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Atisbos [Fragmentos]

¿Está listo para pasar?

¿Qué pasaba en mi cabeza, que me concentré en la mujer?

El Servicio Médico Legal, ubicado en Avenida La Paz.

Paz.

“Antecedentes de suicidios ocurridos en Santiago durante este año…”.

Había cuervos en la entrada.

Eran personas.

Hombres.

Había colillas de cigarro; miles.

Algunas con restos de rouge; otras, fumadas hasta el filtro.

Dos cuervos intentaron venderme cosas.

Luego me pidieron monedas.

En el suelo la línea amarilla.

Esto es fácil.

Cualquiera puede seguir la línea, caminando lentamente:

Simulando caminar:

Arrastrándose como un invertebrado lento y casi ciego.

Una suerte que la línea fuera amarilla.

“Contiene datos relacionados con fallecidos ingresados al Servicio Médico Legal en la Región Metropolitana, cuya causa de muerte implica heridas auto infligidas (suicidio), según los datos arrojados por la pericia respectiva…”.

Arrojados, sí.

Arrojado al vacío.

¿Listo para pasar?

Sí, listo.

Estoy listo.

Pasar a un pasillo, un pasadizo.

Comprendí que avanzaba:

A mis costados varias puertas retrocedieron.

¿Qué viste cuando los pisos retrocedían?

¿Qué viste mientras caías?

Al vacío:

Una laguna de tinta china.

Un túnel lleno de puertas cerradas.

Manillas, botones dorados.

Solo destellos en el hoyo negro.

Las estrellas que se ven en los ojos con un golpe fuerte.

O peces ígneos en el fondo del mar.

En el fondo más profundo, donde no llega jamás la luz.

Ahí hay una criatura marina que es alba, fosforesce.

Sin luz y, sin embargo, viva.

¿Listo?

¡Por aquí!

Acompáñeme por el pasillo por favor.

Sígame.

Hágame el favor.

* * *


Este grillo es mío solo:

Un amante.

Es insomne y gentil.

Su canto.

No alcanza a ser gemido.

No alcanza a ser siquiera canto.

Es un código que él sabe.

Sé que me quiere enseñar ese lenguaje.

Y sé que ya lo estoy aprendiendo.

Vuelvo por la tarde a mi refugio.

Preparo comida.

Como. Bebo agua.

Dilato el encuentro. Lo postergo.

Enciendo la televisión.

Cuando todo está en silencio, todo apagado.

Pantallas, luces; cortinas cerradas.

Cuando mi respiración y el latido dentro de mi cuerpo.

Cuando el único sonido animal es el de la sangre que me queda.

Avanzo, descalza.

No hay luna afuera, no hay focos traspasando el ventanal.

Esa noche vi la luna en los cristales de tus lentes.

Hace un poco de frío, por eso, su canto es más lento.

Espaciado.

Me está enseñando a calcular la temperatura de mi cuerpo.

Me está indicando que mañana amanecerá helado.

¿Escarcha?

Sí, escarcha.

Mi amante es experto en ritmos.

Estridulación se llama ese frote que produce la melodía.

Él ya se ha adueñado de tu pieza.

Como hace siglos, pido permiso.

Permiso para entrar en tu pieza.

El grillo detiene su cortejo solo un segundo.

Me reconoce:

Retoma su canto con más fuerza.

Agrega una nueva tonalidad.

No lo veo, no sé en qué parte de tu pieza se esconde.

Me estiro en el suelo sin muebles.

Mi pelo en torno a mi cabeza es otro animal.

Una medusa, un felino, una araña.

Inhalo en silencio para no perturbar el ritual.

Me entrego a la hipnosis del bello cortejo nocturno.


***


Las huellas se envían a…

Huellas dactilares, ¿cómo es posible?

¿Cómo es posible que sea en este lugar donde deba identificarte?

Me concentré en sus dientes, las paletas superiores.

Dientes que, gracias a la anatomía de su rostro, esos labios, revelaban también gran parte de sus encías mientras hablaba.

Labios, lápiz labial.

Ahí había maquillaje.

Detrás de esos labios, los dientes.

Animales.

Desgastados los bordes inferiores.

Huesos pulidos.

Dientes.

Dentadura:

Otra manera de identificar.

Ella dijo:

Las huellas se envían a…

Para comprobar.

La mascarada de los labios no consiguió engañarme:

Alguien había tomado muestras de tus dedos muertos.

Algún adhesivo o papel especial.

Otra bolsa plástica y tu identidad dentro.

Alguien enviaba la evidencia en ese momento.

Quizá podías revivir en otro sitio.

Una reencarnación fantástica, simultánea.

Otra identidad y otra oportunidad.

Como si el tiempo que tardaba un microscopio en enfocar su lente…

El ojo que buscaba el ajuste en la aureola de goma…

Como si en los dedos de un funcionario aséptico se escondiera un polvo mágico capaz de revertir tu estallido molecular.

Huellas dactilares.

Dientes que forman un cerco único.

Labios que buscan una exaltación colora.

Quizá el lápiz labial sea una práctica profesional, una preparación o un rito requerido para la graduación de la sangre.

Quizá yo debí agradecer que la boca que me hablaba de tu identidad ya estaba ensangrentada.

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