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La Soga de Alfred Hitchcock, en Technicolor y a lo lejos


Sin duda Hitchcock pensó en El asesinado considerado como una de las bellas artes, cuando tramó este tremendo filme, claustrofóbico, mentiroso, agobiante. Pero en ningún momento cita a Thomas de Quincey ni su libro... y es curiosamente, una de sus cintas donde más libros aparecen mencionado, pero sin sus títulos, solo la soga que los amarra.


Todo seguidor de sus películas sabe que se filmó en un plano secuencia alterado, dado que las tomas por esa época no superaban un tempo de duración, y para fingir el plano secuencia agobiador de toda la acción de la cinta, lo soluciona con la cámara situándose, cuando debía venir el corte, en la espalda de uno de los protagonistas -creo que la mayoría de alguna manera lo son- en sus espaldas.


¿Cuántos cortes hay en La soga?, o sea, ¿cuántas espaldas donde se adosa la cámara? ¿y de quiénes son esas espaldas? ¿Esas espaldas tienen una significación semántica más que cortar el plano secuencia para fingirlo? Los cortes son nueve. Como los invitados a la fiesta macabra. ¿Son nueve?


En realidad en el departamento de Brandon son ocho. La única espalda ausente es la de David, el asesinado. No podría aparecer, ya que estaba oculto en el baúl que servía como mesa de las comidas y bebidas, lo que hace más macabro el asunto. La única espalda que no sirve al plano secuencia es la del cadáver.


La espalda del muerto no puede ser el chivo expiatorio para el corte del plano secuencia, dado que está oculta, y quizá -eso nunca es ve en la cinta-, está de bruces o de espaldas en el cofre o ataúd, sobre el cual se come. De David sólo se ve el rostro en la agonía suprema cuando muere ahorcado con la soga. Su rictus final. En el comienzo de la siniestra cena hay un olvido de una invitada, la astróloga, de una película que vio en la que actúa James Mason: también se nombra a otros actores de cine de la época: Gary Cooper e Ingrid Bergman, entre otros.


Solo los asistentes a la cena recuerdan a los actores, pero todos olvidan las películas en las que los vieron actuar. ¿Qué significan ese esos olvidos? Sólo recuerdan a los actores y no las películas.

Si La Soga hubiese sido filmada en estos tiempos posmodernos, indudablemente, habrían nombrado a James Stewart, o él mismo se habría nombrado como actor, y quizá, alguien, cualquiera de los asistentes a la macabra cena, incluso él mismo, se habría nombrado como actor de... ¿la misma La Soga? ¿En qué habría influido esta cita?


Freud es mencionado una vez por su nombre, y en la trama por los actos fallidos del profesor: es lo que le permite regresar a la escena del crimen cuando sus dudas ya son certezas. El único problema de La Soga, si algún director o productor desubicado quiera hacer un remake, es el sombrero equivocado que le entrega la empleada al salir. Hoy ya no se usan sombreros, como parte de la vestimenta habitual. Y es lo habitual lo que permite descubrir los asesinatos en los thrillers de antaño u hogaño. En los de Hitchcock sobre todo, lo Unheimlich. Curioso: una tremenda cinta ya no es verosímil por el uso de la vestimenta: el sombrero. ¿Qué pasará con las corbatas?


Ni el asesinato considerado como una de las bellas artes puede contra la moda de una época. Y finalmente, la causa principal por la cual el profesor descubre el crimen, ya no es, digamos, el objeto que desnuda el centro de la trama, del asesinato: un sombrero. La única certeza que va quedando, antes del asesinato considerado como una de las bellas artes o como una demostración de La voluntad de poder de Nietzsche, antes de la primera toma del asesinato, ¿es el mismo Hitchcock como un policía del tránsito haciendo parar un automóvil para que unos niños puedan cruzar la calle? ¿Era él?


La distancia es enorme para verificarlo... un descuido del policía, o un movimiento fallido de sus manos, que no son de pianista ni de estrangulador, ese podría haber sido el crimen perfecto. El descuido de un policía del tránsito agobiado con su rutina.


El crimen inusual, por agobio, por rutina, el menos asesino, comete el crimen perfecto. Lo veríamos en Technicolor y a lo lejos. Eso si era Hitchcock ese policía que dirigía el tránsito y cuidaba la seguridad de los niños cruzando la calle. Si todo en la película era lo que parecía ser visto y narrado, como no lo era el plano secuencia tan famoso como tramposo, por las dificultades técnicas de la época. Y si estas dificultades, por un problema de recursos mecánicos, finalmente, se traducen en significantes de una trama muy, pero muy perversa, donde el perfecto asesino es el propio Hitchcock.


Thomas Harris













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