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Precariat, dime en qué trabajas…

Roma no cayó en un día. Quizá aún está cayendo y es ese derrumbe el que nos arrastra. La decadencia es un proceso de carcoma cultural que puede demorarse mucho tiempo. Quién sabe si los mismos romanos lo vieron venir, la historia se cuenta a posteriori y siempre con otros ojos. Roma creció y se hizo fuerte gracias a la ingeniería de una cloaca. Siglos después, la presión en las fronteras, una nueva religión de Estado, la continua devaluación de la moneda, varias sequías y erupciones que afectaron al clima y sucesivas plagas de viruela y peste, la llevaron al colapso. El agua dejó de correr por los acueductos, las cadenas de producción y distribución de alimentos se fragmentaron provocando hambrunas, degradación del trabajo y revueltas y gran parte de la población urbana del imperio abandonó las ciudades.


Algunos historiadores no creen que los procesos se repitan. Desde esa perspectiva, cualquier parecido de la caída de Roma con la actualidad es mera coincidencia (y algo más de tecnología).

Rescato este texto a raíz de una noticia de principios de septiembre de 2023: Gizmodo España cierra, despide a toda su plantilla y la sustituye por una IA. La división española de Gizmodo (influyente weblog de tecnología) fue despedida a través de una video llamada y ahora la web se actualizará mediante la autopublicación de traducciones de la matriz inglesa.

Historias como la de Gizmodo generan el tipo de titular viralizado que desaparece después de sorprender por unos días y que se buscará en hemerotecas digitales cuando los estudiosos del futuro indaguen sobre los primeros síntomas de fenómenos que tuvieron su origen mucho tiempo atrás.


Lada Koroleva, es de Rostov-on-Don, tiene poco más de veinte años y dos hijas pequeñas. Lada, su marido y las niñas viven ahora en Moscú. Durante la pandemia decidieron mudarse en busca de oportunidades. Lada hace repartos en la capital. Es duro cargar a la espalda la gran caja mochila del Delivery Club y llevar de un lado a otro a las niñas, pero cree que tiene suerte por haberse marchado de Rostov antes de la guerra. Hace un par de años alguien que la vio en un vagón del metro con las pequeñas en brazos y la enorme caja de reparto tomó unas fotos y las subió a la red. Enseguida las imágenes de Lada se viralizaron más allá de Rusia.


Cuando Julia dejó Roma con sus dos hijos lactantes, la noticia de su partida no pasó de un comadreo dentro de los límites del barrio. Fue la casera quien se encargó de propagar chismes e insultos porque la panadera viuda se escabulló dejando sin pagar siete meses de alquiler. El marido de Julia no conoció a los mellizos, murió poco antes de que nacieran tratando de defender la ciudad de uno de sus múltiples saqueos. Desde que Genserico tomó Cartago, los suministros de trigo de África dejaron de llegar a Roma con regularidad. De un día para otro la ordenada vida de Julia la panadera comenzó a desmoronarse. Sola con los mellizos, sin trigo ni trabajo. Apenas en unos meses todo eran deudas.


Miel Gibson, solo para corazones valientes. Profesora chilena con cuatro hijos y desempleada durante la pandemia lanza marca creativa de miel para sustentar a la familia. La iniciativa es modesta y casera, pero ayuda a mantener los gastos de los chicos y la casa. Muy lejos de Santiago, el pequeño y creativo emprendimiento llega a oídos de los representantes de William Wallace. Desde California, los abogados de Braveheart intiman a la maestra para que en 48 horas retire del producto la imagen del actor si no quiere enfrentar acciones legales. De repente, la feliz idea parecía transformarse en un caso de David y Goliat del capital contemporáneo. Para los entusiastas del pensamiento positivo este sería un claro ejemplo de que la crisis siempre puede ser una oportunidad (para quien sepa aprovecharla).


Quizá no es la época, al menos en determinados países y entornos, en la que las condiciones laborales son más precarias pero sí tal vez el momento en el que las condiciones adquiridas se degradan con más rapidez. El cruce de acontecimientos recientes ya ha hecho impacto y puede dar lugar a la materialización extendida y crónica del precariado. Forzando más la conjetura, nos encontramos en un punto en el que los nuevos paradigmas y el desarrollo tecnológico y de IA harán replantearse la naturaleza, el sentido, el valor y hasta la propia subsistencia del trabajo.


