano no es algo garantizado por la especie. Los salvados, los que testimonian, saben de su deuda, usan su boca con el respeto que el abismo merece.



Constanza Michelson



Maria´s dance > METROPOLIS Fritz Lang 1927


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