Cuando aparecieron las primeras fotos de Lada Koroleva en redes, los productores enseguida identificaron una buena historia. En varias entrevistas de prensa y en un talk show de televisión, la chica dijo que comenzó a trabajar en el delivery cuando el ejército reclutó a su pareja para hacer el servicio militar. Con lo que ganaban no conseguían sustentar a la familia. No tenía ni aún tiene con quién dejar a sus niñas y esa es la razón por la que las lleva de un lado a otro mientras trabaja. En otra entrevista, Lada contó que buscaba apartamento y solicitaba ayuda. Quería separarse porque su marido no colaboraba en nada. Cuando regresó del servicio militar no hacía otra cosa que jugar videogames y fumar tirado en el sillón. Estaba harta. Lada recibió algunas donaciones, la gente no podía dejar de conmoverse viendo a la joven madre trabajando de sol a sol acompañada por las niñas. Al poco tiempo el ejército se llevó a su marido al frente. De momento sigue vivo, pero está completamente desquiciado. Las niñas lo detestan, sus visitas de permiso son un infierno.


Julia no llegó muy lejos. Pensaba regresar a su aldea en el Piamonte donde aún tenía familia y las plagas hacían menos estragos. El trayecto era peligroso, pero no tenía opción. Se unió a una caravana de comerciantes y desplazados que avanzaba por caminos secundarios apartados de las vías troncales. Al verla caminando con las dos criaturas y cargando un enorme fardo en la espalda, una mujer le hizo lugar en su carro. Llevaba salazones de pescado y ella misma parecía una sardina seca. La caravana se dirigía al norte. La misma ruta por la que los invasores bajaban hacia el sur.


Tras el impacto mediático del caso, la profesora chilena Yohana Agurto multiplicó sus seguidores en Instagram y las ventas de Miel Gibson. Los representantes de William Wallace únicamente solicitaron retirar del producto la imagen de Braveheart. El frasco de miel con la etiqueta original que generó el conflicto es hoy un objeto de culto y la profesora chilena recibe pedidos también del extranjero. Pero antes de llegar a ese punto no todo fue miel sobre hojuelas. Tratando de sacar ventaja, una empresaria desaprensiva registró la marca un día antes de que lo hiciera Yohana Agurto.


Precariat o precariado suena a sociedad secreta, a secta, a herejía del siglo XII. La palabra es un neologismo que combina precariedad y proletariado. El término se popularizó a partir de la publicación en 2011 del libro The Precariat: The New Dangerous Class de Guy Standing, profesor de economía de la Universidad de Londres y uno de los promotores de la renta básica universal. Ya aparece en el peculiar Manifesto Bio-Pop del Precariato Metroradicale de 2004 y Chomsky también lo utiliza en el artículo Plutonomy and The Precariat publicado en 2012.


El precariado es una nueva estructura de clase social emergente que surge del capitalismo de flujos intensivos impulsado a partir de los años 80 por el modelo económico neoliberal y sus políticas de libre mercado y flexibilización del trabajo. El precariado lo integran personas que rechazan el antiguo consenso y los esquemas políticos establecidos en el siglo XX. Este fenómeno no es un accidente ni el reflejo del fracaso del sistema económico, si no un efecto proyectado por el propio modelo. La abertura globalizada de mercados que se aceleró expansivamente en los años 90, incorporó más de dos mil millones de personas a las nuevas cadenas de producción, triplicando por tres la mano de obra disponible para la industria en un breve período de tiempo. Las expectativas salariales de los trabajadores de países asiáticos emergentes y lo que estaban dispuestos a aceptar por su trabajo, muy inferior al costo laboral de las grandes economías de Occidente, colocó gran presión al estancamiento o a la baja sobre los salarios en los países desarrollados. A partir de entonces comenzó a producirse una brecha de desigualdad creciente entre quienes reciben ingresos por rentas del capital y quienes los reciben por el trabajo. Si todos los caminos conducen a Roma, todas las causas que han terminado por desencadenar estos desequilibrios provienen de los excesos del sistema. Un sistema que sabe tenderse sus propias trampas, movimientos y contramovimientos y terminar por fortalecerse en sus maniobras correctivas.


La pandemia fue un impase muy oportuno que permitió experimentar algunos formatos de trabajo, implementar y dar curso acelerado a la implantación de desarrollos y procesos tecnológicos y de IA y medir el impacto sobre procesos y dinámicas sociales. La recuperación o no de los niveles de crecimiento de China, el papel que finalmente juegue India y la forma en la que Estados Unidos pueda o no mantener la hegemonía, definirán los próximos acontecimientos en un ciclo de globalización que ha demostrado salirse del carril, ser algo menos predecible y por el momento permanecer desacelerado.


Para Standing, el empleo temporal o inseguro no es el único factor que define al precariado. Señala como condiciones aun más relevantes, la ausencia de una identidad ocupacional que proporcione una narrativa de vida, la falta o pérdida de acceso a prestaciones sociales y una continua merma de derechos. Se trata además de la primera clase emergente en la historia con cualificación superior al tipo de trabajo que desempeña y se caracteriza por estar sometida a una constante sensación de vértigo e incertidumbre que produce estrés y ansiedad, además de una violenta ira. El precariado no es homogéneo, integra grupos de origen diverso, hijos de la clase obrera tradicional relegados de las oportunidades de trabajo y golpeados por la globalización, emigrantes y minorías desadaptadas en su entorno y jóvenes con formación universitaria superior que en los engranajes del sistema no consiguen concretar las expectativas que el propio sistema prometía. Los dos primeros tienden a ser más permeables a los discursos populistas y nacionalistas de la extrema derecha emergente aun cuando puedan formar parte de minorías. El tercer grupo suele buscar respuestas en el extremo opuesto, reniega del stablishment y se manifiesta en contra de todas las estructuras del consenso político y económico establecido.


2008 inició el cierre de un ciclo. En los años que siguieron, la economía dopada a base de imprimir e inyectar dinero dio una falsa sensación de recuperación que eclosionó con el mismo tipo de respuestas y estímulos que se viabilizaron durante la pandemia cuando se paralizaron casi por completo las actividades. La expansión de la economía de plataformas, el avance hacia la automatización y especialmente el desarrollo de la inteligencia artificial, está impactando no solo a la mano de obra no cualificada, paulatinamente va desplazando también a profesionales del segmento salariat, personas asalariadas con formación y conocimientos específicos cuyas habilidades comienzan a ser remplazadas por algoritmos cognitivos. La evolución de este capitalismo algorítmico puede contribuir a que la función del Estado continúe diluyéndose o bien, por el contrario, a que el control estatal se intensifique y avance hacia modelos de corte autoritario. De forma puntual y en relación al trabajo, casos como el reciente despido de la plantilla de la versión en español de Gizmodo permiten vislumbrar los efectos que a no muy largo plazo estas tendencias tendrán sobre el empleo.


Phillip Brown, autor del libro The Global Auction, habla de un proceso de taylorismo digital indicando que gran parte de la fuerza de trabajo que antes era contratada por su expertise y talento está siendo estandarizada lo que continuará llevando los salarios a la baja reduciendo oportunidades y crecimiento. Como sucedía en las subastas de actividades temporarias para mano de obra no cualificada en los grandes puertos de Europa durante el siglo XIX, en el futuro próximo la forma habitual de acceder al trabajo puede generalizarse adoptando el modelo bajo demanda o por subasta, oportunidades por hora, por día, por proyecto. Ya es un hecho en el formato call on que utilizan las principales plataformas de servicios (Uber o Airbnb) o en las que conectan la demanda de talento con trabajadores freelance descentralizados (UpWork o Toptal).


Para Damon Silvers, abogado y asesor que ha ejercido varios cargos públicos en la administración norteamericana, a medida que se incrementa la automatización productiva e intelectual y entramos en la lógica de la digitalización, en la relación que juega el capital, el trabajo y la tecnología, el empleo puede ir conformándose como una sucesión de tareas de corto plazo cada vez más sustituibles. Jeremy Rifkin, economista, activista y teórico social, va un paso más allá. Considera que la precarización es un período intermedio que desembocará en una era sin trabajo. La expansión de la robótica, la inteligencia artificial, la automatización y el control de la información y de los datos, dará paso a una economía que podrá prescindir casi por completo de fuerza de trabajo humana. En ese escenario, la renta básica universal será imprescindible, se necesitarán nuevos y muy diferentes modelos de consenso y un profundo cambio socio-cultural y político que horizontalice las estructuras. Para Rifkin, la respuesta a la crisis climática, a la disrupción del ecosistema y a la desigualdad creciente en la distribución de riqueza es la economía colaborativa, de costo marginal cero, que deje atrás los combustibles fósiles y se sustente en energías renovables. Para economistas más carnavalescos, en ese futuro sin trabajo, el pan y circo del momento serán la renta básica, las drogas y el entretenimiento gratis. Es decir, una vuelta más de tuerca con la que el sistema se reconduce a sí mismo manteniendo la jerarquía y hasta reduciendo las castas: los que reciben y los que otorgan la renta básica universal. Si las últimas décadas no fueron el fin de la historia, tal vez hayan abierto la puerta al fin de la clase media .


Lada Koroleva fue acusada de fraude por algunas personas de las que recibió donaciones. Se dijo que aprovechaba las redes e inventaba historias sobre su separación y desamparo para sacar dinero a costa de la buena voluntad de la gente. Sus perfiles en redes son confusos. Tras la funa, la chica hizo su descargo en un programa de televisión diciendo que la vida le había enseñado que es mejor recibir ayuda solo en forma de trabajo pues cuando el apoyo llega en dinero, no hay manera de evitar sospechas. Según sus declaraciones, ahora tiene otro hijo, por la noche trabaja en una floristería, limpia apartamentos y continúa ocasionalmente con el delivery para completar la renta. Aunque su objetivo es dejarlo en algún momento para que los niños, que han vivido así desde que nacieron, no tengan que seguir trabajando ni desperdigados a cargo de desconocidos o familiares. Ocasionalmente han aparecido en Instagram nuevos llamados a transferir dinero a una cuenta bancaria para ayudar a Lada Koroleva y sus hijos. Hasta la fecha, no se sabe si ella tiene alguna relación con esa iniciativa ni si su marido sigue vivo o cayó en el frente.


Julia sin apellido se perdió en el tiempo como la mayoría a lo largo de la historia. La vieja sardina salada y tiesa la entregó por unas monedas a la retaguardia de abastecimiento del grupo de invasores que los interceptó no muy lejos de Roma. Los mellizos se los quedó. Parecían sanos y robustos, tendría oportunidad de sacar mejor tajada vendiéndolos por buen dinero en otra ocasión. Tan pequeños, de nada le servían al ejército.


Yohana Agurto, la profesora chilena del pequeño emprendimiento, supo de primera mano lo que significa la mezquindad. En su caso, los abogados de William Wallace ejercitaban un derecho protegido por la ley y a fin de cuentas, el episodio terminó bien y con acuerdo. Por el contrario, con la empresaria oportunista tuvo que contratar a una abogada para defender su marca en tribunales. El pleito debió terminar a su favor pues Yohana continúa vendiendo en redes siete u ocho variedades de miel Gibson. Pasados un par de años, su caso no es mucho más que la anécdota olvidada de lo que un día fue un buen titular, el mismo destino que la velocidad mediática reserva a los empleados de Gizmodo que fueron despedidos por video llamada a principios de septiembre.


Dime en qué trabajas… Al otro lado de las historias cotidianas, la superposición simultanea de crisis como crisis sistémica parece una conjunción astrológica de mal agüero. Crisis retroalimentada por la sensación y el discurso de crisis. Al menos desde el punto de vista occidental, el que tenemos más a mano y de cuyo cuadrado mental nos resulta complejo salir, porque mientras nosotros especulamos los chinos trabajan. Y el futuro está, si está y aun fuera una posibilidad disponible, dios sabe dónde.

Roma no cayó en un día. Nosotros tampoco lo haremos y si caemos tal vez ni siquiera debamos lamentarlo. O sí. En el ruido de la batalla global de narrativas, el sistema se encuentra en un punto de inflexión y reajuste. Un ajuste que no atiende a ideologías si no al desgaste de los ciclos económicos y a la evolución e intereses de quienes dominan o intentan dominar los recursos, el aparato productivo y el desarrollo tecnológico. Ante todo la economía, el resto es literatura.


Delivery Club es la empresa de reparto para la que alguna vez trabajó Lada Koroleva. En una de sus campañas empapelaron Moscú con un eslogan que decía: ‘tu pedido te lo entregará un profesor de literatura”, idem ‘una artista galardonada”, ídem “un periodista”. Cuando lo leí me acordé de la época en que vivía en Buenos Aires. Los argentinos son expertos en crisis y reconocidos por su talento y creatividad publicitaria. Allá por el 2000, más de veinte años antes que los anuncios de la empresa rusa, en los letreros del techo de los taxis de la capital circulaba una campaña de Páginas Amarillas con el siguiente mensaje: “Arquitectos, acá (refiriéndose al conductor del taxi) o en Páginas Amarillas”. “Ingenieros, acá o en Páginas Amarillas”. “Abogados, acá o en Páginas Amarillas”. Una campaña simple, tragicómica, lacerante, de alto impacto y que en su momento para nadie pasó desapercibida. Los entusiastas del pensamiento positivo dirían que la creatividad morbosa también puede encontrar en la crisis una oportunidad de éxito.




Versión del texto publicado en revista Saposcat

Precariat trabajo precarizado

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